Hermano de sacerdote dice estar con aquellos que “se atrevieron a exponerse para denunciarlo”
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Impulsado
por la defensa que han hecho los hermanos de Cristián Precht, Óscar
Karadima decide hablar públicamente para pedir perdón a las víctimas de
los abusos cometidos por su hermano Fernando, el ex párroco de El
Bosque. Óscar narra que la familia Karadima ha pasado tiempos muy duros
desde que se enteraron por la prensa del daño que provocó Fernando a
decenas de jóvenes. A sus 71 años Óscar espera que Fernando Karadima se
arrepienta y “nos pueda conducir a la luz que está al final del camino
para que nosotros y él nos vayamos de esta vida más tranquilos”.
Han transcurrido
exactamente dos años desde ese día de julio de 2010 en que la
Congregación de la Doctrina de la Fe diera inicio en el Vaticano al
proceso penal administrativo en contra del sacerdote Fernando Karadima.
Muy pocos creyeron en Chile que ese día se concretaría. Y muchos menos
imaginaron que ese proceso concluiría seis meses más tarde declarando
culpable al sacerdote que por 50 años perpetró abusos sexuales y
psicológicos sobre decenas de sacerdotes y jóvenes que seguían sus
designios en la iglesia favorita de la elite social y económica. Fue esa
misma elite la que salió en su defensa denostando a sus cuatro
acusadores, ante una actitud pusilánime de la jerarquía eclesiástica. En
ese clima y durante mucho tiempo no hubo espacio para la solidaridad
con sus cuatro principales víctimas. Por el contrario, Karadima siguió
ejerciendo su función sacerdotal y también su poder desde la iglesia de
El Bosque.
Por ello fue un remezón de proporciones el que provocó el contenido
de su condena, cuando fue la propia Iglesia de Roma la que dictaminó que
sus abusos sexuales eran reales, reiterados y contra menores. Su
castigo: “retirarse a una vida de oración y de penitencia” además de la
“la pena expiatoria de prohibición perpetua del ejercicio público de
cualquier acto de ministerio, en particular de la confesión y de la
dirección espiritual de toda categoría de personas”.
Desde entonces, ni una sola palabra de arrepentimiento se ha
escuchado de la boca del sacerdote que cumple su pena en el Convento
Siervas de Jesús. Tampoco se volvió a escuchar la voz de ninguno de sus
cinco hermanos vivos que clamaron su inocencia. La familia Karadima
desapareció.
Hasta que en la mañana del martes 10 de julio, monseñor Ricardo
Ezzati, arzobispo de Santiago, anunció que ese mismo proceso que condenó
a Karadima, esta vez volverá a iniciarse en Roma para determinar la
veracidad de las acusaciones de abuso sexual que hoy recaen sobre otro
sacerdote chileno: Cristián Precht. Oscar Karadima, el hermano menor del
sacerdote abusador, volvió a experimentar esa mezcla de sentimientos y
dolor que lo acosan como fantasmas desde que en abril de 2010 el
escándalo estallara.
“Mi hijo me llamo a las siete de la mañana y me dijo: abre la página web de La Tercera”,
recuerda Oscar, reviviendo el shock que experimentó el día en que se
enteró que a su hermano, al mismo que su entorno calificaba de santo, el
que había convencido a todos haber sido secretario privado de San
Alberto Hurtado, era acusado de abusos sexuales.
“Categóricamente y de la manera más vehemente puedo decir que ¡jamás supe nada! Y por lo que les he escuchado a mis hermanos -y me hago responsable de lo que estoy diciendo-, nadie escucho jamás ni supo nada.”
A sus 71 años, Oscar Karadima revisa lo vivido en estos dos años y
por primera vez se pone al lado de las víctimas de su hermano, a quienes
conoció y clama porque su hermano se arrepienta y pida perdón
-¿Usted conocía al sacerdote Cristián Precht?
