11 de septiembre de 2012
Deserción de académicos y ramos fantasmas
El arancel de esta carrera
asciende 6,2 millones de pesos anuales. A pesar de ello, su alto costo
no se refleja en la calidad de enseñanza para sus alumnos, que desde
hace años enfrentan precarias condiciones de formación. Hoy ya ni
siquiera tienen algunos ramos, principalmente porque muchos docentes han
abandonado las clases debido al incumplimiento en los pagos y por el
desprestigio que ronda a la institución. Las falencias han sido
denunciadas por años, pese a lo cual en 2010 la carrera logró la
acreditación por parte de la agencia ligada al ex rector de la
Universidad de Chile, Luis Riveros, quien asegura que las condiciones en
ese tiempo lo justificaban.
“Prefiero que me falten seis
años en otra Universidad, partir de nuevo y ser un buen médico que estar
acá sin garantías de nada”, confiesa melancólico un alumno de Medicina
de la Universidad del Mar que ya lleva varios años estudiando la carrera
y que hoy ve cómo su sueño de practicar la medicina se ha transformado en una pesadilla diaria.
Y es que, según relata Esteban (quien prefiere guardarse su
apellido), su facultad, que hoy solo se imparte en la sede central de
Viña del Mar, “se encuentra en un ambiente de abandono. Hay poca gente,
porque varios alumnos se han ido: algunos empezaron a hacer
preuniversitario, los más chicos sobre todo”.
¿Por qué? los motivos son múltiples y van desde el fantasma del
cierre de la carrera, el desprestigio del que va teñido el título de
médico de esta casa de estudios, hasta las falencias estructurales de la
carrera que se han ido agudizando cada vez más. Falencias que han
provocado graves consecuencias en la formación, lo que se refleja en los
malos resultados obtenidos por los doctores recién egresados de esta
casa de estudios en el Examen Médico Nacional (Eunacom), que en 2010
reprobó al 47% de sus alumnos.
Al interior de la escuela las malas condiciones y la falta de
recursos de una carrera que cobra un arancel anual 6,2 millones de pesos
—una de las tres a nivel nacional que superaron los 6 millones de pesos
en 2012— se traducen en la renuncia de gran parte de los docentes. En
el caso de Pediatría, por ejemplo, en agosto pasado sufrió la renuncia
de todo el equipo de profesores, lo que implica que no hay clases. Lo
mismo sucede con Psiquiatría y Ginecología.
No solamente eso. Según relatan algunos estudiantes, “hay grupos que
no pueden tener la práctica, porque la Universidad no ha pagado los
convenios con los campos clínicos, entonces han tenido que gestionarse
los internados ellos mismos en distintos servicios”. Algunos han tenido
suerte, otros no.
Esteban asegura que “las autoridades lo muestran como que todo pasa
por un tema de recursos. Pero creo que también de voluntades, y sobre
todo de ver la educación como un negocio. Si ellos hubieran visto que
una carrera como Medicina necesita cierta cantidad de recursos en una
Universidad que siempre tiene problemas para pagar y de fondos, habrían
partido por no abrirla”. Pero lo hicieron.
Peligro público
Los problemas con los estudiantes de medicina no se remiten
únicamente a menos horas de clases y ramos desaparecidos. Incluso, según
relatan los estudiantes, existe un grupo de egresados que este año fue
aprobado en Ginecología sin haber visto jamás un paciente y sin haber
rendido el examen final. La sorprendente situación obedece al lío con
los campos clínicos, que dejó a estos alumnos sin la parte práctica del
ramo.
En esta historia habría entrado en juego un factor primordial: la
acreditación de la carrera. Porque, aunque usted no lo crea, Medicina de
la Universidad del Mar estaba acreditada, permitiendo a sus egresados
rendir solamente el examen teórico en la Eunacom, ya que la parte
práctica se exige de manera exclusiva a los egresados de carreras no
acreditadas y a los profesionales extranjeros. Pero ese estatus
terminaba en julio de 2012, luego de dos años de haber obtenido la luz
verde de la Agencia Akredita QA, ligada al ex rector de la Universidad de Chile y Gran Maestro de la Masonería, Luis Riveros.
Como el tiempo apremiaba y no fue posible ubicar a los estudiantes en
un campo clínico en el área ginecológica, según relatan desde la
facultad, “al final los dejaron pasar y ni siquiera tuvieron que rendir
el examen final”.
Consultados sobre esta situación, desde la casa de estudios no hubo respuesta.
