Patricia Muñoz Garcìa

Patricia Muñoz Garcìa
Departamento Nacional Profesores Jubilados DEPROJ
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lunes, 27 de diciembre de 2010

EL REAJUSTE RATÓN DE LOS EMPLEADOS PÚBLICOS:LOS TRABAJADORES TRAICIONADOS.

El reajuste ratón de los funcionarios públicos: los trabajadores traicionados
PAUL WALDER
Tras la aprobación del reajuste del sector público para el año 2011, el único ganador ha sido el gobierno. Los gremios de servidores del Estado, a la cabeza de ellos la Anef, consiguieron un aumento de sólo 4,2 por ciento, que descontado el IPC equivale a un magro 1%. La Concertación exhibió otra vez sus divisiones internas y la CUT, dirigida por el socialista Arturo Martínez, fue objeto de duras acusaciones de los decepcionados trabajadores que sospechan negociaciones ocultas con el gobierno, en tanto emergieron a la luz pública discrepancias entre la CUT de Martínez y la Anef, que preside el también socialista Raúl de la Puente.
Pero nada de ello se compara con la rabia que ha generado la actitud del presidente del Partido Socialista, el diputado Osvaldo Andrade, ex ministro del Trabajo del gobierno de Bachelet y líder de la Concertación en materias laborales. Durante la votación clave para definir el futuro del reajuste, Andrade abandonó la sala, no votó. Así permitió un estrecho triunfo de 43 contra 42 votos para el gobierno. Aunque Andrade ha insistido en que su "conducta obedeció a una solicitud de los trabajadores y de sus dirigentes", su abstención levantó violentas críticas de sus socios de la Concertación. Desde la Democracia Cristiana un grupo de diputados, entre ellos Pablo Lorenzini, Ricardo Rincón y Gabriel Ascencio, pidió congelar la participación de la DC en las reuniones de la Concertación -de la que Andrade es vocero-, en tanto el ex PPD René Alinco lo calificó directamente de "traidor". Su camarada socialista Marcelo Díaz pidió que la decisión del presidente del partido sea analizada en una reunión extraordinaria, porque ha puesto al PS "en medio de una grave crisis".
Fue precisamente Arturo Martínez, acusado como una suerte de cómplice en la decisión de Andrade, el único que defendió la marginación de la votación del presidente del PS. Lo que aparentemente buscaba Martínez era apurar la aprobación del reajuste para empujar el pago de bonos y aguinaldos asociados al proyecto, lo que le habría comunicado a Andrade. Una negociación que no consideró las otras demandas de los miles de trabajadores -en aquel momento en las calles- que pedían un reajuste sobre el cinco por ciento y congelar los despidos en el sector público. Andrade defendió su actitud de la noche del miércoles 15 sobre la base de este acuerdo con Martínez y recordó a la prensa y a los trabajadores que la CUT es, finalmente, la entidad que coordina las negociaciones de la mesa con el sector público. "Los gremios, dijo, nunca me pidieron que votara favorablemente. Lo que he hecho es viabilizar la aprobación de un reajuste, tal cual como lo pidieron los trabajadores. Ibamos a rechazar cualquier reajuste inferior a cinco por ciento con una excepción: que los gremios nos pidieran una conducta distinta", declaró.
Y también respondió a las críticas de sus socios de la Concertación. "Si algunos parlamentarios quieren poner en tela de juicio su participación en la coalición o la vocería (como pidió Gabriel Ascencio), me gustaría que el presidente de ese partido (la DC) me lo dijera. Pero quien coordina la mesa del sector público, por mandato de los propios gremios, es el presidente de la CUT. Me voy a quedar por ahora con la opinión de ese dirigente". En aquellos momentos los mejores aliados de Andrade eran Martínez e Ignacio Walker, presidente de la DC. Para Walker, Andrade, que ha sido su aliado para acotar a la Concertación frente a los intentos de algunos parlamentarios por ampliar su base hacia el centro y la Izquierda, había actuado de "buena fe y en consecuencia; creo que es un tema que debe resolver el PS internamente".
Cena en un restaurante del Barrio Alto
Las decisiones de las dirigencias políticas y sindicales quedaron en evidencia días más tarde, a través de la filtración a la prensa de las negociaciones entre Arturo Martínez, los dirigentes de la Concertación y el gobierno. Un pacto a espaldas de los trabajadores suscrito la noche del domingo 12 de diciembre, publicó El Mercurio sin ser desmentido, en un "restaurante en el sector oriente de Santiago" entre los ministros Felipe Larraín y Cristián Larroulet con Osvaldo Andrade y el senador Camilo Escalona. El plan buscaba destrabar las negociaciones, aprobar un reajuste del 4,2 por ciento más un bono de 215 mil pesos y marginar a los sectores gremiales "duros", liderados por Raúl de la Puente, que pretendían revertir los despidos y un reajuste del cinco por ciento.

