Catastro inédito de los colegios particulares que adulteran y lucran con las subvenciones fiscales
Publicado: 14.05.2012
Cada año el Fisco entrega más de $420.000 millones a los colegios
particulares subvencionados de la Región Metropolitana. Lo paga sin
saber si ese es de verdad el dinero que corresponde cancelar. Lo
transfiere, literalmente, a ojos cerrados. Los datos y testimonios
recopilados, sistematizados y analizados por CIPER, indican que gran
parte de los colegios particulares subvencionados han integrado a su
negocio la alteración constante de las asistencias para cobrar más
subvenciones. Y que están dispuestos a pagar las exiguas multas que les
cursan porque no alteran su margen de utilidades. Y que frente a eso, el
Fisco es un ciego y puntual pagador.
En 2010, un cuarto de los casi 2.000 colegios particulares
subvencionados bajo la supervisión de la Seremi de Educación de la
Región Metropolitana, cometió “faltas graves” relacionadas con cobros de
la subvención. El cuadro estadístico lo levantó CIPER con el registro
de cada caso ya que este catastro no existe en el Ministerio de
Educación (MINEDUC). Son 488 colegios en los que sus sostenedores
adulteraron la información de los alumnos para obtener más dinero fiscal
del que les correspondía. De esos establecimientos, 119 recibieron
alguna multa que en promedio superó levemente $1.100.000. Así, la
recaudación en multas fue de $131 millones en 2010 (Ver tabla de multas cursadas en 2010).
¿Qué pasó con los otros 388 establecimientos que también fueron
sorprendidos falsificando instrumento público? No es posible precisarlo
por el desorden de los datos que tiene el organismo fiscalizador. “Se
supone” que unos 166 sostenedores también debieron pagar multa. Y “se
supone”, porque según explica a CIPER Miguel Zárate, jefe jurídico de la
Unidad Regional de Subvenciones del MINEDUC, con anterioridad al segundo semestre de 2010, “no había registro de las multas pagadas”.
-Yo creo que esas multas se cobraron, pero es que antes se operaba
informalmente. Se abría un proceso administrativo, se notificaba, se
llevaba a firme y eso se mandaba a la sección de pago. Y en la sección
de pago se cobraba pero no se registraba en ningún lado.
-¿Entonces no hay manera saber el monto de las multas cobradas en el primer semestre de 2010?
De lo que sí hay registro es que 222 colegios a los cuales los
inspectores sorprendieron en “faltas graves” fueron sobreseídos. ¿Por
qué? Miguel Zárate explica que para castigar por una “falta grave”, era
necesario acreditar dolo: la voluntad deliberada de hacer el daño. “Pero
los sostenedores le echaban la culpa al profesor, decían que él se
había equivocado y habitualmente aportaban declaraciones jurada del
docente echándose la culpa. Incluso mostraban que le habían hecho
descuentos en la liquidación de sueldo. Y no había más que hacer”, dice
Zárate.
Evidentemente el testimonio de esos profesores podía interpretarse
como resultado de presiones laborales. Es por eso que, según dice
Zárate, ese tipo de testimonios ya no se consideran. “Si fue intencional
o fue un error, eso ya no se toma en cuenta. Hoy los sostenedores
tienen la obligación de llevar un registro de asistencia fidedigno y
real. Si no lo tienen son sancionados”.
De los establecimientos multados sólo 46 colegios, fueron castigados con la restitución del dinero público que obtuvieron de manera irregular. Y en apenas dos casos se aplicaron las penas más duras. El primero afectó a la Sociedad Educacional De Javig, dueña de la Escuela Especial de Lenguaje de Javig,
ubicada en la comuna de El Monte, la que presentó cuatro
incumplimientos graves en un mismo año: registrar como presentes a
alumnos ausentes, mantener sus libros de clases incompletos, no tener
registrada la asistencia en los días anteriores a la fiscalización y no
tener tomada la asistencia después de la segunda hora de clases el mismo
día de la inspección. El ministerio prohibió a la sociedad y a sus
socios volver a incursionar en el negocio educativo.
