- Roberto Ampuero, el gimnasta
Ayer, Eugenio Tironi presentó
en el GAM “El Último Tango de Salvador Allende”, la novela más reciente
del escritor nacido en Valparaíso; ex comunista de elite en Cuba, y
refugiado en la RDA. Convertido en académico y el autor local que más
vende después de Isabel Allende, se cuenta entre los amigos personales
del Presidente Piñera y representa a Chile en México, una destinación de
primera clase. ¿Cómo lo hizo? Aquí parte de su historia.
Aunque es primera vez que le
toca ser embajador, sería en parte un error decir que Roberto Ampuero no
tiene experiencia en el oficio de la diplomacia.
En diciembre 1973 era militante de las Juventudes Comunistas. Sin
haber estado detenido y menos condenado a pena de exilio, un amigo en la
embajada de la RDA lo ayudó a salir de Chile con una beca para estudiar
Periodismo en Liepzig.
En la Universidad Karl Marx, compartió habitación con el periodista
cubano Joaquín Ordoqui, quién murió como disidente, pero en 1974 era
todavía cercano al régimen de la isla. Ordoqui le presentó a Margarita
Flores. Ella es hija de Fernando Flores Ibarra, embajador de Fidel
Castro en Europa —por aquellos años— y apodado “Charco de Sangre” por
los cubanos que viven en Miami, desde que fue fiscal en las ejecuciones
de opositores a la Revolución.
Ampuero, descrito por amigos como “muy simpático, afable y
entretenido”; y por enemigos, como “un animal social”, según una
escritora de su generación, contrae matrimonio a los pocos meses con la
hija del jerarca cubano.
En julio de 1974 deja atrás la plomiza vida en Alemania Oriental y se
instala en Miramar, barrio acomodado de La Habana. Por su casa pasan
diplomáticos como Raúl Roa, testigo de su matrimonio y durante años el
canciller de Castro.
También Manuel “Barbarroja” Piñeiro, encargado de concretar el apoyo
del PC cubano a América Latina, incluidos el FPMR de Chile.
La culpa
El matrimonio duró muy poco. Sin embargo, Ampuero continuó en Cuba,
como un proletario más y termina sus estudios de Literatura en la
Universidad de La Habana, donde gana un premio con uno de sus cuentos.
Cuando la situación se hace insostenible en Cuba, gracias a otro
amigo vuelve a la RDA. Ampuero en medio de su crisis matrimonial había
renunciado al PC. Sin embargo, a través de Enrique Correa llega a
Alemania como militante del Mapu.
En la RDA comparte con el hijo del ex canciller de Allende, el
senador Juan Pablo Letelier. Ampuero como todos los militantes debe
pasar una estadía en la escuela de cuadros Wilhem Pieck, cerca de
Berlín, recibiendo entrenamiento ideológico. “Lo conocí como un
dirigente político que se perfilaba muy bien. Me sorprende un poco su
conversión hacia la literatura”, dijo Letelier en un reportaje de La
Nación de 2004.
En 1982, siete años antes de la caída del Muro de Berlín, Roberto
Ampuero pasaba de la RDA a instalarse en Bonn, capital de Alemania
Occidental. Aquí conoció a su esposa Ana Lucrecia Rivera, embajadora de
Guatemala en ese país. Con ella vivirá también en Chile y Suecia, en los
90, la década en que Ampuero empieza a hacerse conocido como escritor.
En más de alguna de sus historias (¿Quién Mató a Cristián Kunstermann?, Los Amantes de Estocolmo), aparece el tema de la traición ideológica que supone la conversión política de un sector a otro.
Las nuevas redes
Ampuero (20 de febrero de 1953) es hijo de un funcionario de la
naviera inglesa Pacific Steam Navigation Company. En el Deutsche Schule
de Valparaíso aprendió alemán. Así, Roberto Ampuero Brulé no sólo
heredaría el nomadismo y el gusto por los libros, sino el apellido con
el que bautizó a su personaje más vendedor: el detective Cayetano Brulé.
