En julio próximo comenzará a repartirse el “bono de
alimentación” para ayudar con $40.000 a dos millones de familias
vulnerables en Chile. Para ese mismo grupo se creó el Ingreso Ético
Familiar, que contempla la entrega, entre otras cosas, de $4.000
mensuales para los niños y jóvenes entre quinto básico y cuarto medio,
que pertenezcan a las familias más desprotegidas y obtengan buenos
resultados en la escuela.
Con estos nuevos recursos, las familias afectadas seguramente podrán
administrar un poco mejor el pequeño presupuesto que poseen. Pero
difícilmente les va a cambiar la vida. Más claro que eso: su
vulnerabilidad es un tema bastante más complejo que la suma de bonos
parciales que les entregan, y con los cuales no logran hacerse cargo de
sus carencias de fondo, estructurales, cuyas consecuencias viven a
diario.
El diario inglés The Guardian tiene un interesante blog
donde se debaten ideas sobre cómo combatir la pobreza en el mundo. En
una de sus entregas, se informaba sobre un dilema del desarrollo actual:
la disminución del número de países pobres, versus el crecimiento de la
población mundial en esta condición. El dilema se parece a lo que nos
toca vivir en Chile, donde un grupo de súper ricos (el decil 10, y si le
ponemos lupa, el 1% de ese decil) hace aparecer al país en general con
estadísticas harto más bonitas que los números reales con los que se
enfrentan sus ciudadanos individualmente. De otra manera: los que más
ganan, suben el promedio, alterando la verdadera condición en la que
viven la mayoría de las familias.
A fines de 2010, el Programa de Desarrollo de las Naciones Unidas y
la Universidad de Oxford desarrollaron una serie de nuevos indicadores
para medir y enfrentar de manera más compleja el problema de la pobreza.
Se trata no solo de preguntar a las personas cuánto ganan al mes sino
evaluar cómo viven; la educación y la salud que reciben, los servicios a
los que acceden y los bienes que poseen, entre otros factores.
“Este nuevo indicador es como un lente de alta resolución que revela
una imagen viva de los cambios que están experimentando los hogares más
pobres”, lo definió Sabina Alkire, directora de OPHI,
un centro de estudios de la Universidad de Oxford que lidera la
investigación sobre subdesarrollo y pobreza hoy en el mundo. Este centro
está inspirado en el “enfoque de las capacidades”, una línea de pensamiento desarrollada por el Economista y Premio Nóbel Amartya Sen,
y cuya principal característica es justamente analizar el bienestar de
las personas desde una perspectiva más completa que el ingreso que
perciben.
Se debe reconocer, en todo caso, que la entrega del bono de
alimentación tiene el mérito de haber sincerado el número de chilenos
que vive en condiciones de vulnerabilidad y requiere asistencia del
Estado para comprar comida. Alrededor de 1,7 millón de familias recibirán el bono.
Según las cuentas del gobierno, eso significa que unos 6,3 millones de
chilenos recibirán esta ayuda del Estado para adquirir sus alimentos. En
un país de 17 millones de habitantes, eso es poco más del 37% de la
población.