Patricia Muñoz Garcìa

Patricia Muñoz Garcìa
Departamento Nacional Profesores Jubilados DEPROJ
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lunes, 28 de enero de 2013

¿De qué derechos humanos habla la DC? Platas de la CIA financiaban al PDC































Seguir la historia chilena contemporánea es como ingresar en un territorio oscuro, cerrado; se repiten los personajes y la trama se acerca a la tragedia. La historia de Chile de los últimos cincuenta años tiene, como las grandes tragedias, un sentido oculto, incluso más duro y cruel que




el dolor y la sangre que baña la superficie. 
La historia contemporánea, y por extensión la pasada, no responde exclusivamente a la historiografía ortodoxa ni a la agenda política. Eso es la apariencia. Como también lo es el hecho de contar con una historia propia, de nación independiente, soberana. Los grandes acontecimientos políticos de los últimos cincuenta años no fueron gestados sólo en Chile, como sí lo fue el crecimiento del movimiento social en busca de la justicia y libertad. Una fuerza oscura y silente, en la más completa extensión de estas palabras, se orquestó en Washington para impulsar en este rincón del mundo la peor tragedia de su corta historia. 
La trama, escrita desde la Casa Blanca a inicios de la década de los 60 del siglo pasado, tuvo como objetivo frenar los procesos sociales en Chile y el ascenso de las fuerzas de Izquierda. Una estrategia puesta en marcha por Estados Unidos a través de diversos mecanismos, desde el adoctrinamiento militar e ideológico en la Escuela de las Américas al financiamiento de gremios empresariales, medios de comunicación y partidos políticos. En este punto, destaca el papel fundamental que jugó la Democracia Cristiana.
Esta es la línea de investigación del último libro del historiador Luis Corvalán Marquez, La secreta obscenidad de la historia de Chile contemporáneo, publicado por Ceibo Editores. El relato se inicia en los albores de los años sesenta, para terminar poco más de una década después. 
La investigación de Corvalán Marquez está documentada, entre otros registros, por el informe de la comisión del Senado norteamericano que presidió Frank Church, sobre las actividades de la CIA en Chile. Una trama protagonizada por el mismo presidente de Estados Unidos, Richard Nixon, el entonces director de la CIA, Richard Helms, y el secretario de Estado, Henry Kissinger. En años de guerra fría, la llegada al poder a través de elecciones de un gobierno de Izquierda anticapitalista en Sudamérica justificó todos los medios para eliminarlo: desde el financiamiento de partidos opositores, medios de comunicación, activistas de derecha, gremios, y claro está, las bien adiestradas fuerzas armadas.
Aun cuando la intervención de la CIA en Latinoamérica ya era muy activa, el caso chileno tiene especial relevancia. Era un proyecto socialista que surgía desde las urnas y se desarrolla acotado a la institucionalidad. Esto es precisamente lo que no tolera Washington: que Allende se convierta en un modelo latinoamericano y mundial. Washington, dice Corvalán Marquez, consideró que el eventual triunfo de la Izquierda en Chile cambiaría la correlación de fuerzas en el continente, estimulando procesos análogos, contribuyendo a que EE.UU. perdiera su hegemonía en la región. Para impedirlo, el gobierno norteamericano redobló su intervención en los asuntos chilenos. Dice el Informe Church que la CIA “financió actividades que cubrían un espectro amplio, desde la simple manipulación propagandística de la prensa hasta el financiamiento en gran escala de partidos políticos chilenos; desde sondeos de la opinión pública hasta intentos directos de fomentar un golpe de Estado”.
El proyecto reformista del PDC fue clave para los intereses estadounidenses, lo que está documentado en los tempranos vínculos entre el partido chileno y la CIA, que se profundizan durante los años siguientes hasta consumarse el plan B, que fue el golpe de Estado. 
Aun cuando no está registrada la colaboración directa de la CIA en la salida neoliberal-binominal de la dictadura de Pinochet, hay numerosos antecedentes para afirmar que fue también articulada en Estados Unidos. Si el PDC, con Patricio Aylwin a la cabeza fue crucial para impulsar el golpe de 1973, hacia finales de los 80 el mismo Aylwin, representando al reformismo conservador, dirigió la transición neoliberal que mantuvo el modelo y la Constitución de Pinochet.



LOS ALBORES DE LOS 60


El paradigma reformista requería de los vínculos con el PDC, los que se inician, según el Informe Church, hacia comienzos de la década de los 60, cuando EE.UU. empezó a hacer importantes aportes financieros al partido chileno. El año 1962, dice el Informe, “el Grupo Especial aprobó 50.000 dólares para fortalecer al PDC”. Agrega que “el 27 de agosto del mismo año, el Grupo Especial aprobó el uso de un canal de financiamiento a través de un tercer país, presupuestando ciento ochenta mil dólares para los democratacristianos chilenos durante 1963 (…) La elección presidencial de 1964 -dice el Informe- fue el principal ejemplo de un proyecto electoral de gran envergadura. La CIA gastó más de dos millones seiscientos mil dólares en apoyar la elección del candidato democratacristiano (Eduardo Frei Montalva, N. de PF), en parte para impedir el ascenso al poder del marxista Salvador Allende”.
Además del apoyo brindado a los partidos políticos -continúa el Informe-, la CIA montó una masiva campaña de propaganda anticomunista. Fue una “campaña del terror, -afirma-, que hizo abundante uso de imágenes de tanques soviéticos y pelotones de fusilamiento cubanos, y que estuvo dirigida especialmente a la mujer”. Durante la tercera semana de junio de 1964, un grupo financiado por la CIA producía diariamente veinte spots radiales para Santiago y 44 para estaciones de provincia, además de programas noticiosos de doce minutos de duración -cinco veces al día- en tres radios de Santiago y 24 de provincia.



