especial para G80
CUT, organización de primera dirigida por gente de tercera
Esa organización histórica de los trabajadores, hoy está
en manos de ganapanes pusilánimes que actúan en beneficio exclusivo de
los intereses económicos del duopolio Alianza-Concertación y del
empresariado transnacional.
Arturo Martínez permitió,
una vez más, que el principal organismo sindical de los trabajadores
chilenos se convirtiera en una correa de transmisión de los intereses
partidistas de algunas tiendas políticas autocalificadas de
‘progresistas’, específicamente el Partido Socialista (PS) y Partido por
la Democracia (PPD), aunque la Democracia Cristiana tampoco está exenta
de pecados en estos asuntos.
La trayectoria de un siglo y medio
de lucha, conquistas y dolores del sindicalismo chileno, fue lanzada por
el presidente de la CUT al canal de relave donde escurre la perenne
expoliación de la mano de obra por parte de una derecha empresarial
clasista, expoliadora y sinvergüenza, cínicamente amparada por una
sociedad política duopólica que gobierna Chile de acuerdo a los
dictámenes emanados desde conocidos organismos patronales, como la
SOFOFA, la CPC y Casa Piedra.
Alguna vez escribí en uno de mis
artículos que “ser viejo, libertario, demócrata, y tener buena memoria,
constituía el mayor de los peligros para los políticos del duopolio
binominal”. Hoy debo ratificar ese aserto. Conservo en mi mente, con
certeza absoluta, todos y cada uno de los mil detalles acaecidos en
aquellos difíciles y peligrosos años de las décadas del ’70 y el ‘80,
cuando el mundo sindical enfrentó a la dictadura sin más armas que su
organización, valor y audacia.
UN POCO DE HISTORIA PARA REFRESCAR RECUERDOS
La
mañana del 25 de febrero de 1982, el presidente de la ANEF (Asociación
de Empleados Fiscales), Tucapel Jiménez, fue cobarde y salvajemente
asesinado a bordo de su taxi en un camino ubicado al oriente de
Santiago. La muerte había ocurrido cerca de las 11 de la mañana. El
cuerpo presentaba heridas de tres balas en la cabeza, degollamiento y
cortes en las manos. Los autores, se supo años después, resultaron ser
agentes del Estado, específicamente miembros de la fatídica y deleznable
CNI encabezada por el asesino –fanático y enfermizo- coronel de
Ejército, Manuel ‘Mamo’ Contreras.
Lo que sobrevino meses más
tarde amerita un artículo aparte, ya que la respuesta del mundo sindical
a ese asesinato fue la creación del Comando Nacional de Trabajadores,
las ‘protestas sociales’ y, finalmente, la bajada de pantalones de
Pinochet, primero, y del mismo ‘poder sindical’ más tarde…todo ello
gracias a los partidos políticos de la naciente ‘Alianza Democrática’
(prolegómeno de la futura Concertación). Pero, Manuel Bustos Huerta,
Rodolfo Seguel Molina y… ¡¡cómo no!!...Arturo Martínez, fueron también
elementos significativos en entregarles a ese nuevo referente opositor a
la dictadura (la Alianza Democrática) el “poder de la calle” que había
logrado el sindicalismo y que fue traspasado, gratuita e indignamente, a
los partidos políticos que recién boqueaban nuevo aire gracias a la
lucha de los trabajadores.
Para mejor comprender este asunto, favor leer: "Plebiscito Constitucional de 1989. El año en que la Concertación se bajó los pantalones"
Bueno, pero, ¿Arturo Martínez, el actual Presidente de la CUT, qué responsabilidad tuvo en todo esto?
A
ese personaje lo conocimos en la Fundación Cardjn (administrada en
Chile en aquel entonces por la Iglesia Católica), allá por el año 1975,
siempre tratando de hablar con Manuel Bustos a escondidas, ya que este
era, sin duda alguna, el ‘prospecto’ que tenía el PDC para dirigir el
mundo sindical…como ocurrió años más tarde. .
Martínez nunca
participó en una reunión del CEL (Centro de Estudios Laborales), que fue
el primer intento de agrupar y organizar a los trabajadores con
participación de todos los sectores políticos de aquellos duros años
(PC, DC, PS, etc.), pero don Arturo se arrogaba la representación del
Partido Socialista, pese a que los dirigentes sindicales del PS que
participaban en el CEL lo desconocían. Nunca entregó un contacto de
otros dirigentes PS, ni participó de las acciones impulsadas por el CEL,
el cual –con el transcurso de los meses- se transformó en la
Coordinadora Nacional Sindical (CNS).
