A
los 11 años Yancarla tuvo una grave crisis hepática. Había sido violada
en tres oportunidades por un familiar, lo que le provocó daños
sicológicos graves. Las juezas debían mendigar un cupo en los hogares
del Estado. Murió a los 16 años sin recibir tratamiento adecuado. Su
historia grafica el resultado de una exhaustiva investigación al
funcionamiento de los hogares donde el Estado supuestamente protege a
los niños cuyas familias los maltratan o abandonaron. La violencia y el
abuso son problemas extendidos en el sistema. El estudio, fruto de un
convenio Unicef-Poder Judicial, no se difundió. Tampoco se llevaron a
tribunales los delitos encontrados.
Vea además:
- “Niños protegidos por el Estado: los estremecedores informes que el Poder Judicial mantiene ocultos”
- Entrevista con representantes de Aldeas Infantiles SOS: “Tenemos discrepancias… pero el informe de la Comisión Jeldres sí es un aporte”
Hace dos semanas TVN exhibió un reportaje estremecedor sobre la
historia de dos hermanos que hace cuatro años fueron internados por
abandono en un hogar en Padre Las Casas, dependiente de las Aldeas SOS,
institución que acoge a cerca de 1.400 niños a lo largo de todo Chile.
Tenían entonces 5 y 8 años, y lo que era una medida para protegerlos y
cuidarlos, se transformó en un infierno que los ha destruido. El niño
menor fue abusado y el mayor fue obligado a presenciar esa tortura.
Según la investigación judicial aún en curso, el autor sería un adulto
que prestaba servicios para el colegio al que iban los niños de la
Aldea. Los abusos ocurrieron en forma reiterada y cuando SENAME decidió
entregarlos a sus parientes, ya no eran niños abandonados simplemente,
sino niños con graves problemas psiquiátricos. Hoy con 9 y 13 años,
ambos han tenido intentos de suicidio.
El menor de los hermanos no logra diferenciar una caricia afectuosa
de un acercamiento sexual y no deja que nadie lo toque. El mayor ha
tratado de abusar de su hermano. Lo tíos que los recibieron creen que no
deberían estar en la casa sino en un centro especializado recibiendo
ayuda psiquiátrica. La tía narró a TVN que el mayor estuvo acosando a un
chico de 5 años en el colegio y teme que si no recibe tratamiento se
transforme en un psicópata. Pero el sistema público que lo llevó hasta
este límite, no tiene oferta de tratamientos para casos como el suyo. Al
menos no lo tenía hasta antes de que se emitiera el programa, porque
cuando salió al aire, apareció de inmediato una solución. Nadie sabe si
eso durará cuando el medio se olvide del tema. (Ver reportaje de TVN)
La investigación que obtuvo estos datos costó cerca de $200 millones
al Poder Judicial y es el resultado de un convenio firmado entre la
Unicef y ese poder del Estado. Para obtener la información fueron
visitados 60 hogares en 10 regiones, se confeccionaron fichas de 6 mil
500 menores (unificando la información muchas veces contradictoria que
tenía el SENAME y los tribunales); se encuestaron a casi 400 niños, y se
realizó una revisión profunda del trabajo de la Aldeas SOS, entre otros
instrumentos aplicados.
La investigación fue dirigida por la jueza Mónica Jeldres y
participaron las magistradas de familia Patricia Rivera, Alejandra
Valencia, Cecilia Ruiz, la abogada Paulina Gómez y la socióloga de
Unicef Carolina Bascuñán. En cada visita a regiones contaron con la
participación de jueces locales que aplicaron las encuestas en los
hogares colaboradores del SENAME.
En marzo de este año los datos de esa investigación estaban
sistematizados y dejaban clara la masividad del abuso sexual, de la
violencia en el trato y el incumplimiento de muchos de los derechos que
tienen los niños que viven en el sistema residencial.
Solo tomando en cuenta las encuestas hechas en 10 regiones (sin
contar lo encontrado en la Aldeas), la Comisión Jeldres identificó 28
hogares con antecedentes de violencia de adultos contra niños; 45
hogares con datos de violencia entre menores; 9 hogares con antecedentes
de abusos sexuales cometidos por un adulto contra un niño; y 10 hogares
con datos de abuso sexual entre niños internos. En términos globales la
Comisión encontró situaciones de alto riesgo en más de la mitad de las
residencias visitadas. (Ver tablas: Antofagasta, Valparaíso y Maule. Casos de riesgo medio y alto).
