Como “la abuela que enfrentó a los encapuchados” fue
presentada por la prensa la abogada de 74 años Mónica Araya. Su imagen
fue difundida profusamente por los medios tras la multitudinaria marcha
estudiantil de este jueves 11, cuando encaró a un grupo de jóvenes que,
con el rostro cubierto, destruían señalética y semáforos en la esquina
de Bandera y General Mackenna para provocar un enfrentamiento con
Carabineros.
La temeraria acción de la abogada fue destacada por versión digital del diario La Tercera en una nota titulada “Súper abuela enfrenta a encapuchados y les da su correctivo en plena marcha”. Algo similar hizo El Mercurio, en su edición del viernes 12: “Mujer de 74 años increpó e intentó sacarles la capucha a jóvenes violentistas cuando hacían desmanes”. Y en el portal Terra se destacó la amplia difusión que tuvo en Twitter el forcejeo de la abogada con los “encapuchados”.
Pero fue el canal CNN Chile el medio que entregó los antecedentes más
impactantes sobre la historia de Mónica Araya. En una entrevista de 28
de minutos, los periodistas Mónica Rincón y Daniel Matamala conversaron
con la abogada, quien ante las cámaras señaló que ella es hija de
detenidos desaparecidos y madre de uno de los jóvenes ejecutados en 1987
por la CNI en la Operación Albania.
“Luché también contra la dictadura y estuve en las calles porque
tengo mis padres que están detenidos desaparecidos y tengo un hijo
ejecutado. Luchábamos para volver a la democracia y hoy día los jóvenes
tienen un proyecto, un sueño, y ese sueño no se puede quedar en esto de
destruir un semáforo, una señalética, saquear un local comercial. Eso no
corresponde”, dijo Mónica Araya (vea la entrevista).
“Soy hija de Bernardo Araya Zuleta y María Olga Flores Barraza. Mis
padres están detenidos desaparecidos (…), los detuvieron en la casa de
Quintero, junto a mis hijos y mis sobrinos y un tío (…). He caminado por
justicia desde 1976”, agregó.
Ella misma, según contó en CNN Chile, fue secuestrada en 1985 junto a
un grupo de profesores que fueron sometidos a torturas cuando se
produjo el brutal asesinato de José Manuel Parada, Santiago Nattino y
Manuel Guerrero, episodio conocido como “caso degollados”.
A su juicio, es probable que la violencia que se vivió en dictadura
sea el origen del “resentimiento” que hay en los jóvenes que provocan
desmanes. Por eso, llamó a los padres a “inculcar a los hijos lo que se
vivió y que no lo volvamos a vivir”.
Sobre las demandas estudiantiles, dijo: “Tengo cinco nietos y un hijo
que debe cuatro millones y medio de pesos por un crédito que no ha
podido pagar y está en Dicom”. Por eso ha participado en otras marchas,
pero esta fue la primera en que enfrentó a encapuchados: “Me salió del
alma. No sacan nada con destruir una señalética, después la pagamos
todos nosotros y lo único que van a hacer los canales, la prensa en su
conjunto, es que van a sacar todo lo que se ha destruido y no lo que fue
favorable a la marcha”.
Respecto de los precandidatos presidenciales que han ofrecido mejorar
la calidad de la educación y el fin del lucro en la enseñanza, dijo que
“debieron estar en el marcha”. Y agregó que los políticos “tienen que
aprender a bajar y escuchar a estos grupos sociales. ¿Por qué tiene que
esperarse que la gente se manifieste y se organice? Si no es limosna lo
que se pide, tienen que ser escuchados”. Los políticos y los
parlamentarios, señaló, deben trabajar más cerca de la gente: “Mi padre
fue parlamentario. Mi padre fue un obrero y el Partido Comunista lo hizo
un gran parlamentario”. Por eso, su mensaje a los jóvenes es que deben
prepararse para que ellos sean “los que mañana estén en el Parlamento”.