Para el gobierno, el reajuste del 4,2 por ciento era "intransable", ya que se trataba de una señal política y económica para otras organizaciones de trabajadores. Para los dirigentes de la Concertación la fuerte postura del gobierno atada al 4,2 por ciento, y un eventual nuevo rechazo por la Cámara de Diputados a este incremento salarial, podrían generar una crisis política que terminaría pagando la oposición.
Con estas variables sobre la mesa, surgió el pacto que levantó a Arturo Martínez como el hombre clave entre el gobierno, la Concertación y los gremios. Martínez, único interlocutor válido para el gobierno de Sebastián Piñera, fue el encargado de convencer a varios dirigentes de los beneficios de esta propuesta, así como aislar a los sectores sindicales más duros.
Ha sido un pacto, una negociación y finalmente una decisión de cúpulas político-sindicales, prácticas que la Concertación ha utilizado durante décadas. Pero esta vez ha habido variables muy diferentes. Por primera vez en veinte años la Concertación no está en el gobierno y también por primera vez en dos décadas los dirigentes sindicales no pertenecen a partidos en el gobierno. Y hay también una tercera y no menor variable: las movilizaciones y la presión sindical han sido inusuales durante el periodo señalado. La Agrupación Nacional de Empleados Fiscales (Anef), ha demostrado gran capacidad de convocatoria, con cerca de 40 mil personas marchando en Valparaíso, fuerza que no desaparecerá tras las negociaciones por el reajuste. Otras columnas impresionantes, de más de veinte mil funcionarios públicos, se desplazaron en Santiago y Concepción.
El gobierno, representado por el ministro de Hacienda, Felipe Larraín, esta vez ha salido triunfante. Logró imponer un reajuste por debajo del cinco por ciento, mínimo exigido por los gremios, y las protestas por los despidos en el sector público quedaron en nada. De cierta manera, si se quiere buscar perdedores, han sido no sólo la dirigencia de la Anef, aparentemente opacada por la CUT y las cúpulas partidarias, sino los miles de trabajadores que, pese a las movilizaciones y sanciones, no lograron sus objetivos.
Tras la frustrada negociación, hay otros efectos que destacar. La fuerza de las movilizaciones no ha sido bien canalizada por las dirigencias. Lo que hemos visto en las calles y en los masivos paros en las distintas reparticiones públicas, no ha sido usado por la dirigencia política como un arma de negociación. Porque las condiciones existían para empujar el conflicto y generar una crisis política. Esa fue la postura de varios diputados opositores, liderados por el DC Gabriel Ascencio. Durante los días previos al miércoles 15, Ascencio pretendía que la oposición rechazara la propuesta de reajuste de 4,2 por ciento y generara una crisis política en el gobierno, que estaría amplificada por las movilizaciones y paros. Un clima de conflicto que obligaría a Hacienda a elevar la propuesta de reajuste.
Tras estas incidencias se ha transparentado la maquinaria política que trabaja a espaldas de sus representados, y la falta de representatividad, que no sólo es evidente en la relación de los legisladores y los electores sino también entre los trabajadores y sus dirigentes. Martínez actuó en la sombra y ha pasado a ser más valioso para el gobierno que para los sindicatos.
Frustración y rabia
En los gremios del Estado hay frustración. Porque las movilizaciones han sido abortadas por sus propios dirigentes, lo que ha colocado la representatividad sindical en el centro de la agenda. El presidente de la Asociación de Funcionarios del Ministerio de Educación, Egidio Barrera, expresó lo que una buena parte de los gremios sienten: "Arturo Martínez, a lo largo de las negociaciones que nos ha tocado vivir junto a la CUT, ha sido -en la práctica- un personaje que ha traicionado al mundo del trabajo. (...) actúa bajo líneas de intereses personales e intereses partidarios y no se preocupa de, efectivamente, fortalecer la situación de los trabajadores frente a las demandas a las autoridades", dijo a El Clarín.cl. Barrera también apunta a la institucionalidad de la CUT, ya sea a su sistema de votación como a su estructura, que "favorece la permanencia en el poder de personajes corruptos, lo que pone en tela de juicio su credibilidad ante la sociedad. Esto perjudica a organizaciones prestigiosas como la Agrupación Nacional de Empleados Fiscales", dijo.