El informe consigna decenas de testimonios como estos:
- Niñas de un hogar de Antofagasta denuncian a compañera que abusa sexualmente de otras internas. Se presume que estaría en una red de explotación sexual. Las niñas dicen que los antecedentes fueron remitidos al tribunal competente y al SENAME y no se han tomado las medidas del caso.
- Niño de 13 años de Arica denuncia haber sido víctima de abusos sexuales por parte de un adulto y por otro adolescente al interior de la residencia. En el mismo hogar, otro niño de 13 años denuncia agresiones físicas y psicológicas por parte de un adulto al interior de la residencia.
A esos casos hay que agregar los testimonios encontrados al interior
de las Aldeas Infantiles SOS que fueron examinadas en detalle por la
Comisión.
Aunque aparentemente el SENAME indagó algunos de estos temas, lo
cierto es que el material recopilado por la Comisión no se ha traducido
en la intervención de centros ni en la apertura de procesos en la
justicia. El tenor de las situaciones detectadas, en las que figuran
delitos, requería una intervención judicial y no sólo administrativa. Y
esa intervención sigue esperando, mientras la información que podía
ayudar a mejorar el sistema se está transformando en una polémica por
ocultamiento de información que ha escalado hasta el Parlamento.
¿Por qué el Poder Judicial cambió de actitud ante un estudio en el
que sus propios jueces fueron protagonistas? No está claro. Lo cierto es
que en enero de este año el equipo de Jeldres fue intervenido. Según
fuentes consultadas por CIPER, la nueva magistrado a cargo, Gloria
Negroni y el ministro encargado de la Reforma de Familia en la Corte
Suprema, Héctor Carreño, habrían decidido no traspasar esta información
porque estimaban que los estudios tenían problemas metodológicos.
Sin embargo, según los antecedentes obtenidos por CIPER, la Unicef
defendió ante la Corte los estudios y recomendó usar el material. Esto
quiere decir que ante la constatación de situaciones de “alto riesgo”,
se les pedía a los jueces “la intervención inmediata de la residencia y
la necesidad de investigar y realizar audiencias reservadas con los
niños”.
Para Aldeas SOS, el informe sí tenía problemas metodológicos, pero
estaban de acuerdo con difundirlo. Así lo afirmó a CIPER Alejandra
Riveros, asesora de la institución, quien puntualizó que consideraban
que “el informe sí es un aporte” (Ver entrevista).
Uno de los reparos que plantea Riveros se relaciona con la cantidad de
abusos cometidos por adultos contra menores. La Comisión obtuvo ese dato
al encuestar al azar 70 niños de cinco Aldeas. En dos de ellas los
niños acusaron el abuso cometido por un adulto. La institución quiso
precisar que no eran sus profesionales los implicados, sino otras
personas.
El otro reparo con el informe se refiere a qué se entiende por abusos
sexuales. Ese punto nos adentra en una de las partes más sórdidas de
esta realidad. Explica Riveros:
-El informe se refiere a “abusos sexuales”, mientras que nosotros los
reconocemos como “abusos intraresidenciales”, lo que es distinto.
Estamos hablando de niños de 5, 6, 8 ó 9 años que se abusan entre ellos.
Cuando hablamos de eso nos referimos a “abusos y juegos erotizados”,
porque en rigor no hay una relación abusiva de poder entre niños ni
tampoco una violación.
-Si eso no es abuso sexual, ¿entonces qué es?
-Grafiquemos lo que pasa para que se entienda. Estamos hablando de niños pequeños que vienen con una historia de vulneración y, por ejemplo, en las noches se meten a la cama de otro para explorarlos sexualmente. ¿Es una conducta indebida? Por supuesto que sí, no procede, pero ellos no lo tienen así internalizado. Cuando la gente no sabe, es fácil que digan que en Aldeas Infantiles hay alrededor de 100 niños que se abusan y se violan entre sí y que nosotros prácticamente lo permitimos y sólo somos observadores. Pero no es así. Otro ejemplo, el caso de un niño de 9 años que abusó de otro de 7. Le bajó los pantalones y obligó a un tercer niño a que le hiciera sexo oral. ¿Corresponde? Claro que no. ¿Es una situación abusiva? Por supuesto que lo es, pero no es una situación de abuso sexual en términos delictuales.
