Sin embargo, las mentes mercantiles
primero y, capitalistas luego, se han empeñado en cristalizarlo,
movilizando todo el aparataje moderno para ello si fuese necesario.
La modernidad trazó forzosamente
fronteras alrededor de las culturas, alrededor de los lugares, fronteras
geográficas o institucionales, generalmente ambas de forma simultánea.
La narrativa moderna no hizo más que encapsular el espacio de un tiempo a
través de una envoltura, el Estado nación. Pero ahora, cuando asistimos
al espectáculo que brinda el mundo tratando de subirse al zeppelín de
la globalización, nos parece que el Estado nación está dispuesto a
despojarse de su pesada envoltura para subirse al carro de la victoria
y, en Chile, la felicidad embarga a la mayoría de los corazones, a unos
porque ya se sienten con un pie en el carro de primera clase denominado
desarrollo y, a otros, porque ingenuamente creemos que comienza el fin
del encapsulamiento.
Rápido nos hemos olvidado de qué el
Estado nación se forjó y se naturalizó gracias a la fecunda relación
simbiótica desplegada con la educación formal y, que si hoy está
dispuesto a salir de la cápsula, a dejar la envoltura, es porque existe
otra envoltura más efectiva para los tiempos que corren y, menos visible
para los corazones felices. La escuela, ese espacio que algún día vimos
como emancipatorio hoy es la nueva envoltura de un viejo
espacio-tiempo.
Si bien, la cápsula del Estado parece
translúcida, la nueva envoltura de la ciudad global de Sassen o, la
región urbana de Castells, siguen manteniendo su simbiosis con la
escuela que, tomando como insumo, la división espacial del trabajo y,
esforzándose para su reproducción, ha llevado hasta sí las
distribuciones espaciales y, las diferenciaciones geográficas de aquel
viejo espacio tiempo ya tantas veces mencionado.
La actual división espacial del trabajo,
potenciada por el aumento de la flexibilidad del capital y, la
disminución de la flexibilidad del trabajo, como dos caras una misma
moneda, ha implicado que, a nivel mundial, el proceso migratorio se
exprese no sólo como una nueva geografía de flujos, sino que también,
como una expresión geográfica residencial y escolar.
Así que bien, como el Estado nación se
sostenía en los pilares de una supuesta homogeneidad cultural y, una
supuesta homogeneidad histórico-territorial, estos pilares se siguen
manteniendo en la escuela y, como los dos extremos de un mismo continuo,
a medida que la envoltura de Estado nación se hace más translúcida, la
búsqueda de la homogeneidad cultural en la escuela se vuelve más
patente.
Paras los políticos y algunos
intelectuales del país, esto no parecer demasiado relevante,
especialmente, cuando se ve a través de los indicadores, que la
inmigración a Chile sigue siendo baja en términos absolutos (según el
censo del 2002) sólo un 1,4% de la población total es de origen
extranjero, donde el porcentaje de niños y jóvenes en edad escolar sigue
siendo menor.
No obstante, el cuadro cambia si miramos el escenario con los lentes de la Srta. Geografía…
El crecimiento de la inmigración
extranjera a Chile fue de más de un 200% en el período intercensal
1982-2002 (y aún no sabemos cuanto será en el período 2002-2012) y, es
que el discursillo del carro de la victoria y del carro de primera clase
tienen sus efectos espaciales.
Dicha proporción es superior si sólo se
considera a la Región Metropolitana de Santiago, donde habitan dos
tercios de los extranjeros que residen en Chile (Martínez y Pizarro,
2003). Al mismo tiempo, si sólo se considera la inmigración peruana,
esta representa un crecimiento de más del 390% en el mismo período (INE,
2002).