DIPUTADOS FINANCIADOS POR LA CIA


El Informe Church es elocuente sobre esta materia. En febrero de 1965 -dice- el Comité 303 aprobó 175.000 dólares “para un proyecto de acción política de corto plazo, orientado a brindar apoyo clandestino a candidatos preseleccionados que participarían en las elecciones parlamentarias chilenas de marzo de 1965. Según la CIA, veintidós candidatos fueron seleccionados por la oficina local de la CIA y el embajador; de ellos, nueve fueron elegidos”. Hacia 1970, agrega el Informe, la CIA había gastado en total casi dos millones de dólares en operaciones secretas en Chile.
La campaña presidencial de 1970 tuvo ciertas diferencias para la CIA. Esta vez decidió no apoyar a ningún candidato en particular, en tanto centró sus esfuerzos en desprestigiar la candidatura de Salvador Allende. Tal cosa debía llevarse a la práctica a través de lo que la Agencia denominó “una campaña de sabotaje”. En total, “la Agencia gastó de ochocientos mil a un millón de dólares en acciones clandestinas para influir en el resultado de la elección presidencial de 1970”. 
“La campaña del terror -dice el Informe-, contribuyó a la polarización política y al pánico financiero posterior al 4 de septiembre. Temas que se habían desarrollado para la campaña electoral recién concluida –agrega- fueron explotados por la CIA con más intensidad durante las semanas posteriores al 4 de septiembre, en un esfuerzo por causar pánico financiero e inestabilidad política suficientes para provocar que, en función del golpe, se movilizara el presidente Frei o los militares chilenos”.



EL TRIUNFO DE ALLENDE Y EL PLAN DE NIXON


El 15 de septiembre de 1970 se celebró en la Casa Blanca una reunión en la que participó el presidente Nixon, el asesor para asuntos de Seguridad, Henry Kissinger, el director de la CIA, Richard Helms y el procurador general John Mitchel. En ella el presidente planteó que “un gobierno de Allende en Chile no era aceptable para EE.UU.”. Con este predicamento procedió a ordenar a la CIA que tomara medidas para impedir que Allende accediera al poder. “No importan los riesgos involucrados -dijo-; diez millones de dólares disponibles, más si es necesario; trabajo a tiempo completo de los mejores hombres que tengamos; plan de acción: hacer que la economía chilena aúlle; 48 horas para el plan de acción”, ordenó Nixon.
El plan de Estados Unidos contaba con el apoyo de las ideologizadas fuerzas armadas y de los medios de comunicación, principalmente El Mercurio, al que le entregó más de un millón y medio de dólares. Pero el papel del PDC fue fundamental. 
“Este partido, argumenta el historiador Corvalán, podría haber jugado durante la UP el rol de un verdadero centro, como muchos de sus integrantes lo intentaron. No obstante, la colectividad terminaría plegándose a la polarizadora política norteamericana. ¿Debido a qué? En medida importante al gran peso de su sector conservador, que finalmente pasará a controlar el partido, todo ello correlacionado con la radicalización de su base social, en gran parte clases medias, derivada del inducido deterioro económico del país y de la campaña del terror”.
La campaña -señala el Informe Church- fue de enormes proporciones. Ocho millones de dólares se gastaron en los tres años que van desde la elección de 1970 hasta el golpe militar de septiembre de 1973. Se entregó dinero a los medios de comunicación, a partidos políticos de la oposición y, en cantidades más limitadas, a gremios del sector privado.
Los aportes que EE.UU. hiciera a los opositores no se repartieron por igual. Beneficiaron principalmente al Partido Demócrata Cristiano y al Partido Nacional, en ese orden. Los documentos norteamericanos desclasificados, así como también el Informe Church, son categóricos al respecto, dice Corvalán Marquez. Durante el gobierno del presidente Allende, EE.UU. continuó proporcionando enorme apoyo financiero al PDC, que excedía al que entregaba a los otros partidos, respaldo que ahora “ya no buscaba potenciar una alternativa modernizadora frente a la revolución cubana y que impidiera un triunfo electoral de la Izquierda, como en la década anterior, sino el derrocamiento de Salvador Allende”.
Si el PDC llegaba a algún tipo de entendimiento con el presidente Allende sería muy difícil la implementación del golpe que buscaba EE.UU., pues en ese caso las fuerzas golpistas quedarían aisladas, como sucedió luego del 4 de septiembre de 1970 y todavía durante 1971, afirma el historiador. Si el PDC se plegaba al golpe -como a la larga terminó ocurriendo-, todo se allanaría. Esto explica por qué la potencia del norte consideraba que este partido era una de las “fuerzas internas” más importantes a los efectos de provocar el derrocamiento de Allende.
El apoyo financiero que la CIA entregara al PDC, en todo caso, se canalizó hacia su ala más conservadora. El Informe Church lo confirma cuando se refiere a la resolución que el 8 de septiembre de 1970 tomara el Comité 40 aprobando un fondo de 250.000 dólares para que, con el fin de impedir el ascenso de Allende, “Frei y su equipo de confianza lo utilizara”. Bien sabemos que la orientación anticomunista y antiizquierdista que caracterizaba a ese sector no era, sin embargo, compartida por otros segmentos de la colectividad, como la encabezada por Renán Fuentealba.



