La presidenta brasileña frena los artículos más polémicos de la nueva legislación ambiental aprobada por el Congreso
Juan Arias
Río de Janeiro
25 MAY 2012 - 21:48 CET45
La ministra de medio Ambiente de Brasil, Izabella Teixieira. / U. MARCELINO (REUTERS)
La líder brasileña, Dilma Rousseff, ha impuesto esta tarde su veto
presidencial a algunos puntos polémicos del nuevo Código Forestal aprobado por el Congreso el pasado abril,
entre ellos la amnistía a los grandes terratenientes que deforestaron
parte de la Amazonia hasta 2008. En total, la mandataria se ha opuesto a
18 de los 84 artículos que contiene la ley. El Gobierno debe presentar
sus alegaciones al Senado en las próximas 48 horas.
El nuevo texto, que sustituye al de 1965, había sido aprobado ya el año pasado en el Congreso.
Pero fue rebajado cuando llegó al Senado, que eliminó la amnistía a los
deforestadores. El artículo fue de nuevo introducido en la votación
final de la Cámara baja.
No se ha tratado de una decisión fácil para la presidenta, y menos en
vísperas de la cumbre Río+20, la conferencia mundial sobre medio
ambiente organizada por la ONU que se celebrará en la ciudad brasileña
el mes próximo. Rousseff, que consideró una derrota de su Gobierno la
aprobación del nuevo Código, claramente inclinado hacia las exigencias
de los grandes terratenientes que forman mayoría en el Congreso, se ha
visto presionada desde varios frentes.
Los partidarios de la versión aprobada afirman que el veto significa
disminuir la producción de alimentos, que los pobres acabarán pagando
más caros. Para los ambientalistas, que ayer acamparon frente al palacio
presidencial para pedir a Rousseff que vetara la totalidad del Código y
presentaron en su apoyo dos millones de firmas recogidas en varios
países del mundo, se trata de un texto “horrible". "Es el texto de la
deforestación de la selva”, afirmó Pedro Abranovay, director de Avaaz, la institución que recogió los dos millones de firmas.
Bajo el lema Veta, Dilma, se creó en las redes un gran
movimiento popular para pedir a la mandataria que vetara la amnistía a
los deforestadores. Participaron en la campaña artistas, escritores,
cineastas y otras personalidades de renombre. Sin duda, Dilma no se
podía presentar a Río+20 sin haber por lo menos vetado los artículos más
polémicos de la nueva legislación ambiental brasileña. Y así lo ha
hecho. No ha cargado contra el texto íntegro, ya que ello hubiese
significado un enfrentamiento frontal con el Congreso, pero ha puesto
sus tijeras en los artículos más polémicos, como la amnistía a los que
en los últimos años acabaron con un 22% de la Amazonia. Además, ha
protegido a los pequeños labradores que poseen hasta cuatro hectáreas de
tierra para sus cultivos.
En realidad, lo que ha hecho el Gobierno de Rousseff ha sido mantener
prácticamente el texto aprobado por el Senado, y que fue después
derrotado en la Cámara baja, donde los grandes terratenientes mantienen
una gran influencia sobre un grupo mayoritario de diputados.
Aún así, existe una gran divergencia entre los diferentes puntos de
vista, incluso entre los que se sitúan a medio camino entre los
ambientalistas y las grandes empresas que se nutren del llamado agronegocio. En esa zona intermedia se sitúan desde los ganaderos hasta los grandes productores de soja, por ejemplo.
Para algunos, el texto aprobado en el Congreso cubre el gran vacío
que existía en la legislación ambiental brasileña. Para otros, lo
importante es que el nuevo Código pueda contribuir a combinar desarrollo
económico y defensa del medio ambiente, es decir una economía
sostenible que ni convierta la Amazonia en un santuario inviolable, que
impida desarrollo y riqueza para todos, ni la deje sin reglas claras a
merced de los grandes especuladores, como ha ocurrido hasta el presente.