Patricia Muñoz Garcìa

Patricia Muñoz Garcìa
Departamento Nacional Profesores Jubilados DEPROJ

viernes, 18 de febrero de 2011

FUERZA SOCIAL Y DEMOCRÁTICA Desde el aula al SUTE: Del voluntarismo a la acción gremial responsable 28/01/2011 @ 8:37 am :: guardado en Politica


Circula una consigna que propicia la creación del SUTE, un sindicato nacional que agrupe a todas las organizaciones relacionadas con la educación, al estilo del que hubo en los primeros años de la década del 70.

No dudamos de la necesidad de hacer esfuerzos para lograr la más amplia unidad de las organizaciones que se oponen al sistema neoliberal. Tenemos el convencimiento que los cambios que se necesitan para superar el actual estado de cosas, supone un movimiento social democrático, participativo, representativo, transparente, con altos grados de organización y convergencia. Pero de ahí a re crear el SUTE tal como lo conocimos, hay mucha distancia.

Los procesos unitarios de los trabajadores obedecen a leyes que es necesario conocer para evitar que dicho objetivo sea considerado como propio de la mera voluntad de los hombres, por muy buenas intenciones que tengan, y no como realmente son: procesos largos en que mucho importa la estrategia y el modo en que se enfrentan.

Pretender avanzar hacia la re constitución de lo que fue el SUTE, sólo por el hecho de considerar esa experiencia como la mayor expresión unitaria de los trabajadores de la educación, sin tener en cuenta las condiciones históricas que lo hizo posible, es creer que la voluntad de un grupo de personas puede decidir el rumbo de la historia. Imposible, ésta es tarea de millones.
El Sindicato Único de Trabajadores de la Educación, SUTE, fue la instancia sindical chilena que reunió a todos los sindicatos y asociaciones gremiales del profesorado y personal paradocente de la educación entre 1970-1973. Fue disuelto tras el golpe militar de 1973 y Pinochet funda el Colegio de Profesores de Chile en 1974.
Corresponde preguntarse si las condiciones políticas en las que se originó se parecen a las actuales. Si resulta razonable intentar reproducir mecánicamente una situación que es reconocida como única en cuanto al nivel de movilización de los trabajadores y de unidad política y social del pueblo. Sólo en esas condiciones muy precisas en la historia del movimiento sindical, fue posible la generación del SUTE y los elevados niveles de unidad de los trabajadores y el pueblo.
Resulta ilustrativo que en 1970, el porcentaje de la población laboral afiliada en sindicatos haya llegado a casi un tercio. Había importantes organizaciones sindicales, representadas por la Central Única de Trabajadores, y después de los partidos políticos, los sindicatos fueron el portavoz más fuerte del pueblo. Desde el punto de vista del poder, cuestión final de la política, esos años fueron en los que se verificó la mayor agudización de la lucha de clases en la historia de Chile. Hoy es muy distinto.

La propuesta que comentamos desconoce que la historia se mueve por fuerzas que muchas veces son indomables aún para las motivaciones más rebeldes y para las razones éticas más profundas. Y, salvo casos muy excepciónales, esa historia la escriben lo ganadores de siempre.
El caso paradigmático que relaciona la unidad de los trabajadores con el avance en la lucha de clases, lo constituye la historia de la Unidad Popular. Es un hecho conocido que la UP no fue sólo producto de un acuerdo político entre algunos partidos a última hora del año 1970. Lo que permitió la unidad de la Izquierda que llevó a Salvador Allende a la presidencia, fue un proceso muy largo y complejo.
La Unidad Popular es el resultado de largas luchas populares que se remontan a los años veinte, y las marchas del hambre de la FOCH y la Asamblea Constituyente del 1925, a las huelgas del 1935 y de 1936; a la formación del Frente Popular, en los años cuarenta y la irrupción de la izquierda, hasta la Ley Maldita en los 50; a la fundación de la CUT y las grandes tomas de terreno, pasando por las postulaciones de allende los años 1952, 1958, 1964, hasta el triunfo de Salvador Allende en 1970. Esa historia fue un proceso único, indisoluble, con sus avances y retrocesos. El alza en los niveles de unidad y lucha del pueblo se funda en esta historia y no en la generación de eventos creados por personas de buena voluntad.

A partir de la contra revolución de 1973, las fuerzas populares que habían alcanzado altos niveles de unidad, se desarticularon por la imposición de una feroz represión. No es casual que las dos primeras organizaciones de trabajadores que fueron disueltas hayan sido la CUT y el SUTE. Desde entonces, innumerables iniciativas han intentado reconfigurar la unidad del pueblo, de sus organizaciones y partidos. Hasta ahora, después de más de veinte años de democracia, no ha sido posible.