Esta historia, unida a las precarias condiciones que enfrenta la
carrera, llegó a oídos del Colegio Médico, desde el cual adelantan que
consideran necesario tomar cartas en el asunto y hacer público lo
sucedido.
En opinión del presidente del Colegio Médico de Valparaíso, Juan
Eurolo, “estos médicos el día que tengan que atender no tendrán la
practica mínima necesaria para hacerlo. Una cosa es aprender de memoria
la materia y otra ir a ver una paciente ginecológica personalmente, por
lo que ésto podría ser peligroso. Ese es el problema, porque además de
ser antiético reviste el carácter de potencialmente peligroso para la
atención de pacientes”.
Según explica el médico, quien ha mantenido contacto con algunos
representantes del Centro de Alumnos de la Facultad, “también les
conseguí una reunión con el Presidente del Colegio Médico, Enrique
Paris, que está absolutamente de acuerdo en que esto se debe denunciar
porque le resta mucha seriedad a la formación de médicos en Chile y se
debe señalar a los responsables”.
Eurolo recalca que “la gran incógnita es qué va a pasar con todos
estos alumnos. Que ya tienen años estudiando y podrían no tener título.
Ellos plantean la posibilidad de que los reciban en otras escuelas, pero
es difícil porque son muchos alumnos y los grados de formación son
distintos entre unas y otras instituciones. Es muy difícil que tengan
cabida alumnos que queden sin enseñanza”.
En opinión del presidente del Colegio Médico de Valparaíso, Juan Eurolo, “estos médicos el día que tengan que atender no tendrán la practica mínima necesaria para hacerlo. Una cosa es aprender de memoria la materia y otra ir a ver una paciente ginecológica personalmente, por lo esto podrías ser peligroso. Ese es el problema, porque además de ser antiético reviste el carácter de potencialmente peligroso para la atención de pacientes”.
En opinión de Eurolo esta historia “es la crónica de una muerte
anunciada. En la génesis del funcionamiento de la carrera de Medicina en
la Universidad del Mar tuvimos reparos, porque se ofrecía un programa
de formación médica que estaba basado en un sistema que, si bien en
teoría es muy bueno (medicina basada en problemas con pacientes), cuando
fundaron la escuela no tenían la infraestructura mínima necesaria para
aplicarlo”.
El doctor relata que “pasó el tiempo y vinieron varias crisis. De
hecho hubo directivos que denunciaron falencias graves en la formación
de los primeros médicos”.
Efectivamente, ya en 2007 el doctor Francisco Acevedo, decano de
Medicina de la cuestionada casa de estudios y que fue asignado como
creador de dicha facultad en 2003, denunció públicamente serias
falencias, que apuntaban a la falta de recursos que impedía a los
estudiantes alcanzar el nivel académico mínimo. Esto, pese a que según relató a Ciper Chile,
“los alumnos pagaban cerca de $ 800 millones al año en aranceles
mientras la universidad gastaba en esa carrera cerca de $400 millones.
Los otros $400 millones no sé a dónde iban”. El médico acudió ante
distintas instancias, incluido el Colegio Médico, autoridades del
ministerio de Salud de Educación y la Cámara de Diputados. Pero hubo
oídos sordos. Lo único que logró fue una querella en su contra por parte
de la Universidad, que no llegó a puerto.
El presidente del Colegio Médico de Valparaíso, señala que “luego
supimos que hubo una agencia que acreditó esta escuela por un breve
periodo porque le encontró muchas falencias”.
Así fue. En julio de 2010 la Facultad de Medicina de la Universidad
del Mar logró la acreditación por dos años. De hecho, la Universidad
también está acreditada, lo que logró por dos años también, hasta
diciembre de 2012. Pero los alumnos de Medicina no son los únicos
perjudicados en el plantel, que es investigado por el Ministerio Público
y el Mineduc —que la próxima semana haría públicos los resultados de
una auditoría— y que enfrenta una serie de querellas por parte de sus alumnos, incluida una por estafa. En la práctica los 20 mil estudiantes que asisten a esta institución enfrentan un futuro incierto.
Acreditación express
Según explica Luis Riveros, la acreditación de Medicina de la
Universidad del Mar en manos de Akredita QA —que también ha acreditado
las carreras de Medicina de la Universidad San Sebastián y de la
Universidad Autónoma— fue justificada cuando se hizo hace dos años.
