Pueblo gitano
Un inhóspito horizonte
Un grupo de gitanos durante la Todorovden (fiesta del caballo), cerca de Sofía (Bulgaria), el 3 de marzo de 2012.
AFP
La minoría más numerosa de Europa no vive mejor que hace
10 años, a pesar de los esfuerzos de las ONG y de los fondos de la UE.
Una falta de seguimiento por parte de Bruselas, la corrupción de los
responsables locales y el desinterés de los Estados son las principales
razones de que así sea.
El 8 de abril es el día internacional del pueblo gitano, pero una
gran parte de los 12 millones que viven en Europa lo hacen sumidos en
una abrumadora pobreza. Las tensiones étnicas se acentúan, tal y como se
puede constatar con los ataques de asentamientos gitanos en Italia en
2008 o con las intimidaciones a las que les someten los paramilitares
racistas en Hungría.
El pasado septiembre, miles de búlgaros salieron a la calle
coreando eslóganes como "Con los gitanos hay que hacer jabón". "El
trato que se da a los gitanos es una prueba decisiva a la que se somete
la democracia", afirmaba proféticamente con ardor el presidente checo
Václav Havel en 1993. La transición hacia el capitalismo tuvo
consecuencias desastrosas para los gitanos.
Durante el régimen comunista, tenían trabajo, alojamiento y estaban
escolarizados gratuitamente. Ahora, muchos pierden sus empleos, su
residencia y el racismo en su contra resurge impunemente.
El papel limitado de la UE
A finales de los años noventa, ante la perspectiva de pertenecer a la
UE algunos países de Europa Central y Oriental dejaron entrever algunas
mejoras. "Los responsables gitanos estaban entusiasmados", recuerda el
ex eurodiputado Jan Marinus Wiersma. Los países candidatos a la adhesión
adaptaron su legislación a la de la UE y propusieron proyectos.
No era más que una cortina de humo, reconocen ahora las ONG y los
activistas a favor de los derechos de los gitanos. En Bulgaria, por
ejemplo, los gitanos han encontrado empleo de manera masiva, al menos
así lo atestiguan las cifras oficiales.
"En realidad, pocos meses más tarde estaban ya en la calle", afirma
en Sofía la investigadora búlgara Ilona Tomova. "Nosotros, los países
postcomunistas, sí que sabemos de manipulación de cifras. Pero la Unión
Europea no se ha dado cuenta".
Ahora que esos países ya son Estados miembros de la UE, Bruselas no
puede ya utilizar la perspectiva de la adhesión como medio de presión,
considera Rob Kushen, director del Centre Europeo de Derechos de los Gitanos (ERRC) en Budapest.
La Comisión Europea está además sometida al principio de
subsidiariedad: “En lo que respecta a los gitanos, son los Estados
miembros quienes juegan el papel determinante en cuanto a educación,
empleo, alojamiento y sanidad. Nuestro papel únicamente se limita a
coordinar”, dice Matthew Newman, portavoz de Viviane Reding, la
comisaria encargada de Derechos Fundamentales y Justicia.
Sin embargo, Bruselas puede influir sobre la política a través de los
fondos europeos. Para el periodo 2007-2014, por ejemplo, la República
Checa, Rumanía y Eslovaquia recibieron cada una 172 millones de euros,
especialmente vinculados al ámbito de los gitanos.
Los Estados miembros en los que vive esta minoría pueden solicitar
programas sociales más extensos. Esta hucha supone un total de 17.500
millones de euros. Eslovaquia obtuvo 200 millones de euros para un nuevo
programa. De 2001 a finales de 2006, Klara Orgovanova trabajó en ese
país con un equipo de 30 personas.
Cómo se esfumó el dinero de las subvenciones
Pero en julio de 2006, cuando el partido socialdemócrata [SMER-SD]
llegó al poder y creó una coalición [hasta 2010] con el Partido Nacional
Eslovaco [SNS], cuyo líder, Ján Slota, consideraba que los gitanos se domestican con un “largo látigo en un patio trasero”.