Cristián tiene mi edad: 71 años. Lo conozco, he conversado con él en
algunas oportunidades, nos tratamos de tú incluso. Pero mayor
conocimiento de él, no tengo. Sé que es un nombre muy destacado por su
trabajo en la Vicaría de la Solidaridad y porque fue secretario
ejecutivo del CELAM en Colombia, pero eso lo sé porque es público.
-¿Le sorprendió la denuncia que afecta ahora a Cristián Precht?
Sí, sí me sorprendió… Me sorprendió tanto como el caso de mi hermano,
una cosa terrible. Nunca me hubiera imaginado una cosa igual.
-¿Por qué dice que le sorprendió tanto como el caso de su hermano? ¿Observa algunas similitudes?
La gran similitud que veo es la gran acusación que existe. Porque de lo
que se conoce hasta el momento, la acusación es parecida. Ahora, sobre
Precht, no hay aún ninguna definición, ni del Vaticano ni de la corte
civil chilena; en cambio, en el caso de mi hermano sí la hay. Entonces,
si bien hay similitud en cómo se dieron los casos en el inicio, en estos
momentos hay una gran diferencia.
- Héctor Precht en una entrevista en la revista Sábado (El Mercurio)
cuenta que cuando su hermano se enteró de que había una acusación en su
contra, reunió a todos sus hermanos y a su madre y les contó su
versión. ¿Su hermano, Fernando Karadima, hizo lo mismo? /
En cuanto a esta pregunta, tengo que lamentar una cosa, y lamentarla
mucho, mucho, mucho… Nosotros como familia –y quiero dejar en claro que
hablo a título personal, porque no soy vocero de mis hermanos- fuimos
sorprendidos por la prensa. A mí un día me llama mi hijo a las siete de
la mañana para decirme: “Papa abre la página web de La Tercera”;
y me encuentro con esa cosa. Entonces, la diferencia con este caso y la
pena que tengo yo y creo que también tienen mis hermanos y mi familia,
es el haber sido sorprendidos de una manera tan brutal… Yo hubiera
querido que Fernando nos hubiera llamado de inmediato o al menos uno o
dos meses antes de que se hiciera público. En fin, después pude ver que
las acusaciones venían del año 2006, así que yo hubiera preferido haber
estado en conocimiento. Eso me produce mucha pena, y me sigue dando pena
en este momento, porque cuando veo lo que cuenta el hermano menor de
Precht… Fíjese qué curioso, yo también soy el hermano menor de Fernando:
y Precht también tiene siete hermanos y yo también, aunque una hermana
mía murió. Entonces, me resulta muy doloroso que él no nos hubiera
comunicado nada, distinto a cómo lo hizo Cristián Precht con sus
hermanos.
-¿Por qué cree que Fernando Karadima optó por ocultarles las acusaciones tan graves que estaba enfrentando?
No sé qué le pasó a mi hermano. Realmente no sé por qué no lo hizo.
Tengo la impresión de que fue mal aconsejado. Es muy triste todo lo que
pasó. Y ahora que usted me viene a preguntar esto, el dolor me vuelve,
el dolor de toda la familia: de los hijos, de los nietos, de los
sobrinos… ¡Habernos enterado de esa manera: por la prensa!
Yo sé que con los sacerdotes de la Pía Unión Sacerdotal, él los llamó y
les juró por Dios frente al Santísimo -según ellos- que era inocente. A
mí también me hubiera gustado que Fernando hubiera llamado a sus
hermanos, a sus cuñados y cuñadas, y no le pido que se hubiera hincado,
porque no le hubiéramos pedido que se humillara ante nosotros.
Ahora, yo he repetido en todos los tonos que respecto de las acusaciones
de abuso sexual que cometió mi hermano ¡a mí no me constaba nada! Jamás
vi nada que me hubiera podido hacer sospechar. Si yo hubiera visto
algo, cualquier cosa, incluso eso que relatan de los golpecitos que daba
en la parte baja, me hubiera indignado y se lo habría hecho ver.
Claro, de una manera madura e inteligente, aún cuando sé que él me lo
hubiera negado. Me habría dicho que era una broma, una tontera, ¡qué sé
yo!
