“Lo que usted diga jefecito, ito, ito”, “Usted es el mejor jefe de todos”, “Mi vida por usted jefecito”, “que linda su corbata, jefe”, decía Espinita a un señor Zañartu que levantaba orgulloso su pecho de paloma.
“Gracias Espinita, que buen empleado es usted”, “Muchas gracias Espinita, no es necesario tanto reconocimiento, cumplo con mi deber”.
Espinita lo seguía a todos lados como perro faldero, incluso le hacía la logística y le cuidaba la espalda para que el señor Zañartu pudiera estar tranquilo con la atractiva Pindy. Y por supuesto todos de pasada maltrataban a Gertrudis, la única que hacía realmente la pega, que agachaba su cabeza y trabajaba con más esfuerzo.
Muchos vimos esta dinámica durante muchos domingos y aprendimos a reconocer a los “Espinitas” a 10 km. “Lo que a mi jefe le gusta a mí me apasiona”, “Lo que plantea es realmente un tremendo aporte a la discusión”, “Querido jefe, gracias a usted tenemos un gran equipo, es más, somos mucho más que un equipo”.
La idea del jefe es la más extraordinaria, o que el chiste del jefe es el más gracioso, es parte de las dinámicas de muchos “Espinitas”. Todos sabemos que esto no es cierto, pero los “Espinitas” serán rigurosos en defenderlo con mucha fuerza, cuando esté presente el señor Zañartu.
Por supuesto no gozan de nuestro aprecio ni de nuestro afecto. Más bien son seres que dañan el a veces precario trabajo en equipo. Sabemos que todo sería mejor sin ellos. Los profesionales que se precian de ser buenos, capaces, seguros de sí mismo, íntegros o excelentes en su trabajo por supuesto miran con desdén –y a veces incluso con lástima– a esos pobres seres rastreros y carentes de toda dignidad.
Hasta aquí todo bien. Ya lo sabemos y es parte de lo normal. Pero creo que usualmente hay algo que se deja de lado y no genera tanta molestia.
¡El señor Zañartu se la lleva gratis!
Desde mi punto de vista los que realmente son responsables de producir el daño en las organizaciones, los causantes de las inequidades inaceptables, los que producen día a día desmotivación, los que ahuyentan los talentos y que generan baja productividad son los miles de señores Zañartu que pululan en todo tipo de organizaciones.
Ellos, pocas veces son el blanco de las críticas o los que pagan los costos (porque incluso los señores Zañartu a veces despiden a los “Espinitas” cuando estos ya no son necesarios o los daños son mayores).
Los señores Zañartu prefieren escuchar a los “Espinitas” que les dicen que todo está bien y que su liderazgo es extraordinario. Se rodean de incondicionales que no tienen el más mínimo pudor en mentir. Reciben con agrado los halagos inmerecidos por el trabajo que hizo Gertrudis. Y simultáneamente rechazan a los que ponen los puntos sobre las íes, eliminan al mensajero de las malas nuevas y van alejando a todo aquel que es capaz de hacer ver las dificultades y los riesgos o hacer presente que hay algo que se está haciendo mal.
Lo más grave es que hay organizaciones completas en que se comienzan a dar dinámicas de señores Zañartu y “Espinitas”. En ellas se confunde a los “Espinitas” con los colaboradores leales y se confunde a los profesionales capaces y con opinión propia con líderes negativos. En el mediano plazo esto comienza a generar organizaciones mediocres, ineficientes, sin identidad ni rumbo claro.
Todo aquel que ocupa algún cargo directivo o tiene personas a su cargo debería hacerse sin duda las preguntas: ¿Cuánto de señor Zañartu hay en mí? y ¿Cuán generador de Espinitas soy?.
Todos podemos tener algo de señor Zañartu, algo de retroalimentación positiva necesitamos. El tema es que si se vuelve relevante y somos dependiente de ella nos hará daño más temprano que tarde.
Lo más grave es que nadie nunca se lo dirá. Lea bien: ¡nadie nunca se lo dirá!, ¡Nunca se lo mostrarán! Ni los espinitas, porque es su mejor aliado. Ni los talentos porque saben que usted tomará represalias y nunca les creería.
Entonces no queda más que hacerse un autoanálisis. Indagar en ese espacio de ceguera.
Algunos indicios de peligro pueden ser: si a usted le gusta conversar más con gente que le dice que lo está haciendo muy bien o lo adula, si recibe muchas felicitaciones infundadas, si los buenos colaboradores no le piden ayuda o no lo invitan a crear o diseñar juntos, si sus talentos sólo se acercan a usted si es absolutamente necesario o se están retirando del equipo, si usted por rara coincidencia rechaza ideas o propuestas de los más capaces quizás está en riesgo.
Si aparecen algunos de estos síntomas puede que esté teniendo una grave conducta de señor Zañartu. Y si cuando no se cumplen las metas y resultados hay muchas explicaciones pero ninguna lo pone a usted como responsable, su caso puede ser de urgencia.
La ceguera a ser un generador de Espinitas es un cáncer grave del manager, que si no se cura a tiempo lo matará como líder. ¡¡¡Y lo peor es que este no se manifiesta hasta cuando ya es muy tarde!!!