Patricia Muñoz Garcìa

Patricia Muñoz Garcìa
Departamento Nacional Profesores Jubilados DEPROJ

lunes, 14 de febrero de 2011

Gratuidad, ¿es efectiva?

Nadie especula con el hecho de lo agradable que suena el que a uno le paguen la carrera profesional. ¿Qué mejor? Solo la preocupación de estudiar y hacerlo lo mejor posible. Entonces, a qué preocuparse por el futuro, sobre todo cuando la medida va a la “vena” de uno de los pacientes que Chile ha tenido más graves en su historia. La Educación. Y todos sabemos que si éste, que agoniza en la actualidad a raíz de males cancerígenos que se han ido metastatizando con el tiempo, no es atendido apropiadamente, las consecuencias serán desastrosas. Para todos. Pero, ¿es esa una medida sana? Me refiero a, ¿será el camino adecuado? ¿La medida pertinente? Sobre todo pensando en la clase de cultura que en estos últimos cuarenta años hemos ido construyendo. ¿Ha escuchado hablar usted en estos términos: “mayores ganancias con el mínimo de inversión y riesgo”? O “La ley del menor esfuerzo, más por menos, Aumentar los ingresos, disminuyendo al mínimo los egresos”, etc. Todas estas formulas parecen salidas del libro de los éxitos de Rockefeller, o del dueño de la Microsoft. Pero solo sirven para las ganancias fáciles, aquello que implica cosas como la codicia, la avaricia, el deseo por aumentar las ganancias sin control ni propósitos trascendentes. Solo hacerlo y ya.
            ¿Qué ventaja tiene el que busquemos facilitar las cosas de esa manera? Allanando el camino a tal punto que de hecho sí estamos discriminando a otros que también tienen problemas. ¿Tomar el camino más fácil, no obstante se sabe el gran riesgo en que se entra? Durante mi vida he escuchado de muchos de mis más queridos profesores “Lo que más cuesta es lo que a la larga más se aprecia”. “Aquello que no te ha costado, a la larga no terminaras valorándolo”. “Mientras más cuesta obtenerlo, más se quiere”. Es verdad que se necesitan buenos estudiantes y mejores personas para estudiar y luego ejercer una de las profesiones más importantes del país, y del mundo, pero, ¿abaratar costos? Recuerdo una mamá que me pidió ver a su hijo por las dificultades que mostraba en asumir sus responsabilidades escolares. A poco andar, me comenta que le había quitado la “carga” al pobre “querubín” de hacer orden en su pieza, siempre desordenada, para que solo se concentrara en cumplir con sus deberes del colegio, y en trabajar conmigo. Le respondí asombrado: ¡¿HA?! ¿Quitar al pobrecito irresponsable y flojo, el único compromiso que lo mantenía equilibrado? Lo que pedía se lo daban, y más encima buscaron librarlo de aquello que tanto lo incomodaba. ¿Por qué no hacerlo con todos los demás hermanos, que cumplían religiosamente con sus deberes? Y de esa forma conseguir una “familia feliz”,

En ese caso se debió echar pie atrás, y comenzar a inculcar un sentido del deber, más allá de las emociones, que si bien eran válidas, no estaban para mandar o discutir las obligaciones naturales. Nunca he sabido que cuándo algo se hace más fácil, mejoran las cosas, en cuanto a educación y formación se refiere. Parte de lo que implica formarse como un buen profesor siempre ha sido confrontar la vida tal y como es, sin rehuir las dificultades que ésta representa para todos. ¿A quién le resulta confortable tener que rebuscárselas permanentemente para cumplir con los compromisos? Por otra parte bien hemos tenido que ver y soportar a personajes públicos, quienes vociferando a todo pulmón que habían recibido una educación gratis, hoy solo son objeto de gran vergüenza para toda la nación. ¿Qué bien terminó siendo aun para ellos que se les dieran las cosas gratis? Hoy en lugar de “servir a la patria que tanto les dio, aparecen únicamente envueltos en escándalos de enormes robos. ¿No es eso una Burla? Después de todo, ¿no están costeando una y otra cosa los mismos impuestos que cada uno pagamos con arto sacrificio?
            ¿Qué tan bueno será que se les faciliten las cosas a una generación que de por sí ya todo les está resultando cómodo y sencillo? Poseen cosas que los estudiantes de antaño ni soñaban, y están al alcance de cualquier estudiante que se esfuerce mínimamente por ello. Si alguien no tiene que trabajar por aquello que está recibiendo, que clase de mundo les enseñará a sus estudiantes. No estoy diciendo que a quienes lo necesitan no se les entregue oportunamente la ayuda pertinente. Cuando corresponda. Premiar el esfuerzo, reconocer el mérito y sacrificio. Dar una mano a las personas al verlas poner todo su corazón en lo que aman y persiguen. Valorar en su justa medida al que trabaja con honestidad y fuerza por lo que desea alcanzar. Pero, ¿dar el paso que se tomó? ¿Gratis? ¿A todos? Si vemos el ejemplo del jugador de futbol Pizarro, o el de Tenis F. González, e incluso el actual gimnasta Tomás González, etc., son sus propios esfuerzos, y el de sus familias, lo que les ha puesto en el lugar de honor  que hoy ocupan.

Ayudar es una cosa, pero “facilitar la vida” es algo muy diferente. Lo que en la vida he “aprendido” con más fuerza es que “aquello que cuesta, realmente se valora”. Termino contando la experiencia que como adolescente tuve con un excelente profesor que tuve. Era de la asignatura “Física”. Un hombre que en su juventud había perdido a su padre, y entre él y su madre tuvieron que hacerse cargo de la familia. Trabajó, y estudió con mucho esfuerzo, para un día sacar su título de profesor. Era un ser humano muy inteligente y agradable, a quién le encantaba su ramo, y la poesía. Fue quién me enseñó a ver esa área de la ciencia como algo cercano, útil, de gran valor. Y mis notas durante los años que estudié con él eran sobresalientes. Pero ese profesor fue fogueado por la vida, y nada se le dio fácil. ¡¡¡Que gran profesor fue para mí!!! Esa clase de personas serán docentes así les regalen todo o tengan que pelar papas para obtenerlo. La pregunta es ¿cómo encontramos y atraemos a esos seres humanos? Sin abrir la puerta a los que no teniendo amor por nada, solo les atraerá aquello que se les presenta fácil, a lo que no tendrán duda en renunciar en el instante en que la más insignificante dificultad se presente en la autopista.

“Lo barato cuesta caro”. “No siempre lo más caro es lo mejor”. “Si es fácil de obtener, será fácil perder”. “Al que no le cuesta, no le importa”. “Si no te cuesta, no lo valoras”. “Si no pagas el precio, no mereces la recompensa”. “Nada es gratis en la vida”. “No siempre el que te hace un favor busca tu bien, ni el que te confronta y obliga a algo desagradable, lo hace para tu mal”. “Si no se sufre el esfuerzo, no se disfruta la recompensa”. Todos dichos antiguos. Por algo habrán nacido.

CCC
PSICOPEDAGOGO

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