Ahora, si yo hubiera visto algo mucho más evidente, claro que me habría
indignado muchísimo, hubiera llamado mis hermanos y les habría dicho lo
que estaba pasando.
-Si su hermano Fernando los hubiera reunido –eso que usted
reclama y le causa tanta pena- y les hubiera contado que tenía
tendencias homosexuales, sinceramente, ¿cual habría sido su reacción?
Si él hubiera dicho sólo tener tendencias homosexuales, le puedo decir
que felizmente hoy en día ser homosexual no es un delito. Yo no soy
homosexual ni me gustan los homosexuales, pero no es delito. Así que los
respeto y los acepto, y tienen ellos todo el derecho de ser lo que
quieren ser y decirlo. Fíjese que sufro mucho por aquellos que siendo
homosexuales, por equis razones no se atreven a confesarlo. Pero no
aceptaría bajo ninguna circunstancia la pedofilia o el abuso a menores,
¡eso no lo acepto porque es un crimen! Yo tengo siete nietos que van de
los 12 años a un año, y rechazo categóricamente a cualquier pedófilo. Si
mi hermano hubiera dicho que era sólo homosexual, bueno, mala suerte
nomás. Triste porque la Iglesia Católica también rechaza la
homosexualidad. Triste por él y por la Iglesia, pero si él hubiera
confesado que es pedófilo, no lo hubiera aceptado bajo ninguna
circunstancia. Y si eso hubiera pasado con alguno de mis nietos, ¡le
saco la cresta! ¡No puede permitirse, Dios Mio!
-Está usted aceptando hoy que su hermano sí fue un abusador sexual de menores. Ahora entiende a las víctimas.
Yo quiero aprovechar esta oportunidad que usted me da para decir algo
que no he dicho hasta ahora fuerte y claro: yo estoy con las víctimas,
entiendo y me hago parte del sufrimiento que tuvieron las victimas de mi
hermano. ¡Una cosa terrible! No me puedo imaginar por lo que pasaron
personas como James Hamilton, Jimmy como le decía yo, que estuvo varias
veces en mi casa… Y no sólo él, a Fernando Batlle, a José Andrés Murillo
y a Juan Carlos Cruz los conocí de cabros chicos. Piense que tengo 71
años y ellos no alcanzan a los 50 años. Y yo me acuerdo de ellos, ¡como
no me voy a acordar! Y sufro mucho por lo que ellos han pasado. Y no se
me pasa por la cabeza que un tipo como James Hamilton, médico y con
hijos, va a estar diciendo una cosa como la que dijo en la televisión,
sin ser esto para él un gran dolor, un tremendo dolor…
-Después que el escándalo estalló a través de los medios, ¿usted intentó alguna vez que Fernando Karadima le diera su versión?
No, y no lo intenté porque Fernando tiene una personalidad difícil. No
es fácil aproximarse a él. Además, no creo que él me dijera la verdad,
lo más que me va a decir es que todo es falso.
-¿Cree que su hermano se va a ir con “su versión” a la tumba?
Se me viene a la mente una imagen: una vez estuve en unas cavernas en
Estados Unidos, donde después de haber estado en su interior y caminar
bastantes metros y luego volver hacia atrás, al final se veía un pequeño
destello de luz. Y cuando la gente está en la caverna, y se ve un
destello de luz, hay una esperanza. Yo quiero que mi hermano se salve,
yo quiero que a mi hermano la gente lo vuelva a querer, que la gente lo
vuelva a respetar. Por el bien de Fernando. Y creo que eso aún se puede
conseguir siempre y cuando él pida disculpas. Pida perdón, eso va a
relajar a todas las victimas que ha hecho sufrir. Los Karadima, nosotros
también como familia fuimos víctimas de todo esto. Porque no sólo hizo
sufrir a esos jóvenes, sino que también hizo sufrir mucho a su familia, y
él jamás pidió perdón. Jamás nos ha reunido. Yo lo he ido a ver una vez
nada más. Mis otros hermanos sé que han ido, no sé cuántas veces, me
consta que han ido a verlo, pero yo no he ido más que una vez. Fernando
no me ha llamado nunca por teléfono…
“Fernando sigue siendo y será siempre mi hermano, pero ahora yo debo reconocer que primero estoy con las víctimas, con estas cuatro personas que se han atrevido a exponerse para denunciarlo: James Hamilton, José Andrés Murillo, Fernando Batlle y Juan Carlos Cruz.”