El segundo castigo grave afectó a la Escuela Básica Andrés Alberto. En ese caso se aplicó la “revocación del RBD”, que en la práctica significa que la sostenedora (María Inés Campillay Jeraldo)
no puede operar más el colegio por el que fue sancionada. Pero sí puede
seguir en el negocio de la educación en un nuevo establecimiento.
En resumen, en 2010 el Fisco entregó $420 mil millones en
subvenciones a colegios administrados por privados en la Región
Metropolitana; detectó que un cuarto de los beneficiados falsificaba los
datos para recibir más dinero y al final del año sancionó a un número
desconocido de sostenedores por un monto que no es posible cuantificar
con claridad.
FISCALIZACION DE UN DIA
Hay que precisar además que buena parte de los 488 colegios que
cometieron faltas graves fueron sorprendidos durante el único día del
año en que se fiscaliza a los establecimientos obligatoriamente: la
llamada “visita integral”, que se realiza entre abril y junio.
El hecho de que durante dos jornadas de fiscalización, se detecte a
un tercio de los 1.688 colegios visitados adulterando un documento
público, indica que se está frente a una práctica habitual. Para las
decenas de profesores y ex directores entrevistados, es lógico que así
sea. Si en un mes de invierno faltan tres alumnos por curso (piense en
un colegio de 12 niveles y de dos cursos por nivel), adulterar la
asistencia de esos alumnos todo el mes reporta $2.300.000 mensuales. Y
eso si sólo se trata de una subvención básica por alumno de $ 32.000;
pero la subvención sube dependiendo de las características de los
alumnos hasta los $152 mil por niño al mes.
Si el inspector del MINEDUC fiscalizó un determinado colegio durante
el primer semestre y no encontró nada, el sostenedor tiene la relativa
certeza (no hay negocio sin riesgos, por supuesto) de que no volverá a
visitarlo. Pero aún sabiendo que volverá, el costo de dos multas es
menor que el ingreso de varios meses de asistencia completa. Así lo
saben los fiscalizadores y profesores, y lo saben los mismos alumnos. Y
cada día cientos de profesores inician la jornada formativa
falsificando, por orden de su sostenedor, la lista de clases.
Frente a eso el Fisco es un ciego que no quiere ver. Los antecedentes
que aparecen en este reportaje están sacados de las bases de datos del
propio Ministerio de Educación obtenidas a través de la Ley de
Transparencia. Con ellos se pudo construir, por primera vez, el mapa de
los sostenedores que cometen faltas graves (Vea el mapa interactivo con la ubicación de estos colegios y las fichas con las irregularidades descubiertas en cada uno de ellos).
Para configurarlo hubo que realizar un riguroso trabajo de cruce de
datos que el MINEDUC nunca ha hecho, entre otras cosas, por el grado de
desorden histórico que lleva a funcionarios a comentar: “hay
infracciones que desaparecen del sistema”.
De hecho, al revisar esas bases oficiales este medio constató
incoherencias tales como que 6 colegios particulares subvencionados
figuren a la vez en la lista de multados y sobreseídos.
A pesar de la gravedad de las irregularidades constatadas, no existe
en el Ministerio de Educación un cuadro que informe públicamente de las
faltas y las sanciones impuestas, lo que permitiría a los padres saber
qué clase de faltas se cometen en los establecimientos donde estudian
sus hijos. El mapa elaborado por CIPER muestra gráficamente la masividad
del engaño al Fisco, pues cada punto indica un lugar donde los dineros
públicos no fueron bien usados.
A nivel nacional el Fisco invirtió en 2010 $ 2,6 billones en
subvencionar la educación municipal y la particular. Eso representó el
54% del presupuesto destinado a Educación. A nivel país, la
fiscalización de la correcta entrega de estos recursos a los
sostenedores privados es igual que la que se ha descrito aquí para
Santiago.
LA CALIDAD
En la práctica (salvo los colegios que reciben recursos a través de
la Ley SEP, respecto de la cual Contraloría acaba de publicar un durísimo informe),
la calidad de lo que se enseña en Chile no tiene otro control público
que la medición del SIMCE. Y como es de conocimiento público, no se
cierran colegios que arrojan malos SIMCE.
