Juan San Cristóbal | Domingo 22 de septiembre 2013 - 8:24 hrs.
Este lunes se cumplen 40 años de la muerte del poeta Pablo
Neruda. Al margen de los actos que conmemoran la figura del Premio Nobel
de Literatura, se mantiene una causa abierta, ante las versiones que
hablan de un homicidio. Hoy los restos están siendo periciados en España
y Estados Unidos, investigando una eventual intoxicación del vate que
produjera su deceso.
El poeta Pablo Neruda falleció el 23 de septiembre de 1973, en
la clínica Santa María, producto de un avanzado cáncer a la próstata,
enfermedad que se complicó luego del Golpe del 11 de septiembre y la
muerte de Salvador Allende. Sin embargo, esta versión ha sido refutada
por cercanos al poeta, obligando una investigación abierta que hoy lleva
el juez Mario Carroza.
El chofer del vate, Manuel Araya, señaló en 2011 que Neruda falleció
por una inyección letal suministrada en este centro médico, situación
oficializada en la querella del abogado Eduardo Contreras, quien en
representación del Partido Comunista, establece la hipótesis de un
homicidio ante las múltiples contradicciones en la explicación del
deceso.
Hace pocas semanas, el Servicio Médico Legal tomó muestras de ADN de
los familiares de Neftalí Reyes Basualto, permitiendo así contrastar la
información genética con los restos que están bajo análisis en Estados
Unidos y España. A juicio del abogado Contreras, el retraso en esta
diligencia es clave, al considerar los múltiples traslados del féretro
con los restos del premio Nobel.
“Esto debió hacerse 2011 cuando se presentó la querella, o cuando se
ordenó la exhumación, para saber si los restos corresponden al sujeto
investigado. No parece una cosa exitosa, imaginemos qué pasa si el
cuerpo examinado no corresponde a Pablo Neruda”, dijo Contreras.
El abogado subrayó en falencias como la pérdida de la ficha clínica
del poeta y diplomático por parte de la clínica Santa María, además de
no reconocer al llamado “Doctor Price”, quien es parte del equipo médico
que lo atiende.
A juicio de Contreras, que Neruda y Eduardo Frei-Montalva fallecieran
en esta clínica, ambos en circunstancias no esclarecidas, es motivo
para investigar: “Independiente de las pericias, si la medicina puede
encontrar restos tóxicos a tantos años, expuesto además a humedad y
salinidad. Que este probado que son los mismos médicos que trataron a
Frei Montalva, las mismas enfermeras en las mismas circunstancias,
inventando a un Dr Price y dar tres versiones distintas, da impresiones
de que estamos sin duda ante la presencia de un delito”.
Por su parte, el chofer de Pablo Neruda, Manuel Araya, declaró que el
vate no estaba grave al momento de ser trasladado de Isla Negra a
Santiago, tampoco con pérdida de peso, en respuesta a una supuesta
caquexia que derivaría en su muerte. Araya señala que continuarán los
peritajes internacionales para refutar la tesis de una muerte natural.
“Neruda fue asesinado por esa inyección. Hay que esperar los
resultados, pero no pararemos en esa parte, hay otros países que quieren
hacer peritajes. Están los familiares, el PC y los abogados, vamos a
luchar hasta el último por esclarecer la verdad”, dijo Araya.
El poeta chileno falleció un domingo, a pocas horas de viajar al
exilio en México. Este punto permite inferir una participación de
terceros en su muerte, evitando que se configurara como el principal
rostro en el exterior que denunciara la dictadura de Augusto Pinochet.