Dedican hasta 60 horas a la semana a asistir a clases y hacer trabajos. En Europa, la carga no supera las 50 horas.
por E. Simonsen / E. Cabrera, Santiago
En marzo, el ministro de Educación, Harald Beyer, hizo un llamado
al Consejo de Rectores para que informe el por qué de la larga duración
de las carreras en Chile.
Su evidencia: los chilenos demoran en la práctica un promedio de 6,2
años en obtener su primer título universitario (aunque en teoría dure
menos). Esto, los ubica como los que más tiempo demandan entre las
naciones de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos
(Ocde), cuyo promedio es de 4,3 años. Le sigue el Reino Unido, con una
duración de 5,8 años (ver infografía).
"Carreras más largas tienen un alto costo para los estudiantes y
para el Estado, que por la vía de ayudas financia a la mayoría de los
alumnos. De hecho, si los aranceles fuesen los mismos en Chile que en la
Ocde, el costo total de las carreras universitarias sería un 46% más
alto que en el promedio de la organización", dice el ministro.
El alto costo de los aranceles no solo se explica porque los
estudiantes demoran mucho tiempo en titularse. También porque la carga
académica de las carreras es muy alta. Una realidad que un estudio
encargado por el Mineduc demostró, al medir, por primera vez, el tiempo
total que demanda cada programa: los universitarios chilenos dedican
hasta 60 horas a la semana a ir a clases, trabajos grupales y preparar
las pruebas. "Eso sucede en Derecho y Arquitectura. Es mucho,
considerando que un empleado trabaja 44 horas a la semana", comenta Juan
Pablo Prieto, vicerrector de la U. de Viña del Mar y uno de los autores
del informe. En Europa, la carga académica, no supera las 40 a 50
horas. Esto es, un 25% menos.
La relación de la carga académica con el costo de las carreras es
directa: mientras más ramos tiene un programa, necesita más profesores y
más semestres y el costo de dictarla, para la universidad, se
incrementa. "En Chile, las carreras tienen una orientación más
profesional, con más horas por asignaturas y más ramos complementarios.
En Estados Unidos, tienen solo las clases imprescindibles, es una
formación general que permite salir rápido a trabajar", dice Erich
Spencer, director de Relaciones Internacionales de la Facultad de
Economía y Negocios de la U. de Chile.
Es decir, en Chile, hay ramos que nunca un profesional aplicará en su
vida laboral o que en otros países son de posgrado. Como es el caso de
Gestión de Instituciones de Salud en Nutrición. "Difícilmente un
nutricionista recién egresado dirigiría una institución. Ese es un ramo
de especialización", sostiene un académico.
El panorama mundial
Como señalan los entrevistados, la estructura de educación superior
en otros países es distinta a la chilena. En EE.UU., el primer grado que
se obtiene es el de bachiller, en diversas disciplinas y que da una
formación general. Un modelo que la UC ha imitado con el College. Luego,
vienen las especializaciones, que se logran a partir de los magísteres o
doctorados. De hecho, muchas carreras que en Chile son consideradas de
pregrado, en EE.UU. son de doctorados. Es el caso de Derecho, Medicina y
Kinesiología (ver recuadro).
"El concepto moderno es que la carrera es un primer ciclo, más
generalista. En Chile, se estima que la formación se hace una sola vez
en la vida", dice Prieto.
Tras el convenio de Bolonia, firmado en 1999, Europa comenzó a
transitar hacia el mismo modelo que EE.UU. Un esquema que permite,
además, trasladarse fácilmente de un campo a otro, moldear perfiles
profesionales de acuerdo al interés del estudiante y evitar la
deserción. "La educación superior en Chile, por tradición, es
hiperestructurada y cada docente está convencido de que todo lo que él
aprendió, sus estudiantes deben saberlo. Es poco motivante y fomenta el
abandono", sostiene el ex rector de la Unab, Manuel Krauskopf.
Agrega que "no es llegar y cortar. Hay que analizar cuáles son los
conocimientos imprescindibles para cada profesión y fomentar que los
estudiantes puedan diseñar su propio perfil de egreso".
La clave es la decisión del Consejo de Rectores, tomada a partir del
estudio del Mineduc, que permitirá equiparar la carga académica entre
todas las universidades, facilitando la movilidad estudiantil. En
palabras simples, que un ramo tomado en un plantel sea equivalente al de
otro.
El acuerdo implica también reducir la carga académica en general,
para hacerla equivalente a la de Europa. Ello allanaría el camino para
más intercambio y convenios de doble titulación.
Las universidades ya trabajan, con el apoyo de la cartera, en
estudiar sus carreras y cómo adecuarlas. Ricardo Reich, del Mineduc,
cree que en 10 a 15 años los chilenos podrían estar bajo la nueva
modalidad. Un camino que algunos planteles ya comenzaron a recorrer. La
UC, Adolfo Ibáñez y del Desarrollo acortaron, por ejemplo, Ingeniería
Civil, de 6 a 5 años. Aunque los estudiantes deben aprobar, antes de
entrar a la carrera, un examen de conocimientos. En Economía y Negocios
de la U. de Chile, se puede tomar el semestre en verano y titularse
antes.
Aunque el trayecto no es fácil. "Si acortas carreras, transfieres
parte de los conocimientos a posgrado. Eso implicaría que todos tendrían
que hacer posgrado. Para ello hay que asegurar financiamiento y el
sistema no tiene capacidad para absorberlos a todos", dice Roxana Pey,
de la U. de Chile.
También las universidades se quejan del nivel con el que los
estudiantes salen del colegio y del tiempo que requieren para
nivelarlos.
Y, por último, están las leyes de la administración pública, que
exigen, para acceder a cargos profesionales o directivos, tener un
título de una carrera que dure, como mínimo, ocho a 10 semestres. Una
normativa que amarra a los programas a más de cuatro años, pero que el
Mineduc no pretende cambiar. Al menos, no por ahora. "El sector público
solo agrupa al 4% de la fuerza de trabajo", explica Beyer.
En todo caso, de acortarse algunas carreras, ¿quién solventaría los
menores ingresos que recibirían las universidades vía aranceles? "Los
planteles tendrían más infraestructura disponible y pueden tener más
alumnos. O bien ofrecer más posgrados", dice el ministro.