el eje y el futuro de la reforma educacional no se jugará solo en la creación de nuevas instituciones, sino también en lo que pase en el aula y la escuela.
Se ha hecho un hábito afirmar que sin medidas estructurales previas, como terminar el mercado, el lucro, el copago y la selección, no será posible abordar los problemas de calidad y eficacia de la educación chilena. Se dice también, acertadamente, que los temas de aula son los que mejor se relacionan con la eficacia educativa del sistema, pero junto con eso se afirma erradamente que esto se abordará sólo y simplemente al reconocer, remunerar y exigir adecuadamente a los profesores. Estas dos afirmaciones, hechas de manera dogmática, están ocultando peligrosamente una verdad esencial para que toda reforma tenga éxito: el eje y el futuro de la reforma educacional no se jugará solo en la creación de nuevas instituciones, sino también en lo que pase en el aula y la escuela.
En tal sentido, hay un conjunto de ideas, que no necesitan gran debate, que tendrían efectos directos en la eficacia del sistema escolar chileno. Veamos:
1) Alumnos por sala. Si la cantidad de alumnos máxima por sala se hubiera reducido (lo que es un mayor gasto, por cierto), muchos establecimientos municipales no habrían cerrado y esa sola medida habría facilitado el desempeño del profesor en el aula.
2) Aumento de las horas de colaboración docente. Hoy por cada 3 horas en aula, el Estado financia menos de 1 de otras actividades (planificación, trabajo con apoderados, preparación y corrección de evaluaciones, trabajo en equipo, etc.) Si se cambiara esta relación (otro gasto adicional), mejoraría el desempeño docente en aula, se reduciría el estrés docente y mejorarían los aprendizajes.
3) El currículum. Hoy el currículum es rígido y tan extenso que impide un adecuado proceso educativo. Es necesario hacerlo más descentralizado, facilitando una educación más cercana a las necesidades y realidades locales, y menos extenso, privilegiando el desarrollo del pensamiento.
4) Liderazgo y gestión educativos. Las evidencias disponibles dicen que estos factores se asocian fuertemente a las mejoras educativas. Pero hasta ahora el proceso de nombrar directivos competentes ha sido lento e insuficiente. Si este proceso se acelerara hasta cubrir todo el sistema público, habría otro factor de cambio positivo.
Todo esto prepararía adecuadamente a los establecimientos para los cambios que se vienen, especialmente los que más complicarán a las escuelas y producen más temor entre los padres, que son los que resultarán del fin de la selección adversa. No es que no se deba terminar el lucro, el copago ni la selección, que son cambios obvios para introducir equidad en la educación chilena, sino que es necesario abrir este otro frente, indispensable para que el proceso sea exitoso. Más aún, es posible predecir que sin estos cambios de índole más técnico y más locales, la reforma podría correr el peligro de naufragar en un fracaso casi irreversible, lo que los convierte en una necesidad política prioritaria.
No hay comentarios:
Publicar un comentario