-¿Fernando Karadima no percibe por lo que ha pasado su familia por el hecho de tener un apellido tan poco común aquí en Chile?
Bueno, yo pienso que nuestro apellido no ha sido manchado: ha sido
salpicado. Y hay una diferencia entre manchar y salpicar. La mancha
difícilmente sale, la salpicadura se seca y a veces se cae por sí sola,
otras veces basta muy poco para limpiarla. Nosotros hemos sido
salpicados y eso ha sido un gran sufrimiento al ver que de un día a otro
un hermano está siendo acusado de abusos sexuales siendo que jamás
habíamos sido advertidos, que no teníamos idea de nada. Jamás hubiéramos
imaginado una cosa igual. Físicamente, yo soy el más parecido a mi
hermano, Fernando es más alto, no tiene tanta cana, pero soy el más
parecido.
-¿Y no ha sentido ningún rechazo o reparo cuando se presenta por ahí?
No, y no tengo por que tenerlo: no soy culpable de nada, absolutamente
de nada. Pero sí me siento salpicado, porque seguramente la persona
dice: “este es hermano del cura”, y deben quedarse comentando, pero no
creo que anden diciendo que yo tengo algo que ver en los abusos. Lo más
que pueden decir es que soy pariente del cura.
-Hubo gente que pensó que ustedes, sus hermanos, por recibir
regalos y dineros de Fernando Karadima, podían conocer al menos parte de
los abusos que él cometía. Que los regalos y el dinero eran para
mantenerlos de su lado.
Categóricamente y de la manera más vehemente puedo decir que ¡jamás supe
nada! Y por lo que les he escuchado a mis hermanos -y me hago
responsable de lo que estoy diciendo-, nadie escucho jamás ni supo nada.
Ahora, esto de que mi hermano nos pasaba plata…, no voy a negar que él
nos ayudara, pero no me imagino que fuera para tapar nada, porque no
sabíamos nada. ¡Qué nos iba estar tapando! El nos ayudó, eso no lo voy a
negar.
-¿Y les sigue hoy en día ayudando?
No, para nada.
-¿A ninguno de sus hermanos?
No sé. No tengo idea, porque eso no lo pregunto. Nadie se mete en la
parte económica o financiera de las demás personas, a mí no me ha vuelto
a ayudar nunca más, desde hace mucho tiempo.
-¿Y a dónde van a parar, por ejemplo, los dineros del campo que Fernando Karadima tiene en arriendo en Rengo?
Eso yo lo supe por ustedes, por lo que escribieron en CIPER. Yo no tenía
ni idea de ese campo. Y ni sé qué hace con ese dinero. He leído en la
prensa que una señora le dejó una herencia, pero jamás he sabido lo que
hace, absolutamente nada. Hay gente que ha dicho comentarios, y en voz
alta yo les respondo que el resto de la familia somos dignos y
trabajadores. Todos nosotros hemos recibido la herencia moral de mi
padre y de mi madre, de trabajo de bien.
-¿Por qué ahora usted decide dar esta entrevista y no antes,
cuando el tema estaba en la agenda diaria y había muchas personas
sufriendo con todo esto?
Yo soy sociólogo y hay una teoría que dice que la gente cuando se
adelanta puede cometer errores, para bien o para mal. Yo podría haber
salido al inicio diciendo: sí, es verdad. Y si después resultaba que no
era… O podría haber salido diciendo que era mentira y resulta que era
verdad. Pero como soy una persona ponderada, he esperado el paso del
tiempo. Yo quiero que salga esta entrevista con el único objeto de
limpiar de esta salpicadura nuestro apellido. Mis hermanos son gente
decente. Mis hermanos se han sacado la mugre por nosotros, cuando yo era
niño chico. Incluso Fernando, el cura. Nosotros quedamos mal cuando
nuestro padre murió y Fernando y Jorge se sacrificaron por nosotros
trabajando y manteniéndonos.
