CUT, ORGANIZACIÓN DE PRIMERA DIRIGIDA POR GENTE DE TERCERA
ARTURO ALEJANDRO MUÑOZ
Esa organización histórica de los
trabajadores, hoy está en manos de ganapanes pusilánimes que actúan en
beneficio exclusivo de los intereses económicos del duopolio
Alianza-Concertación y del empresariado transnacional.
DESPUÉS DEL VERGONZOSO episodio -incluyendo una deshuesada discusión
parlamentaria- que culminó otorgando 4,2% de reajuste a los sueldos y
salarios del sector público, miles de chilenos han opinado que Arturo
Martínez, Presidente de la Central Unitaria de Trabajadores (CUT),
decepcionó no sólo a los trabajadores, sino a la historia del
sindicalismo criollo y al país laboral.Arturo Martínez permitió, una vez más, que el principal organismo
sindical de los trabajadores chilenos se convirtiera en una correa de
transmisión de los intereses partidistas de algunas tiendas políticas
autocalificadas de ‘progresistas', específicamente el Partido Socialista
(PS) y Partido por la Democracia (PPD), aunque la Democracia Cristiana
tampoco está exenta de pecados en estos asuntos.
La trayectoria de un siglo y medio de lucha, conquistas y dolores del
sindicalismo chileno, fue lanzada por el presidente de la CUT al canal
de relave donde escurre la perenne expoliación de la mano de obra por
parte de una derecha empresarial clasista, expoliadora y sinvergüenza,
cínicamente amparada por una sociedad política duopólica que gobierna
Chile de acuerdo a los dictámenes emanados desde conocidos organismos
patronales, como la SOFOFA, la CPC y Casa Piedra.
Alguna vez escribí en uno de mis artículos que "ser viejo,
libertario, demócrata, y tener buena memoria, constituía el mayor de
los peligros para los políticos del duopolio binominal". Hoy debo
ratificar ese aserto. Conservo en mi mente, con certeza absoluta, todos
y cada uno de los mil detalles acaecidos en aquellos difíciles y
peligrosos años de las décadas del '70 y el ‘80, cuando el mundo
sindical enfrentó a la dictadura sin más armas que su organización,
valor y audacia.
UN POCO DE HISTORIA PARA REFRESCAR RECUERDOS
La mañana del 25 de febrero de 1982, el presidente de la ANEF
(Asociación de Empleados Fiscales), Tucapel Jiménez, fue cobarde y
salvajemente asesinado a bordo de su taxi en un camino ubicado al
oriente de Santiago. La muerte había ocurrido cerca de las 11 de la
mañana. El cuerpo presentaba heridas de tres balas en la cabeza,
degollamiento y cortes en las manos. Los autores, se supo años después,
resultaron ser agentes del Estado, específicamente miembros de la
fatídica y deleznable CNI encabezada por el asesino -fanático y
enfermizo- coronel de Ejército, Manuel ‘Mamo' Contreras.
Lo que sobrevino meses más tarde amerita un artículo aparte, ya que
la respuesta del mundo sindical a ese asesinato fue la creación del
Comando Nacional de Trabajadores, las ‘protestas sociales' y,
finalmente, la bajada de pantalones de Pinochet, primero, y del mismo
‘poder sindical' más tarde...todo ello gracias a los partidos políticos
de la naciente ‘Alianza Democrática' (prolegómeno de la futura
Concertación). Pero, Manuel Bustos Huerta, Rodolfo Seguel Molina y...
¡¡cómo no!!...Arturo Martínez, fueron también elementos significativos
en entregarles a ese nuevo referente opositor a la dictadura (la Alianza
Democrática) el "poder de la calle" que había logrado el sindicalismo y
que fue traspasado, gratuita e indignamente, a los partidos políticos
que recién boqueaban nuevo aire gracias a la lucha de los trabajadores.
Para mejor comprender este asunto, favor leer:
Bueno, pero, ¿Arturo Martínez, el actual Presidente de la CUT, qué responsabilidad tuvo en todo esto?
A ese personaje lo conocimos en la Fundación Cardjn (administrada en
Chile en aquel entonces por la Iglesia Católica), allá por el año 1975,
siempre tratando de hablar con Manuel Bustos a escondidas, ya que este
era, sin duda alguna, el ‘prospecto' que tenía el PDC para dirigir el
mundo sindical...como ocurrió años más tarde. .
Martínez nunca participó en una reunión del CEL (Centro de Estudios
Laborales), que fue el primer intento de agrupar y organizar a los
trabajadores con participación de todos los sectores políticos de
aquellos duros años (PC, DC, PS, etc.), pero don Arturo se arrogaba la
representación del Partido Socialista, pese a que los dirigentes
sindicales del PS que participaban en el CEL lo desconocían. Nunca
entregó un contacto de otros dirigentes PS, ni participó de las acciones
impulsadas por el CEL, el cual -con el transcurso de los meses- se
transformó en la Coordinadora Nacional Sindical (CNS).
