Publicado: 20.04.2012
Hasta hace algunos
años, fuera de los límites urbanos establecidos en los Planes
Reguladores no estaba permitido abrir calles, subdividir para formar
poblaciones, ni levantar construcciones, salvo aquellas que fuesen
necesarias para la explotación agrícola del inmueble o para las
viviendas del propietario del mismo y sus trabajadores.
Se le asignaba a la Seremi de Vivienda y Urbanismo la responsabilidad
de cautelar que en los predios rurales, con fines ajenos a los
agrícolas, no se originaran nuevos núcleos urbanos al margen de la
planificación urbana regional (artículo 55º de la Ley General de
Urbanismo y Construcciones, LGUC). Esta sana política pública se cumplió
a medias, porque en 1980 se publicó en el Diario Oficial el DL 3.516
que posibilitó la formación masiva de parcelas de agrado en predios
rústicos de media hectárea, creándose miles de condominios
habitacionales cerrados a lo largo del país. Así, los dueños de fundos o
grandes extensiones rurales, en la práctica meros loteadores sin
deberes urbanísticos, se hicieron de inmensas fortunas y esta facilidad
para obtener plusvalías patrimoniales se mantiene hasta estos días.
En 1997 se modificó el Plan Regulador Metropolitano de Santiago
(PRMS) y en amplios sectores rurales de la zona norte de esta región se
crearon “a dedo” las Zonas con Desarrollo Urbano Condicionado (ZODUC),
extensas tierras que tenían nombres muy conocidos.
En el Plan de Prevención y Descontaminación Atmosférica (PPDA) de
esta saturada región existía una disposición para preservar las áreas de
valor natural y las de interés silvoagropecuario, que son las áreas
agrícolas, con la idea de evitar el continuo deterioro de la calidad del
aire. Pero en 2001, bajo gobierno de Ricardo Lagos, se eliminó esta
buena medida preventiva, para así dar paso a las actividades de la
construcción en los sectores rurales.
Con el argumento de que las ZODUC contenían errores metodológicos y
porque estaban orientadas para favorecer a ciertos propietarios de la
tierra, en 2003 nuevamente se cambió el PRMS, originándose los Proyectos
con Desarrollo Urbano Condicionado (PDUC), los que se podían ejecutar
en terrenos rurales con una superficie mínima de 300 hectáreas. Tres
grupos económicos –Enea, de Endesa; Hurtado Vicuña, con su socio Manuel
Cruzat, y Santa Cruz-Yaconi- presentaron los antecedentes de rigor ante
el Seremi de Vivienda y Urbanismo para acogerse a esta fórmula.
Para tal propósito esos inversionistas obtuvieron rápidamente una
“trucha” calificación ambiental favorable y los consejeros regionales,
cuales comparsas de esos emprendedores, también aprobaron los cambio de
uso de suelo, todo lo cual fue rechazado por la Contraloría General de
la República, ente fiscalizador que acogió nuestra denuncia, en orden a
que los actos administrativos de todo lo autorizado por los servicios
públicos vulneraban la regulación establecida para tal propósito.
A modo de ejemplo, en cuanto a las diferencias de precios que tienen
las tierras rurales y las urbanas, traemos a colación un episodio
publicado recientemente en El Mercurio respecto a un fundo de
2.000 hectáreas situado en la Quinta Región, de propiedad del empresario
Manuel Cruzat, quien lo valorizaba para la Superintendencia de Valores y
Seguros (SVS) como activo inmobiliario en $ 93.497 millones, en
circunstancias que su avalúo comercial era $ 22.294 millones, atendida
su naturaleza de rural. No conocemos el menor avalúo fiscal hecho por el
Servicio de Impuestos Internos (SII). Este amplio terreno hoy es rural y
se le conoce como fundo Las Cenizas y cuando se apruebe una
modificación al Plan Regulador Metropolitano de Valparaíso (PREMVAL) se
transformará en urbano con la inmediata plusvalía. Es decir, Cruzat como
buen hombre de números, se adelantó a los hechos para mejorar su
situación patrimonial. Un artículo relacionado con las proyecciones de este negocio fue publicado el pasado lunes 16 de abril en Estrategia.
Ya que se acaba de conformar una comisión de 26 “expertos” que
definirán los lineamientos de una Política Nacional de Desarrollo
Urbano, esperaríamos que el Minvu congele su proyecto PRMS-100 hasta que
se conozcan los resultados del trabajo de esa distinguida comisión de
profesionales que, digámoslo con claridad, forman parte del establishment chileno.
En referencia a esta materia, damos a conocer una comunicación ad hoc
(*) enviada por la Fundación Defendamos la Ciudad al Contralor General
de la República, con copia al Consejo para la Transparencia, el Seremi
de Vivienda y Urbanismo, el Seremi de Obras Públicas, el Seremi de
Transportes y Telecomunicaciones y al particular Iván Poduje,
arquitecto-consultor. La carta aborda el tema del crecimiento inorgánico
de las ciudades, que ya está haciendo crisis, pues urge la mano de un
Estado responsable para poner coto al desorden en el cual estamos
inmersos desde hace tantos años.
(*) Vea la carta enviada por la Fundación Defendamos la Ciudad al Contralor General de la República