Las críticas vinieron también desde la cabeza de la Anef. Aun cuando De la Puente optó por no atacar públicamente a Martínez, sí expresó su abierto repudio a la actitud de Andrade, que calificó de "repudiable", a la vez que dejó claro que el acuerdo entre oposición y gobierno mereció el rechazo de la asamblea de funcionarios públicos.
Esta crisis debiera llevar a transformaciones democráticas de las dirigencias en momentos de auge y efervescencia laboral y social. Será necesario encauzar las actuales fuerzas sociales para obtener no simples demandas salariales, sino reformas a la legislación laboral, normativas sindicales y otra institucionalidad sindical. Aun cuando durante 2010 hubo importantes huelgas -como Collahuasi, Farmacias Ahumada, el Metro de Santiago y los trabajadores de Casino Monticello-, sus logros han sido muy discretos. La normativa laboral, que dificulta la sindicalización y los procesos de huelga, surge hoy como uno de los grandes obstáculos para la lucha de los trabajadores.
Pese a esta derrota, hay señales de una recomposición del movimiento sindical, por encima de todos los obstáculos normativos que impiden la sindicalización y el derecho a expresar las demandas de los trabajadores. Por ejemplo, un estudio realizado en 2008 por la Dirección del Trabajo reveló que casi el 20 por ciento de los dirigentes sindicales ha denunciado alguna vez las prácticas antisindicales, en tanto un 22 por ciento afirma que sus empresas presionan de diversas formas a los dirigentes sindicales. La represión del empleador se ejerce con todo el poder que le confiere su posición en la empresa, señala este informe. "Frente al conocimiento de la eventualidad de formación de sindicato, procede a despedir a quienes considera agitadores, en tanto que los trabajadores se ven agraviados por el solo hecho de ejercer los derechos que la Constitución y las leyes les garantizan". Estas presiones se amparan en la aplicación de la conocida norma "necesidades de la empresa" (art. 161 del Código del Trabajo), dispuesta por los legisladores para flexibilizar los despidos y facilitar la adaptación de la empresa a nuevas condiciones de competencia y agilizar la gestión de la plantilla de personal. Ha sido utilizada sin embargo para reprimir el ejercicio de los derechos laborales en general y los sindicales en particular.
Condiciones contextuales tan poco acogedoras para la organización sindical llevarían a suponer una afiliación sindical a la baja. "Sin embargo, dados la tradición de asociatividad laboral en el país y el despliegue de los dirigentes sindicales, en el curso de los últimos cinco años (2004-2008) se ha incrementado en un 18 por ciento la afiliación sindical total y en un 33,6 por ciento la afiliación de los sindicatos de empresa, lo que de paso desmiente el bajo interés que se atribuye a los trabajadores por la acción colectiva, aun cuando pudieran cuestionarse los beneficios obtenidos como motivación para sindicalizarse". Según ese informe, los trabajadores han perdido el miedo a sus empleadores y están dispuestos a sindicalizarse y movilizarse. El actual clima social y laboral parece corroborar estas cifras.
Algo similar se observa con las declaraciones de huelga, que han venido aumentando durante los últimos años. Durante la segunda mitad de la década pasada se inició un proceso de activación de las demandas salariales. A partir de 2005, el número de huelgas por año pasó de 101 a 171 en 2009, cifra que según los datos más recientes volverá a crecer en 2010.
Las movilizaciones masivas de los funcionarios públicos y el nuevo clima de movilización laboral conducen a un nuevo momento de organización de la clase trabajadora, a un escenario social cuya fuerza y presión debiera conducir a una mayor independencia de los partidos y sus cúpulas. Un nuevo movimiento, impulsado por la necesidad de verdaderas y legítimas demandas, se está gestando en Chile.