-Grafiquemos lo que pasa para que se entienda. Estamos hablando de niños pequeños que vienen con una historia de vulneración y, por ejemplo, en las noches se meten a la cama de otro para explorarlos sexualmente. ¿Es una conducta indebida? Por supuesto que sí, no procede, pero ellos no lo tienen así internalizado. Cuando la gente no sabe, es fácil que digan que en Aldeas Infantiles hay alrededor de 100 niños que se abusan y se violan entre sí y que nosotros prácticamente lo permitimos y sólo somos observadores. Pero no es así. Otro ejemplo, el caso de un niño de 9 años que abusó de otro de 7. Le bajó los pantalones y obligó a un tercer niño a que le hiciera sexo oral. ¿Corresponde? Claro que no. ¿Es una situación abusiva? Por supuesto que lo es, pero no es una situación de abuso sexual en términos delictuales.
Rivero añade que, pese a los reparos, Aldeas estaba de acuerdo en dar
a conocer el informe en un seminario. Pero explica que el nuevo equipo
que se hizo cargo “no avaló el informe”, y “suspendieron el seminario
porque la persona que podía presentarlo era alguien que ya no estaba a
cargo”.
A las Aldeas, en realidad, les interesaba visibilizar sus problemas
porque lo que está detrás de ellos es un asunto de financiamiento. “Eso
es lo que le enrostramos a las autoridades. Porque con educadores que
reciben un sueldo de $250.000, con una subvención del Estado por niño de
$130.000 al mes, no podemos trabajar estas problemática de abuso”, dice
Riveros. Concluye: “Todas las instituciones que contamos con este tipo
de programas optamos por hacer de este informe una oportunidad para
sentarnos con los involucrados y los actores que pueden tomar
decisiones, inyectarle más recursos al sistema y generar nuevas
políticas”.
Tanto los datos obtenidos por CIPER en Unicef como en Aldeas, parecen
situar la paralización de los informes en un problema interno del Poder
Judicial, y no en una verdadera deficiencia técnica de los estudios.
EL ROL DEL JUEZ: MENDIGAR O EXIGIR
La investigación de la Comisión también dio cuenta críticamente de
una serie de prácticas dentro del sistema que afectaban al SENAME y a
los tribunales. Modos de actuar del aparato público que le impiden dar
respuesta adecuada a las necesidades de los niños. El caso de Yancarla
Muñoz Díaz ilustra bien una práctica que puede describirse como la
burocratización extrema e inútil de la vida de una niña. Su historia se
le presentó en 2010 al entonces ministro de Justicia Felipe Bulnes, como
parte de un grupo de ejemplos dramáticos -pero frecuentes- donde el
sistema está sobrepasado. Los casos provocaron impacto en los medios
producto de la difusión de una foto donde una joven con graves problemas
neuronales estaba amarrada a una silla en un centro de Coanil. (Ver foto)
La presentación de estos casos ante Bulnes no buscaba culpar a las
instituciones vinculadas a estos niños, sino mostrar que esa era la
realidad dado los pocos recursos. En el caso de la niña atada, ella
tenía que estar bajo permanente control pues podía atentar contra su
vida. Y el único cuidado al alcance del presupuesto era amarrarla.
Cuando CIPER contó su historia en 2010, los médico opinaban que no
resistiría otra intervención. Y debatían si era justo darle otra
oportunidad tomando en cuenta la lista de pacientes en espera de un
hígado (Ver reportaje)
A las juezas que veían su causa, que la mandaban a buscar cuando se
escapaba, les decía que se quería morir. Y las juezas debían “mendigar”
un cupo en hogares que, a medida que ella caía más hondo, eran más
incapaces de contenerla. Al final, Yancarla era dejada donde se pudiera.
El Calvo Mackenna se transformó para la niña en una especie de hogar,
aun en los momentos en que estaba sana.
