Patricia Muñoz Garcìa

Patricia Muñoz Garcìa
Departamento Nacional Profesores Jubilados DEPROJ

lunes, 18 de abril de 2011

Principio de “Autoridad”


Dos amigos, docentes de colegio, a quienes no puedo nombrar, ni al establecimiento de Educación donde actualmente trabajan, me contaron la interesante historia acerca de un compañero de trabajo, al que hace algún tiempo promovieron a la jefatura de UTP. Hasta ese momento, según relataban, las relaciones laborales y a nivel de compañerismo eran bastante buenas. Pero, una vez instalado en el cargo el buen colega, las cosas comenzaron, por algún motivo, a cambiar. Se desarrollo un ambiente tenso, de comunicación difícil, malos entendidos, y las relaciones interpersonales, otrora cordiales, se enfriaron. Con el tiempo, la mayor parte de los profesores entraron por el camino de la decepción, y frustración, pues lo que se pudo alguna vez proyectar como un trabajo con futuro promisorio entre colegas, terminó siendo la pesadilla de la semana. ¿Qué pasó?
            Bueno, aquí puedo hacer un paralelo con el viejo, desgastado y profundamente equivocado refrán: “¿Quién nos enseña a ser padres? Nadie”. Craso error. Como bien lo expusiera hace algunos milenios un famoso filósofo: “Toda virtud se aprende”. A esto yo agregaré: “Toda virtud SE DEBE APRENDER en la vida”. Especialmente en nuestro país, que se mueve entre los dos extremos más perniciosos que han visto la luz entre nosotros. Abuso de autoridad, e irrespeto total a la misma. Ambas costumbres, de carácter extremista, nos han alejado de la verdadera comprensión de lo que significan el principio de autoridad, el poder que esta conlleva, para que sirven realmente, como se usan adecuadamente, etc. Y tanto una posición, como la otra, están basadas en males similares. Por ello, cabe decir aquí que una entidad, un cuerpo de personas con visión, una nación, jamás podrán llegar a algún lado, si dejan estos preceptos sin definir y usar correctamente.

Uno de esos males o vicios basales es la ignorancia respecto del concepto “Autoridad”, y aquello que la “acompaña” para hacerla efectiva u operativa. Existe la autoridad delegada, como la que fue dada a dicho profesor al ascenderlo a un cargo de jefatura. También está la que se obtiene de los conocimientos teóricos y prácticos. La que es reconocida a raíz de un comportamiento ético o consecuente, que cuida permanentemente el equilibrio, el buen juicio, uso de criterio, etc. No se trata en el último punto de una expresión hipócrita de santurronería barata. Más bien de un comportamiento moralmente digno, donde los principios valóricos, como el respeto, la consideración, la empatía, etc., son puestos por sobre la ganancia rápida de todo tipo. Lo cierto es que el término se define como la potestad para gobernar, dirigir, administrar. Tal potestad, se le infiere a raíz de un cargo asignado, méritos personales-profesionales, y en el pasado también por nacimiento.
            Por otra parte, el Poder es la facultad otorgada a quién se le confiere autoridad, para ejercer ésta en propiedad. Con ella le es posible actuar de manera autorizada y segura, comprendiendo que existe sujeción y obediencia a lo ordenado, establecido y determinado, en consideración a la institucionalidad existente. Por ello es que cuándo un carabinero nos solicita detener en la berma, lo hacemos, o cuándo quién está sobre nosotros, en función jerárquica, nos da una orden a seguir, con el fin de que alguna labor sea efectuada, obedecemos. No por miedo, sino debido al sentido de la obligación y el cumplimiento del deber, por el que se está en el lugar.

La Autoridad y el Poder que con ella se confiere, es tanto un privilegio como una responsabilidad. Pero lo cierto es que quién posee dichas facultades, no tiene por osmosis el conocimiento de qué es lo que son ambas (la mayoría no sabe ni siquiera definirlas de manera rudimentaria), por qué o para qué existen, cómo se ejercen de manera adecuada, cuáles son sus pro y contras, y no menos importante que esto, dónde se encuentran sus límites. Por lo importante que resultan éstos para nuestra convivencia diaria, es entonces imprescindible que quién ejerce autoridad y uso del poder, sepa qué es lo que son, y aprenda a utilizarlas de la manera más justa posible. Con honradez y buen criterio, no olvidando que tanto como se posee, se da cuenta o responde.  
            En gran medida, tanto el desconocimiento e ignorancia acerca de tales elementos, así como los extremos que por su mal uso se han desarrollado, nos han traído muchos trastornos, que hoy, en cada segmento de la sociedad, se experimentan. Por un lado está el abuso brutal que las personas, en posesión de dichos instrumentos, han hecho. Y por el otro, la falta de respeto y desestimación que se ha sembrado y cultivado en su contra, por quienes poseen siempre intereses en que sean irrespetados, con propósitos bastante oscuros y mezquinos. En pocas palabras, autoritarismo, dictadura y tiranía, versus irrespeto por la autoridad, despojándola de su dignidad, llamando a la desobediencia irreflexiva, y finalmente a la anarquía. El jefe abusa, el empleado desobedece, y ambos ignoran lo que realmente están sembrando y cultivando. Un excelente caldo de cultivo para la destrucción de los tejidos sociales, de la relación sana, de la saludable interacción, del avance y desarrollo sustentable. De todo aquello que permite una nación equilibrada y coherente, con esperanza y futuro.

Éstas, son razones muy consistentes para considerar reabrir en serio el ramo de “Educación Cívica” en los colegios de Chile. Tal cosa, con el fin de que desde la enseñanza básica se comiencen a “aprender” dichos conceptos (como tantos otros), sus verdaderos significados, importancia, el lugar que ocupan en la sociedad, cómo se deben entremezclar y ejercer para no violar los derechos de las personas, y sí conducirlos por el camino de la responsabilidad personal y ciudadana.
            Poseer “autoridad”, ejercitarla, tanto como aplicarse al uso de poder, de forma tal que lo que prime sea el equilibrio, es un tema en extremo difícil. Especialmente para una etnia como la chilena, muy poco o nada instruida en ello. Por eso no me sorprenden los excesos, el despotismo y los abusos prepotentes de todas clases en que “entraron” los militares en sus tiempos de regencia en nuestro país, la concertación en su momento, y también muchísima gente de la alianza por Chile. Tal como en el caso de estos dos docentes, que comenzaron a ser maltratados por su propio colega de establecimiento educacional. Cada uno de los  anteriormente nombrados, han tomado en sus manos dichos instrumentos, como un niño malcriado e irrespetuoso, que cree tener el juguete de sus sueños, para hacer lo que bien le venga en gana, sin importar el daño que causa, el dolor que infringe, la desgracia que deja regada por todos lados, ni las terribles consecuencias que, al final, ellos mismos deberán enfrentar, a raíz del mal causado.

Quién exprese que no le es necesario ser ampliamente instruido en el conocimiento y manejo de estos dos elementos, Autoridad y Poder, es tan bárbaro e ignorante como aquel que insista en sostenerse en la falsa creencia de que “nadie le enseña a ser padre”, o que los infaltables “genios”, que por el solo hecho de poseer algo, piensan que eso basta para comprobar que ya han llegado a la meta del conocimiento pleno. Recuerde lo expresado al inicio: “Toda virtud se debe aprender”. Lo mejor de todo es que si aceptamos esta verdad, jamás pararemos de hacerlo, tendremos la oportunidad de corregir errores, sembrar buenas relaciones, y de convivir de la manera más madura y provechosa posible.

CCC
PSICOPEDAGOGO

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