DOLARES Y RADIOS PARA UN PDC GOLPISTA


El PDC distó mucho de jugar el rol de un verdadero centro político, afirma Corvalán, es decir, el rol de fuerza abierta a la negociación y al acuerdo. Por el contrario, convergiendo con una extrema derecha que había retomado sus tradiciones golpistas, cumplió una acentuada función polarizadora. Fue así como en 1971 comenzó a apoyar los paros gremiales. Luego, en diciembre de ese año, participó con el PN y el Frente Nacionalista Patria y Libertad en la llamada “marcha de las cacerolas vacías”. 
“A comienzos de 1971 -sostiene el Informe- fondos de la CIA permitieron que el PDC y PN compraran sus propias estaciones de radio y diarios”, precisamente por cuanto serían los mensajes comunicacionales los que debían sembrar un estado de anormalidad sicológica en la población, generando, a través de las campañas del terror, miedos irracionales al “totalitarismo marxista”.
Para el periodo 70-73, el Informe Church registra periódicas entregas de dinero al PDC por parte de la CIA. Un detalle es el siguiente: “13 de noviembre (de 1970): el Comité 40 aprueba 25.000 dólares para apoyar candidatos de la Democracia Cristiana; el 22 de marzo (de 1971): el Comité 40 aprueba 185.000 dólares adicionales para apoyar al Partido Demócrata Cristiano; el 10 de mayo (1971): el Comité 40 aprueba 77.000 dólares para la compra de una imprenta para el diario del Partido Demócrata Cristiano. La imprenta no se compra -añade el Informe- y los fondos son utilizados para apoyar el diario; el 26 de mayo (1971): el Comité 40 aprueba 100.000 dólares para ayuda de emergencia que permita al Partido Demócrata Cristiano pagar deudas de corto plazo”. 
Con los compromisos adquiridos por el PDC con la CIA los eventos tomaron una sola dirección. Así, el llamado al diálogo que hiciera Salvador Allende el 1º de mayo cayó en el vacío. Tanto o más cuando el 3 de ese mes el sector conservador de la DC asumiera el control formal del partido, cuya presidencia quedó en manos de Patricio Aylwin, quien se caracterizaba por su incondicionalidad al ex presidente Frei. El 5 de julio cayeron las máscaras, cuando Aylwin hizo una declaración en la que afirmó que “la mejor garantía para el restablecimiento de la normalidad democrática (era) la incorporación institucional de las Fuerzas Armadas al gobierno, con poderes efectivos para realizar las rectificaciones…”.
Luis Corvalán Marquez, en un texto titulado “La crisis de la dictadura y la mano de EE.UU. en la imposición de un recambio neoliberal” retoma, a partir de la mitad de los 80, la presión de Estados Unidos sobre la política chilena. Como el Departamento de Estado negocia el fin de la dictadura, acude a las mismas figuras que usó para sacar a Allende. El PDC vuelve a ser funcional a EE.UU., es el comodín contra la Izquierda y contra una dictadura que ya estaba obstaculizando el desarrollo del modelo neoliberal. 
A partir de entonces, la historia es más cercana pero igualmente oscura. Aun cuando hay tantos antecedentes sobre los vínculos entre Estados Unidos y la oposición de entonces, mantenemos nuestra perplejidad al observar el giro que dio la Concertación, al apoyar las privatizaciones, la desregulación de los mercados, al abrazar el modelo neoliberal y la Constitución de 1980. En los múltiples trabajos e investigaciones sobre esa época, aún no hay una respuesta clara de la elite de la Concertación que explique este giro, que tiene características de traición. Al leer el texto de Corvalán, tal vez podamos concluir que las relaciones del PDC con EE.UU. y la CIA hacen de aquella voltereta algo innombrable.