Ana Puga, psicóloga de ese hospital, informó al tribunal en 2007 que
la niña llevaba mucho tiempo internada pero no por razones de salud,
sino porque el sistema no tenía dónde atenderla. Aislada en un box, con
una familia que no la recibía, sin residencias que pudieran hacerse
cargo de ella, Yancarla tenía conductas cada vez más agresivas. En un
certificado médico enviado en febrero de ese año al tribunal, se
afirmaba: “El hospital no tiene las condiciones para cuidar un niño
sano. Se hace urgente que se ubique un lugar adecuado para ella. Ha
sufrido cambios de salud, ha sido abusada, está alejada de su madre y
encerrada en un hospital. Tiene razones para esta exasperada pues no
estamos resolviendo adecuadamente sus demandas de protección y cuidado”.
Yancarla pasó por una veintena de magistrados, los cuales dictaron un
sinfín de medidas sin llegar a nada concreto. No es que no se supiera
qué necesitaba, se sabía desde el primer momento: “Recluirla en una
clínica psiquiátrica por largo tiempo y con psicoterapia cuatro veces
por semana”, según escribió un facultativo al tribunal.
Pero ese tipo de soluciones no las ofrece el sistema público. El ex
ministro Bulnes se interesó en el problema, generó reuniones. Pero del
Ministerio de Justicia pasó a Educación y todo quedó en nada.
Recientemente Salud comenzó un plan piloto para atender estos casos.
Pero lo cierto es que hoy el país, que acaba de ser incluido por el Banco Mundial entre las naciones de ingresos altos, sigue sin tener atención para una niña como Yancarla.
A medida que pasaban los años Yancarla se volvía mas incontrolable,
algunos operadores opinaban que solo cuando muriera, el sistema
reaccionaría y cambiaría en algo.
Yancarla murió el 30 de junio de 2012, en Purén. Tenía 16 años. Y por
supuesto nunca vio ni un solo cambio en su situación. Entre los
operadores del sistema de protección, para quienes Yancarla era tan
conocida como el niño apodado Cisarro (otro menor que no ha
encontrado solución en el sistema desprotección), circuló un email que
afirmaba “Dios quiso llevársela joven”. La frase, por supuesto, es una
mentira y una crueldad.
Según los datos del propio SENAME los casos extremos, como los de los
hermanos abusados mientras estaban bajo el cuidado de las Aldeas SOS,
serían hoy unos 1.500. Para ellos, como para Yancarla, el sistema no
tiene respuestas y sus expedientes son un permanente salto inútil de una
institución a otra. En muchos casos se impone la lógica de que hay que
hacer lo que se puede, trabajar con lo que hay.
En la motivación del trabajo de la Comisión Jeldres, sin embargo,
hubo una lógica distinta. El mensaje que transmitía el equipo era que el
juez tiene que exigir que se garanticen los derechos del niño. En
virtud de los acuerdos internacionales firmados por Chile, si un niño
necesita atención psiquiátrica, el juez está obligado a ordenarla y el
sistema debe responder a esa atención. Y si no tiene el recurso, debe
generarlo. Es problema del Ministerio de Salud proveer esa atención.
Este mensaje, que transforma a los jueces en activos agentes de la
protección de los menores, era transmitido en las “jornadas de
transferencia técnica” que realizó la Comisión en las 10 regiones
visitadas. Esa actitud, por supuesto, pretendía volver al juez un
personaje molesto para las otras instituciones y tal vez eso pueda
explicar la intervención que sufrió el proyecto.
Paulina Gómez, doctora en Derecho, quien formó parte de la Comisión, defiende esa opción:
-En caso de vulneración grave de derechos, el juez debe ordenar que el niño reciba la prestación de salud que necesita, lo que no es otra cosa que exigir que se cumpla con las obligaciones básicas. Si la autoridad no cumple, se le decreta el pago de una multa o el arresto. Ante el anuncio del apremio, las autoridades administrativas -que conocen de sobra sus obligaciones-, como regla general, cumplen. En el caso de un niño con necesidades urgentes de salud, lo que el juez decreta es que la autoridad resuelva la prestación en un plazo determinado, tenga o no disponible esa prestación en el área pública. Y es la propia autoridad la que determina muchas veces que la prestación se realice en una institución privada con cargo al presupuesto de Fonasa -explica Gómez.
La abogada estima que si los jueces crecientemente exigieran el
cumplimiento de los tratamientos que necesitan los niños, “las
autoridades deberían rediseñar sus programas de acción y presupuestos”. Y
los niños tendrían sus tratamientos.