En la RDA comparte con el hijo del ex canciller de Allende, el senador Juan Pablo Letelier. Ampuero como todos los militantes debe pasar una estadía en la escuela de cuadros Wilhem Pieck, cerca de Berlín, recibiendo entrenamiento ideológico. “Lo conocí como un dirigente político que se perfilaba muy bien. Me sorprende un poco su conversión hacia la literatura”, dijo Letelier en un reportaje de La Nación de 2004.
Ampuero, a mediados de los ’90, no solo había dejado la política a
cambio de la Literatura, sino que comenzaba a variar su punto de vista
ideológico y también sus redes.
De hecho, su experiencia como comunista de elite fue la sustancia de
“Nuestros Años Verde Olivo”, la novela de 1999, sobre un militante
desencantado, que se mantuvo 24 semanas en la lista de los más vendidos.
Con ese libro, llamó la atención de Cristián Bofill, el director de
La Tercera. Ampuero fue la hebra a partir de la cual se armó la serie de
investigación periodística por entregas sobre la historia del FPMR,
publicada desde mayo de 2001 en ese periódico.
También, fue clave para que el diario de Copesa tuviera en exclusiva
los papeles de José Donoso, que se guardaban en la universidad de Iowa,
donde Ampuero estaba radicado por una temporada. En esas hojas, el
escritor anotaba el conflicto que le provocaba su orientación
homosexual.
De este modo, Ampuero se transformó en columnista, y uno de los
escritores recurrentes en las páginas de La Tercera. Aunque también lo
fue en El Mercurio. Sus columnas criticando a la Concertación y la
visita de Bachelet a La Habana, tuvieron buena acogida.
Piñera el amigo
De hecho, fue en una columna de 2009, en la que Ampuero confesaba que
iba a votar por Piñera: “Yo voté una vez por Frei y ahora voy a votar
por Piñera. Es hora de cambio, la Concertación lleva más de 20 años y ya
se ha agotado su modelo”, señaló.
Sin embargo, su relación con Piñera candidato, comenzó mucho antes.
Fue en el intermedio entre la campaña que perdió con Michelle Bachelet y
la que finalmente lo instaló cuatro años después en La Moneda.
En ese lapso, Ampuero en sus viajes a Chile desde Iowa visitaba a
Piñera y ambos, esposas incluidas, tuvieron tiempo de juntarse en Miami
en 2008.
Por eso no fue sorprendente verlo en enero de 2010, en uno de los
últimos actos de campaña. Uno que congregó a la gente de la cultura,
encabezado por el mismo Ampuero y por Mario Vargas Llosa.
Menos sorprendente entonces fue su designación como embajador en
México, la que Piñera le comunicó en noviembre de 2011, después de que
el novelista presentara las memorias del obispo Bernardino Piñera, tío
del Presidente.
Neruda y Allende
Puede que la Concertación se haya agotado como modelo para Ampuero, pero sus referentes culturales tienen mucho para dar.
“El Caso Neruda” (2008) una entrega de Cayetano Brulé en la que
aparece el poeta, hizo que la editorial colombiana Norma le pagara US$
200 mil por llevárselo desde Planeta y lanzara el libro a lo grande en
América y España.
Ahora, Ampuero volvió a echar a andar la grúa de la industria
editorial. Sudamericana, filial de Random House Mondadori, lo fichó para
publicar en su sello “El Último Tango de Salvador Allende”, que por
cierto, venderá mucho más que cualquier novela basada en Heberto
Padilla, el poeta disidente que lo refugió en Cuba.
Pero así son los negocios. Ampuero perteneciente al redil de la
agencia que comanda el argentino Guillermo Schevalzon, sabe muy bien que
aunque se mezclen, una cosa es la ficción y otra muy distinta, la
realidad.