Las organizaciones gremiales, sindicales y las centrales sindicales, debilitadas, cuando no cooptadas por el sistema, o paralizadas por sus propios dirigentes, no impulsan luchas mayores en estos últimos veinte años. Como mucho, se han quedado en lo sectorial, en la reivindicación de corto alcance y no han impulsado luchas que propongan cambios estructurales, es decir, de carácter político. Sin embargo, durante todo este tiempo el tema de la unidad ha sido recurrente en el discurso de sus dirigentes.

La dispersión de los actores sociales que no logran ponerse de acuerdo para una acción común, aún cuando aparece el sistema neo liberal como el causante de los dramas de los más desposeídos, ha significado la desmovilización popular.

El sistema neo liberal se ha entronizado sin que aparezca alguna amenaza para su existencia o estabilidad. La asunción de la derecha al poder es la confirmación de que las cosas tienen para mucho tiempo más tal como están. Las centrales sindicales, divididas por adscripciones ideológicas profundamente marcadas, han devenido en sujetos sin ningún peso en la política que aplican los sucesivos gobiernos. De vez en cuando algunas organizaciones impulsan movilizaciones cuyo objetivo es lograr reivindicaciones de carácter salarial, pero que no pasan de eso.

El movimiento social, en particular el sindical, es hoy prisionero de una cultura burocrática que sitúa a sus propios dirigentes como el propósito final de sus organizaciones. Las estructuras de esas organizaciones no tienen relación con lo que se requiere de ellas. Es común que militantes de partidos utilicen los medios de las organizaciones para fines proselitistas. Y en muchos casos se malentiende lo que se conoce y necesita como movilización, y se confunde con la simple agitación. Esto ha significado que los trabajadores hayan quedado entrampados entre organizaciones inútiles, dirigentes cooptados y una legislación que tiende un cerco en torno a sus necesidades y reivindicaciones.

En estas condiciones levantar la consigna de refundar el SUTE es equívoca no solamente desde el punto de vista de las opciones que existen para tal proyecto, sino que la legislación no lo permite.

Los sindicatos sólo se pueden formar cuando hay subordinación y dependencia respecto de privados que se rigen por el Código Laboral. Para los gremios sólo queda adscribirse a las centrales, sin posibilidad de modificar su naturaleza.

En el Código del Trabajo se regulan los sindicatos en los Art. 221 al 298. En el 266 define las Federaciones y las Confederaciones "de sindicatos". En el 277, habla de las Centrales Unitarias y expresamente reconoce que pueden ser conformadas por Asociaciones Gremiales, Asociaciones de Funcionarios y cualquier tipo de organización de trabajadores.

El Colegio de Profesores está formado según el DL 2757 el que también contempla la posibilidad de formar Federaciones y confederaciones de Asociaciones Gremiales. Pero la pregunta es ¿para qué? No existe ninguna razón práctica ni política para hacerlo. Además, ¿con quien formamos una federación o confederación, con el colegio médico, dentistas, contadores, con el colegio de abogados? Ahora, si existiesen varias asociaciones gremiales de profesores, quizás tendría sentido unificarlas, pero solo existe un gremio de profesores, el Colegio.

La ley 19.296 de Asociación de Funcionarios es más interesante. ANDIME, por ejemplo está formada según esta ley, que también rige para las municipalidades. Una idea buena sería que los profesores del particular subvencionado y de las Corporaciones formaran sindicatos, según el Código del Trabajo que los rige y los profesores municipales formaran asociaciones de funcionarios y ambos formaran una Asociación Gremial de Profesores de Chile. Pero, ¿es el caso hoy?

El DL 2757 contempla la posibilidad de que éstas se formen por personas naturales, como está conformado ahora el Colegio, o jurídicas. Aquí caben perfectamente las asociaciones de funcionarios y los sindicatos. La gracia de las asociaciones de funcionarios y los sindicatos es que sus dirigentes tienen fuero y permisos legales. Así, nuestros dirigentes podrían pertenecer a esas asociaciones de trabajadores y gozar de fuero sin problemas para realizar sus actividades como gremio.

Esto podría dar mayor autonomía financiera, de gestión y de responsabilidad, pues son las comunas, provincias y regiones quienes responden por la administración de sus bienes. Esto también daría mayores dividendos al Magisterio, seguridad a sus dirigentes, si son a su vez dirigentes de sus respectivas asociación de trabajadores, se tendría a cientos de asociaciones de trabajadores reunidas en una sola. Quizás sería incluso motivadora para asociar gente nueva. Legalmente es lo que se podría hacer. La pregunta sigue siendo para qué.