Martínez tampoco figuró
como miembro fundador de la CNS, pues fue siempre un personaje oscuro
que se elevó en la dirigencia cupular llevado de la mano de Manuel
Bustos, su amigo y mecenas sindical. Una vez que Martínez logró ascender
a ciertas alturas de la pirámide del sindicalismo, un sector del PS lo
avaló porque no tenía ya otra opción en ese escenario.
Los
recuerdos de aquellos años pueden llamar a la confusión, pero tengo muy
claro que poco antes de la formación de la Alianza Democrática, ya en
las últimas reuniones convocadas por el Comando Nacional de
Trabajadores, se empezó abrir paso la idea de que "los partidos
políticos tienen que asumir su rol en la lucha en contra de la
dictadura", es decir, que tomaran su puesto en la lucha del pueblo,
lucha que hasta entonces comandaban los trabajadores.
Con estas
nuevas realidades –producto de errores propios- el movimiento sindical
quedó relegado un segundo plano. Los partidos políticos se apropiaron de
la representación popular, apareciendo ante el país como
‘interlocutores frente a la dictadura’, y llegaron a acuerdos con ella,
firmados detrás de la puerta a espaldas de la gente. .¿Qué rol jugaron
los trabajadores –verdaderos gestores y héroes en el proceso de
democratización de Chile- en esos acuerdos protocolizados por la Alianza
Democrática y el ministro del interior de la dictadura, Sergio Onofre
Jarpa? ¡¡Ninguno, pues tanto Pinochet como Jarpa -y la misma Alianza
Democrática- deseaban que los trabajadores no tuviesen ninguna
ingerencia en las decisiones políticas que interesaban a Chile!!
Los
representantes de la Alianza Democrática que negociaron con los
adláteres de Pinochet basaban su fuerza en la escasa capacidad de manejo
político de los trabajadores. Fue así, entonces, que en las primeras
elecciones democráticas de la CUT, en Punta de Tralca el año 1985, las
listas de los candidatos a dirigentes nacionales fueron estructuradas,
presentadas y defendidas por partidos políticos y alianzas.
Desgraciadamente,
y pese al enorme poder de movilización popular manifestado durante los
dos años de ‘protestas sociales’ bajo la férula del histórico Comando
Nacional, los trabajadores nunca se creyeron el cuento de que como
fuerza social podían construir un poder capaz de negociar no sólo con la
dictadura o con los partidos políticos, sino más bien, de crear un
movimiento popular y social capaz de llegar con uno de sus representante
a La Moneda.
En su fuero más íntimo, el poderoso movimiento
sindical de esos años jamás se sintió capaz de liderar algo de tamaña
magnitud, y se dejó arrastrar hacia la conducción de los renacientes
partidos políticos que, por cierto, privilegiaron acuerdos económicos
con la dictadura moribunda, en detrimento del Chile trabajador y
popular, pero en beneficio directo de una nueva sociedad que surgía en
la Historia patria: el duopolio binominal Alianza-Concertación, erguido
sobre el esfuerzo de millones de trabajadores, estudiantes y pobladores,
alzándose sobre la sangre derramada por cientos de chilenos para,
finalmente, conformar una nueva clase de sociedad política que es la que
nos gobierna desde 1990.
La Concertación nació, entonces, como
un simple feto parido por la propia dictadura, ya que ni una ni otra
podían soportar la presencia de un poder sindical fuerte, autónomo y
popular. Y en este sentido, la misma Concertación se encargó de abortar
cualquier iniciativa surgida del seno del sindicalismo, a tal grado que
durante los 20 años de administración concertacionista ningún gobierno,
ningún ministro del Trabajo, ningún parlamentario de ese bloque,
presentó una iniciativa o un proyecto de ley en favor de la
sindicalización o de la negociación colectiva. ¡¡Ninguno, nunca!!
Este
13 de Enero del 2011 se cumple un año más (1978) de la relegación al
norte del país de un grupo de sindicalistas DC, además de un grupo de
dirigentes políticos de esa misma tienda partidista. Ellos fueron
detenidos por la DINA en un edificio de la calle Huérfanos, en Santiago.
Ese grupo participaba en la Función Cardjn, se reunía con dirigentes
del PDC para ponerse de acuerdo en una coordinación efectiva desde el
interés nacional y laboral, toda vez que la dirigencia sindical
había demostrado ser autónoma en sus acciones, pero al PDC aquello le
parecía definitivamente mal.
Algunos nombres de aquellos que
fueron relegados por la dictadura a diferentes comunas alejadas de
Santiago, y que yo recuerdo con mucha nostalgia, eran:
Por la Fundación Cardjn: Georgina Aceituno, Enrique Hernández, Juan Manuel Sepúlveda.
