¿Municipalidades v/s MINEDUC?
Gran pregunta que se hace en nuestros días. ¿Quién debiera hacerse cargo de la pobre y tristemente célebre educación que provee el estado? ¿Algún estamento oficial está preparado para acometer semejante tarea? Y más importante aún, ¿Quién quisiera asumir tan tremenda responsabilidad? Por un lado se encuentran las Municipalidades, no siempre manejadas por los mejores administradores del orbe, que deben velar permanentemente para proveer las múltiples necesidades que los ciudadanos presentamos a nivel local. Generalmente con un presupuesto bastante escuálido, el que en muchos casos ha debido enfrentar, a parte de los costos normales, las salidas de dineros “extras”, que alimentan la codicia de algunos por tener lo que no les pertenece. Esto sin olvidar el abandono que en lo estrictamente educacional existe en la gran mayoría de ellas, por falta de personal, de instrucción, y otras cosas. Por lo mismo el “fruto” que hoy se exhibe no da para estar de“fiesta”. Muchos dirían, con plena razón a mi entender, que ni para tomarse una cerveza en un bar de mala muerte.
Por otra parte se encuentra el muchas veces no menos tristemente famoso MINEDUC, que paradójicamente tampoco muestra un record en cuanto a la contratación de “eruditos” de la Administración pública, y lamentablemente también ha revelado sus “pequeños deslices” en lo que a “perdidas” de dineros se refiere. De hecho, si sumáramos los recursos insólitamente “extraviados” por parte de unos y otros, capitales que originalmente debieran haber llegado a las “arcas” de la educación, nos preguntaríamos cosas tales como, ¡¿en qué banco cabe tanta plata?!, ¿de dónde salió tanto gato de campo? O, ¿de qué manera evitamos que el pastel se achique tanto, antes de repartirlo como se debe? Esto solo en lo que a don dinero se refiere. Pero también surge la consulta ciudadana, con respecto a otros Ítems en Administración Educacional, ¿Quién posee hoy “equipos de trabajo y apoyo” para atender los siempre urgentes requerimientos de los establecimientos educacionales estatales? Aquellas personas que trabajando unidas en beneficio de los que lo necesiten, no solo se presentan en los centros de educación para “carabinerear” a directores, docentes, especialistas, administrativos, estudiantes, etc.
Entonces, ¿quién posee el coraje, la valentía, las capacidades, el personal “idóneo”, la honestidad necesaria, la visión, las competencias, etc., como para hacerse cargo de esta monumental obra de “Ingeniería Educacional”? Lamentablemente aquí no podemos ir tras el “chapulín colorado”. Tampoco es adecuado creer que repartiendo los colegios y todo centro educacional a cientos de “sostenedores” estrella, se soluciona la situación. Eso porque tal vez la mayoría de los establecimientos “Particulares Subvencionados” que manejan (y lamentablemente también muchísimos privados) están en crisis, y son hoy por hoy solo una imagen de aquello que debiera verdaderamente ser. En algunos casos una imagen carísima, pero solo eso.
Creo personalmente que una nación debe primero que nada caer en cuenta de lo importante, lo trascendental que es la educación para su vida, no su supervivencia o subsistencia, y que sin algo realmente en serio, jamás saldrá adelante, nunca se librará de la ignorancia galopante, no crecerá ni se desarrollará.Y lo peor de todo es que siempre vivirá a merced de lobos, tiburones, buitres y pirañas que en nada la compadecerán. ¿Se imagina Usted dando su hijo o hija recién nacidos con el fin de ser lanzados a una jauría de perros hambrientos, para que estos los eduquen (perdón, los devoren)?
Gritar a voz en cuello que la educación estatal debe retornar a MINEDUC, saliendo de la administración Municipal es simplemente “matar pulgas a perdigonazos, disparando en medio de una cristalería”, o “sacar al Toro furioso del jardín Infantil, y reemplazarlo por un Elefante furioso, solo por el hecho de que éste último está supuestamente amaestrado”. Entonces, otra vez, ¿quién se hace cargo? ¿Existe alguien, algo, que pueda tomar las riendas de los caballos para guiar la carreta por el camino correcto, todo el tiempo que sea necesario? Y de existir dicho organismo, ¿bajo qué régimen, políticas, procedimientos, reglamentos, llevará este proceso? Recuerde en su análisis que no es “tirar un hueso a un perro”, o sencillamente la “Solución Final”, aquella que “teóricamente” nos resuelve el problema. Lo que implica un pensamiento intrínsecamente perezoso y perverso. Sería como lanzar a todo aquel que “aprende” al precipicio, de una patada en el pecho, tal como lo hace el Rey Leónidas con el mensajero, en la película 300. El facilismo en este asunto mostrará un carácter insólitamente insultante y profundamente negligente.
¿Se da cuenta de que no es solo gritar con pancartas en mano, en la calle o el Congreso, y tratar de sacar la voz escandalosamente, con el fin de que el otro no sea escuchado? Es imprescindible pensar detenidamente, tal cual los médicos cirujanos hacen cuándo deben efectuar una operación delicadísima, para separar a siameses que están unidos por la cabeza, el tórax y las caderas. Por tanto, creo que necesitamos “apartarnos de”, es decir dejar fuera de esto a la vulgar y espantosa “farándula chilena”, pues los resultados serían catastróficos. Las decisiones se deben tomar con total seriedad, con todos los interesados, comprendiendo que ni las acciones son para ganar “buena fama”, ni los resultados son herramientas para obtener votos, sino que implica una construcción y cultivo a mediano y largo plazo. En beneficio de todos.