-Esta espera que usted dice que toma de la sociología, ¿tiene
algo que ver con el momento en que surgen con fuerza las acusaciones en
contra de Cristián Precht?
Bueno, sí, cuando yo leo la entrevista a Héctor Precht, hermano de Cristián Precht, en la revista Sábado de El Mercurio,
a quién no conozco, y leo que dice que su hermano Cristián los llamó un
mes o mes y medio antes para avisarles lo que se venía, esto me dio
mucha pena, mucho dolor. Y se lo comenté a mi mujer. No lo he querido
comentar con mis hermanos, porque ya no comentamos nada de esto porque
nos duele mucho y no queremos seguir dándole vueltas a la herida.
Espero que esta entrevista no de vuelta a ninguna herida. Al revés: yo
hago esto con el objeto de limpiar a nuestra familia y aclarar que
nosotros no teníamos idea de lo que él hacia. Fernando sigue siendo y
será siempre mi hermano, pero ahora yo debo reconocer que primero estoy
con las víctimas, con estas cuatro personas que se han atrevido a
exponerse para denunciarlo: James Hamilton, José Andrés Murillo,
Fernando Batlle y Juan Carlos Cruz. Y no sólo con ellos, que son las
víctimas conocidas, estoy con todas las víctimas que también fueron
objeto de abusos psicológicos. Y quiero decir también claramente que
nosotros también hemos sido víctimas.
-¿Desde cuándo usted entendió el sufrimiento y se puso del lado de las víctimas?
Mire, en primer lugar estoy con ellos… Yo quisiera que esto no les
hubiera ocurrido, ¡por Dios que deben haber sufrido tanto! Eso me duele
mucho, y no de ahora que lo estoy diciendo públicamente sino desde el
momento que se comprobó que las acusaciones eran ciertas. Primero con
ellos y ante todo ellos, pero con esa misma franqueza debo decir que
también pienso en mi hermano, porque debe estar sufriendo. Y lamento el
sufrimiento que debe estar pasando. Tengo respeto por su sufrimiento.
-¿Quiénes visitan a Fernando Karadima en la actualidad?
No lo sé. Como familia ya no hablamos del tema, y como le dije antes, yo
fui solo una vez. Y espero en Dios que esta entrevista sea como un
candado que cierre las heridas, o que al menos ayude a cerrar las
heridas de las victimas con quién yo estoy absolutamente y las respaldo y
los quiero porque los conocí de niños. Que ojalá sirva en algo para
cerrar sus heridas. Ojalá que incluso mi hermano Fernando, leyendo esta
entrevista, pueda volver a ser aquel en quién confiamos y se arrepienta.
Y así, arrepentido, nos pueda conducir de la mano a todos a esa luz que
está al final del camino para que nosotros y él nos vayamos de esta
vida más tranquilos. Sé que mis hermanos han llorado, y no es para
menos, yo mismo he llorado. He llorado como hombre y quiero que mis
hijos y mis nietos sepan que el Tata (se emociona) “¡se puso y habló!”.
-¿Cree de verdad que su hermano Fernando puede arrepentirse, puede pedir perdón?
Mire, le quiero decir que al hacer esto no estoy pensando sólo en mi
familia. Estoy convencido que un perdón de Fernando le haría muy bien a
las victimas en primer lugar, a Chile en segundo lugar y al mundo,
porque estos abusos lamentablemente han recorrido el mundo. El nombre de
mi hermano corre por México, por Inglaterra, por Estados Unidos… Si él
pidiera perdón, obviamente seria muy sanador, pero ir a pedírselo me
cuesta. Y me cuesta porque Fernando tiene un carácter muy difícil. Ojalá
que esta entrevista sirva en ese sentido. Quiero que se sepa que aquí
hay un hermano que ha sufrido y que quiere que esto se aclare y se
termine.