En el sistema educativo chileno, en el
año 2009 se podían encontrar 40.310 estudiantes de origen extranjero, lo
que representaba el 95,6% de los inmigrantes en edad escolar (Mineduc
2009). Si hacemos la proyección correspondiente, esto significa que,
cerca de un cuarto de la población extranjera residente en Chile es
parte del sistema escolar chileno formal, cifra que va en aumento si se
considera a aquellos estudiantes que se encuentran en el sistema
educativo en paralelo a sus trámites de residencia ¿Qué importa mantener
la envoltura del Estado nación chileno si la escuela puede seguir
haciendo el trabajo sucio?
Si bien, esta segregación socioespacial
se explica, en gran medida, por las desigualdades sociales y la
conformación de guetos de pobreza en ciertos sectores de la ciudad de
Santiago, se acentúa, además, por la concentración territorial de los
grupos inmigrantes en unos pocos barrios de la Región Metropolitana de
Santiago. Y es que no podemos olvidar que las distribuciones espaciales y
la diferenciación geográfica pueden ser el resultado de los procesos
sociales, pero también afectan el funcionamiento de esos procesos.
La investigación ha demostrado que, existen tres sectores de concentración residencial de población inmigrante: Santiago Poniente (especialmente barrios Balmaceda, Yungay y Brasil), Eje Independencia-Recoleta (especialmente en los barrios, Mapocho, Patronato, La Paz) y el barrio de la Estación central.
La investigación ha demostrado que, existen tres sectores de concentración residencial de población inmigrante: Santiago Poniente (especialmente barrios Balmaceda, Yungay y Brasil), Eje Independencia-Recoleta (especialmente en los barrios, Mapocho, Patronato, La Paz) y el barrio de la Estación central.
Del mismo modo como los inmigrantes
tienden a agruparse en pocos barrios de Santiago, los estudiantes
inmigrantes se localizan en unos pocos centros escolares, los públicos y
los particulares subvencionados del sector, por lo que mientras en la
mayor parte de los colegios los extranjeros son una rareza, en algunos
pocos son la mayoría. Según las estadísticas del Mineduc más de dos mil
colegios presentan estudiantes extranjeros, pero no más de doscientos
presentan más de 1% de inmigrantes matriculados respecto de su matrícula
total y, de ellos, sólo 15 establecimientos presentan un porcentaje
superior al 10% de inmigrantes en el centro escolar, todos ellos
localizados en Santiago Poniente y en el eje Independencia Recoleta, por
lo que la fórmula es bien efectiva: gueto de pobreza + gueto de
inmigración = gueto escolar.
EUREKA¡¡¡¡¡ desdibujamos al Estado
nación tal como nos exige el ticket para ingresar al zeppelín de la
globalización, pero no tenemos para qué destruir los pilares que hacen
la diferencia entre el nosotros (los buenos, los chilenos) y el ellos
(los peruanos, los bolivianos, los ecuatorianos, los malos) y, como
valor agregado, con la misma narrativa los hacemos valorar nuestra
cultura despojándoles de la propia.
Así, mientras el Estado se hace más
liviano para trepar (en el mal sentido de la palabra) se sigue
imponiendo la narrativa de la modernidad, la supremacía del capital por
sobre el trabajo, la supremacía del tiempo por sobre el espacio, la
supremacía del nosotros por sobre el ellos.
Pasamos del estado nación-como envoltura
espacio tiempo, al gueto escolar como envoltura espacio tiempo, de modo
que, lamentablemente, la envoltura espacio-tiempo no desapareció-solo
cambió de escala. Así que se me ocurren dos opciones y una
consideración. La primera opción, siempre válida, es no ponerse nunca
los lentes de la Srta. Geografía y, con ello, mantener los corazones
felices. La segunda opción es ponerse los lentes de la Srta. Geografía y
ya no tener corazones tan felices. La consideración, a tener en cuenta,
es que una vez que te pones los lentes que ofrece la Srta. Geografía
tan gentilmente, ya nunca te lo puedes quitar… cada cual elige.
Por Paloma Miranda
Geógrafa, Licenciada en Educación y académica del Departamento de Educación de la Usach