Patricia Muñoz Garcìa

Patricia Muñoz Garcìa
Departamento Nacional Profesores Jubilados DEPROJ

lunes, 7 de febrero de 2011

El “Estatuto Docente”, ¿Debe ser modificado o sencillamente reemplazado?

Para quienes conocemos tanto ese documento, como la realidad que a diario se ve en la educación, la consulta es ¿satisface las necesidades de reglamentación, de procedimientos, de información, de definición? ¿A quienes incluye y a que segmento excluye? Hace un tiempo atrás un docente directivo del colegio de profesores, a nivel regional, me dijo a toda voz, en medio de una gran asamblea convocada para discutir cosas concernientes al sistema educacional chileno, que los Profesionales Psicopedagogos no somos “Profesionales de la Educación”. Fue una ruda y muy mal educada intervención, que no reparó siquiera en que yo era invitado a ese “tiempo de reflexión”. Esto basado en lo que se manifiesta en dicho estatuto. ¿Es así? ¿Quiénes no están mencionados con nombre y apellido en tal manuscrito no deben ser considerados “Profesionales del Campo de la Educación”? ¿No existe? Un documento que segrega, ¿puede realmente ayudar a educar bien? Esa es una de muchas cuestiones a preguntarse. Pero también está el siguiente asunto: ¿Cubre realmente las necesidades de quienes están suscritos? ¿Les reconoce adecuadamente? ¿Les asegura algo de manera apropiada? ¿Qué les permite y que les niega?
            Cuando algo existe, obviamente si es de confección humana tendrá tanto sus pros como sus contras, además de los usuales errores. ¿Cuáles son los contras de dicho Estatuto? ¿Qué y quienes son afectados por esos contras, y a qué nivel ocurre? ¿Permite la libertad debida, la posibilidad de desarrollo, la interacción con el medio que es necesario para un adecuado crecimiento? Es cierto que las cosas deben estar ordenadas adecuadamente, con el fin de garantizar que las reglas se cumplirán en todas direcciones. Esto asegura que nadie se apresure a imponer sus propias ideas u opiniones de lo que se debe hacer o no. Regular legalmente implica dar confianza a todos. Pero, nuevamente, ¿están todos incluidos en el instrumento? Profesionales o no. De no ser así, ¿no está ya viciada por ser una expresión excluyente, y segregaria?

Por otra parte, existen aquellos que postulan que debiera ser revocado dicho Estatuto, esto para reemplazarlo por otro mucho mejor, más completo, que elimine los vicios e imperfecciones mostrados en su antecesor, y abarque a cada persona que labore en el ámbito educacional chileno. Una especie de matrimonio entre red protectora, marco definitorio, reglamento que contiene derechos y deberes e instrumento que ordene el trabajo. ¿Por qué no un “Estatuto de profesionales y no profesionales del Campo de la Educación”? Una herramienta que sea inclusiva, ordenada, beneficiosa para todos, y que no proteja ni la mediocridad ni la negligencia de manera clara y contundente.  Algunos tendrán miedo de esto, pues verán (no sin razón) las malas intenciones de aquellos que buscan hacer de la educación un simple y ordinario mercado de oferta y demanda. Esos ignorantes bárbaros que creen que educar es solo “ganar plata”. De hecho, las personas, cuyo interés es solo poseer dinero y más dinero, sin propósito alguno, existen. Y tratarán de ir tras esta posibilidad como el buitre a la carroña expuesta. No hay duda de ello.
            Pero, ¿es eso suficiente excusa para detener el verdadero progreso, que a diferencia de lo planteado en el pasado, nos dejaría a un paso de construir y unir una infraestructura vial excelente, por la que pase la buena educación del futuro? Es necesario confrontar el tema, y resolverlo de manera madura, pues eso es “Aprendizaje”. Así como el ladrido de un perro no cambia la determinación que toma el ladrón de robar la casa, ¿por qué a nosotros debiera atemorizarnos tanto enfrentar a esta codiciosa y perniciosa  gente, que no cree en nada más que en tener y tener de manera inútil?  No es posible siempre vivir bajo el miedo o el engaño, esperando buenos frutos de ello. La verdad es que sea como sea, quién busque destruir lo intentará si o si, por lo que el avanzar se vuelve casi una necesidad de supervivencia. Si no lo hacemos los interesados, quienes seremos directa e indirectamente afectados, ¿quiénes lo harán? ¡¿Los Iluminados?! Si nosotros no tomamos el campo para limpiarlo, sembrarlo, cultivarlo y proteger el buen fruto, entonces éste se llenará de malezas, de bestias y toda clase de alimañas., tornándose con el tiempo en un inútil desierto.

Como ejemplo podemos decir que probablemente en el pasado nos sirvió el autito a petróleo, que aunque solo nos daba tres kilómetros por litro, nos llevaba hasta donde deseábamos llegar. Pero hoy es necesario cambiar a los Híbridos, eléctricos, y toda otra tecnología no contaminante. De esa manera podremos dejar de ensuciar el aire, y ya no nos intoxicaremos nosotros mismos, ni a los demás. Ahorraremos mucho dinero y nos irá mejor. Del mismo modo, si algo debe cambiar, pues quedó obsoleto, y más entorpece el avance que dejarlo correr libre, es necesario poner manos a la obra. Efectuar el trabajo nosotros mismos, evitando decididamente que quienes desean hacer daño se interpongan en el camino. Esto mediante instrumentos tales como propuestas serias, nuestra constante y atenta presencia, aportes, vigilancia, presión legítima, denuncia pública y sostenida de cualquier movimiento sospechoso, etc.
            Un trabajo así se debe hacer de cara al país, con todos los actores involucrados, y no tan solo un par de “genios” comprados por tres chauchas en pulgalandia. Esto debido a la importancia que reviste dicho tema, algo trascendental en lo que a educación se refiere. Por lo mismo es necesario interiorizar a los padres y afectados de lo delicado del asunto, para que éstos se transformen en una fuente de apoyo activo al trabajo. No permitiendo el usual movimiento que “algunos” se han acostumbrado a hacer en estas circunstancias, con el fin de manipular y monopolizar a la opinión pública, buscando satisfacer los muchas veces odiosos deseos político-partidistas. Más bien buscando comunicar los hechos honesta y abiertamente, pues ellos (padres y participantes del campo) también serán directa e indirectamente afectados por los resultados. De no procurarse esto con diligencia, no valdrán mucho las quejas en el momento en que quienes no deben, comiencen a tomar las riendas de la situación.

“Modificar” o “Cambiar”, una cuestión a tratar en la “Reforma Educacional”, que ordene el ser y qué hacer dentro de nuestro campo. No es una razón u oportunidad para empeorar lo que ya tenemos, y que no resiste más. Tanto quienes postulan modificaciones como aquellos que instan al cambio completo, poseen sus argumentos. ¿Por qué no sentarse a conversar? ¿Discutir con madurez, honestidad, generosidad? Lo único que no podemos darnos el lujo de hacer, es “seguir igual”, pues sería tan erróneo como pretender lavar la ropa con el mismo sucio lodo con el que se contaminó, con el fin de limpiarla. Buscar por todos los medios impedir que algo que debe crecer, desarrollarse y adaptarse, lo haga, es una obstinada necedad. ¿Por qué no estamos dentro de la discusión quienes somos los verdaderos interesados? ¿Esperaremos a que “ellos” hagan el trabajo? ¿No aprendimos nada del total fracaso y final desastre conocido como “Transantiago”?

CCC
PSICOPEDAGOGO

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