Martínez tampoco figuró como miembro fundador de la CNS, pues fue
siempre un personaje oscuro que se elevó en la dirigencia cupular
llevado de la mano de Manuel Bustos, su amigo y mecenas sindical. Una
vez que Martínez logró ascender a ciertas alturas de la pirámide del
sindicalismo, un sector del PS lo avaló porque no tenía ya otra opción
en ese escenario.
Los recuerdos de aquellos años pueden llamar a la confusión, pero
tengo muy claro que poco antes de la formación de la Alianza
Democrática, ya en las últimas reuniones convocadas por el Comando
Nacional de Trabajadores, se empezó abrir paso la idea de que "los
partidos políticos tienen que asumir su rol en la lucha en contra de la
dictadura", es decir, que tomaran su puesto en la lucha del pueblo,
lucha que hasta entonces comandaban los trabajadores.
Con estas nuevas realidades -producto de errores propios- el
movimiento sindical quedó relegado un segundo plano. Los partidos
políticos se apropiaron de la representación popular, apareciendo ante
el país como ‘interlocutores frente a la dictadura', y llegaron a
acuerdos con ella, firmados detrás de la puerta a espaldas de la gente.
.¿Qué rol jugaron los trabajadores -verdaderos gestores y héroes en el
proceso de democratización de Chile- en esos acuerdos protocolizados por
la Alianza Democrática y el ministro del interior de la dictadura,
Sergio Onofre Jarpa? ¡¡Ninguno, pues tanto Pinochet como Jarpa -y la
misma Alianza Democrática- deseaban que los trabajadores no tuviesen
ninguna ingerencia en las decisiones políticas que interesaban a Chile!!
Los representantes de la Alianza Democrática que negociaron con los
adláteres de Pinochet basaban su fuerza en la escasa capacidad de manejo
político de los trabajadores. Fue así, entonces, que en las primeras
elecciones democráticas de la CUT, en Punta de Tralca el año 1985, las
listas de los candidatos a dirigentes nacionales fueron estructuradas,
presentadas y defendidas por partidos políticos y alianzas.
Desgraciadamente, y pese al enorme poder de movilización popular
manifestado durante los dos años de ‘protestas sociales' bajo la férula
del histórico Comando Nacional, los trabajadores nunca se creyeron el
cuento de que como fuerza social podían construir un poder capaz de
negociar no sólo con la dictadura o con los partidos políticos, sino más
bien, de crear un movimiento popular y social capaz de llegar con uno
de sus representante a La Moneda.
En su fuero más íntimo, el poderoso movimiento sindical de esos años
jamás se sintió capaz de liderar algo de tamaña magnitud, y se dejó
arrastrar hacia la conducción de los renacientes partidos políticos que,
por cierto, privilegiaron acuerdos económicos con la dictadura
moribunda, en detrimento del Chile trabajador y popular, pero en
beneficio directo de una nueva sociedad que surgía en la Historia
patria: el duopolio binominal Alianza-Concertación, erguido sobre el
esfuerzo de millones de trabajadores, estudiantes y pobladores,
alzándose sobre la sangre derramada por cientos de chilenos para,
finalmente, conformar una nueva clase de sociedad política que es la que
nos gobierna desde 1990.
La Concertación nació, entonces, como un simple feto parido por la
propia dictadura, ya que ni una ni otra podían soportar la presencia de
un poder sindical fuerte, autónomo y popular. Y en este sentido, la
misma Concertación se encargó de abortar cualquier iniciativa surgida
del seno del sindicalismo, a tal grado que durante los 20 años de
administración concertacionista ningún gobierno, ningún ministro del
Trabajo, ningún parlamentario de ese bloque, presentó una iniciativa o
un proyecto de ley en favor de la sindicalización o de la negociación
colectiva. ¡¡Ninguno, nunca!!
Este 13 de Enero del 2011 se cumple un año más (1978) de la
relegación al norte del país de un grupo de sindicalistas DC, además de
un grupo de dirigentes políticos de esa misma tienda partidista. Ellos
fueron detenidos por la DINA en un edificio de la calle Huérfanos, en
Santiago. Ese grupo participaba en la Función Cardjn, se reunía con
dirigentes del PDC para ponerse de acuerdo en una coordinación efectiva
desde el interés nacional y laboral, toda vez que la dirigencia
sindical había demostrado ser autónoma en sus acciones, pero al PDC
aquello le parecía definitivamente mal.
Algunos nombres de aquellos que fueron relegados por la dictadura a
diferentes comunas alejadas de Santiago, y que yo recuerdo con mucha
nostalgia, eran:
Por la Fundación Cardjn: Georgina Aceituno, Enrique Hernández, Juan Manuel Sepúlveda.
Y los dirigentes políticos: Andrés Aylwin, Tomás Reyes, Ignacio
Balbontín, Guillermo Yunge, Juan Claudio Reyes, Samuel Astorga, Elías
Sánchez, Belisario Velasco. Pero tal sufrimiento y entrega fue
rápidamente minimizado por los políticos ‘profesionales', como los
bautizó Pinochet, ya que días más tarde hubo una reunión con Andrés
Zaldívar -en aquellos años Presidente del PDC- quien, muy molesto,
enrostró a los dirigentes sindicales una ‘falta de disciplina
partidaria', especialmente a Manuel Bustos, que era cabeza del grupo
dirigencial de los trabajadores, impetrándoles ‘obedecer a la directiva
del Partido, y no correr solos, por su propia cuenta' (sic).
