El columnista del diario El Mercurio, Joaquín García-Huidobro en su columna del domingo 14 de diciembre de 2014, titulada “Una huelga miserable” trata implícitamente de míseros a los profesores municipales por sostener por más de un mes un paro de actividades. Fundamenta su apelativo debido a que los grandes perjudicados son los alumnos que pierden sus clases y por ende los aprendizajes necesarios para su desarrollo académico.Miles de profesores nos sentimos miserables, cuando en las noches no podemos atender a nuestra familia como se lo merecen porque debemos destinar tiempo a planificar las clases, preparar material, revisar instrumentos de evaluación, entre otras tareas cotidianas, porque ese tiempo no lo tenemos en nuestros establecimientos educacionales municipales.
A simple vista, la argumentación parece ser sólida, pero eso implica dejar de lado una serie de elementos, a saber, las condiciones estructurales inequitativas y desmedradas del sistema de educación municipal, malamente llamada pública, respecto al resto del sistema educacional, eso es una condición de odiosa desigualdad, de miserable discriminación hacia los profesores y estudiantes más pobres.
Un segundo elemento a considerar, uno de los aspectos que los profesores exigimos es el reconocimiento y solución concreta a los miles de colegas traspasados del sector público al municipal a inicios de los años ochenta, lo que implicó una pérdida salarial que no ha sido solucionada hace tres décadas, cabe señalar que decenas de esos profesores murieron esperando su reparación monetaria y miles están jubilados a la espera de una solución.
El tercer aspecto no considerado es que muchos docentes recientemente jubilados tienen pensiones de miseria, se han convertido en proletarios una vez que han terminado su trayectoria laboral. Esto implica la necesidad de mejorar los salarios de los profesores, que es una de las reivindicaciones levantadas en estos días.
Es bueno que el señor García-Huidobro entienda que miles de nosotros nos sentimos miserables, cuando en las noches no podemos atender a nuestra familia como se lo merecen porque debemos destinar tiempo a planificar las clases, preparar material, revisar instrumentos de evaluación, entre otras tareas cotidianas, porque aunque usted no lo sepa ese tiempo no lo tenemos en nuestros establecimientos educacionales municipales.
Otro argumento utilizado para deslegitimar esta huelga docente es que el Profesor no debería tener derecho a paralizar sus actividades debido a lo estratégico de nuestro quehacer. Debo señalarle que en primer lugar, su planteamiento atenta contra nuestros derechos constitucionales que nos permite asociarnos, reunirnos y si es necesario expresar nuestras necesidades que nos puede llevar a una huelga. En segundo lugar, si nuestra función es tan relevante deberíamos tener las retribuciones monetarias acordes a ello. Pues, los médicos si no organizan paros, no es porque sean más conscientes que los profesores, sino debido a sus muy superiores remuneraciones.
Señala usted, que hacer barricadas y quemar neumáticos es impresentable, recuerdo a usted que personas como Lech Walesa al frente del Sindicato Solidaridad hacían estas acciones, y no sólo no fueron cuestionados por ello, sino que además Walesa terminó siendo Presidente de su país, Polonia.
Sí comparto con usted que este movimiento es la punta del iceberg de una problemática educacional y social que va a desencadenar nuevas movilizaciones sociales en el corto plazo.
La movilización de los docentes municipales es por recuperar la dignidad perdida bajo la dictadura, no hay un momento mejor o peor para hacerlo, sólo es necesario, y eso no nos convierte en miserables, pues sabemos que tenemos una responsabilidad social con los niños y jóvenes más pobres de nuestra sociedad, y eso, si alguien lo sabe bien, somos nosotros, los profesores municipales de Chile.
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