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Publicado: 14 .06 .2012
Desde hace algunos
años se viene instalando en las cobranzas una suerte de castigo
económico, una forma de educar a los clientes que incurren en el no
pago. Los servicios básicos no están ajenos a este tipo de práctica que
puede llegar a ser rentable si se maneja con dedicación. Les invito a
observar detenidamente las cobranzas que ejecuta Chilectra por la
morosidad de sus clientes. Dejo en claro que estos cobros están dentro
del marco legal, pero la pregunta es: ¿Están dentro de un marco moral?
Bajo el concepto de que todas las empresas de servicio tienen derecho
a cesar la entrega del suministro que otorgan, siempre y cuando los
pagos del mismo no se efectúen, y que también tienen derecho a cobrar
por la reposición del mismo servicio, Chilectra cobra desde $12.300 por
corte y reposición de suministro. Este cobro puede aumentar de acuerdo a
los requerimientos técnicos del empalme (conexión a la red, si es aérea
o subterránea) o, si la misma compañía manda a retirar el cable de
conexión, fusible especial, etcétera. Es así como la suspensión del
suministro comienza a regir al cumplirse el vencimiento de la segunda
boleta de mes normal.
Planteado así, cuando un cliente cesa en sus pagos y no logra reunir
el monto total de la deuda a cancelar, le permiten realizar un convenio
de pago abonando el 20% del total de la deuda. El saldo es dividido en
la mayor cantidad de meses posibles, de forma automática, y sólo si el
cliente lo solicita puede contraer pocas cuotas, de lo contrario siempre
serán 12 o más, aplicando intereses altísimos. En la realización de
este convenio el cliente autoriza textualmente a Chilectra a suspender
el suministro al día siguiente del vencimiento de la deuda, sin esperar
la segunda boleta. Pero, ¿para qué hace esto Chilectra? La respuesta
está en el castigo o, quizá suena mejor, para “educar nuestra conducta
de pago”.
Por otro lado, a las empresas contratistas, encargadas de ir a los
domicilios morosos y conectar o desconectar el suministro, Chilectra les
cancela por evento realizado (ya sea un corte o una reposición) entre
$3.100 a $3.300, siempre y cuando el corte se ejecute pues si no se
ejecuta le cobra una multa a la empresa contratista. Usted, señor
lector, comprenderá que eso lleva a la empresa contratista a ser
totalmente intolerante con las situaciones que se generan; no existe
flexibilidad por casos especiales ni posibilidad de no cortar el
suministro si la deuda es menor al monto de la reposición. Por lo tanto,
con márgenes tan pequeños de utilidad, los contratistas relativizan los
sueldos de acuerdo a la cantidad de cortes y todo conlleva a que
alguien llegue corriendo a su casa, desconecte el suministro y no tenga
tiempo para responder a ninguna de sus consultas.
Si llevamos la cobranza al papel, desde la perspectiva de un cliente, podemos dar un ejemplo claro del servicio:
Un cliente que consume $20.000 mensuales de energía y se atrasa en
pagar su cuenta dos meses es suspendido en el uso del suministro con una
deuda de $40.000, por lo que accede a la realización del convenio
pagando $8.000 y los $32.000 restantes quedan divididos en 24 cuotas de
$2.500, o sea un monto final de $60.000. A simple vista, el cliente
logró evitar el corte del suministro, no obstante, el convenio estipula
que si en estas condiciones el cliente se atrasa un solo día se le
volverá a cortar el servicio y tendrá que volver a cancelar el corte y
la reposición. Si suponemos que en dos años se atrasa sólo ocho veces
(normalmente es más) y sacamos la cuenta, tenemos:
Nueve pagos de reposición: $110.700
Deuda de convenio: $ 68.000
Total: $178.700
Deuda inicial: $ 40.000
Gastos reales por servicios
(nueve cortes y nueve reposiciones): $ 59.400
(nueve cortes y nueve reposiciones): $ 59.400
Total: $ 99.400
Ganancia: $ 79.300
Tal vez no parezca un gran negocio, pero diariamente se realizan
entre 1.500 y 2.000 cortes de luz y un número similar de reposiciones.
¿Es ético convertir la cobranza en un negocio en si mismo?
Sin considerar convenios por cada corte de luz, Chilectra gana más de
cinco mil pesos llegando hasta $30.000 en empalmes trifásicos sobre 15
KVA. Solo basta obtener la diferencia entre gastos operativos y
cobranza.
Un aspecto tan oscuro como lo mencionado es el trato con las empresas
contratistas. Chilectra genera los listados de cortes y si no son
ejecutados no paga al contratista (llegando a multar su incumplimiento).
Cuando esto ocurre, el contratista no le paga a la cuadrilla de
trabajadores, la que podría trabajar todo el día entre las 8:00 hasta
las 24:00 horas por el sueldo mínimo. El escaso salario y las pésimas
condiciones laborales dan pie a un sinfín de ilegalidades (coimas u
otras situaciones similares).
En promedio, un trabajador de esta área realiza entre 40 a 50 horas
extras semanales, muchas más de las que la ley permite, horas que son
pagadas bajo la figura de bonos falsos y sin timbraje de tarjetas. Las
denuncias a la Inspección del Trabajo son personales y a veces el
inspector que fiscaliza se remite únicamente a pedir los antecedentes
del reclamante, quien en un par de meses es separado de sus funciones.
Es increíble lo que ha crecido el área de cobranzas, con números que
llenan de felicitaciones a su gerencia, pero que ahogan a todos los que
están bajo ella; personas que día a día ven estas situaciones, pero que
deben callar para conservar su fuente laboral.
Por último, ¿le parece justo (no digo legal), que una persona que
paga $145.000 de energía para solventar los insumos eléctricos de su
enorme casa pague por reposición los mismos $12.300 que un pobre anciano
que consume $6.500 de luz al mes? Los compromisos son compromisos,
deben cumplirse, pero el abuso y la usura, no califican como compromiso
ciudadano.