Viernes, 12 de octubre de 2012
Numerosos indígenas amazónicos fueron esclavizados por los empresarios del caucho.
Los indígenas de la región
amazónica han recordado en silencio durante cien años la humillación, el
dolor y la muerte ocasionados a inicios del siglo XX por la explotación
del caucho.
Pero este 12 de octubre uitotos, boras, okainas y
muinanes conmemoraron públicamente la tragedia, convencidos de que un
mejor futuro no puede prescindir de las enseñanzas del pasado.
"El objetivo es revisar lo que pasó
hace cien años y convertir toda esa mala historia en cosas buenas para
el beneficio de la nueva generación", le dijo a BBC Mundo Jesús Teteye,
taita (médico tradicional) del pueblo bora, una de las tribus que
estuvieron a punto de ser diezmadas por los empresarios del caucho.
"Tenemos una historia tan grande, tan fuerte,
tan dolorosa… Pero los ancianos ya están cerrando parte de esa historia
para, como decimos por aquí, "abrir el nuevo canasto'", explicó por su
parte Raúl Teteye, rector del colegio indígena que ahora opera en la
infame "Casa Arana", en La Chorrera, en el departamento colombiano de
Amazonas.
"Los ancianos ya están cerrando parte de esa historia para, como decimos por aquí, 'abrir el nuevo canasto'"
Raúl Teteye, indígena bora
La "Casa Arana" es el centro de la
conmemoración, que reune a indígenas llegados de Perú y Brasil, así como
representantes de la comunidad internacional y del gobierno colombiano.
La edificación era, hace cien años, el principal centro de acopio de caucho de la zona.
Y su propietaria, la peruano-británica Peruvian
Amazon Company, hizo su fortuna explotando brutalmente a los pueblos
indígenas amazónicos, mediante la amenaza, la tortura, la esclavitud y
el asesinato.
Genocidio
Para Jesús Teteye hay que convertir "la mala historia" en cosas buenas para la nueva generación.
Los abusos de la cauchería fueron documentados
en su momento por el cónsul británico en Manaos, Roger Casement, el
protagonista de la novela de Mario Vargas Llosa "El sueño del celta".
Según su "Libro azul del Putumayo", publicado en
1912, para esa fecha más de 40.000 indígenas habían fallecido durante
la primera fiebre del caucho.
Y como resultado de las denuncias de Casement, la Peruvian Amazon Company se desintegraría un año más tarde.
La "Casa Arana", sin embargo, continuaría
operando hasta 1932. Y los indígenas de la zona estiman en 100.000 el
total de las vidas perdidas por causa de los abusos de los empresarios
del caucho.
"Fue un genocidio. Es algo que casi no se conoce
en el mundo afuera de Colombia, pero tiene una importancia tremenda y
mucha relevancia en asuntos de derechos humanos, medio ambiente,
derechos indígenas, inversión", le dijo a BBC Mundo el embajador del
Reino Unido en Colombia, John Dew, uno de los invitados al acto.
"Y es importante mostrar con mi presencia que
los tiempos han cambiado y que tenemos el mismo compromiso con los
derechos humanos hoy día que teníamos en la época de Casement", agregó
el diplomático británico.
Para Raúl Teteye, por su parte, la actividad
también es una oportunidad para que los gobiernos de Colombia, Perú,
Brasil "y sobre todo la Gran Bretaña, que fue la que financió parte del
dinero con el que se hizo la empresa acá, puedan hacer hacia el futuro
enseñanza a sus jóvenes de como se degrada una persona humana, de como
un ser humano puede ser tan horrible para el ser humano como lo fue en
esa época de la Casa Arana".
"Estamos trabajando para tener esa esperanza hacia el futuro", le dijo además a BBC Mundo.
"Pero sin desconocer nuestra historia tan
dolorosa. Sabiendo que, en cualquier momento, en otras partes o en este
mismo lugar, puede volver a suceder" agregó.
Disculpas
La ocasión también estuvo marcada por las
disculpas que el presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, ofreció en
nombre del estado colombiano.
"A las comunidades de los pueblos Uitoto, Bora,
Okaina, Muinane, Andoque, Nonuya, Miraña, Yukuna y Matapí, a todos pido
perdón por sus muertos, por sus huérfanos, por sus víctimas", dijo el
mandatario en un mensaje enviado desde Bogotá.
"Estas comunidades nos han convocado a
nombrarlos hoy, a reconocerlos, a honrarlos, a reconstruir con ellos la
memoria de esos hechos. Sus hijos y sus nietos hoy nos convocan a pedir,
en nombre del Estado colombiano, perdón por su tragedia", dijo el
presidente, quien tenía originalmente previsto asistir a la
conmemoración, pero se vio obligado a quedarse en la capital colombiana
por recomendación médica.