La administración de la educación debe estar completamente alejada de los “Showman”, de las “salas de espectáculos”, de las conveniencias, deseos o caprichos “político-partidistas”, de los leguleyos y tinterillos “legalistuchoides”, de los avaros “gana pan”, de los buitres codiciosos y de aquellos indiferentes que viven “no estando ni ahí” con lo que significa el tema a nivel país. Es una institucionalidad que debe ser constituida y edificada, con el tiempo y los recursos necesarios, por todos aquellos que realmente aman a la Nación, que están preparados emocional, intelectual y profesionalmente en el asunto, que desean trabajar verdaderamente en equipo. Para quienes lo observen y busquen intervenir con rigurosidad y paciencia, soportando los sin sabores, fracasos temporales y las frustraciones que siempre, en situaciones como estas, se presentan. Es decir, es una labor en la que se debe estar dispuesto y preparado a pagar el precio.
Luego de expuesto lo anterior, aun queda la inquietante pregunta dando vueltas en el medio. ¿Quién o qué puede hacerse cargo de la “Administración” de la educación estatal chilena? ¿Qué garantizaría que ésta “institucionalidad” no sea transformada en un vulgar y grotesco instrumento político partidista, al servicio de uno u otro lado, según turno? ¿Cómo se asegura a los padres de que no es algo creado para ser usado en algún momento, con el fin de ganar un inmundo voto más? ¿De qué manera certificamos que esa “administración” sea realmente profesional, de carácter técnico, que use elementos políticos al ser requeridos, en la medida necesaria y pertinente, sin que por ello implique en modo alguno la entrega a los siempre oscuros deseos de la corrupción política? ¿De qué forma confeccionamos aquello que nos ayude a evitar lo más posible la descomposición, la indiferencia, la perversa manipulación, la negligencia, la pereza personal e institucional, el robo indiscriminado de los siempre escasos recursos, etc.? ¿Cómo construimos algo que haga más bien que mal?
Muchos desearán volver a eso que se vivió en el pasado, que supuestamente era “superior” a lo que hoy tenemos, y de lo cual tienen ideas románticas en cuanto a su funcionamiento y éxito. Pero, ¿se crea el excremento a partir de la nada? ¿No es el pasado lo que engendró el presente? Las porfiadas pruebas muestran que ya en la década del sesenta las cosas se venían deteriorando y pudriendo a la velocidad de la Luz. De que algo de lo hecho fue bueno, no cabe duda. Pero ¿y el resto? Y lo que salía bien, ¿a quiénes favorecía? Si lo construido ayer fue tan requete bueno, ¿por qué razón hoy estamos como estamos? “¡Ho, sí! La culpa es del otro. Siempre del otro. Ese maldito……., que nos hizo esto, aquello y más. Si no fuera por él, jamás habríamos sufrido tal o cual cosa, ni estaríamos tan mal”. ¿Nunca somos culpables nosotros? ¡Ha!, y siempre tenemos las mejores ideas. Somos infalibles, las victimas, los dañados, los que fueron sacrificados, etc. Recuerdo que en una reunión en la que fui invitado al Colegio de Profesores, por ANDE, al exponer esto mismo, un dirigente de dicho estamento se puso de pié y me expresó enojado, ante todos, “No estarás diciendo que somos los profesores los culpables de la mala calidad de la educación chilena, o del descalabro en su administración. Eso es algo inaceptable”.
Responderé a eso como en dicha oportunidad. Creo que zafarse de los propios pecados nos hace más culpables que reconocerlos en su justo mérito e intensidad. Efectivamente no son solo los profesores, sino todos en conjunto. Como el equipo que somos (les guste o no a algunos), hemos hechos las cosas. Ninguno de nosotros sale limpio de esta piscina llena de barro, en la que hemos estado “nadando” las últimas cuatro décadas. Y más. Unos nadando, otros buceando, y algunos solo mojando “las patitas”. Nosotros construimos este sistema educacional tan malo, del que no se salvan ni las escuelas máscaras del país, las supuestamente de “élite” (por mucho que lo nieguen o les disguste). Sin mencionar que nosotros hemos sido quienes lo hemos mantenido y perfeccionado en su estructura y desarrollo. No han sido ni los argentinos, ni los norteamericanos, ni el pinocho solito, o los repugnantes marcianos de “La Guerra de los Mundos”. Todo es nuestra responsabilidad. Quién saque la mano, y se esconda tras “palabras bonitas”, mostrando su supuesta “indignación”, solo hará alarde de hipocresía extrema. Sin importar lo que diga.
Pero hoy, que es presentado por el Presidente de la República un “proyecto” deReforma Educacional, no obstante lo que él mismo comprenda de este concepto (su alcance, extensión y profundidad), sus asesores, o el mismo Ministro de Educación, etc., se abre a todo el país la magnífica oportunidad. Reconociendo que lo que poseemos ya no da para más, y que fuimos nosotros mismos quienes lo hicimos (aportando de una manera y otra), podemos entrar en el camino de la discusión de una “ueva institucionalidad”. Algo verdaderamente superior. La posibilidad de sentarnos a trabajar en serio, generosamente, con intensidad y de corazón. Esta vez pensando en el Chile actual, y Dios mediante, en el por venir.
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