PAUL WALDER



RECUADRO

La DC apoyó el terrorismo de Estado


Los líderes de la Democracia Cristiana han levantado en estos días, como gran bandera moral, su rechazo a la violencia “venga de donde venga”, y su respeto por los derechos humanos. Desde los albores del gobierno de Eduardo Frei Montalva, el doble rasero DC se hizo evidente: en 1966 ese gobierno masacró a los mineros del yacimiento de cobre de El Salvador y poco después, en 1969, a los pobladores de Pampa Irigoin, en Puerto Montt. 
El posterior apoyo DC a la conspiración, al golpe militar y al terrorismo de Estado es otra tremenda contradicción. Patricio Aylwin y los líderes de entonces proporcionaron cuadros técnicos a la dictadura, entre ellos Juan Villarzú y Alvaro Bardón, y sólo restaron su apoyo, dice el historiador Corvalán Marquez, cuando fue evidente que Pinochet no convocaría a elecciones. 
“Lo que la directiva del PDC intentó luego del golpe, escribe Corvalán Marquez, no fue otra cosa que disputarle a la extrema derecha el ascendiente sobre los uniformados, buscando cooptarlos y hacerlos funcionales a sus propios fines”. Es cierto que este proceso tiene matices, como también lo tiene este partido con líderes no sólo impactados ante las violaciones a los derechos humanos, sino también víctimas del terrorismo de Estado, como Bernardo Leighton y su esposa, Anita Fresno, o valientes defensores de los perseguidos, como Andrés Aylwin. 
Otra clara muestra de la insensibilidad democratacristiana ante las violaciones de los derechos humanos fue, más tarde, el apoyo de algunos de sus militantes, como Gutenberg Martínez, al gobierno terrorista de Napoleón Duarte en El Salvador. Hace poco, Ismael Llona escribió que “entre 1984 y 1989, los amigos de Gutenberg apoyaron a este gobierno e incluso lo asesoraron. El gobierno de Napoleón Duarte atropelló sistemáticamente los derechos humanos”.
Un proceso que se remonta hasta hoy. Recientemente, la Democracia Cristiana con los votos de los senadores Soledad Alvear y Patricio Walker aprobó el ascenso del juez Juan Manuel Muñoz a la Corte Suprema. Durante su carrera, este magistrado rechazó investigar crímenes de lesa humanidad cometidos por la dictadura militar. “En política, dijo el presidente del PDC, hay que saber hacer negociaciones”.
Lo más lamentable es la mesura y cortesía del Partido Comunista al referirse a exabruptos anticubanos, antivenezolanos y anticomunistas de la DC y de parlamentarios como Patricio Walker. El pacto Concertación-PC que se está cocinando, debería tener al menos una ética elemental: respetar la historia y la verdad.



PF

viernes, 11 de enero de 2013

La pandilla de las universidades privadas


Operaciones inconfesables.



Hasta ahora, se encuentran detenidos y formalizados por cohecho y lavado de dinero el ex presidente de la Comisión Nacional de Acreditación (CNA), Luis Eugenio Díaz Corvalán; el ex rector y dueño de la Universidad Pedro de Valdivia (UPV), Angel Maulén y el ex dueño y rector de la Universidad del Mar, Héctor Zúñiga. Otros investigados, a quienes se les confiscaron algunos de sus computadores, son José Enrique Schroder, ex rector de la Universidad SEK; Jorge Segovia, propietario de la SEK y ejecutivo del fútbol -quien permanece en España y se resiste a volver-; Rolando Kelly, ex rector de la Universidad Nacional Andrés Bello (UNAB) y, Jorge Selume, presidente de la Región Andina de Laureate, el holding de educación superior más grande de Chile, propietario de las universidades Andrés Bello, Las Américas y Viña del Mar, además del instituto profesional AIEP.
El trabajo de los fiscales y sus repercusiones en la prensa provocaron, además, la salida del ex ministro de Justicia, Teodoro Ribera, controlador junto a su familia de la Universidad Autónoma y del instituto Incacea, por mantener sospechosos nexos con Díaz Corvalán, los que podrían haber beneficiado los negocios educacionales del ex secretario de Estado. La remoción de Ribera provocó, a su vez, la renuncia del senador Carlos Larraín a la presidencia de Renovación Nacional.
Las principales acusaciones de los fiscales han recaído en el abogado Luis Eugenio Díaz, ex presidente de la CNA, a quien se le ha comprobado -por el momento- la recepción de más de 300 millones de pesos por supuestas asesorías a varias universidades privadas que tramitaban acreditaciones. Díaz, hoy de 69 años, fue uno de los fundadores de la Izquierda Cristiana a mediados de 1971, junto a Bosco Parra, Luis Maira, Pedro Felipe Ramírez, Rafael Agustín Gumucio, Luis Badilla, Alberto Jerez, Julio Silva Solar, Jacques Chonchol y Sergio Aguiló, entre otros. Tras el golpe militar, Díaz -según el diario La Tercera- asumió la dirección clandestina interna de la IC utilizando la chapa de Ignacio Cienfuegos.

