Patricia Muñoz Garcìa

Patricia Muñoz Garcìa
Departamento Nacional Profesores Jubilados DEPROJ

jueves, 10 de febrero de 2011

Egipto bajo la sombra de un represor

Raúl Sohr  
Omar Suleiman, recién nombrado como vicepresidente, con la misión de dialogar con la oposición, tiene un oscuro historial represivo, y es lógico que los líderes de las protestas contra Mubarak desconfíen.




Egipto bajo la sombra de un represor

EFE

Los manifestantes egipcios temen desalojar la plaza Tahrir, el bastión de la lucha por el cambio. Muchos de los líderes emergentes saben que con el correr de los días la revuelta pierde su fuerza callejera. Después de dos semanas mucha gente quiere volver a la normalidad: añoran sus rutinas, sus ingresos y les angustia la incertidumbre.
Pero los organizadores también saben que lo conseguido es insuficiente. El poder está férreamente en las manos del régimen liderado por el Presidente Hosni Mubarak. Más aún Omar Suleiman, recién nombrado como vicepresidente, con la misión de dialogar con la oposición, tiene un oscuro historial represivo.
No en vano se desempeñó como jefe de los servicios de inteligencia en un país en que la tortura es rutinaria. Importantes medios occidentales han calificado a este hombre como “muy respetado”, pero quizá la palabra correcta era “temido”, pues se le acusa de haber participado personalmente en apremios.
Egipto cooperó en las operaciones de “entregas secretas”, programa de secuestros y desapariciones en “cárceles negras” llevado a cabo por Estados Unidos bajo el gobierno del Presidente George W. Bush.
El ex embajador de Estados Unidos en El Cairo, Edward Walker, alude a Suleiman, y señala que éste “estaba consciente que había un lado negativo en los hechos en que estaban involucrados los egipcios, como la tortura y otras cosas. Pero él no tenía remilgos”.
El ciudadano australiano Mamdouh Habib fue arrestado en Pakistán poco después del 11 de septiembre del 2001. Fue torturado en un primer momento por los servicios secretos paquistaníes y luego “entregado”, bajo la supervisión de un diplomático australiano, a Egipto.
Allí su caso fue tomado por el propio Director de Inteligencia, el general Suleiman. De acuerdo a las memorias de Habib, relatadas por Richard  Neville, fue sometido a múltiples descargas eléctricas,  le sumergieron bajo agua, le quebraron huesos de sus dedos y fue colgado desde ganchos.
Habib indica que el propio Suleiman mandó a uno de los guardias a que liquidase a otro prisionero ante sus ojos. La orden fue cumplida con patadas de karate. En definitiva Habib confesó lo que sus captores querían escuchar y ello fue usado más tarde en su contra en un juicio en Guantánamo.
Suleiman, de 75 años, recibió parte  de su formación en cursos en la entonces Unión Soviética, hasta ahora ha sido un fiel seguidor de Mubarak. Algunos observadores piensan, sin embargo, que tendría ambiciones propias.
Sus nuevos mentores tienen buena opinión de su desempeño y admiten que podría aspirar a reemplazar a su actual jefe. En sus transmisiones radiales la semana pasada  Estados Unidos, a través de la Voz de América, describía así a Suleiman: “Él ha ganado respeto internacional en su papel de mediador en el Medio Oriente y en la contención del extremismo islámico”.

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