Columnas
17 de Abril de 2012
El coronel tiene quien lo quiera
La semana pasada vimos una vez más como el
alcalde Labbé cree estar por sobre el bien y el mal. Está tan convencido
de esto, que se ha tomado la libertad de no escuchar a las alumnas, a
los apoderados, a la Corte de Apelaciones y ni siquiera al ministro de
Educación.
Que las alumnas perdieron 7 meses y por
eso da lo mismo que pierdan 30 días o 45 más si es necesario. Debemos
entender que está bien castigar a los jóvenes por levantarse el 2011 y
pelear por una mejor educación, sin discriminaciones y de calidad.
Bueno, él no ha sabido nunca entender conceptos tan elementales para
nosotros como la no discriminación, el respeto a los derechos humanos y
los valores morales, para qué hablar de una educación pública y estatal.
Que los liceos perdieron el año pasado cientos de millones de pesos y
por eso hay que castigarlos. En qué parte se habrán perdido esos
recursos si el Congreso se encargó de darle al última palada de tierra a
los empeños de los segundarios por tener éxito con su movilización al
aprobar —de manera extremadamente conveniente para los alcaldes y el
Gobierno—, una ley que permitió pagar el total de las subvenciones y
que, dicho sea de paso, en su artículo único establece que “El
Ministerio de Educación velará porque no existan abusos o impedimentos
arbitrarios para renovar las matrículas de los alumnos movilizados” (Ley
20.553).
Como usted ve, el alcalde se queja del dinero que sí recibió, pero no
estuvo dispuesto a cumplir la misma ley que le entregó esos recursos.
Porque igual se encargó de que su equipo de directoras, usando
maliciosamente consejos de profesores y consejos escolares,
sancionaron a los alumnos y alumnas. Expulsiones, acusaciones sumarias,
condicionalidades que van desde la simple hasta la extrema afectan a más
de un millar de estudiantes de Providencia que saben que a la menor
provocación serán expulsados sin ningún miramiento.
Si el mensaje es que el coronel no quiere a nadie, ni está dispuesto a ayudar a nadie que no le lleve el amén y se someta a sus arbitrariedades sin denunciar lo mezquino, mal agradecido, violento, abusador, arrogante y ordinario que es. Que él, es todo poderoso y que cuenta con el apoyo del Gobierno para que siga amedrentando a nuestros hijos con tal de mantenerlos callados y sumisos. Entonces, el futuro se ve complicado.
El alcalde tiene el descaro de decir hoy, a raíz del fallo de la
Corte de Apelaciones, que ordenó el reintegro inmediato de las alumnas
expulsadas del Carmela, que los fallos hay que cumplirlos, que se debe
respetar la institucionalidad y el estado de Derecho, sin embargo cuando
el año pasado le pidió a la Corte que desalojara los liceos en toma,
con la presentación de una orden de no innovar, la que perdió en la
misma Corte, no trepidó de igual manera, en ordenar el desalojo de dos
liceos, incumpliendo con este acto al mismo tribunal que dice respetar.
Labbé no tiene problemas en tratar a los alumnos(as) de Providencia
de delincuentes, endemoniados, pelafustanes, por solo mencionar algunos
de los insultos que les ha proferido en el último año y medio. Sin
embargo, para nosotros, los que tenemos hijas e hijos en Providencia, y
que no nos terminamos de acostumbrar a sus bravatas, lo que nos resulta
más indignante es que no exista ninguna autoridad, de ningún nivel, que
esté dispuesta a detener a estas agresiones.
La única reflexión que uno puede hacer con esto, es que la última vez
que dejamos a un militar hacer y decir lo que se le dio la gana, fue en
el periodo más oscuro de la historia de esta nación y uno entendería,
por los “discursos” de nuestra clase gobernante, que la idea era que eso
nunca más pudiera pasar en Chile.
El año 2011, la gran mayoría de los chilenos estuvimos de acuerdo en
que la demanda de los secundarios era por demás necesaria. Que debíamos
mejorar la calidad, la igualdad de oportunidades y bla, bla, bla.
Entonces ¿Por qué nuestros segundarios son los que tienen que enfrentar
los castigos de una sociedad que no ha sabido responder solucionar por
ninguna vía los problemas que ellos denunciaron con tanta razón y
fuerza?
Los universitarios, en cambio, no perdieron el año, no repitieron, no
fueron expulsados, no se les ha humillado públicamente, sus apoderados
no han sido tratados como enajenados ni indolentes despreocupados por la
educación de sus niños y niñas. Sin embargo, a sus máximos
dirigentes, por quienes siento gran respeto y admiración, en una
campaña sin precedentes, impulsada por los medios de comunicación de
manera transversal, se les trata como héroes, dan entrevistas, son
panelistas en programas de radio, pasean por el mundo recibiendo la
admiración de la comunidad internacional, son recibidos por los más
altos dignatarios, se hacen editoriales en el mundo entero con sus
nombres o son candidatos a alcalde. Yo no estoy diciendo que no se
merezcan nada de esto, pero hoy nuestros hijos e hijas son víctimas del
peor de los tratos y humillaciones y ninguno de ellos siquiera se ha
aparecido a prestar su apoyo ni se ha querido enterar de nuestras
necesidades.
Si el mensaje es que no levanten la cabeza, que no reclamen, que su
educación da lo mismo, que no tienen derecho a demandar nada, entonces
yo le pediría, no, más bien le exigiría al Presidente de la República, a
todos sus ministros, a los partidos políticos, a los senadores y
diputados y a los alcaldes, díganlo así de claro y no nos inventen más
cuentos. Nosotros tratamos de convencer a nuestros alumnos que se
dediquen a estudiar. Cosa que afortunadamente nunca vamos a lograr,
porque ellos a diferencia nuestra no están ni estarán nunca dispuestos a
tranzar en la búsqueda de un mejor futuro.
Si el mensaje es que el coronel no quiere a nadie, ni está dispuesto a
ayudar a nadie que no le lleve el amén y se someta a sus
arbitrariedades sin denunciar lo mezquino, mal agradecido, violento,
abusador, arrogante y ordinario que es. Que él, es todo poderoso y
que cuenta con el apoyo del Gobierno para que siga amedrentando a
nuestros hijos con tal de mantenerlos callados y sumisos. Entonces, el
futuro se ve complicado.
Necesitaremos de muchos abogados y de muchas organizaciones que estén
dispuestas a dar la lucha por defender sus derechos. Necesitaremos
mucha paciencia, fuerza y aguante para apoyarlos como le corresponde.
Pero también necesitaremos muchas lágrimas, como las que estoy seguro
han derramado por estos días padres y madres de los Secundarios de
Providencia, Ñuñoa y otras muchas comunas de Chile.
Para nosotros en Providencia, el coronel representa lo nefasto del
pasado, la persecución y la represión. Representa una historia que
quisiéramos olvidar y que claramente hubiéremos querido que nuestros
niños y niñas nunca hubieren tenido que vivir en carne propia. Pero
vemos que a expensas de los poderosos, de los políticos de todos los
colores, de gran parte de los medios de comunicación y del silencio
indolente de nuestra sociedad, eso no va a ser posible. Nos gustaría
creer que al coronel alguien lo van a parar, que no van a dejar que siga
maltratando a nuestras familias.
Pero parece que el coronel aún tiene quien lo quiera.