Patricia Muñoz Garcìa

Patricia Muñoz Garcìa
Departamento Nacional Profesores Jubilados DEPROJ

miércoles, 28 de marzo de 2012

REFLEXIÓN ENVIADA POR DARÍO VÁSQUEZ.


                    Tú eres un profesor
                                                                                                 Por: Darío Vásquez Salazar
                                                                                                  Secretario General
                                                                                                   Colegio de profesores de Chile A.G.
Desde hace un tiempo el tema más recurrente ha sido la educación. El que ha querido se ha referido al respecto, y cada cual ha planteando críticas y soluciones, abanderizándose con una y otra postura.
El país está dividido en esta materia. Mientras la urgencia por cambios de fondo sigue esperando, el gobierno avanza consolidando el modelo entre aplausos y vítores de sus partidarios y de aquellos que usufructúan del sistema. Y que siguen recibiendo los  beneficios que este modelo de educación de mercado les da a costa del esfuerzo de la mayoría.
Leo el proyecto de ley ingresado al parlamento que plantea regulaciones al ejercicio de la profesión docente. Y en nombre de este principio que dice mejorar el desempeño docente, se trampea la vocación de profesor.
Me pregunto si las autoridades que participaron de la discusión y elaboración del proyecto, los expertos, técnicos, políticos, juristas, alguna vez en su vida han hecho clases a niños y jóvenes de nuestro país.
Si saben lo qué significa trabajar con niños y jóvenes en las escuelas y liceos, en  condiciones económico-sociales distintas unas de otras, con niveles culturales diferentes, muchas de ellas marcadas desde la cuna.
Me pregunto si esos técnicos y políticos saben siquiera cuales son los factores que inciden fuertemente en el proceso enseñanza aprendizaje. Si son capaces de sospechar la  valía del trabajo de un docente de kinder o de los primeros años básicos.
Si son capaces de entender lo que significa partir por  enseñar o reforzar hábitos a  sus alumnos, usar un pañuelo para sonarle los mocos a un pequeño de seis años,  o enseñarles a abrocharse los zapatos.
¿Habrán sentido alguna vez la felicidad y el orgullo que experimenta  un maestro cuando al cabo de meses de enseñanza un pequeño logra su primera lectura o su angustia  cuando algún  niño tiene dificultades y su aprendizaje se retarda?
Dudo que la discusión respecto de la profesión de los profesores haya  contado con el ingrediente esencial del complejo trabajo de enseñar: las personas. O que hayan considerado factores del proceso enseñanza-aprendizaje y que son parte del ABC del quehacer docente: las diferencias individuales que traen a cuesta nuestros niños.
Quien haya estudiado pedagogía sabe por su formación que un curso es una compleja suma de diferentes individualidades, cuyos ritmos de aprendizaje son distintos y en función de ello el profesor debe planificar y retroalimentar el proceso educativo.
Pretender, como lo plantea el proyecto, que todos los profesores sean medidos con la misma vara, es no saber qué es un  profesor.
Inevitablemente los resultados educativos serán diferentes al interior de un curso y entre cursos. Como también serán diferentes entre comunas.
La evidencia la tenemos a la vista. Todos los años se publican los resultados de la prueba estandarizada SIMCE, la que muestra las tremendas diferencias entre los sectores ricos y pobres. Esa prueba sólo sirve para “rankear” los colegios, con la peregrina  pretensión de que la familia pueda elegir las mejores escuelas y liceos para sus hijos.
La semana anterior fuimos invitados por la Comisión de Educación de la Cámara de Diputados para entregar la opinión del gremio sobre el proyecto de carrera profesional.
Tuve la oportunidad solicitar a los parlamentarios que en el debate que haya durante el trámite legislativo, y para tener mayores elementos de juicio, hicieran la prueba de intercambiar plantas docentes.
Que los profesores de un colegio de alto rendimiento, puse por ejemplo el Nido de Águila, se fuera a trabajar a liceo de una comuna pobre, y que este intercambio se hiciera por un año docente. Y que revisáramos y comparáramos los resultados obtenidos Les aseguré que esos resultados eran totalmente predecibles.
Que la educación es cosa de seres humanos es lo que los expertos no consideran para elaborar estos proyectos, que en definitiva se fundamentan, equivocadamente, en el premio y el castigo, como única vía para mejorar nuestra alicaída educación.   
Santiago, marzo 28 de 2.012