Publicado: 11.09.201
La
construcción de la carretera que permite ir por tierra desde el
Pacífico peruano, cruzando por la Amazonía boliviana, hasta el Atlántico
brasileño, tomó 30 años y costó una fortuna. En esta segunda entrega de
la serie de reportajes que realizó CONNECTAS,
se cuentan los detalles del largo proceso que culminó con la
Interoceánica hecha realidad. Una obra que se transformó en la insignia
de varios gobiernos y en una audaz apuesta al desarrollo económico
sudamericano, pero que a un año de terminada, aún no arranca.
Vea también La autopista de la selva I: Se abre el Amazonas
El 11 de Agosto de 2004 los presidentes de Brasil, Luis Ignacio Lula
da Silva; de Perú, Alejandro Toledo y Carlos Mesa de Bolivia pusieron la
primera piedra para construir un puente de 240 metros sobre el río
Acre, en la frontera entre Brasil y Perú. En esa ceremonia se destrabó
por fin un sueño que los países suramericanos habían acariciado por
muchos años: contar con una carretera que uniera al océano Atlántico con
el Pacífico por el centro de Suramérica.
Un año después de que su país aportara 12 millones de dólares, Lula y
los presidentes vecinos inauguraron el puente. “Estamos transformando
en realidad el inmenso potencial de cooperación… trabajamos para
garantizar que la Amazonía no siga siendo una región marginada”, dijo el
Presidente brasilero en un discurso que parecía prematuro, pues
entonces faltaba construir y adecuar 2.600 kilómetros de carretera en el
lado peruano, parte de ésta atravesando selva.
La idea de construir semejante obra nació hace tres décadas, cuando
los gobiernos militares de Brasil abrieron varias vías para llegar a sus
pueblos más apartados, y los peruanos hicieron otras para conectar la
selvática región de Madre de Dios al suroriente, con su zona andina
central, que incluía hacer el puente sobre el río que le da el nombre al
departamento en la capital, Puerto Maldonado. Para ello transportaron
hasta allá unos gigantescos armatostes metálicos, pero la obra no se
hizo y éstos quedaron arrumados oxidándose por varios años. El gobierno
de Alberto Fujimori mejoró estas vías en los años 90, pero nunca
llegaron a ser realmente transitables.
Brasil avanzó rápidamente con su parte. En 2002 ya había pavimentado
la vía hasta la frontera con Perú, pasando al lado de la población de
Cobija en los límites de la selva boliviana. En Perú, dificultades de
presupuesto y normas adversas demoraron el megaproyecto. Por fin, el
gobierno de Alejandro Toledo (2001-2006) consiguió que el Congreso
declarara la continuación de la Interoceánica del lado peruano como obra
de necesidad pública y esto le facilitó contratar la construcción.
Por los afanes políticos, el proyecto se sacó adelante con premura, y
luego, aparecieron mayores valores por fallas en la ingeniería y surgió
la polémica de si los estudios de impacto ambiental y social no se
habían quedado cortos frente a una obra que afectaría un amplio sector
del Amazonas. De hecho esta es la única vía que cruza el pulmón del
mundo.
Como Perú no tenía los 820 millones de dólares que costaba hacer la
carretera de su lado, desde la selva hasta la costa Pacífica, Brasil le
prestó más de la mitad del dinero y los otros 300 millones los buscó en
la banca internacional que exigió una garantía por ese valor que fue
otorgada por la Corporación Andina de Fomento (CAF), que luego cambió de
nombre a Banco de Desarrollo de América Latina. La más grande
multinacional constructora de Brasil, Odebrecht, lideró junto con otras
firmas de ese país, los consorcios que ganaron los cinco tramos en que
fue dividida la concesión de la vía peruana que fue adjudicada por 25
años. Según los contratos, en los primeros cinco años los concesionarios
construirían la carretera con los recursos obtenidos por Perú, y en el
tiempo restante, se financiarían la operación y mantenimiento con el
recaudo en peajes.
Cerrado el negocio se desató el debate político y llovieron las
presiones sobre el gobierno de Toledo. Mientras unos alegaban que el
proyecto vial más grande del Perú era en realidad una carretera para los
brasileros, en el sur, los pueblos empezaron a competir para que la vía
pasara por sus territorios. Al final se decidió que desde el punto
conocido como Puente Inambari, la carretera se parte en dos ramales, uno
que va al puerto en San Juan de Marcona, otro a los puertos de Ilo y
Matarani, todos sobre el Pacífico. Finalmente las máquinas comenzaron
sus trabajos en 2006.
