Increíble: En un restaurant Andrade y Martínez, más los ministros Larroulet y Larraín, negociaron reajuste del sector público
de Patricio López, el jueves, 23 de diciembre de 2010 a las 12:50
ALEJANDRO TRUJILLO Y GLORIA FAÚNDEZ (Fuente: El Mercurio)
Era visto como una prueba de fuego por el oficialismo. El Presidente Sebastián Piñera, el comité político y los parlamentarios de la Alianza habían llegado a la convicción de que el 4,2% de reajuste fiscal era intransable, y que sucumbir a las presiones opositoras podría marcar un peligroso precedente.
La decisión de empoderar a Arturo Martínez como el único interlocutor en las tratativas con los trabajadores abrió la puerta a una alianza estratégica con el presidente del PS, Osvaldo Andrade, quien se jugó por evitar que el reajuste fuera rechazado por segunda vez, como proponía parte de la oposición.
El llamado de atención del PS ante la disputa Martínez-De la Puente
"Les voy a hablar como militantes socialistas", espetó el presidente del PS, Osvaldo Andrade.
Segundos antes, el jefe de la colectividad había reunido en una oficina de la Cámara al líder de la CUT, Arturo Martínez, y al presidente de la ANEF, Raúl de la Puente.
La tarde del martes las diferencias entre ambos dirigentes sindicales eran un secreto a voces en los pasillos del Congreso. Mientras Martínez promovía destrabar el reajuste -advirtiendo del desgaste de la movilización-, De la Puente exigía rechazar la propuesta, ya que el Gobierno no se había allanado a detener los despidos de funcionarios públicos.
Andrade, durante largos minutos, les enrostró que La Moneda ya había advertido las divisiones de los gremios y que eso perjudicaba a los trabajadores. Así que les pidió dar señales de unidad.
El duelo de Martínez y De la Puente, aseguran en la oposición, tiene un trasfondo más allá del episodio: el líder de la ANEF evalúa enfrentar al histórico dirigente de la CUT por el liderazgo de la multisindical en 2011.
La apuesta de Larraín por "el Longueira de la Concertación"
El encuentro tendría lugar en un restaurante del sector oriente de la capital, y el encargado de invitar a Osvaldo Andrade sería su viejo amigo (otrora compañero de la selección de básquetbol de la UC), el ministro de la Segpres, Cristián Larroulet.
Era la noche del domingo y el titular de Hacienda, Felipe Larraín, convocaba a una reservada cena que, a la larga, terminaría siendo clave para la alianza que el Gobierno cerró esta semana con el presidente del PS.
Es que aunque a la cita asistió también -invitado directamente por el anfitrión- el senador Camilo Escalona, y terminó sin mayores frutos, fue el primer paso para cimentar los acuerdos que vendrían los días posteriores.
Reforzando el perfil articulador que exhibiera tanto en la discusión del royalty como en la de la Ley de Presupuesto, Larraín decidió apelar a la buena relación construida con el presidente de la CUT, Arturo Martínez, para conseguir un apoyo del PS imprescindible para destrabar una propuesta que ya había sido rechazada por el Congreso.
Conscientes de que Martínez sería la llave para asegurar un pacto hasta ahora esquivo con el líder de dicha colectividad (ambos mantienen una amistad incluso anterior a la época en que Andrade ejerció como ministro del Trabajo), La Moneda se jugó por empoderar al jefe de la CUT, validándolo como el único interlocutor por parte de los trabajadores.
La decisión permitió no sólo que Martínez se abstuviera -incluso en los episodios, más tensos de la negociación- de criticar públicamente al ministro, sino que terminó neutralizando a los dirigentes más radicales, como la cúpula de la ANEF, que habían centrado sus demandas en los despidos.
La noche del martes, y cuando Martínez ya había conseguido el respaldo de la mayoría de los gremios, Andrade terminó de cerrar el acuerdo para facilitar la aprobación del reajuste al día siguiente. En la sala de ministros del Congreso, el presidente del PS definió con Larraín y Larroulet el monto del bono que se aprobaría al día siguiente en el Senado y en la Cámara, y que compensaría el reajuste: 215 mil pesos.
Para cumplir con su promesa, eso sí, el dirigente debió desmarcarse de la decisión adoptada por toda la Concertación, y pese a estar en la sala no marcó su sufragio al momento de la votación. A partir del episodio los ministros lo apodan hoy "el Longueira de la Concertación".
Cena
Un restaurante en el sector Oriente de Santiago fue el lugar de reunión de los ministros Felipe Larraín y Cristián Larroulet con Osvaldo Andrade y Camilo Escalona, la noche del domingo, para intentar destrabar el reajuste.
La disputa por la interlocución con La Moneda
La discusión se había trasladado al Senado, específicamente a la comisión de Hacienda que preside Camilo Escalona, quien hasta ahora había ejercido como el interlocutor de la oposición en estas materias.
Pero el diputado y presidente del PS, Osvaldo Andrade, no había de soltar la conducción de las tratativas y se encargó de marcar presencia en cada una de las etapas de la tramitación.
Fue él, de hecho, quien -junto al senador DC Andrés Zaldívar- encabezó la reunión con que, a mediodía del miércoles, se notificó a los representantes de todos los gremios que el Gobierno no transaría en el 4,2% de reajuste fiscal y que el bono negociado llegaría a los $215 mil.
Paradójicamente, el encuentro se desarrolló inmediatamente después de que Escalona levantara la sesión de la comisión de Hacienda, en el salón contiguo, donde normalmente funciona la comisión de Constitución del Senado.
La "señal de fuerza" que plantearon los diputados de la DC para abrir una crisis al Gobierno
La tarde del martes, el diputado Gabriel Ascencio (DC) se acercó al subsecretario Claudio Alvarado. El parlamentario iba con un recado de un grupo de sus correligionarios: rechazarían la propuesta del Ejecutivo y pedirían a sus senadores replicar esa postura. ¿Su objetivo? Rechazar por segunda vez el proyecto -al que consideraban insuficiente- y generar una crisis al Gobierno.
La tesis, que plantearon entre sus pares de oposición, era que La Moneda no resistiría las presiones y enviaría por tercera vez la iniciativa, esta vez por un monto obligadamente más alto.
Fue el diputado Roberto León quien llevó al día siguiente el mensaje a Andrés Zaldívar, el jefe de los senadores DC. Pero este último encontró inviable la idea.
En primer lugar, porque a esa altura senadores del partido -como Hosaín Sabag- presionaban para destrabar el reajuste y, en segundo término, porque no existía la certeza de que La Moneda enviara una nueva propuesta, y la oposición podría pagar costos políticos insospechados.
El grupo que encabezaba los esfuerzos, que también integró Aldo Cornejo, no cejó en sus intentos, y aunque no logró convencer a sus pares del Senado, sí fue clave para que los diputados de la Concertación -con excepción de Andrade- rechazaran la iniciativa.
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