La teoría con la que se construyó el sistema sostiene que esos
colegios deberían cerrarse solos, castigados por el mercado (las
familias). Los economistas y técnicos explican que las familias dejarán
los malos colegios y emigrarán a los buenos (llaman a eso “votar con los
pies”). Como se verá en este reportaje, esa idea no puede sino provocar
una sonrisa en los sostenedores que reciben recursos fiscales. Y ello
porque en la mayor parte de los colegios particulares subvencionados los
padres están atrapados pues solo pueden acceder a instituciones de
similar calidad: deficiente.
Eso explica por qué en todos los establecimientos particulares
subvencionados de la Región Metropolitana que visitó CIPER, la entrega
de malos resultados SIMCE no provoca ni olas de protestas de apoderados
ni reuniones de emergencia entre el sostenedor y los profesores como
ocurre en una empresa ante un problema que pone en peligro el negocio.
En este rubro, el día en que se entrega el SIMCE, se hace lo mismo de
siempre y eso incluye partir la jornada falsificando la asistencia.
-En todas las reuniones que tuve con Jorge Cifuentes (uno
de los sostenedores adulteradores detectados en esta investigación),
nunca nos preguntó por el SIMCE ni qué pensábamos hacer para revertirlo.
Lo único que hacía era preguntar cómo iba la asistencia -dice el ex
director de uno de los colegios de este sostenedor.
La ceguera del Fisco no solo implica pérdida de recursos. Genera también ganadores y perdedores de carne y hueso. Víctor Aguilera Vásquez,
con su cadena de colegios particulares subvencionados, es uno de los
grandes ganadores del sistema. Mariela y su hijo, como se verá a
continuación, son de los que pierden.
SERNAC DE LA LECTURA
Mariela (*) vive en una modesta villa de Maipú junto a su madre y su
único hijo. Trabaja en un ministerio y su sueldo apenas roza los $300
mil mensuales. Víctor Aguilera Vásquez es uno de los
más grandes sostenedores de colegios del país. En 2011 el Estado le
confió más de $2.896 millones (**) para que impartiera enseñanza en los
13 establecimientos que administraba a esa fecha como persona natural o a
través de sociedades.
Aguilera y Mariela no se conocen, pero sus vidas se cruzaron en 2010
cuando el hijo de ella entró a uno de los colegios de Aguilera, a la
escuela básica Lo Errázuriz, que en la entrada tiene desplegado un
lienzo antiguo: “Premio a la Excelencia académica otorgado por el Mineduc en marzo de 2002”.
Pero esos no son los únicos recursos que recibió el colegio. Víctor
Aguilera cobra una mensualidad de $27 mil; y si todos los apoderados la
pagaran Aguilera podría haber recibido en Lo Errázuriz otros
$129.449.000 por concepto de “copago” de las familias de clase media
baja. En total, en 2010 podrían haber ingresado a las arcas de su
colegio hasta $306.953.986 (***).
Mariela decidió matricular al niño en Lo Errázuriz,
confiada en que estaba haciendo algo bueno por su hijo. Los $27 mil
mensuales equivalen casi al 10% de sus ingresos y es lo máximo que puede
gastar en educación. Por eso, algo se le quebró adentro cuando la
profesora le dijo que su niño no aprendería a leer, que no tenía las
competencias, que mejor lo llevara a un especialista y que probablemente
le darían medicamentos. Pero ya no tenía presupuesto para un
especialista. Del dolor pasó a la angustia. Cada día, el chico volvía a
casa como si no hubiese ido al colegio.
En su desesperación, se le ocurrió recortar cartones y dibujar letras
en ellos. Al retornar del trabajo, apelando a las últimas energías de
la jornada, juntaba dos o tres cartones y le enseñaba a su hijo cómo
suenan las letras cuando se unen. “La pe con la a… pa”. Lo hizo a pura
intuición, sin una pizca de técnica pedagógica.