domingo, 13 de junio de 2010

EX MINISTRA DE EDUCACIÓN FUE RECRIMINADA POR ESTUDIANTES



NOTICIAS DEL MINISTERIO DE EDUCACIÓN

EX MINISTRA DE EDUCACIÓN FUE RECRIMINADA POR ESTUDIANTES

FUNADA EN TEMUCO MÓNICA JIMÉNEZ DE LA ''JARRA''

Estudiantes de la Universidad de La Frontera protestaron en contra la ex ministra de Educación, Mónica Jiménez, ayer durante la realización de un encuentro sobre la materia, criticando su paso como rectora de la Universidad Católica de Temuco y las políticas educacionales de la Concertación. Estudiantes de esta universidad interpelaron a gritos a la ex funcionaria de Bachelet por la mala calidad de la educación, impidiendo que siguiera con su discurso en el foro.

Un bochornoso traspié sufrió la ex titular de Educación durante el gobierno de la presidente Michelle Bachelet, en el marco de la realización de un foro organizado por la Fundación Educa Chile y que se desarrolló en la Universidad de La Frontera de Temuco.

Al momento de comenzar su exposición fue duramente recriminada por un grupo de estudiantes, quienes a través de gritos y consignas lograron que Jiménez desistiera de su exposición, en el auditorio Selva Saavedra de esta casa de estudios.

Las críticas de los estudiantes se centraron en los niveles de mediocridad que alcanzó la educación durante los gobiernos de la Concertación y el rol que jugó durante su periodo como rectora de la Universidad Católica de Temuco.

Radio Bío Bío, se contactó con el presidente de la Federación de Estudiantes, José Inostroza, quien no quiso referirse al incidente, explicando que era uno de los organizadores del evento, excusas que dijo, prefiere entregar primero al resto de los alumnos de la universidad.

No es la primera vez que Mónica Jiménez protagoniza un incidente con estudiantes, ya que hace un tiempo tuvo un impasse con la escolar María Música, quien le lanzó un jarro con agua, ayer le salió menos húmeda la critica política de los estudiantes.

domingo, 30 de mayo de 2010

JORGE BURGOS Y SU VOTO A FAVOR DE LA LEY DE EDUCACIÓN: "ES INJUSTO QUE ME HAYAN GRITADO VENDIDO"

JORGE BURGOS Y SU VOTO A FAVOR DE LA LEY DE EDUCACIÓN: "ES INJUSTO QUE ME HAYAN GRITADO VENDIDO

"No soy experto en educación, así que me guié por personas que conocen bien del proyecto", asegura el parlamentario que no se sumó al rechazo de la Concertación.

Fue uno de los cuatro diputados de oposición que ayer votó, en general, a favor de la Ley de Aseguramiento de la Calidad de la Educación.

Su voto, junto con el de otros tres colegas DC, permitió al gobierno "salvar" del fracaso la iniciativa legal que crea la Superintendencia de Educación y la Agencia de Calidad, lo que le valió a Jorge Burgos no sólo reproches de sus propios compañeros de coalición, sino que también fuertes insultos desde las tribunas.

-Salió rápido usted desde la Cámara después que le gritaron "vendido"... ¿Cómo se sintió con lo ocurrido?

-Lo encuentro injusto, porque creo haber cumplido con un compromiso que adoptamos durante el gobierno de la Presidenta Bachelet. Es un proyecto que en general ayuda a mejorar la educación de los niños chilenos y voté por aprobarlo en esa convicción.

-¿Cómo maneja ese tema dentro de la misma bancada, si la mayor parte de sus colegas lo rechazó?

-Me parece legítimo y no voy a hacer cuestión de eso. Yo les dije antes a mis colegas de bancada que votaría a favor del proyecto en general.

-¿Por qué?