Sin embargo, los jueces no están haciendo eso. “Muchos no están
seguros de que, en el caso de que la autoridad pública decida no cumplir
la orden judicial y opte por recurrir de amparo ante las Cortes de
Apelaciones, éstas no apoyen su actuación y consideren arbitrario el
apremio, sumándose de ese modo a la ilegítima postura de que no existen
recursos”, afirma Gómez.
La abogada Paulina Gómez considera que esta es una vía que los jueces
deben transitar y llegar hasta la Corte Suprema. “Y si es la propia
Corte Suprema la que no permite la efectivización de los derechos de la
niñez y la adolescencia, habrá que acudir a la Comisión Interamericana
de Derechos Humanos para que clarifique al Estado de Chile cuál es el
correcto sentido de la vigencia efectiva de los derechos fundamentales y
los deberes y responsabilidades de cada autoridad estatal al respecto”.
En ese sentido, la mirada impulsada por la Comisión Jeldres abre un
debate de fondo que no debiera darse solo en el ámbito judicial, pues
implica muchas definiciones sobre lo que una sociedad considera justo y
bueno. ¿Son las presiones judiciales la manera de conseguir un cambio en
el presupuesto de un gobierno? Y si los jueces no presionan, ¿quién
evitará que niños como los hermanos abusados en las Aldeas SOS, o Cisarro,
o Yancarla, mueran o dañen a otros? Si el Ejecutivo se contenta con la
ceremonia de firma de los Derechos del Niño pero no provee los recursos
necesarios para que se hagan efectivos, ¿quién va a evitar que año tras
año se repitan las mismas realidades, que nuevos informes y nuevos
reportajes simplemente actualicen lo que ha pasado siempre?
INFORME SOBRE LAS ALDEAS
Uno de logros de la Comisión fruto del acuerdo Unicef-Poder Judicial
fue develar prácticas asentadas en las instituciones que se reproducen
sin reflexión y que atentan contra los derechos de los niños. Por
ejemplo, el no preocuparse de la distancia a la que un niño internado
queda de su familia. ¿Cómo se pueden recomponer los lazos cuando se
trata de familias pobres para las que es difícil financiar un viaje de
100 kilómetros a la semana? La distancia ocasionaba así que muchos niños
quedaran abandonados.
En la Aldea SOS de Ancud, por ejemplo, la comisión estableció que de
los 86 niños, 59 (69%) se encontraban a más de 100 kilómetros de su
comuna de procedencia y “un 33% se encontraba en situación de completo
abandono”.
La comisión repara en que el juez que lleva la causa de algunos de
estos niños no hace observaciones sobre el desarraigo comunitario ni la
lejanía con la familia con la que supuestamente está trabajando. A nadie
le resulta extraño que con esa lejanía se pueda generar algún vínculo
que devuelva a los niños a su hogar.
En la mayoría de los hogares visitados el abandono no baja del 20%,
con casos extremos como los de Puerto Varas donde el abandono llega al
37% y Padre Las Casas, 32 por ciento.
Como se ha dicho, una de las piezas centrales del trabajo de la
Comisión fue la intensiva investigación realizada sobre las Aldeas
Infantiles SOS, una de las instituciones de acogida más grandes de Chile
que atiende al 10% de todos los niños que llegan al sistema de
residencia. Aldeas tiene el gran mérito de que financia con recursos
propios la mayor parte de las atenciones que presta.
Según el Informe Jeldres, “prácticamente, el 75% del financiamiento
por niño/a proviene de capital privado”. Para los investigadores tenía
otro mérito más que justificaba examinarlas con detención. Por sus
características, “muchas de las dificultades mostradas no son privativas
de esta organización, y más bien responden a las falencias que presenta
todo el sistema residencial en general”, dice el informe.
Es decir, los problemas detectados en las Aldeas son también los
problemas del sistema entero. Por ejemplo, el problema de la larga
institucionalización de los niños. La comisión detectó 88 jóvenes sobre
los 18 años viviendo en las Aldeas, los cuales habían pasado en promedio
¡13 años! dentro de sus hogares. Es decir, dejaron el ambiente familiar
siendo muy niños, crecieron dentro de la institución y eso los hizo
dependientes de ella. Esa institucionalización, “lejos de ayudarles pudo
haberlos dañado aún más para su integración socio-laboral y
comunitaria”, refiere el documento.