Acto seguido, la mayor parte del dinero “desapareció”, se transformó
de nuevos semáforos, en equipos tecnológicos para los hospitales o en
equipos de fútbol en los que no juegan gitanos. Con respecto a Klara
Orgovanova y a su equipo, los despidieron.
En ocasiones, el dinero que se lo embolsan ONG ficticias o sirve para
abultar un poco más los salarios de los altos funcionarios corruptos.
Es lo que afirman algunos eurodiputados, como Els de Groen [que ostentó
dicho cargo], los activistas pro-derechos de los gitanos y los
periodistas, como los que pertenecen al colectivo BIRN (Balkan Investigative Reporting Network).
También hay que añadir que el dinero no siempre se malversa
voluntariamente. Las solicitudes de subvenciones son complicadas y
exigen que se conozca muy bien la jerga de la UE.
Frente a los episodios racistas y al intento de fichar a los gitanos en Italia en 2008 y, sobre todo, después de las expulsiones de gitanos en Francia
en 2010, la Comisión se limitó a alegar una violación de la libre
circulación, ni siquiera se refirió a la igualdad de trato o a la
igualdad racial.
Una reacción tildada de muy insuficiente por las organizaciones de
derechos humanos. Esta reserva de la Comisión se debe a que "la
discriminación y el sentimiento anti-gitano son un asunto político mucho
más candente", considera Nele Meyer, de Amnistía Internacional.
"La Comisión no puede desempeñar un papel de super-gendarme de los
derechos fundamentales", destaca por su parte Matthew Newman. Este
último subraya también la "débil tasa de absorción" de las subvenciones
de la UE dedicadas a los gitanos: “Las demandas únicamente abarcan una
parte de los fondos. Los gitanos no son una prioridad política”.
Fondos insuficientes
Según Valeriu Nicolae, él mismo gitano y director del Centro de Políticas para Gitanos y Minorías
de Bucarest, los fondos dedicados a los gitanos por Bruselas son
claramente insuficientes: "Rumanía ha recibido durante el periodo de
2007 a 2013 alrededor de 230 millones de euros. Nosotros tenemos un
millón de gitanos. Eso ni siquiera supone 20 céntimos al día por cada
gitano".
¿Por qué la Comisión no hace que un comisario se ocupe de las
minorías? “Los Estados miembros tienen miedo de que pudiese mostrar
interés por los húngaros en Rumanía o por los vascos en España”, señala
Jan Marinus Wiersma. Por su parte, la eurodiputada húngara Kinga Göncz
evoca un cierto miedo “comprensible”: “Los países podrían entonces
pensar: ‘Perfecto, ahora quien se ocupa de ellos es Bruselas’”.
Tras los sucesos que tuvieron lugar en Italia y en Francia, la Unión
parece que se movilizó. En abril de 2011, el Consejo Europeo decidió
establecer un marco europeo común bajo la figura de “estrategias nacionales de integración de los gitanos”.
Lívia Járóka,
la única eurodiputada de origen gitano, se muestra optimista porque
prima el interés socioeconómico de la integración de los gitanos.
“Puesto que los políticos no van pura y llanamente a ayudar a los
gitanos”.
Pero incluso ahí, la Comisión se encomienda al final a los Estados
para tratar de encontrar una solución. Hungría sirve de ejemplo para
mostrar lo que esto podría suponer en la práctica. “Recientemente el
Gobierno de Viktor Orbán ha rebajado la edad máxima de escolarización
obligatoria, aunque los niños gitanos pueden abandonar el colegio
antes”, dice Rob Kushen del ERRC.
Eso demuestra hasta qué punto es difícil obtener cualquier tipo de
medida a favor de los gitanos en la coyuntura actual. Viktor Orbán se
enfrenta en Hungría, como en otros países europeos, a una oposición de
extrema derecha: Jobbik, un partido abiertamente anti-gitano. “La
democracia consiste también en defender las minorías. Pero Viktor Orbán
parece que no lo capta. Es precisamente el consejo que daba Havel en
1993”, subraya Rob Kushen.