“La carrera se visitó del 5 al 7 de abril de 2010, en las dos sedes
que funcionaban en ese tiempo (Viña e Iquique). Allí se evidenció que el
perfil cumplía con lo que colocaba la Asofamech —Asociación Chilena de
Facultades de Medicina— y adicionalmente, un año antes habían adoptado
competencias de nivel internacional que se asociaban al modelo
canadiense de medicina”.
El ex rector de la Universidad de Chile asegura que “este nuevo
modelo era fundamental, porque lo presentaron ya que admitían que la
formación cuando empezó la carrera era extremadamente deficitaria. Se le
dio el período mínimo de acreditación porque habían mostrado un cambio
en el modelo pedagógico”, además de garantizar una serie de cambios que
apuntaban a mejorar sustancialmente el tema contractual con los
docentes, mejorar la infraestructura para los estudiantes y mantener la
carrera pese a la baja matrícula, aún a costa del subsidio desde otras
carreras. Pero nada de esto ocurrió.
—¿Fue un error darle la acreditación a esta carrera?
—La evidencia que se vio y los compromisos que tomó la Universidad decían lo contrario.
—La evidencia que se vio y los compromisos que tomó la Universidad decían lo contrario.
Riveros explica que al acreditarse las carreras tienen acceso a
campos clínicos, por lo que “si uno quiere mejorar una carrera de
medicina, enfermería o del ámbito de la salud, al no estar acreditada y
no tener acceso a campos clínicos ¿cómo va a mejorar? Si no tiene acceso
es imposible que tenga mejoras en área práctica”. Y en esta Universidad
ellos presentaron todos sus convenios con centros de práctica. El que
tenía la vigencia más corta tenía cinco años y se visitaron todos los
centros. Lo que sí se criticó era que eran bastantes dispersos en el
área geográfica”.
— ¿Considera que funciona bien el sistema de acreditación?
—“Este caso es buen ejemplo. Cuando una carrera la acreditaste por primera vez, se te puede prometer el cielo y las estrellas, pero lo importante es cuando se acredite en segunda instancia. Porque los planes de mejora no mienten. Si el plan de mejora no se materializa la carrera no se acredita de nuevo. Porque es relativamente fácil acreditarse en primera instancia. Lo difícil es reacreditarse en el tiempo”.
—“Este caso es buen ejemplo. Cuando una carrera la acreditaste por primera vez, se te puede prometer el cielo y las estrellas, pero lo importante es cuando se acredite en segunda instancia. Porque los planes de mejora no mienten. Si el plan de mejora no se materializa la carrera no se acredita de nuevo. Porque es relativamente fácil acreditarse en primera instancia. Lo difícil es reacreditarse en el tiempo”.
—¿Pero no sería más lógico que las carreras demostraran avances y niveles académicos concretos antes de ser acreditadas?
—“¿Cuántas universidades no se acreditaron en la primera pasada? Ninguna. Porque todas se comprometieron a hacer planes de mejora. Lo interesante va a ser ahora para ver si están cumpliendo. Y con las carreras va a pasar lo mismo”.
—“¿Cuántas universidades no se acreditaron en la primera pasada? Ninguna. Porque todas se comprometieron a hacer planes de mejora. Lo interesante va a ser ahora para ver si están cumpliendo. Y con las carreras va a pasar lo mismo”.
Esto podría mejorarse, pero el sistema ya empezó, así que uno tiene
que enfocarse a las segundas, terceras o cuartas pasadas. Lo que pasa es
que uno termina acreditando porque las instituciones se comprometen
formalmente a invertir y mejorar y uno no tiene evidencia que diga lo
contrario. Es un tema re sensible”.
Una opinión muy distinta tiene el ex secretario ejecutivo de la
Comisión Nacional de Acreditación, Patricio Basso, quien hizo serias
acusaciones que apuntan a los intereses económicos que operan en la
institución, marcando un golpe a la credibilidad del sistema. Para Basso
“las agencias de acreditación con fines de lucro son una aberración. No
es posible que uno le pague a alguien para que lo acredite”. Por ello,
asegura, “es necesario cambiar la ley. Porque las agencias acreditadoras
la están cumpliendo, pero el dinero es más fuerte. Por muy honesta que
la gente sea cuando sus futuros contratos dependen de cómo acredito la
institución en el fondo de alguna neurona van a estar pensando si los
acredito mal no me contratan más”.
Mientras tanto, los estudiantes de Medicina de la Universidad del
Mar, incluidos los que egresaron de una carrera “acreditada”, tienen
cero garantías de calidad y de cuáles serán las condiciones en que
continuarán sus estudios. Ni siquiera la certeza de si podrán
finalizarlos.