-No soy experto en educación, así que me guié por personas que conocen bien el proyecto. En estas materias sigo mucho a personas de mi partido que conocen este tema como Mariana Aylwin (ex ministra) o Pedro Montt (ex subsecretario y responsable del acuerdo político con la Alianza). Les pregunté a ellos su opinión técnica y hasta tengo una minuta sobre el tema.

-¿De dónde salió esa minuta?

-De nuestros técnicos. Fue distribuida ayer en una reunión de bancada que tuvimos para ese efecto.

-¿Le conflictuó votar distinto de la Concertación?

-No, a estas alturas del partido no me conflictúa. Cuando a uno le gritan cosas injustas... pero es la vida no más. Y mis colegas de bancada no estarán de acuerdo conmigo, pero he sido muy caballerosamente tratado.

-¿Siempre tuvo la convicción de aprobar el proyecto?

-Sí, es la misma postura que estuve en la Ley General de Educación. Creo que fue un aporte a Chile la propuesta de la Presidenta Bachelet, muchos han cambiado, pero yo no.

-¿Tal como está, el proyecto representa lo que quería la Presidenta Bachelet?
-Probablemente no, pero para eso está la comisión mixta

"LAS ALAS" DEL MINISTRO DE EDUCACIÓN, JOAQUÍN LAVÍN:POR RAFAEL LUÍS GUMUCIO RIVAS




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RAFAEL LUÍS GUMUCIO RIVAS
Joaquín Lavín es una mezcla de Profesor loco, representado por Jerry Lewis, Zalig, interpretado por Woody Allen y "San Pirulín", apóstol del Opus Dei; salvo el actual presidente de la república, Sebastián Piñera, es el líder de la derecha que ha llegado más lejos- casi iguala a Ricardo Lagos, en la primera vuelta (1999) -. La personalidad de Lavín es difícil de desentrañar pero, al menos se pueden describir algunos de sus rasgos: un populismo de derecha, cuya raíz podemos buscarla en la Falange española y, más contemporáneamente, en el presidente de Colombia, Álvaro Uribe Vélez. El actual ministro de Educación siempre ha querido construir obras faraónicas y no deja de sorprender a la pacata derecha chilena con proyectos tan "geniales" que empalicen a aquellos del socialista utópico Charles Fourier. Cuando fue alcalde de Santiago inventó, nada menos que playas para que los "rotitos" capearan las olas e hicieran castillos de arena y, en el invierno, trajo nieve artificial para jugaran al ski o con los trineos, tal cual el Viejo de Pascua.
Joaquín Lavín ha tenido éxitos y fracasos, como todo político que se precie de serlo: como alcalde de Las Condes, donde fue elegido por una alta mayoría, y su gestión fue muy bien evaluada - era que no, cuando esta Comuna es una de las más ricas de Chile y con su presupuesto se puede hacer maravillas-. Fracasó rotundamente en la alcaldía de Santiago: sus botones de pánico, su "Plan Popolo", sus playas y la nieve fueron el hazmerreír para los medios de comunicación y para unos cuantos ciudadanos - si es que seres de esta especie ya no estaban extinguidos -.
Como candidato de la Alianza, parecía seguro su triunfo en la primera vuelta de las elecciones de 2005 - no en vano se había preparado durante cuatro años para convertirse en rey en nombre del cambio -. En su campaña aparecía el famoso slogan Alas para Chile, algo así como sacar al ciudadano del páramo por medio del vuelo del cóndor. Todo le salió mal a "nuestro héroe": a mediados de año apareció la candidatura de Sebastián Piñera - que esta vez no la quiso vender por "un plato de lentejas" porteño- y, por muy pocos votos, Piñera aventajó a Lavín. Lo que son las paradojas de la vida: si la derecha hubiera ido unida, a lo mejor, hubiera amagado el triunfo de Michelle Bachelet.
Posteriormente, Lavín se trasformó en una especie de Zalig: como el personaje de la película, se amoldaba a todas las situaciones. De todo este ir y venir, surgió el "bacheletismo-aliancista, el amor entre Michelle y Joaquín sólo podría ser asimilado al de Romeo y Julieta: un perfecto coro a dos voces y andaban amarrados los dos. El único que entendió a Joaquín, en la derecha, fue el Cristo de Palo, Pablo Longueira quien, como buen sacristán, sabe interpretar, a la perfección, l0os preceptos del señor cura.