EN MANOS DE LA CNI

Al llegar el invierno de 1981 los dirigentes de la IC decidieron convocar a una reunión para analizar nuevas alianzas y la agitada coyuntura política. Un asistente grabó el intercambio de opiniones para enviarlo a miembros de la dirección en el exterior, pero la cinta fue interceptada por la CNI. Los efectos de aquella interferencia sólo se vislumbraron al finalizar el año, cuando los agentes de seguridad arremetieron contra ese partido. El primer blanco fue Jorge Leiva, ex regidor por Santiago, y luego se apuntó hacia las principales figuras del conglomerado político. EI 28 de noviembre fueron arrestados Ramón Piña y Raúl Reyes Susarte. Una semana después, en la esquina de Alameda con San Martín fue detenido cuando viajaba en un taxi, el economista Sergio Aguiló Melo, secretario general de la IC, y trasladado al cuartel Borgoño donde lo esperaban el jefe de la Brigada Antisubversiva, el mayor Alvaro Corbalán. El dirigente de la IC estuvo diez días sometido a feroces apremios en los subterráneos de la casona de Borgoño. Lo amenazaron con matar a su hija de dos años y lo filmaron con un fusil AKA en las manos para vincularlo al MIR que empleaba ese tipo de armas.
EI 10 de diciembre, los hombres de la Brigada Café prosiguieron con la embestida contra la IC e irrumpieron en la sede del Centro de Estudios Económicos Vector, en busca de Pedro Felipe Ramírez, ex ministro de la UP, quien semana tras semana anunciaba el deterioro de la situación económica. Ese mismo día los agentes de la CNI llegaron hasta la ONG Ceneca y se llevaron a su director ejecutivo, el abogado Luis Eugenio Díaz, quien además era miembro del Grupo de Estudios Constitucionales. Poco más tarde, a las 21 horas, fueron aprehendidos Germán Molina Valdivieso y Pablo Fuenzalida Zegers, secretario de asuntos nacionales y jefe del departamento de regiones de la Comisión Chilena de Derechos Humanos, respectivamente.
Todos fueron conducidos con los ojos vendados al cuartel de Borgoño. Allí los obligaron a ponerse overoles y zapatillas y tras un breve examen médico se iniciaron los interrogatorios. Los colocaron desnudos, atados de pies y manos, con los ojos vendados en una especie de cama metálica. Les pusieron cintas metálicas en el estómago, en el pecho, entre los testículos y en la planta del pie. Uno de los interrogadores giró una manivela. Se escuchó un zumbido y una violenta descarga eléctrica sacudió cada uno de los cuerpos.
Díaz Corvalán y varios de sus camaradas de la IC estuvieron cinco meses en la Cárcel Pública acusados de asociación ilícita. Tras recuperar la libertad, Díaz se vinculó al mundo laboral y asesoró a la Corporación de Investigación y Asesoría Sindical, (Clasi), donde conoció a Enrique Correa, Ricardo Solari, Eduardo Loyola y Jorge Donoso, entre otros dirigentes que ayudaban a la reorganización de los trabajadores. Más tarde, Díaz se vinculó al Comando Nacional de Trabajadores y colaboró en la fundación de la Central Unitaria de Trabajadores (CUT).
En 1988, Díaz se incorporó al naciente Partido por la Democracia (PPD), asumiendo labores de dirigencia. Luego, con la Concertación en el gobierno, se abocó a todo tipo de asesorías en diversas instancias de la administración pública: Corfo, Cancillería, Sernam, SAG, Indap, Obras Públicas y múltiples otros servicios pagaron generosamente sus sugerencias. A mediados de la década pasada, finalmente, Díaz derivo hacia el ámbito educacional. En 2006 fue subdirector de la Escuela de Derecho de la Uniacc, cuyo propietario entonces, Andrés Guiloff, le propuso ser uno de los dos representantes de las universidades privadas en la recién creada CNA. Díaz supo entonces que el esperado momento de “arreglar” sus años de jubilación había llegado.