En una Aldea del sur, la Comisión encontró dos hermanos que
ingresaron a los 4 y 6 años en 1998 y hoy siguen viviendo allí. Al no
existir una causa asociada a ellos en el sistema de los tribunales de
familia (SITFA), “es imposible determinar la causal de ingreso y la
razón que los ha mantenido allí durante 14 años”, dice el informe.
Otro caso similar: “Mujer de 24 años que ingresó a los dos años
de edad. No existe ningún antecedente de porqué permaneció
institucionalizada durante más de 20 años sin buscar alternativa
alguna”.
Aldeas SOS, como muchas instituciones de residencia, tiene una
política orientada a quedarse con los niños por largo tiempo. Según
afirman ellos, desde la firma de la Convención de los Derechos del Niño,
Aldeas ha cambiado su política al respecto. Sin embargo, la Comisión
establece que de 70 niños y niñas de la Aldea que fueron declarados
susceptibles de adopción, 50 estaban con sentencias ejecutoriadas, pero
solo cuatro habían sido enlazados con una familia (había una familia
identificada con la que se estaba avanzando en el proceso de adopción).
La Comisión critica que Aldeas trabaja “muy poco o nada en la
búsqueda de familias de acogimiento”, y se consulta: “cuál es el sentido
que se le da a la declaración de susceptibilidad de adopción”, si sólo
se logra el objetivo en un 8% de los casos con sentencias ejecutoriadas.
NIÑOS INVISIBLES
En su informe la Comisión precisó que de los 1.112 niños y jóvenes
que fueron visitados en las Aldeas, la mitad son financiados por el
SENAME y la otra mitad los mantiene la Aldea con recursos propios.
Aunque parezca descabellado, los niños que tienen financiamiento SENAME
corren una suerte bien distinta de los niños que no la tienen.
No recibir subvención implica que el niño no está en el registro
informático de SENAME. Y por lo tanto, SENAME no supervisa su
situación. Ese hecho significa que los niños que carecen de subvención
“no siempre tienen la posibilidad de ejercer su derecho a vivir en una
familia, ni que la autoridad administrativa o legal pueda revisar su
proceso de intervención familiar para asegurar la transitoriedad de la
medida de internación”. Según el informe, la existencia de niños sin
financiamiento SENAME “ha dificultado que el Estado tenga el mismo nivel
de supervisión que aquellos niños que sí reciben subvención”.
Sin embargo, fue posible observar que la mayoría de los niños “sin
subvención” sí contaban con un Plan de Intervención, aunque no tuvieran
diagnóstico. Así ocurría en la Aldea de Padre de las Casas y en Curicó,
donde ninguno de los niños tenía diagnóstico, sin embargo, el 80% tenía
un Plan de Intervención diseñado. ¿En base a qué se había construido
ese plan?
Tras estos casos la Comisión se forma la convicción de que las Aldeas
trabajan con los niños subvencionados por SENAME con “un enfoque
mayoritariamente orientado hacia el egreso con padres biológicos”. Los
que no tienen subvención, los que no están en la red y no son
supervigilados por el aparato público, “registran un mayor número de
planes con enfoque en la vida independiente y el cuidado en la
residencia hasta la mayoría de edad”, por lo que su internación se
prolonga.
De este modo los que no reciben subvención tienen un 42 % de
posibilidades de volver con su familia de origen, porcentaje que sube al
58 % en el caso en que sí están subvencionados.
Es importante aclarar que el hecho de ser un niño con subvención o no
y qué cambios esto puede acarrear para su tratamiento y su destino, no
depende del niño ni del drama que le toca vivir. Simplemente ocurre que
si el SENAME paga ocho cupos en un hogar y esos ocho cupos están llenos,
el niño o niña número nueve se transforma en un “niño privado”: con una
nula súper vigilancia de parte del SENAME y una tendencia mayor que los
otros ocho niños a ser criado dentro de la institución.
A todas luces, diferencias como ésta no tiene justificación. Y
parecen prolongarse en el tiempo porque simplemente los niños
abandonados no son capaces de exigir sus derechos.