Domingo 15 abril 2012 | 21:34
Publicado por Fernanda Hansen ·
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No soy muy buena para escribir, pero soy periodista.
Hay temas que preferiría no tratar, pero soy periodista. Y hay momentos
en que es más fácil callar, pero soy periodista.
He tenido varias invitaciones, genuinas y respetuosas, para referirme
a un tema de connotación social que me sitúa como una especie de
fuente. Las he denegado porque, al entender el rol de todo periodista,
sé que habrá preguntas que no quiero responder, convencida de que lo
íntimo me pertenece y no lo considero materia pública.
Sin embargo, cuando se trata de un accidente que involucra la muerte
de 21 compatriotas, una institución pública como la FACh, la
investigación de un fiscal y declaraciones obligadas de Gobierno, me es
imposible callar. Porque tal como cada uno de los chilenos que
libremente se hacen preguntas, yo también me las hago, y, además, como
periodista por cierta “responsabilidad profesional” las hago públicas.
Fuerte y claro sentenciaba el presidente Piñera en septiembre del año
pasado: “Se cumplieron todos los protocolos de la Fuerza Aérea. No
sabemos exactamente lo que pasó y a lo mejor nunca lo vamos a saber…
toda la planificación de vuelo, por la información que tenemos, se hizo
de acuerdo a los protocolos de seguridad y que la ejecución del vuelo
fue de acuerdo a lo planificado”.
No soy experto, perito, fiscal ni menos juez. Soy una más de las que
sabe de los cientos de rumores que circulan y de las cada vez más
informaciones que devela la prensa.
De todo lo que se especuló y se especula, me haré cargo de lo que se
reveló y “aclaró” a través de los medios de Comunicación Social.
¿Dónde está el Piloto?
Finalmente no era la teniente Fernández la que comandaba el avión. El
plan de vuelo realizado por Mallea (comandante del vuelo) además había
sido elaborado 2 veces, por datos errados.
La respuesta frente a este hecho fue argumentar que era irrelevante
quién figuraba como Comandante pues el CASA 212 permite ser piloteado
desde ambos comandos. Y que equivocarse al escribir el plan de vuelo es
un detalle que nada tiene que ver con el accidente.
Y claro, nada de esto es determinante en que se caiga un avión. Pero
sí, habla de una Institución que en una eventualidad no posee
información correcta, y se presenta frente a la ciudadanía
desorganizada y por decirlo de alguna manera, desordenada dando
declaraciones erráticas y peor, erradas.
La panne del tonto
Que el avión se quedó sin combustible y que por ello cayó, fue uno de
los supuestos. Con el correr del tiempo, nos enteramos que los vuelos
militares viajan sin autonomía suficiente de combustible para ir y
regresar.
“Así se ha hecho siempre y todos quienes vuelan están al tanto de
aquello”, se argumentó. Aún si esta no era la causa del accidente, me
pregunto: ¿en su actuar es responsable la FACh con esta práctica? ¿No
sólo considerando civiles, sino a quienes pertenecen a sus propias
filas, es justo incorporarse a la Institución para “servir al país”,
cuando ésta cada vez que te hace volar, te hace jugar a la ruleta rusa?
Parece algo así como…”que te vaya bien. Tienes sólo una oportunidad.
Si no te alcanza para ir, no te molestes en volver”. Y aunque se dijo
que era una práctica habitual en la aviación mundial, al menos no
pareciera hacer sentido cuando se trata de civiles.
Nunca ha pasado nada” recibí de respuesta cuando cuestioné este hecho. Quizás es hora de darse cuenta que la historia cambió.
Caballitos de batalla
A los pocos días del accidente ya corría fuertemente el rumor, desde
filas al interior de la FACh, que a los aviones CASA no se les
realizaban las mantenciones pertinentes. Nada se dijo sobre esto, hasta
que se reveló por la prensa.
Nuevamente se argumenta que el llamado “perno” no cambiado y que
“funcionaba adecuadamente después de diversas pruebas” no tendría
incidencia en las causas del accidente.
Y aun así, me pregunto: ¿Corresponde que el documento de la
empresa fabricante enviado a la FACh haya sido obviado parcialmente al
cambiar sólo 3 de los 4 pernos, como éste instruía?
Tratándose de equipamientos de la Fuerza Aérea costeadas por el
Estado con un presupuesto altísimo (se habla que Chile es uno de los
países que más invierte en materia de Seguridad), como ciudadana espero y
exijo que su funcionamiento esté respaldado no en un 100%; sino un
120%.
¿Quién pagó el impuesto de sobrecargo?
Ahora tras 7 meses… ¡7 MESES! A la FACh la apodera un tardío ímpetu
de transparencia y asume que el vuelo CASA 212 despegó con un 2% de
sobrepeso.
No se sabe con cuanto sobrepeso despegó el avion. Según la Fuerza
Aérea, el documento con el listado del equipaje y carga se perdió con el
aparato. Parece que no dejan copia en tierra cuando justamente esa
documentación sirve de ocurrir un accidente. Ese 2% de sobrepeso es un
calculo de la propia FACh.