TALENTOS BAJO SOSPECHA

Otro de los ahora caídos en desgracia es el ingeniero Angel Maulén, exitoso empresario de los rubros educación, inmobiliario y hotelero; ex gerente de producción de TVN bajo la administración de Jorge Navarrete, en los inicios del gobierno de Patricio Aylwin; ex secretario ejecutivo de la Comisión Nacional de Energía, entre 1991 y 1994; ex subsecretario de Economía, cuando el titular era el PPD Alvaro García, entre 1995 y 1996 y ex presidente de la Fundación EuroChile, en los últimos años del gobierno de Eduardo Frei Ruiz-Tagle.
Angel Maulén pagó a Díaz lo que parecen millonarias coimas para conseguir la acreditación de la Universidad Pedro de Valdivia, proyecto que inició en 2006 sobre la base del exitoso Preuniversitario Pedro de Valdivia, donde controla el 35% de la propiedad y que en la actualidad tiene más de 25 mil alumnos y 25 sedes en todo Chile. Desde fines de los años 80, Maulén incursionó también con éxito en la construcción de hoteles y proyectos inmobiliarios, lo que le permitió efectuar importantes aportes financieros a las campañas políticas de varios de sus camaradas del Partido Demócrata Cristiano, tienda en la que milita desde 1974.
Un tercer afectado importante en este escándalo es el ingeniero comercial Jorge Selume Zaror, gran aliado histórico de Alvaro Saieh, la cabeza de uno de los grupos emergentes más importantes de las últimas dos décadas: propietario de Copesa, Corpbanca, la cadena Unimark, la clínica Indisa y vastos otros intereses.
Jorge Selume fue entusiasta colaborador de la dictadura militar, primero en Odeplan y luego, en la Universidad de Chicago y desde el Departamento de Economía de la Universidad de Chile. Participó en diversos directorios de empresas del Estado: en Chilectra, entre 1983 y 1984, antes de la privatización; en Entel, entre 1981 y 1985; y en la Compañía de Teléfonos de Chile (CTC), entre 1983 y 1985, año en que, recomendado por Hernán Büchi, asumió la Dirección del Presupuesto. Al término de la dictadura, Selume participó en la campaña presidencial de Hernán Büchi y diseñó casi toda la estructura económica para su eventual gobierno. Hasta hoy sigue siendo muy cercano a la UDI y activo colaborador en Libertad y Desarrollo.
En 1989, invitado por Alvaro Saieh, puso un millón de dólares, junto con otros diez inversionistas, para adquirir el intervenido Banco Osorno, que más tarde fue vendido al Banco Santander en casi 500 millones de dólares.
Selume, junto con Alvaro Saieh, Juan Antonio Guzmán, Miguel Angel Poduje, Luis Cordero y Andrés Navarro, entre otros, levantaron la Universidad Andrés Bello, que vendieron en 2003 a Laureate Educations. Desde entonces, Selume preside el grupo estadounidense en Chile y en la región andina, que incluye inversiones educacionales en Colombia, Ecuador y Perú. Laureate además tiene en Centroamérica unos 180 mil alumnos, universidades en España, Francia y Suiza, etc.
Selume, además, es dueño de la empresa Opina, que hace encuestas de opinión pública, entre ellas, las que publica El Mercurio.

INTERESES VARIOS

El cuarto connotado en la mira de los fiscales Gajardo y Norambuena es el español Jorge Segovia, dueño de la Universidad SEK, miembro de una transnacional de la educación con intereses en ocho países, presidente del directorio del canal de televisión del fútbol -CDF- y controlador del club Unión Española. Segovia es el mismo que encabezó públicamente a fines de 2010 la soterrada operación para sacar a Marcelo Bielsa de la dirección técnica de la selección chilena. Segovia viajó a España poco antes de que estallaran en su cara las esquirlas de la conducción de Díaz en la CNA; y se niega a volver a Chile.
Jorge Selume confesó que conoció a Luis Eugenio Díaz en las tribunas del estadio Monumental, donde compartían asientos para gritar por Colo Colo. Segovia también frecuentaba las canchas, al igual que muchos de los empresarios de la educación. La mayoría se confabuló para vengar lo que consideraban la afrenta que hizo Bielsa al presidente Sebastián Piñera cuando se negó a estrecharle la mano en La Moneda. El entrenador trasandino, más cercano a la Izquierda que a los domicilios ideológicos de los dueños de las universidades privadas, fue sacrificado sin contemplaciones para congraciarse con el gobierno y con las principales autoridades del deporte criollo. En esa tarea, además, removieron a Harold Mayne-Nicholls, presidente de la Asociación Nacional de Fútbol Profesional (ANFP), el último oponente que tenían para controlar completamente el futbol profesional.
Jorge Segovia también mantenía fluida relación con el ex alcalde de Santiago, Pablo Zalaquett Said, y el club Real Madrid de España. En junio de 2003 nació la Fundación Real Madrid de La Florida, mediante la cual la institución hispana apoyaba a niños de escasos recursos. A fines del año 2008 la Fundación se retiró de La Florida y se radicó en el municipio de Santiago, donde se formó una alianza estratégica entre Unión Española, Universidad Internacional SEK, Colegio SEK y el Real Madrid, cuyo ex presidente, Florentino Pérez, tiene también otros intereses en Chile.
El principal asesor de Florentino Pérez era en ese momento el abogado Darío Calderón -considerado uno de los principales lobbistas del país- quien monitorea los intereses comerciales del ejecutivo madrilista, presidente y dueño del 10% de la empresa hispana Actividades de Construcción y Servicios, (ACS) que, a través de Rutas del Pacífico y la empresa Abertis, es la operadora de la Ruta 68, entre Santiago y Valparaíso. En 2003, ACS adquirió el 24% de la empresa constructora Dragados, de capitales ibéricos, por lo que indirectamente controla las concesiones de la Autopista Central -junto a Skansa y las empresas chilenas Belfi y Brotec- además de Vespucio Norte Express (46,5%) y Túnel San Cristóbal (50%). Otro de los negocios del ex timonel del Real Madrid es el Aeropuerto de Santiago, donde participa con 14,77% de la propiedad. También, a través de la filial Saba, gestiona cerca de 15 proyectos de estacionamientos subterráneos en Santiago, Valparaíso y Concepción, entre ellos el ubicado en la Plaza de la Ciudadanía, frente al palacio de La Moneda.
Muchos de los problemas de la educación superior chilena se siguen discutiendo en las tribunas de los estadios. Allí, también, se preparan pingües negocios en ese y otros variados rubros.