La vida de Joaquín Lavín, como el rosario, tiene misterios gozosos y dolorosos: se creía que ganaría, fácilmente, la senaturía por Valparaíso; su rival en la lista era un provinciano, Francisco Chahuan que no contaba con el pedigrí del líder de la UDI. Para sorpresa de todos, Joaquín perdió la elección.
En la actualidad, nuestro prohombre encabeza el ministerio de Educación donde pretende, nada menos, que hacer una "revolución educacional", como lo sostuvo su jefe, Sebastián Piñera. Personalmente, sostengo que el programa de Lavín no tiene nada de revolución y sí mucho de voladores de luces, siguiendo su "karma" practicado en las alcaldías de Las Condes y Santiago y a su liderazgo en la UDI.
La derecha quiere presentar como una acción heroica el logro del ministro de Educación de tener a todos los alumnos en clase, a dos meses del terremoto. Poco importante lo confortable de los locales y el tipo de educación que están recibiendo, se trata de igualar a la ministra Michelle Bachelet cuando el presidente Lagos le encargó que terminara con las listas de espera en los Consultorios. Ambos resultados son perfectos cazabobos.
Duplicar en cuatro, siete, ocho o diez años la subvención preferencial - que hoy es $50.000 aproximadamente - llevándola a $100.000, no es ninguna revolución, ni siquiera una evolución, pues para que la educación deje de ser la principal colaboradora en la monstruosa brecha entre ricos y pobres, es necesario que la subvención suba de $50.000 a $300.00 y que un hijo de rico reciba la misma calidad de educación que la del pobre.
Se propone también crear, a lo largo del país, cincuenta Liceos emblemáticos, no sé con qué plazos ni con cuál financiamiento y, en el próximo año, once Liceos. En primer lugar, esta medida es completamente elitista: sólo una ínfima minoría de los estudiantes de cada provincia recibiría educación de calidad, el resto sería enviado a la huesera actual. Por lo demás, de implementarse los cincuenta Liceos, representaría menos del 1% de los estudiantes - una medida totalmente intrascendente, como lo sostiene el director de Educación 2020. En los países de más alto nivel educacional se hace todo lo contrario de lo que propone el ministro Lavín: se mezcla en una misma aula y en el mismo colegio alumnos de distinto niveles económico-sociales y alta formación cultural y deprivados. Se trata de promover la igualdad y no segregar.
Nada nuevo propone el ministro respecto de uno de los temas eje, como es el relacionado con las competencias docentes; sólo se queda en el diagnóstico evidente de que nuestras universidades forman profesiones con falta de competencias evidentes. Respecto a los institutos pedagógicos, el ministro repite la misma experiencia de los gobiernos anteriores, formando inútiles comisiones.
Otro tema urgente, que apenas el ministro soslaya, es el completo fracaso de la educación municipal y la creación de un estado docente descentralizado, idea que la derecha sería incapaz de implementar. En el fondo, en el proyecto educacional del gobierno actual, predomina la idea neoliberal del famoso baucher, en que la elección por parte de los padres de familia esté limitada por la capacidad monetaria para dar a sus hijos mejor educación, donde los alumnos siguen siendo clientes y no personas.
La idea del "mapa" que se entregará a los padres, con una carta personal del presidente de la república, en la cual se informa, con colores rojo, verde y amarillo, sobre los resultados de las escuelas de la Comuna. A simple vista da impresión de transparencia, pero al destacar sólo los resultados de la prueba SIMCE, cuya capacidad de evaluación es bastante discutible, permite a los padres conocer cuál escuela tuvo superiores, igual o bajo el promedio. A la larga, es una profecía autocumplida que los colegios privados y algunos subvencionados - con copago- lograrán luces verdes y amarillas, y la mayoría de los colegios municipales, posiblemente luz roja. Los padres que tengan dinero podrán cambiarlo a los mejores colegios y los que tengan medios económicos tendrán que mantenerlos en las mismas pésimas escuelas. Por ejemplo, qué gano con saber que las prestaciones de la Clínica Las Condes son enormemente superiores a las de un hospital público, pues el tema de la segregación estará siempre relacionado con los recursos económicos de la familia.