Peñi Iván Fuentes, mari mari
30 Marzo, 2012
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Me cae bien Iván Fuentes. Es como el tío campesino y buscavida de
Camila Vallejo. Más cerca de los torneos de fútbol que de los Congresos
Ideológicos; de los Charros de Lumaco que de Sol y Lluvia; de la malta
con harina que de los cafés cortados. Lo suyo es el hablamiento simple.
Nada de “correlaciones de fuerza”, “agudización de las contradicciones”,
“hegemonía hegemónica” u otras perlas que gustan repetir quienes van de
“revolucionarios de manual” por la vida. Fuentes, sospecho, no necesita
hablar usando conceptos de otros. No necesitó leer a Marx para saber lo
mal pelado que está el chancho. Y lo bien que lo pasan los de arriba en
desmedro de la mayoría de los de abajo. Tampoco los ladrillos del
pelado Lenin para cachar que la unión hace la fuerza. Le bastó fijarse
en los cardúmenes. O en las manadas australes. Lo señaló el mismo en su
ya histórica conferencia en la ANEF. Y es que esas y no otras son sus
referencias; la vida, su vida y la de sus pares. He allí su escuela
política. Ya lo reconocía el propio Guevara, poco amigo de los
revolucionarios de salón. ¿Qué es el hambre intelectual frente al hambre
material? La pregunta, era que no, se la hizo en el Congo.
Habla bonito Iván Fuentes. Como si lo hiciera en mapudungun. Es
simple, poético, digno. De seguro habría hecho buenas migas con mi
abuelo Alberto, lonko y eximio orador de asambleas, casamientos y
velorios. Lo escucho en CNN Chile hablar de “Vivir Bien” y de inmediato
pienso en el Küme Felel, el “estar bien”, de mis ancestros. “Y no, no se
trata de ganar más lucas o la marca de tu auto. Vivir bien es vivir en
una sociedad en paz, armoniosa. No es simplemente acumular lucas”,
explica Fuentes a su arribo a Santiago. En 2008, junto a un puñado de
corresponsales extranjeros, acompañé en una de sus giras al presidente
Evo Morales. Iván Fuentes es lejos, pero lejos, lo más cercano a su tipo
de liderazgo que conozco en Chile. Morales, para disgusto de los
puristas, jamás citaba en sus discursos a los teóricos de izquierda.
Mucho menos a los de derecha, si es que los hubiera. Sus referencias
eran la vida del boliviano común y corriente, del indígena, del
productor cocalero, del colonizador de las Tierras Bajas, del sufrido
habitante de El Alto. Su voz, para disgusto de sus opositores, era una
voz para la mayoría cercana y reconocible. Amigable, incluso. Tal vez
por ello, donde llegaba, lejos de todo protocolo, simplemente lo
presentaban como “el Evo”. Sí, el Evo. Como cuando jugaba pichangas de
fútbol en Chimoré.
Tras el triunfo político de Fuentes y su cardumen de valientes
espartanos, ¿habrá tierra fértil para una eventual carrera política
suya? Lo dudo. Capacidad, inteligencia y carisma tiene de sobra. Pero el
entorno es sumamente hostil. Y no solo en la vereda del frente. “¿Por
qué la gente humilde tiene que odiar a los ricos?… Necesitamos el
capital, bienvenido el capital a Chile y a la Patagonia”, señala Fuentes
en la ANEF y varios de quienes lo acompañan, el incombustible Jaime
Gajardo entre ellos, ni siquiera disimulan su incomodidad. “No tiene
nada de malo ganar plata”, subraya Fuentes y varios, consternados,
hojean el Manifiesto Comunista (edición de bolsillo) a sus espaldas. Aún
ni regresaba al sur cuando, desde las páginas de El Ciudadano, el
biólogo Héctor Kol ya lo estaba haciendo pebre públicamente, tildando de
“autodesignada” a la Mesa Social por Aysén y de “comerciantes de
derecha” al propio Fuentes y sus pares. ¿Las razones de Kol? Una
supuesta “traición” de la Mesa Social a los pescadores artesanales, las
cuotas de pesca de la merluza y otras vainas del mismo tipo. Gremialismo
puro y duro en boca de un (¿autodenominado?) ferviente militante
anticapitalista. Hasta Jaime Guzmán debe estar sonriendo en su cripta.
Para qué estamos con cosas. Ya no sorprende que desde cierta
izquierda se intente deslegitimar un movimiento social amplio,
inclusivo, transversal y regionalista como el de Aysén. Sobre todo
porque no lo controlan. Ni pautean. Como diría mi abuelo, hay gente muy
palo de gallinero. No hay por dónde agarrarlos. Bien lo sabemos los
mapuches. Todavía se recuerda en mi comunidad, entre risas, a los
militantes del Frente que llegaban en los 80’ predicando el marxismo, la
revolución y el fusil. Poco y nada duraba la visita. Se largaban a poco
de llegar, indignados con esos indios “pequeñoburgueses” solo
interesados en su tierra y en danzar a pata pelada a sus “inexistentes
dioses”. Ganas tengo de invitar a Iván Fuentes a mi comunidad, en Entre
Ríos. Y bajarnos, con mis tíos, unas cuantas garrafas de chicha junto al
fogón. Sin duda mucho que parlamentar. Y sin duda mucho en lo cual
coincidir.