Manuel Salazar Salvo

domingo, 2 de enero de 2011

Reforma educacional Escuela neoliberal








]“Gobernar es educar, y con esta firme concepción aprovecharé todas las fuerzas que del Estado pueda disponer para despertar el espíritu constructivo, de organización y perseverancia que tanto necesita la colectividad y rectificar el abandono en que se ha desarrollado la educación pública… Para que la enseñanza pueda cumplir su misión social con toda amplitud, es necesario que sea gratuita, única, obligatoria y laica”.
Pedro Aguirre Cerda,
Mensaje presidencial del 21 de mayo de 1939.

El lunes 29 de noviembre el Ejecutivo envió a la Cámara de Diputados el anunciado proyecto de reforma educacional. Con un costo estimado en 900 millones de dólares hasta 2014, el proyecto fue enviado con “extrema urgencia”, lo que significa que debería quedar despachado antes del 15 de diciembre. Los elementos centrales de la iniciativa fueron presentados por el presidente Piñera y el ministro de Educación, Joaquín Lavín, como una “verdadera revolución”. Sin embargo, ahora hablan simplemente de “reforma” ya que se dan cuenta que en educación las cosas tienen una gradualidad que muchas veces debe medirse en años.
Las críticas no demoraron, desde las previsibles del Colegio de Profesores, organizaciones de estudiantes y sectores de Izquierda que exigen una educación pública de calidad; diversos especialistas llamaron la atención hacia la complejidad del tema, especialmente en los aspectos curriculares. Otros enfatizaron la necesidad de dar apoyo institucional a los directores y realizar con ellos un trabajo formativo, dadas las nuevas responsabilidades que asumirán. Algunos insistieron en la necesidad del mejoramiento del desempeño del conjunto de los profesores y no solamente de unos pocos. Asimismo, que hay que poner en práctica la formación continua de docentes y prestar atención a las carreras de pedagogía.
El gobierno parece haber elegido con cuidado el momento de presentar el proyecto. Sin consulta a los actores principales de la educación, fue enviado casi por sorpresa al Congreso. La improvisación se ha notado, pero no afecta mayormente al objetivo buscado: la sorpresa y paralización de la oposición. El plan toma en cuenta las dificultades por las que atraviesa la Concertación y, por supuesto, la coyuntura del fin de año. Intenta aprovechar la inestable bonanza de las encuestas -la popularidad de Piñera que era de 63% en octubre, bajó a 50% en noviembre- y la saturación legislativa con múltiples mensajes al Congreso que confunden a la ciudadanía. El gobierno presiona con la suma urgencia a sabiendas que si logra una aprobación en general antes del 15 de diciembre, habrá conseguido una victoria. El Colegio de Profesores se mueve con lentitud y antes que se organice el Frente de Defensa de la Educación Pública a que aspira, el proyecto de reforma de la educación habrá sido aprobado al menos en general, consolidando el modelo neoliberal en la educación.
En el proyecto se distinguen varios aspectos. Los que tienen que ver con las carreras de pedagogía, sometidas a la Prueba Inicia, asegurando incrementos en el sueldo base y otros beneficios a los mejores egresados y estímulos para los estudiantes con buenos puntajes en la PSU que se decidan a estudiar pedagogía. En materia de reformas al Estatuto Docente, se postula una selección rigurosa de los directores de los planteles municipales, dotándolos de atribuciones amplias para que se conviertan en gestores del cambio en las escuelas y liceos, incluyendo la de despedir cada año hasta un 5% de los profesores, por mal calificados. Se anuncia además la creación de más “liceos Bicentenario”. Se propone un aumento significativo en la subvención escolar y un bono de retiro que puede llegar hasta 20 millones de pesos para los profesores que deseen abandonar la educación municipalizada. Finalmente, hay focalización de la educación en los ramos de castellano y matemáticas, considerados como básicos para la comprensión de otras materias, para lo cual se aumentarían las horas de enseñanza restándolas a asignaturas como historia. Cierre y fusión
de colegiosLigada a esta reforma, aunque en otro plano, debería operar la fusión de establecimientos educacionales cuyas matrículas hayan disminuido al punto de hacerlos inviables, dado el costo de los profesores que los atienden y la mantención de la infraestructura. Esta llamada “consolidación de establecimientos” se ha puesto en marcha en diversas comunas de la Región Metropolitana.
Nada hay en las medidas ni en el proyecto del gobierno que apunte directamente al fortalecimiento de la educación pública, que necesariamente pasa por el término de la municipalización. Tampoco sobre control o eliminación del lucro en la educación o un control severo de los sostenedores que la han convertido en negocio de alta rentabilidad en propio beneficio.