Contra los pronósticos de la maestra, su hijo aprendió a leer
rápidamente, se puso al día y hoy es uno de los mejores de su curso. En
sintonía con el credo liberal que considera que la educación es un
producto o una inversión, Mariela acusa que pagó $ 27 mil mensuales, con
esfuerzo, por un servicio que jamás recibió y donde el trabajo lo
terminó haciendo ella. Sin embargo, no hay un Sernac al que puede acudir
a estampar su reclamo. Nada hay en las leyes que regulan la enseñanza
que cautele que la educación que se imparte con fondos públicos deba
cumplir con una calidad mínima. Recién, después de las movilizaciones
del año pasado, se discuten en el Congreso normas que aseguren el
cumplimiento de estándares de calidad en colegios que reciben dinero del
Fisco, recursos que este año se empinan por sobre los $ 3,1 billones.
Es difícil encontrar otro sector de la economía que goce de subsidios
estatales vigilados con tanta indolencia como curre con las
subvenciones escolares.
-Es como si el Estado le pasara plata a un industrial para que
fabrique zapatos. El tipo los fabrica mal: los zapatos se despegan y se
pasan de agua, pero el Estado le sigue dando plata, año tras año, para
que haga los mismos zapatos. A nadie le importa que no sirvan -dice un
profesor que fue jefe de una Unidad Técnico Pedagógica (UTP) de un
colegio particular subvencionado y que pide la reserva de su nombre.
PRIMERA PRIORIDAD: ASISTENCIA
Uno de los profesores cuenta que el sueldo promedio de los docentes
es de $480 mil líquidos por 33 horas semanales, así que casi todos se la
juegan por obtener el bono:
“Por lo menos nos sirve para pagar la micro. Acá no se pagan horas
extra, no hay permisos con goce de sueldo y se descuentan los permisos”,
dice uno de los docentes, quien relata que si uno de sus colegas falta,
no se contrata un reemplazante a menos que presente una licencia
superior a siete días. Y asegura que cuando un curso se queda sin
profesor, mandan a otro que esté libre en ese bloque horario a “cuidar” a
los alumnos y las horas de esa asignatura sencillamente se pierden
-aunque la subvención por esas clases igual se cobra-, tal como se
pierden los primeros minutos de cada jornada en la búsqueda y “acarreo”
de los alumnos que no llegaron.
Contratar reemplazantes sólo si de por medio hay una licencia médica
superior a siete días, es una práctica común en los colegios
particulares subvencionados:
-Uno termina presionando a los colegas para que presenten licencias
de siete días y después otros siete y otros siete, si la enfermedad es
larga -cuenta un profesor que ha sido jefe de UTP en un establecimiento
de este tipo.
A partir de su experiencia, asegura que “el equipo directivo de estos
colegios, su director, el jefe de UTP, el inspector general y los
coordinadores de básica y media, tienen como primera misión mantener los
costos bajos y asegurar el flujo de ingresos, es decir, la asistencia
de los alumnos. Uno funciona como administrador de una empresa”.
-La primera prioridad era la asistencia. La segunda, que no se
formaran sindicatos. La tercera, “aburrir” a los profesores para que se
fueran sin pagarles indemnización. La cuarta, recién, era el rendimiento
de los alumnos -así describe un ex director de un colegio particular
subvencionado los ejes de la misión que desempeñó en ese cargo. Él
trabajó para otro de los grandes sostenedores: Jorge Cifuentes Narváez.
Filomena Narváez, es otra megaempresaria de la educación subvencionada.
Aunque actualmente dos de sus hijos la tratan de declarar interdicta (vea reportaje sobre los problemas que enfrenta),
aún está a la cabeza de su universidad, la UNICIT y de su cadena de
ocho colegios que son administrados por las sociedades educacionales
Investigaciones Pedagógicas Galvarino Limitada e Investigaciones
Pedagógicas Los Andes Country Day Collage. Estas sociedades en conjunto
recibieron sobre $4.851 millones el año pasado por pago de subvenciones
(**).