Y claro, una vez más, se argumenta que un 2% no incidiría en las
causas del accidente. Y se agrega como si fuese más “irrelevante” el
dato aún, que esto no provocaría un mayor gasto de combustible para así
eximir una supuesta responsabilidad de la autonomía de vuelo del avión
como causa del desplome.
Pero insisto y pregunto: ¿es parte del protocolo de seguridad (como
dijo el Presidente tras ser informado que se habían cumplido todos)
despegar con sobrepeso? ¿Es una práctica habitual de la FACh?
Sin ser experta, sé que si los aviones tienen un límite de peso, no
es por un tema arbitrario, sino justamente porque hay entre otras,
materias de seguridad involucradas en ello.
“No hay camino a la verdad, la verdad es el camino”
Supongo que la FACh, entre otras cosas, prepara a su gente para la
guerra. Y desde aquella consiguiente relación con la muerte, la
importancia emocional que cumple la Institución para con los deudos.
Y he aquí el punto más delicado. No se trata de petróleo, piezas ni balanzas, se trata de personas, de ciudadanos. El goteo de verdades con el correr el tiempo sólo profundiza el trato incierto y emocionalmente pobre en el que se ha caído.
Cuando las cosas desde el origen están mal, se siguen desarrollando mal
Ese mismo viernes 2 de septiembre de 2011 en el Grupo 10 de la FACh,
se dieron las primeras muestras de escasez de tino e información.
Todos quienes estuvimos ahí podemos dar fe de que las informaciones
que se entregaban no iban acordes a la realidad ni menos a la verdad.
“No podemos descartar nada. El avión incluso pudo amarizar y hay que
esperar”, decían autoridades de la FACh, mientras por la radio, el
alcalde de Juan Fernández, hablaba del hallazgo no sólo de cuerpos, sino
que incluso de tripas (disculpen la crudeza, pero esa es la verdad
aunque ésta a veces duela). ¿Es un actuar responsable crear
falsas esperanzas aún teniendo el conocimiento que el avión CASA 212
entre otras cosas, NO PUEDE amarizar?
En Juan Fernández se manejaba más información que en la propia
Institución y fuente oficial. La incertidumbre sobre la verdad es una
forma de tortura en la espera y es imposible no cuestionar que la FACh o
Gobierno hayan demorado más que los medios de comunicación en informar a
los familiares de las víctimas.
Y como acápite aparte, mezquinamente a mi juicio, se dieron a conocer las calificaciones de un piloto de la propia Institución.
Siento que la FACh le falló a uno de los suyos al permitir (existiría
la sospecha que éstas fueron incluso filtradas por la misma Institución
para desviar la atención) un desprestigio y una agudización del dolor
de la familia y madre del Teniente Mallea que hoy lloran doblemente a su
hijo, por los juicios que le han hecho. No es justo para esa familia.
Soy una más de las indignadas. Y no hablo desde lo personal, lo digo
desde mi rol ciudadana y manifestando la opinión que tantas veces me han
solicitado revistas, diarios y demáses.
Me preocupa y me parece que el accidente de Juan Fernández -además de
ser un dolor en el corazón de muchos- es materia de Estado. Me siento
frente a una Institución que no ha tenido un actuar pertinente a su
calidad.
No pretendo hacer denuncias ni perseguir negligencias. Si las hay, ya
habrán instancias para aquello. Sí, exponer mi opinión frente a un
hecho que demanda transparencia, fin de las especulaciones y reparos en
el actuar y proceder de la Fuerza Aérea.
El Ministro Mera es el encargado de juntar las verdades, aunar datos y
resolver muchas dudas. Sin embargo pienso que en el intertanto, el
Ministro Allamand, quien hoy incluso suena como futuro candidato
presidencial de la Nación, debiera en su rol de Estado ordenar, corregir
protocolos y vacíos expuestos por consecuencia de este accidente.
Entre ellas, balizas que debieran funcionar o existir; chalecos
salvavidas que permitan a los cuerpos emerger; autonomía de combustible;
mantenciones adecuadas, e incluso realización de acciones kamikazes
como lanzar buzos desde aviones al mar, en plena noche y con las
condiciones meteorológicas adversas, sin tener si quiera idea de la
localización del avión siniestrado; entre otros.
Y hago hincapié especial, en tomar medidas y protocolos para manejo de crisis y comunicaciones. No
es posible que una Institución como la Fuerza Aérea ligada a Gobierno
no tenga una manera prudente, exacta y transparente de entregar
información a los ciudadanos, pero por sobre todo a los familiares de
víctimas.
Creo que no sólo las familias de las víctimas, sino todos los
ciudadanos reclaman para poner fin a la inseguridad e incertidumbre que
genera enterarse primero por rumores y luego por la prensa, de diversas
materias como también de antecedentes sobre este caso.
@fernandahansen