Aunque es un hecho que uno de los síntomas de la crisis de la educación pública es la baja sostenida de las matrículas desde el año 2001 -en cerca de 300 mil niños- ello reafirma una tendencia anterior, reflejada en una pequeña baja en el número de establecimientos educacionales públicos mientras casi se duplicaron los colegios particulares subvencionados y aumentaron en alrededor de treinta por ciento los colegios particulares pagados. Así, la sola aplicación de criterios mercantiles no parece la solución adecuada desde el punto de vista de la educación pública. La disminución de matrículas, por ejemplo, podría haber sido considerada una oportunidad para eliminar las aulas abarrotadas de alumnos, que es una de las razones de los malos rendimientos escolares. O bien, podría haberse visto como la evidencia de que era indispensable un claro fortalecimiento de la educación pública, para recuperar al alumnado perdido.
Sin duda la reforma educacional del gobierno de Sebastián Piñera es parcial e insuficiente pero se ajusta a la visión economicista y neoliberal de sus autores. Interesados por una parte en que el sector educacional sea un área empresarial que haga buenos negocios, al mismo tiempo lo están en que se ajuste a su proyecto político, que necesita consumidores y no ciudadanos, individuos aislados y no personas críticas con sentido de organización y dispuestas a luchar por sus derechos.Críticas durasNo todas las críticas fueron suaves para el gobierno. Cayeron como bomba sobre el ministro de Educación, Joaquín Lavín, y sobre el propio presidente de la República las opiniones del Premio Nobel de Economía (2000) James Heckman, de paso por Chile. Heckman no moderó sus opiniones. Le dijo a Lavín directamente: “Ojalá, ministro, tenga la posibilidad de revisar un poco sus planteamientos”. El economista norteamericano sostuvo que lo que se pretende hacer en Chile se inspira en el programa “Que ningún niño se quede atrás”, aplicado en EE.UU. por el gobierno de George W. Bush en 2002, que ha resultado un fracaso. Asocia el financiamiento escolar con las mejores notas en las pruebas de verificación de conocimientos y ha significado disminución de las horas de educación física y de música, centrando la atención en inglés y matemáticas.
“Los niños están aprendiendo sólo lo que es testeado, literalmente la enseñanza en los colegios y el proceso entero de educación ha sido corrompido, al enseñar para las pruebas. Como resultado, creo que se ha dañado el sistema escolar. Es posiblemente un caso en que el economista está haciendo más daño que bien, porque pone un modelo que funciona muy bien en un mercado libre y aplica un mecanismo donde el resultado es mucho más diverso. Ese es un enorme error. Lo que la política pública está haciendo es imponer un punto de vista y ese es el peligro. El programa es un ejemplo de que es un enorme error focalizar toda la atención en una tarea tan estrecha”. Y Heckman agregó: “Estamos enfocados en lo cognitivo y en la habilidad de resolver pensamientos abstractos, pero por experiencia personal mucha gente sabe que hay más cosas aparte de la pura inteligencia, que son requeridas pero que no las medimos. Las pruebas miden sólo una parte de la persona”.
Las opiniones de Heckman en El Mercurio no son las únicas que critican el criterio excesivamente fundado en las mediciones. En la propia Finlandia, considerada modelo educacional, se hacen esas críticas. El mismo modelo
de EuropaSin embargo, los ortodoxos neoliberales no parecen dispuestos a abandonar la contienda. En Gran Bretaña, el gobierno conservador de David Cameron está decidido a impulsar una nueva reforma educacional que insiste en las líneas de la anterior impuesta en 1980 por Margaret Thatcher. Sostiene que es indispensable disponer de más atribuciones para despedir a los “profesores incompetentes”, elevar las exigencias en inglés y matemáticas y aplicar una disciplina severa. Propicia, incluso, la puesta en práctica de un programa especial para entrenar a ex oficiales de las fuerzas armadas a fin de que puedan ejercer como profesores en el sistema público.
Los profesores británicos han reaccionado ante estos planes. Constituyen “una infamia desgraciada y una mala representación del desempeño de los colegios y profesores” declaró el secretario general del principal sindicato de maestros. Hay que señalar, sin embargo, que la nueva reforma que quieren imponer los conservadores británicos no afectaría los llamados “cursos esenciales”, que son inglés, matemáticas, un idioma extranjero, historia, geografía y música.
En el caso de Chile, la focalización en castellano y matemáticas corresponde a un reduccionismo que no es nuevo, y que afecta principalmente a los sectores pobres. Se ejemplifica con la pregunta: ¿Para qué educar al pueblo, si basta con que sepa leer y escribir y tenga alguna destreza técnica para que sea mano de obra barata y vaya progresando a lo largo de su vida? En 1990 se eliminó el francés y se intentó después suprimir filosofía y también arte. Ahora se pretende radicalizar aun más las supresiones, eliminando historia, como antes se hizo con educación cívica.

El Departamento de Educación y Perfeccionamiento del Colegio de Profesores ha dicho: “Con estos cambios solamente los establecimientos privados podrán generar un proyecto educativo que enriquezca de manera diversificada la oferta curricular. El impacto más brutal se espera para el sector subvencionado y, ciertamente, en el sector municipalizado, que no tiene recursos para generar alternativas al respecto. Nuevamente el costo de políticas improvisadas en educación lo pagarán los hijos de los traba