En 2010, uno de los establecimientos de Cifuentes, el Colegio Particular Nº 1 de Ñuñoa,
registró siete faltas graves en las fiscalizaciones del Ministerio de
Educación. Entre ellas, una de las irregularidades más serias que
pesquisa el sistema: “Registrar presentes a alumnos que ya no pertenecen
al establecimiento”.
LISTAS CON LÁPIZ DE GRÁFITO
Cuando llega un fiscalizador de la Seremi de Educación, cuentan los
docentes, es común que lo detengan un rato en la puerta con el cuento de
que el director está ocupado, luego lo hacen pasar a una oficina y
alguien del equipo directivo se encarga de “entretenerlo”, de “meterle
conversa” y ofrecerle “un cafecito”, mientras otros funcionarios salen
disparados a las salas avisando que se debe cerrar la asistencia de
inmediato. En menos de diez minutos la operación está hecha.
Otros profesores sospechan que sus colegios están “dateados”, porque
justo en los mismos días en que se deja caer un fiscalizador a ellos les
piden que, inusualmente, cierren y firmen la lista en la primera hora
de clases. Un docente relata una anécdota que retrata la vulnerabilidad
del sistema de inspecciones:
-Una vez llamaron de la Seremi para preguntar cómo se llegaba al
colegio, porque la dirección es enredada. Ahí quedó claro que venía un
fiscalizador y todo se hizo de manera correcta.
En medio de las protestas estudiantiles del año pasado, el
subsecretario de Educación, Fernando Rojas, le dio una estocada a la
forma en que se manejó el sistema de fiscalización de subvenciones bajo
los gobiernos de la Concertación. En un episodio del programa
“Contacto”, de Canal 13, Rojas dijo que cuando asumió el gobierno de
Sebastián Piñera se encontraron con unas 6 mil a 7 mil infracciones
graves, algunas archivadas por más de diez años, que no fueron
perseguidas para convertirlas en multas. El subsecretario aseguró que la
nueva administración tampoco pudo aplicar esas sanciones porque, a
escasos dos meses de haber asumido, la Contraloría “instruyó que todas
aquellas (infracciones) que tenían más de seis meses, prescribían”.
La Asociación Nacional de Funcionarios del Ministerio de Educación
(Andime), respondió que el nuevo gobierno “tomó como excusa el beneficio
otorgado por la Contraloría a un solo sostenedor a comienzos de 2010”
para dejar sin efecto las infracciones cursadas en años anteriores. La
agrupación calificó el episodio como un “perdonazo dictado por las
actuales autoridades” y sostuvo que “involucró un daño al patrimonio
nacional por más de $ 5 mil millones”.
En 2006, la misma Andime, en medio de las protestas de los pingüinos,
calculó que eran unos $ 6 mil millones por año los que cobran
indebidamente los sostenedores. La agrupación acusó que los
fiscalizadores habían detectado que las falsificaciones no sólo se
hacían con adulteración de asistencia, sino mediante otros artilugios
tales como iniciar el año escolar días después de la partida oficial y
finalizarlo hasta cinco días antes del término programado, pero igual se
cobra la subvención por esas jornadas no trabajadas. Otra fórmula
denunciada por Andime es que no se reemplaza a los profesores con
licencia, pero el ministerio de todas formas paga por esas clases que
nunca se hicieron.
Además, 12 de los establecimientos que figuraban en la lista de
Beyer, ya en 2010 habían registrado faltas graves que involucraban
sobrepago de subvenciones y, al parecer, tuvieron otro año de gracia
para seguir operando. (Vea
la nómina de los 19 colegios y su historial de irregularidades en el
cobro de subvenciones y transgresiones a las normas laborales)
HASTA 14 FALTAS EN UN COLEGIO
Al revisar la base de datos del Ministerio de Educación que contiene
las faltas graves detectadas en 2010 en colegios particulares
subvencionados de la Región Metropolitana, uno de los aspectos que
resalta es el alto nivel de reincidencia de los sostenedores que
incurren en irregularidades. El dato permite aventurar que decenas de
empresarios de la educación derechamente han incorporado prácticas
dolosas a su modelo de negocios.
