Publicado: 19.06.2013
No hay duda del
importante lugar que ocupa la educación en el desarrollo de un país. En
Chile, el interés de la sociedad civil por este tema y su actual lugar
en el debate político, demuestran con nitidez el acuerdo respecto a su
relevancia. Sin embargo, aún existen muchos acápites fundamentales en
educación en los que no se han puesto suficientes esfuerzos. Uno de los
más escandalosos es la baja remuneración que reciben nuestros docentes,
actores claves del proceso educativo.
Está comprobado que el profesor es el factor intra-escuela más
importante para mejorar la calidad de un sistema educativo, y que su
trabajo es el principal impulsor de los aprendizajes y del desarrollo de
habilidades de los niños y niñas (Sanders & Rivers, 1996).
También se ha comprobado que es sumamente difícil mantener a los buenos
profesores en la sala de clases, y que uno de los aspectos básicos para
motivarlos es que su trabajo sea remunerado adecuadamente, considerando
la importancia de su labor.
Pero, ¿por qué decimos que los profesores y profesoras ganan poco en
relación a su aporte? Hay quienes podrían argumentar que una
remuneración de $495.093 bruto para un docente de Educación Básica, al
cuarto año de ejercicio (según mifuturo.cl),
es un buen sueldo. No obstante, ¿es realmente acorde con el enorme
impacto que su trabajo tiene en la vida de sus estudiantes y -más
importante aún- para el país en su conjunto?
En primer lugar, la profesión docente es en extremo demandante y
difícil como pocas profesiones lo son. La mayoría de los profesores en
Chile trabajan mucho más que una jornada laboral completa. El tiempo
asignado por ley para preparar sus clases (tarea tan crucial como hacer
la clase) es insuficiente, y la mayoría dedica parte importante de su
tiempo libre a actividades laborales no remuneradas. Además, su labor es
sumamente compleja: lograr que un grupo de niños y niñas comprenda un
contenido requiere una serie de conocimientos, metodologías y
habilidades muy particulares.
Seguramente todos concordamos en que operar del corazón o del
cerebro a un niño es cosa difícil para un médico; imagínense lo que
significa para un profesor motivar con un aprendizaje la cabeza y el
corazón de 40 estudiantes a la vez. Enfrentarse todos los días al
desafío de igualar sus oportunidades tiene una enorme carga emocional e
intelectual, y requiere de una tremenda preparación.
En segundo lugar, sus salarios son mucho menores a los de otras
profesiones de similares características. A modo de ejemplo, un profesor
de Matemática de Enseñanza Media gana la mitad que un ingeniero
comercial al cuarto año de ejercicio profesional, compartiendo ambas
disciplinas no sólo una duración, sino también herramientas y
competencias similares. Y estos salarios no sólo son mucho menores, sino
que la estructura de remuneración de un profesor es casi plana, lo que
implica que -independiente de lo bueno que sea su desempeño- seguirá
ganando casi lo mismo durante toda su vida profesional.
Pero, ¿es el trabajo de los docentes menos importante para la
sociedad que el de ingenieros, médicos o psicólogos? La labor de los
profesores es tanto o más importante pues impacta la vida de todos los
niños y niñas de un país, y es un engranaje fundamental para el
desarrollo social, cívico y económico de este. Sin el trabajo que
realizan los docentes efectivos y comprometidos con la educación, no
avanzaremos mucho como sociedad.
Si nuestros políticos y legisladores siguen repitiendo que la
educación es lo más importante y se ha comprobado la relevancia del rol
del profesor en la mejora de la calidad de un sistema educativo y en el
desarrollo de un país, ¿por qué esta profesión sigue siendo mal
retribuida?
Es fundamental avanzar ahora en la misión de legislar y asegurar
mejores condiciones laborales y remuneraciones para los docentes,
logrando que los mejores profesores se mantengan en la sala de clases y
que los estudiantes talentosos y motivados con ser profesor entren a
carreras de educación. La discusión al respecto se hace urgente así como
la aprobación del proyecto de ley de carrera docente que hoy duerme en
el Congreso sería un enorme primer avance en este tema, y
contribuiría sin duda a mejorar la calidad de la educación de nuestro
país.