LOS ‘RENOVADOS' LLEGARON PARA ASOCIARSE CON LA DERECHA
En la década de los años '80, siempre existió una especie de ‘terror'
en las cúpulas políticas chilenas (radicadas en la seguridad de los
países europeos que las asilaron) respecto de la autonomía de los
dirigentes sindicales, pues resultaba claramente notorio que sólo los
trabajadores organizados eran capaces de poner en aprietos serios a la
dictadura y ello -de acuerdo a los temores explicitados en sordina por
los politicastros cobijados por distintos gobiernos de Europa-, bien
podía dar origen a un gobierno popular, de trabajadores, socialista,
latinoamericanista en términos ideológicos, prescindiendo completamente
de la ‘mafia' politiquera tradicional, esa de los familisterios y
contubernios economicistas que dieron origen a la Concertación y al
duopolio binominal.
Aunque duela reconocerlo, hombres como Manuel Bustos, Rodolfo Seguel y
Arturo Martínez -que habían luchado valientemente contra la dictadura-
más temprano que tarde fueron absorbidos por las nuevas-viejas cúpulas
políticas, y se esmeraron en bajarse los pantalones para que los
‘Iluminados' (aquellos políticos que estaban en el exilio y que
comenzaron a regresar al país, avasallándolo todo), con el visto bueno
de Onofre Jarpa y de Pinochet, tomaran la conducción de la oposición,
relegando al mundo sindical a las riberas del río de la nada misma,
confinándolo al servicio de las estrategias e intereses partidistas de
la nueva sociedad binominal que finalmente lo borró de la faz del mapa
político laboral del país.
Antes de aquello, el año 1987, en la entonces sede del Club Deportivo
Audax Italiano (ubicada en calle Lira casi esquina de Santa Victoria,
en Santiago), Manuel Bustos, Rodolfo Seguel y Arturo Martínez, lograron
obtener la aprobación del ya desfalleciente Comando Nacional de
Trabajadores para entregar las banderas de la lucha popular a los
partidos de una naciente Concertación, cuyo origen, como bien se sabe,
fue prohijado y propuesto por la misma dictadura militar. .
Por último, el año 1988, en Punta de Tralca, ese trío de dirigentes
sindicales refundó la vieja CUT de Clotario Blest, aunque ahora con el
apellido de ‘Unitaria', en lugar de ‘Única', pero entregada desde su
primer aliento a los partidos ‘renovados', post exilio, que provenían
de Europa occidental.
La dictadura, el empresariado criollo y transnacional, la CIA, la
ANI, el Pentágono, el FMI, la Casa Blanca y el Banco Mundial, NUNCA han
tenido temor de la acción política de las tiendas partidistas chilenas
(incluyendo a los deshuesados e inofensivos comunistas criollos, ya
amansados por el neoliberalismo)...pero, en cambio, siempre han
manifestado miedos inasibles ante la posibilidad de que los trabajadores
organizados puedan acceder al gobierno de la nación, incorporándose a
la creciente corriente latinoamericanista que ha comenzado a desperezar a
los pueblos de nuestro subcontinente con los ejemplos de Hugo Chávez,
Lula da Silva, Evo Morales y Rafael Correa.
Fue así que el año 2011 comenzó, para los trabajadores chilenos, con
un nuevo entreguismo de quien se dice "líder del sindicalismo", Arturo
Martínez, cuyo personal concurso puso la CUT a disposición de las
órdenes de políticos como Osvaldo Andrade, Pepe Auth, Camilo Escalona,
Ricardo Lagos Escobar, Sebastián Piñera, Ignacio Walker, Patricio Aylwin
y Felipe Larraín, epítomes del neoliberalismo rampante chileno
protegido por el ya insoportable duopolio binominal.
Nota PMG.recordemos los ùltimos escándalos que rondan a los dirigentes de la CUT.
no han dado cuenta por los millones recibidos en los gobiernos de la concertación,,para qué hablar del acuerdo de Martínez y otros dirigentes que a espaldas de los trabajadores acordaron para este año un reajuste del 5%,sumen esos almuerzos pantagruélicos de Martinez ,los dineros entregados $100.000.000 anuales,que caen en el secretismo,que nadie da la más mínima cuenta)
Nota PMG.recordemos los ùltimos escándalos que rondan a los dirigentes de la CUT.
no han dado cuenta por los millones recibidos en los gobiernos de la concertación,,para qué hablar del acuerdo de Martínez y otros dirigentes que a espaldas de los trabajadores acordaron para este año un reajuste del 5%,sumen esos almuerzos pantagruélicos de Martinez ,los dineros entregados $100.000.000 anuales,que caen en el secretismo,que nadie da la más mínima cuenta)