Fueron 241 los colegios donde se constataron tres o más
irregularidades en el mismo año. De ellos, en 65 establecimientos se
anotaron cuatro faltas; en 30 se registraron cinco; en 20 se detectaron
seis; en 13 se comprobaron siete; en 15 se constataron ocho y en cuatro
colegios se contabilizaron diez faltas graves.
Aunque cueste creerlo, hubo colegios que anotaron más de diez faltas.
Los primeros puestos del podium de la adulteración en 2010 fueron
ocupados por el Colegio Particular de Adultos Instituto ICEL, de Santiago, que con 12 irregularidades se ubicó en el tercer lugar de este ranking del demérito; la Escuela Básica Particular Continental School, también de Santiago, en el segundo puesto con 13 faltas; y con el récord absoluto se quedó la Escuela Básica 2046 Los Pinitos, de La Florida, con 14 irregularidades en el mismo año.
De estos tres establecimientos, sólo la Escuela Los Pinitos figuró en
la nómina de colegios clausurados que entregó el ministro Beyer. (Vea
la nómina de todos los colegios metropolitanos con irregularidades en
2010, ordenados por número de faltas detectadas en ellos)
La más grave de las irregularidades descubierta en 2010 fue
“registrar presente a alumnos que ya no pertenecen al establecimiento”,
falta detectada en cuatro instituciones: Colegio Particular Nº 1 de Ñuñoa (de la Sociedad Educacional San Andrés Limitada, perteneciente a Jorge Cifuentes Narváez); Colegio Polivalente Profesor Guillermo González, de Providencia ( de la sostenedora Anette Alicia González González); Escuela Básica Cimas del Maipo, de San José de Maipo (de la Sociedad Educacional Senderos Limitada), y Escuela Particular Locarno, de La Cisterna (de Adriana Sofía Puelma Loyola).
La base de datos con el total de faltas en 2010 a nivel
metropolitano, desmenuzada por sostenedores que acumularon más
irregularidades, indica que el primer puesto lo obtuvo la Fundación Belén Educa, con 19 irregularidades repartidas en cinco de sus colegios. Le sigue el sostenedor Patricio Hernán Núñez León, con 14 faltas en dos colegios. Luego se ubica la Sociedad de Instrucción Primaria, con 12 irregularidades en cinco de sus establecimientos.
A continuación se agregan Víctor Aguilera Vásquez (12 faltas en cuatro colegios); las Misioneras Catequistas de la Sagrada Familia (11 faltas en tres colegios); Víctor Manuel González Cisternas (11 en dos colegios); la Corporación Adventista del Séptimo Día (nueve en cinco); la Corporación Educacional Arzobispado de Santiago (ocho en cuatro); las Adoratrices Esclavas del Santísimo Sacramento (ocho en dos); Orieta Paola Gómez Leyton (siete en uno); la Corporación Unión de Centros Bíblicos (seis en dos); la Sociedad Garrido Hermanos Limitada (seis en dos) Solange Elizabeth Muñoz Avaría (cinco en dos); las Hermanas Franciscanas Penitentes Recolectinas (cuatro en dos) y, cerrando los primeros 15 casilleros del ranking, la Fundación Paula Jaraquemada Alquilar (tres en dos). (Vea la nómina con los 20 sostenedores que acumularon más faltas en 2010 y sus colegios donde fueron detectadas)
Un dato inesperado es que, de los 15 sostenedores metropolitanos que
en 2010 se destacaron por una conducta tan poco pía como acumular la
mayor cantidad de irregularidades para cobrar dinero público, siete
tienen orientación religiosa (cinco vinculados a la Iglesia Católica y
dos protestantes).
(*) El nombre de la apoderada ha sido cambiado para resguardar la identidad de su hijo menor de edad.
(**) Los montos pagados a los sostenedores por concepto de subvenciones en 2011 fueron calculados a partir de la información dispuesta en la web del Ministerio de Educación (www.mineduc.cl), en su apartado “Gobierno Transparente”, sección “Transferencias”.
(***) La cifra total puede ser menor, pues el cálculo no incorpora los eventuales alumnos que estudien con becas u otro beneficio otorgado por el sostenedor.