Y
los dirigentes políticos: Andrés Aylwin, Tomás Reyes, Ignacio
Balbontín, Guillermo Yunge, Juan Claudio Reyes, Samuel Astorga, Elías
Sánchez, Belisario Velasco. Pero tal sufrimiento y entrega fue
rápidamente minimizado por los políticos ‘profesionales’, como los
bautizó Pinochet, ya que días más tarde hubo una reunión con Andrés
Zaldívar -en aquellos años Presidente del PDC- quien, muy molesto,
enrostró a los dirigentes sindicales una ‘falta de disciplina
partidaria’, especialmente a Manuel Bustos, que era cabeza del grupo
dirigencial de los trabajadores, impetrándoles ‘obedecer a la directiva
del Partido, y no correr solos, por su propia cuenta’ (sic).
LOS ‘RENOVADOS’ LLEGARON PARA ASOCIARSE CON LA DERECHA
En
la década de los años ’80, siempre existió una especie de ‘terror’ en
las cúpulas políticas chilenas (radicadas en la seguridad de los países
europeos que las asilaron) respecto de la autonomía de los dirigentes
sindicales, pues resultaba claramente notorio que sólo los trabajadores
organizados eran capaces de poner en aprietos serios a la dictadura y
ello –de acuerdo a los temores explicitados en sordina por los
politicastros cobijados por distintos gobiernos de Europa-, bien podía
dar origen a un gobierno popular, de trabajadores, socialista,
latinoamericanista en términos ideológicos, prescindiendo completamente
de la ‘mafia’ politiquera tradicional, esa de los familisterios y
contubernios economicistas que dieron origen a la Concertación y al
duopolio binominal.
Aunque duela reconocerlo, hombres como Manuel
Bustos, Rodolfo Seguel y Arturo Martínez –que habían luchado
valientemente contra la dictadura- más temprano que tarde fueron
absorbidos por las nuevas-viejas cúpulas políticas, y se esmeraron en
bajarse los pantalones para que los ‘Iluminados’ (aquellos políticos que
estaban en el exilio y que comenzaron a regresar al país, avasallándolo
todo), con el visto bueno de Onofre Jarpa y de Pinochet, tomaran la
conducción de la oposición, relegando al mundo sindical a las riberas
del río de la nada misma, confinándolo al servicio de las estrategias e
intereses partidistas de la nueva sociedad binominal que finalmente lo
borró de la faz del mapa político laboral del país.
Antes de
aquello, el año 1987, en la entonces sede del Club Deportivo Audax
Italiano (ubicada en calle Lira casi esquina de Santa Victoria, en
Santiago), Manuel Bustos, Rodolfo Seguel y Arturo Martínez, lograron
obtener la aprobación del ya desfalleciente Comando Nacional de
Trabajadores para entregar las banderas de la lucha popular a los
partidos de una naciente Concertación, cuyo origen, como bien se sabe,
fue prohijado y propuesto por la misma dictadura militar. .
Por
último, el año 1988, en Punta de Tralca, ese trío de dirigentes
sindicales refundó la vieja CUT de Clotario Blest, aunque ahora con el
apellido de ‘Unitaria’, en lugar de ‘Única’, pero entregada desde su
primer aliento a los partidos ‘renovados’, post exilio, que provenían
de Europa occidental.
La dictadura, el empresariado criollo y
transnacional, la CIA, la ANI, el Pentágono, el FMI, la Casa Blanca y el
Banco Mundial, NUNCA han tenido temor de la acción política de las
tiendas partidistas chilenas (incluyendo a los deshuesados e inofensivos
comunistas criollos, ya amansados por el neoliberalismo)…pero, en
cambio, siempre han manifestado miedos inasibles ante la posibilidad de
que los trabajadores organizados puedan acceder al gobierno de la
nación, incorporándose a la creciente corriente latinoamericanista que
ha comenzado a desperezar a los pueblos de nuestro subcontinente con los
ejemplos de Hugo Chávez, Lula da Silva, Evo Morales y Rafael Correa.
Fue
así que el año 2011 comenzó, para los trabajadores chilenos, con un
nuevo entreguismo de quien se dice “líder del sindicalismo”, Arturo
Martínez, cuyo personal concurso puso la CUT a disposición de las
órdenes de políticos como Osvaldo Andrade, Pepe Auth, Camilo Escalona,
Ricardo Lagos Escobar, Sebastián Piñera, Ignacio Walker, Patricio Aylwin
y Felipe Larraín, epítomes del neoliberalismo rampante chileno
protegido por el ya insoportable duopolio binominal.