En respuesta a: - Publicado: 09 .12 .2013
Todos los cursos del Liceo Técnico Profesional de Malloco
tienen a su cargo la presentación de un acto cívico a lo largo del año.
Según las fechas que correspondan, el tema varía. Y el pasado viernes
29 de noviembre, el acto era sobre el día internacional de los derechos
humanos, que debía ser preparado y presentado por el Primero Medio A.
Así estaba programado desde marzo.
Como su profesor de Historia, me correspondía guiar y dirigir la presentación del acto, desde la confección del libreto (ver libreto)
hasta la elaboración de la escenografía. Aquí es donde me detengo, pues
es precisamente éste el punto “conflictivo” para la dirección del
liceo.
En la escenografía se incluían los rostros de Nelson Mandela, Víctor
Jara y Ernesto “Che” Guevara (icono pop a estas alturas), todas en
stencil. El papelógrafo, de aproximadamente 2×2 metros, fue colgado
frente al escenario al día anterior durante el ensayo general, realizado
entre las 16:00 y las 17:15 horas. Terminamos el ensayo y dejamos el
papelógrafo colgado, listo para la presentación del día 29.
Cuando llegué al liceo cerca de las 7:45 del día siguiente, me
sorprendí al ver que el papelógrafo no estaba. Apenas crucé la entrada,
se me acercó un par de alumnos del Primero Medio A para decirme que el inspector general, Fernando Aguilera, sacó el papelógrafo, lo enrolló y se lo llevó sin dar ninguna explicación.
Ante la consulta de los alumnos, la directora les indicó que no
podrían ensayar para el acto cívico, de nuevo sin explicar nada más.
Todavía un tanto incrédulo, fui al libro de firmas y luego a la sala
de profesores, donde saludé a mis colegas mientras digería lo sucedido.
Me parecía que, como encargado del acto cívico de ese viernes, las
autoridades del liceo deberían haberme dicho algo antes de tomar
cualquier decisión. Esperé cerca de 15 minutos, pero nadie de la
dirección se acercó para aclararme lo que había pasado. Entonces, fui a
la oficina de la directora Marisol Meléndez para aclarar el asunto. Ante mi consulta, la explicación de mi interlocutora fue la siguiente:
“No tenemos ningún problema con la figura de Nelson Mandela, pero
nos parece que las figuras del “Che” y de Víctor Jara, un cantor
popular relacionado con la izquierda, están dentro de un acto político, y
como los actos políticos están prohibidos en los colegios, me podrían
revocar la autorización para ser sostenedora“.
La escuché muy tranquilamente, sin interrumpirla. Pero apenas
terminó, le aclaré que no entraría en una discusión político/ideológica
sobre ese punto –en el que claramente no estamos de acuerdo– y que lo
que realmente me preocupaba era que se procediera maltratando un
material que los alumnos habían elaborado tras dos semanas de trabajo.
Y, claro, también que se tomaran decisiones sin siquiera discutir el
asunto con el encargado del acto cívico ni consultarle acerca de la
pertinencia de estas imágenes. No me cierro a flexibilizar determinadas
decisiones que me parecen discutibles, pero lo que no puedo aceptar es
que se tomen decisiones arbitrarias basadas en prejuicios.
De ahí en adelante la discusión siguió sólo con argumentaciones poco
plausibles por parte de la directora. Antes de terminar, se integró a la
reunión otra profesora de Historia del liceo, la encargada de todos los
actos cívicos –aún no entiendo para qué la llamaron–. La directora
comenzó a dirigirse a ella para entregarle los mismos argumentos que ya
me había dicho a mí. Mi colega parecía no entender bien que era lo que
pasaba. Al final me molesté frente a lo absurdo de toda la situación y
le dije a la directora: “Le informo que Nelson Mandela también tomó las
armas en determinado momento, por lo que dentro de su lógica tampoco
debería estar en ese papelógrafo”. Luego de eso, me pidió que me
retirara.
Minutos después, la directora, el inspector, mi colega de Historia y
el profesor jefe fueron a la sala del Primero Medio A para informarles
de la situación. Nuevamente, me dejaron fuera de la discusión sin una
explicación coherente.
Sin que yo estuviera allí, les dijeron a los alumnos que no podrían
utilizar el papelógrafo. Por supuesto, los estudiantes se negaron,
especialmente su presidenta de curso, quien se enfrentó a la directora.
Ese encuentro le significó a la niña la cancelación de su matrícula para
el año 2014.
Este es el relato de lo sucedido. Ahora, me permito esgrimir una
opinión en mi calidad de docente y formador. Todo lo anterior responde a
visiones miopes de nuestra realidad que se sustentan en prejuicios
anacrónicos que se resisten a ser extirpados del discurso de ciertos
sectores. La intención por inhibir el diálogo y la discusión ante
decisiones inconsultas es lo grave, pues priva a una comunidad educativa
del enriquecimiento a instancias del intercambio de ideas. El ejemplo
para los alumnos es pésimo. Tampoco se puede dejar de lado la absoluta
falta de criterio para abordar un tema puntual, que sin duda podría
haberse resuelto a través de mecanismos dialogantes y no impositivos,
más aún si consideramos que los profesores del colegio somos adultos y
no se nos puede tratar como adolescentes. Claramente la dirección
equivocó el camino comportándose de manera autoritaria en lugar de
mostrar instancias democráticas de discusión como ejemplo educativo para
los estudiantes.
Me declaro ignorante, pues no sé si se viola alguna norma con todo lo
acontecido. Pero de lo que sí estoy seguro es que se establece un
pésimo precedente para estudiantes que esperamos se reconozcan en una
comunidad educativa inserta en una sociedad que ha establecido como
consenso el diálogo y la presentación de argumentos legítimos en
cualquier tipo de discusión o debate público o privado. No podemos
pensar que la prohibición y la censura (si corresponde aplicar este
concepto para este caso) siguen siendo instrumentos válidos para
resolver conflictos o discordancias.
*Andrés Castro Abarca es profesor de Historia y Geografía, licenciado en Educación y Magíster© en Historia.