Resultó una ironía que quién más le sacó ventaja política a la
Interoceánica fue el presidente García. Durante su mandato no
desaprovechó las varias inauguraciones de puentes y tramos de la vía,
para reclamarla como obra suya. En la inauguración final, en julio de
2010, cuando dio por terminada la obra al cortar la cinta en el famoso
puente sobre el río Madre de Dios, a la salida de Puerto Maldonado, a
donde habían llevado décadas atrás las enormes estructuras metálicas,
García dijo: “Sé que esta es una de las más grandes obras que mi
gobierno podía hacer por el pueblo del Perú y por su futuro. Tal vez es
la más trascendental y la más importante”.
Este Puente Continental con 723 metros, el más largo de Perú, era la
conexión vital que hacía falta para que la Interoceánica fuera una
realidad. No obstante, el día que García lo inauguró sólo estuvo
habilitado de manera provisional por dos horas. Apenas pasó la
ceremonia, la gente tuvo que volver a las precarias barcazas de siempre.
La precoz inauguración desató otro escándalo por el protagonismo de
García y llevó al ex presidente Toledo a enfrentársele reclamando la
paternidad del proyecto, y la pugna duró varios días, según lo
registraron los medios peruanos.
Finalmente a mediados de 2011 y a una semana de la posesión del
actual presidente peruano Ollanta Humala, un año después de la
inauguración oficial, quedó por fin terminada la esperada Interoceánica
Sur de 5.404 kilómetros, a un costo en el lado peruano cuatro veces
mayor que el planeado. Según reportes de prensa, la obra supera los
2.800 millones de dólares, poco más de un millón de dólares por
kilómetro.
La promesa de progreso
“Para hacer una omelet usted tiene que romper algunos huevos“,
le dijo el Presidente Toledo al diario estadounidense San Francisco
Chronicle, cuando estaba intentando defenderse de las duras críticas de
los ambientalistas que veían los riesgos que traería para el planeta
hacer una carretera que atravesara el frágil ecosistema del Amazonas.
Con apenas un año de haber entrado en servicio, ya se advierten los daños ambientales y los problemas sociales
que ha traído la carretera a la otrora tupida Amazonía
peruano-boliviana. El magro presupuesto de 18 millones de dólares que
contempló el proyecto para amortizar el impacto ambiental y social de la
inmensa obra, a todas luces no ha sido suficiente.
Se espera que la Interoceánica también mejore el comercio entre
Brasil y Perú, que hoy prácticamente tienen fronteras abiertas, y entre
éstos con Bolivia que está a un paso de la vía. Se presume que crezcan
también las oportunidades comerciales para Chile al que la nueva vía
puso apenas a 21 horas por carretera del mercado de 200 millones de
consumidores brasileros. Incluso, puede abrirle ese mercado también a
Ecuador que ahora está a poco más de dos días de distancia.
Se supone obviamente que el mayor provecho económico de la vía lo
sacarán los estados fronterizos Madre de Dios, en Perú; Acre en Brasil; y
Pando en Bolivia, conocida como la Región MAP,
pues los conecta entre sí y con las economías nacionales. En Madre de
Dios, por ejemplo, la gente podía demorar hasta una semana en temporada
de lluvias para llegar a Cuzco, la joya del imperio Inca, y ahora en
auto particular pueden estar allí hasta en ocho horas.
A pesar de las expectativas, al recorrer esta cinta de asfalto de
8.20 metros de ancho en medio de la selva, como lo hizo CONNECTAS, se
avanzan kilómetros y kilómetros sin que aparezca un alma. Quizás con un
año de puesta en servicio, es apresurado esperar ver ya un vibrante
tráfico de camiones cargados de productos. Apenas si están pasando en
promedio unos 160 vehículos de carga al mes – la mayor parte llevando
madera hacia el Pacífico – y unos 640 de pasajeros, según dijeron
funcionarios del peaje en el kilómetro 73 en la pampa peruana, punto de
cruce de tránsito en cualquiera de las direcciones. Este peaje sólo
tenía tres meses de instalado cuando los reporteros de CONNECTAS pasaron
por ahí. La CAF, con base en cifras del concesionario, dice en sus
reportes que en 2009 el promedio diario de vehículos en la vía era de
1.622. Una cifra de fecha anterior a que se terminara la obra y que no
especifica si había tránsito internacional. El Ministerio de Relaciones
Exteriores de Brasil respondió oficialmente que “el tráfico registrado en 2011 corresponde a los valores esperados en 2015“.