Si no tiene una aplicación práctica y de mediano plazo, asumir lo riesgoso que puede ser una modificación de esa profundidad, no se justifica. Ante un escenario de esa magnitud, es de esperar una gran dispersión por el riesgo que no todas las Asociaciones quieran confederarse, baja en la colegiatura, entre otras.

La unidad de los trabajadores, como hemos visto, no depende de la voluntad o la idea brillante de un grupo iluminado. Lo que culmina con la unidad de los trabajadores se relacionan con procesos más complejos que es necesario comenzar a construirlos desde la base.

La movilización, entendida como un proceso político cuya estrategia está definida por los trabajadores y que contempla propósitos políticos medibles y en el corto, mediano y largo plazo, cuyo objetivo es lograr profundas reformas políticas, es el motor esencial para la unidad del pueblo y los trabajadores.

No es posible aumentar los niveles de organización y unidad en condiciones tales en que no haya objetivos estratégicos y la movilización subyacente. Planificar el aumento en los niveles de lucha desde las oficinas es un oficio inútil.

Lo que hoy está en el centro de los interese de los profesores es la situación de la educación pública puesta en riesgo por la instalación aguda de un sistema que finalmente lo privatizará; el mal trato a los profesores mediante el expediente de acusarlos de los males que quejan a la educación, desconociendo a propósito las falencias del sistema; deudas que el estado tiene con los profesores y que se intentan burlar mediante diversos recursos; aumento sostenido de la precarización de la función docente en la dependencia particular subvencionada; falencias de la principal organización de trabajadores, el Colegio de Profesores, cuya máxima expresión lo constituye una conducción que en cuatro años no ha logrado ningún avance; una crisis del Colegio que se expresa en sus finanzas, su estructura, su representatividad y su ausencia en los temas relevantes que le son propios.

Más que preocuparnos por inventar fórmulas mágicas para superar la crisis por la que cruza todo el movimiento sindical, los profesores requieren de fortalecer su organización mediante un acuerdo que involucre a todos los actores interesados en hacerlo. Más que transformar mecánicamente al Colegio de Profesores en una organización que tuvo sentido hace cuarenta años, de lo que se trata es de democratizarlo todo lo que podamos; ampliar su área de influencia en el resto de los profesores de otras dependencias; superar la crisis interna mediante el acuerdo de aquellos que de verdad les interese el futuro del gremio y, por sobre todo, que se trasforme en un actor de primera línea en la lucha por la defensa de la educación pública y los derechos de los profesores.

En este aspecto, resulta crucial que el Colegio y sus miembros, entiendan la importancia que tiene la vinculación y articulación con otras organizaciones que tengan en mismo propósito. En los últimos años se han hecho innumerables intentos por crear frentes y bloques para intentar una acción común para defender la educación pública, seriamente amenazada por el sistema. Sin embargo, hasta ahora, esos esfuerzos han sido en vano, entre otras razones por su escasa o nula vinculación con la gente común.

El Colegio debe encabezar una estrategia unitaria a partir de su propia unificación y democratización. Para el efecto, es necesario la confluencia de todos los sectores de profesores que estén convencidos que es esta una tarea de una gran mayoría. Corresponde que una futura conducción del gremio tenga la legitimidad que da la verdadera representatividad. Para este efecto, es prioritario que los profesores se sumen más activamente al Colegio y elijan entre quienes se postulen a aquellos que así lo entiendan. Ya no es posible aceptar que en las elecciones gremiales vote un porcentaje mínimo de asociados.

Necesitamos más y mejor Colegio de Profesores. Un gremio que conozca lo que sucede en el aula, que apoye al profesor en su diario batallar con sus alumnos en condiciones que no son ni de lejos las óptima para enfrentar el proceso de enseñanza aprendizaje.

Necesitamos que una mayoría representativa impulse los cambios estructurales que requiere el Gremio para hacerlo funcionar en sincronía con los cambios que ha experimentado el mundo y en particular nuestra sociedad.

Hoy no caben soluciones mágicas sino que abrir un espacio de discusión y participación de los actores que se manifiesten por esta alternativa que conduzca los cambios que la organización docente requiere para enfrentar las nuevas realidades de la educación y el ejercicio de la profesión docente.


Santiago, Enero de 2011



Coordinador Nacional Fuerza Social y Democrática

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