Betancourt y Rojas rehacen su vida diez años después de su secuestro por las FARC
La guerrilla les robó seis años de su vida y frustró las aspiraciones políticas de ambas
Día 24/02/2012 -
afp
Las colombianas Ingrid Betancourt y Clara Rojasse refugian en sus familias y en proyectos personales para rehacer sus vidas una década después de su secuestro por las FARC, hecho que se convirtió en noticia mundial e hizo visible la tragedia del cautiverio en Colombia.
Aunque prefieren celebrar el aniversario de su liberación, que lograron en 2008, ambas se enfrentar al recuerdo de aquel fatídico 23 de febrero de 2002,
cuando la guerrilla les robó seis años de su vida y frustró sus
aspiraciones políticas: Ingrid era entonces candidata a la presidencia
del país y Clara a la vicepresidencia.
Una vez en libertad, Betancourt se cortó la trenza que
popularizó su imagen durante su cautiverio y ahora vive en París,
aunque viaja con frecuencia a Nueva York y a la ciudad británica de
Oxford, donde estudia teología y griego antiguo.
Tratamiento psicológico
Según reconoció en una entrevista a la revista colombiana «Bocas», tuvo que esperar hasta hace sólo dos meses para «sentir que ya estaba en la vida» y ver los resultados de su tratamiento psicológico.
También influyeron los efectos de su producción literaria, plasmada en el libro «No hay silencio que no termine», y de la producción de una película sobre su vida, que está en curso y podría ver la luz próximamente.
Para
Clara Rojas, sin embargo, la superación de las cadenas del secuestro
llegó al poco tiempo de ser liberada.«Cuando me liberaron yo salí del
país por unas semanas y estuve en la playa. Y un día muy temprano vi ese
sol tan lindo frente al mar, con los pies descalzos en la arena y me dije: esto ya es la libertad», recordó antes de matizar que la escritura también ha contribuido a liberarle.
Rojas añadió que «la mejor terapia» ha sido compartir tiempo de calidad con su hijo Emmanuel, fruto de una supuesta relación consentida con un guerrillero durante su cautiverio, al que tuvo con ella por algunos meses en la selva hasta que se lo arrebataron.
Rojas recuperó a su hijo, que se encontraba en una casa de acogida
Esa historia ha inspirado una producción cinematográfica que pronto se estrenará y que está protagonizada por el actor español Luis Tosar y la actriz colombiana Martina García.
Pero
la forma en que fueron secuestradas por las Fuerzas Armadas
Revolucionarias de Colombia (FARC) también ha aireado escenas dignas de
un guión cinematográfico.
El exmarido de Betancourt, Juan Carlos Lecompte, que integraba el partido por el que se postulaban a la Presidencia en 2002, comentó «que el secuestro se pudo haber evitado» si el Gobierno las hubiera respaldado.
Lecompte reconoció que tuvo algo de irresponsable la incursión de las dos mujeres en la región del Caguán, solo días después de que el Gobierno del entonces presidente Andrés Pastrana declarara
el fin de la desmilitarización de ese territorio que había sido
concedido a la guerrilla durante más de tres años para un fallido
diálogo de paz.
«Podría haberse evitado»
Pero dada la coyuntura electoral a ambas les pareció conveniente iniciar la gira, «lo que se podría haber evitado»,
insistió Lecompte, si el Gobierno las hubiera llevado en un helicóptero
que habilitó para periodistas hasta la localidad de San Vicente del
Caguán.
«Si no me hubieran quitado los escoltas, no nos hubieran secuestrado»,
sostuvo Betancourt recientemente a la revista «Bocas», asunto sobre el
que Clara Rojas prefiere no referirse tras haber reconocido en el pasado
que aquella decisión de adentrarse en el Caguán fue una «quijotada».
El cautiverio no sirvió para acercar a ambas mujeres desde el punto de vista personal
Lecompte
recordó que antes del secuestro eran compañeras de trabajo, pero nunca
amigas, por lo que no dio mayor valor a las especulaciones sobre el
deterioro de su relación.
Y Rojas admitió que no mantiene relaciones personales con ningún compañero de cautiverio,
mientras que Ingrid reveló que, pasados diez años, de vez en cuando
habla con algunos de los liberados, como el exparlamentario Luis Eladio Pérez y el contratista estadounidense Mark Gonçalves.