En el puesto de aduana peruano el funcionario de turno fue aún más
pesimista con las cifras: dijo que en los últimos tres meses no han
pasado más de 300 camiones hacia el Perú con mercaderías varias, y con
tubería y maquinaria y otras herramientas para los mineros de la pampa,
muchos de los cuales están explotando oro sin permiso. Según él, lo que
más se transporta hacia Brasil es el cemento y algunos pocos productos
agrícolas.
Bolivia, en cambio, sí ha sacado ya una ventaja contante de la vía. Una
vez por semana una caravana de ocho carrotanques parte cargada de
gasolina desde la capital boliviana, La Paz, cruzan al Perú por Juliaca,
toman toda la Interoceánica, cruzan al Brasil para luego retornar a
Bolivia y suministrar el combustible a la ciudad de Cobija. La enorme
vuelta se justifica por las pésimas condiciones de las vías entre los
Andes y la selva en Bolivia. Pero como la gasolina es más barata en
Bolivia que en Brasil, tienen que poner militares a custodiar el
descargue en Cobija, para evitar que se lleven el combustible de
contrabando a Brasil.
La segunda es que en teoría se hace barato llevar la carga de Brasil a
los puertos peruanos, pero como el vehículo que lleva la carga suele
regresar vacío, pues este país exporta mucho menos, el flete se vuelve
muy costoso. El saldo comercial es negativo para Perú. Al terminar 2011,
las empresas brasileras le vendieron 2.450 millones de dólares al Perú y
en cambio Perú apenas le exportó a Brasil 1.267 millones de dólares.
Por último, para los conductores no es fácil llevar los gigantescos
camiones articulados brasileros por las angostas carreteras andinas
peruanas en los avances de la vía hacia Juliaca en el sur del país,
donde según tranportistas locales, existen tramos aún donde las curvas
son tan estrechas que casi ni los buses de pasajeros largos pueden
pasar.
El transporte de pasajeros, en cambio, anda mejor. Desde Brasil, dos
líneas hacen el recorrido trasnacional hacia Lima, al centro del país.
Una sale cada quince días de Sao Pablo a Lima y la otra viaja dos veces
por semana entre Rio Branco y Cuzco. En el lado peruano, hoy son 16 las
rutas de buses por semana del interior del país hacia Puerto Maldonado,
cuando antes no había ninguna. Esto último confirma que, por ahora, la
vía ha beneficiado sobre todo a la otrora aislada región de Madre de
Dios en Perú.
La estrategia de desarrollo de la Iniciativa para la Integración
Suramericana (IIRSA) planteó que con la realización de la carretera
crecerían las ventas de nuez de Brasil, ganado, maíz, caucho, y de
pescado cultivado en estanques. En el terreno, ya se aprecian nuevas
inversiones en cultivos de caucho y acuicultura. Los documentos también
previeron que habría una mayor actividad minería y se explotaría más
madera, pero la bonanza ha sido sobre todo de minería y deforestación
ilegales que están dejando un gran saldo en rojo en materia social y
ambiental en la región.
El IIRSA también planeó construir hidroeléctricas multinacionales.
Una de ellas, que implicaría construir un gigantesco embalse en la zona
entre el Puente de Inambari y Juliaca, ya tiene un convenio firmado en
2009 por los presidentes García de Perú y Lula de Brasil, y ratificado
por un decreto de urgencia en enero de 2010 en el país andino. El
pequeño problema que tiene es que para hacer esta gigante generadora de
energía para Brasil, tendrían que inundar por lo menos cien kilómetros
de la carretera recién terminada. Sin duda, un nuevo reto para las
políticas de desarrollo con las que se adelantan estos megaproyectos en
América Latina.
*Vea el segundo video que acompaña esta serie: “El héroe olvidado”