Internacional / dos criminales monstruosos
Cincuenta años después del juicio del criminal nazi, otro proceso muestra la maldad revestida de frases huecas y pretenciosas
Día 22/04/2012 - 06.48h
El próximo 31 de mayo se cumplirán 50 años de la ejecución de uno de los principales artífices del Holocausto, Adolf Eichmann.
En el juicio, en vez de un monstruo antisemita y fanático, responsable
del asesinato y deportación de cientos de miles de judíos, se pudo ver a
un hombrecillo gris y apocado, un burócrata preocupado ante todo por la
eficacia de su tarea, aunque esta fuera enviar seres humanos a las
cámaras de gas. La filósofa Hannah Arendt, que siguió el juicio y
reflejó su experiencia en la obra «Eichmann en Jerusalén. Un estudio sobre la banalidad del mal»,
se sorprendió de las escasas dotes intelectuales del criminal nazi. En
sus intervenciones ante los jueces, Eichmann se limitó a declamar frases
hechas y estereotipos, mostrando una agilidad mental nula.
Breivik pidió la absolución por haber actuado «movido por nobles intereses»
En estos días, se está desarrollando en Oslo otro proceso, el de Anders Breivik,
asesino confeso de 77 personas a tiros el 22 de julio de 2011 en Oslo y
en la isla noruega de Utoya. El ultraderechista noruego pidió la
absolución por haber actuado «en legítima defensa» y «movido por nobles
intereses». En el juicio, Breivik saludó con el puño al frente y se
declaró miembro de una red de militantes nacionalistas denominada Caballeros Templarios,
cuya existencia desconoce la Policía noruega. Las contradicciones e
insensateces de sus primeras declaraciones han sido numerosas y
variadas: desde afirmar que protagoniza una cruzada contra la
«descristianización» de Europa, pese a no ser «muy religioso», a que su
plan de filmar la masacre se frustró porque no pudo comprarse un iPhone.
Los
casos de Eichmann y Breivik son incomparables, tanto por las
dimensiones de sus crímenes como por sus personalidades y motivaciones,
pero llama la atención que dos personas tan nulas intelectualmente y, en
definitiva, tan estúpidas, pudieran ser capaces de provocar tanto
dolor.
Impotencia
En
el caso del criminal noruego, la justicia trata de determinar el estado
mental del acusado, dado que él ha asumido la responsabilidad de los
hechos. Aparentemente, resulta difícil no llegar a la conclusión de que se trata de una mente perturbada.
En lo que respecta a Eichmann, resulta difícilmente comprensible que
fuera incapaz de discernir la maldad de sus actos, bajo la excusa de ser
un mero ejecutor de órdenes superiores por muy inmerso que estuviera en
un sistema totalitario.
Resulta
también de difícil comprensión que Breivik pueda tener partidarios que
simpatizan con lo que hizo, por muy minoritarios que sean, y que
Eichmann obtuviera apoyos en su búsqueda de refugio por parte del
Gobierno alemán de Adenauer.
Quizás haya que recurrir a una de las conclusiones de Arendt ante la
dificultad de comprender el horror del Holocausto y que bien puede
aplicarse a los asesinatos de Breivik: «Las palabras y el pensamiento se
sienten impotentes».