Agua y aire tóxicos en la región que exporta más de US$ 3 mil millones
El millonario y oscuro negocio del carbón: Auge y miseria en El Cesar colombiano
Publicado: 23.02.2012
Fotografía | Juan Carlos Sierra/REVISTA SEMANA
“Da vergüenza, uno rodeado de tanta riqueza y este pueblo que debiera
brillar está acorralado por esas minas”, dice Lorenzo Arias,
presidente de la junta de acción comunal de Plan Bonito, un caserío del municipio de El Paso, en Cesar, el segundo departamento productor de carbón al nororiente de Colombia.
Lo que dice Lorenzo Arias es literalmente cierto: los firmes
alambrados amarrados por postes de concreto de las empresas carboneras
encierran su pueblito de unas 200 casas. Al lado está la mina Calenturitas de la empresa Prodeco, filial de Glencore, la más grande multinacional suiza que domina el 50% de los mercados del metal de cobre del mundo(2).
En 2010, Glencore exportó carbón por casi mil millones de dólares y la
sola mina Calenturitas pagó US$34,2 millones de regalías al Estado
colombiano, la mayor parte de éstas para invertir en el desarrollo de la
zona donde se extrae el carbón. (Ver Mapa Minas del Cesar)
Sin embargo, los millones no brillan en Plan Bonito. De aquel
vividero sabroso, de gente humilde que sembraba yuca y ñame en tierras
ajenas y pescaba bocachico y bagre en el vecino río de Calenturitas, ya
no queda casi nada. Desde que despegó la bonanza minera hace un lustro,
lo llaman el pueblo de las dos mentiras: ya ni es plan ni es bonito.
Sus habitantes siguen siendo igual de pobres, pero la vida les
empeoró. Ya no tienen acceso a parcelas para trabajar ni pueden bajar al
río a pescar. El río lo desviaron y por donde corre ahora, hay guardias
privados que muchas veces no los dejan entrar. Al que no tiene trabajo
en las minas ni tienda para venderles algo a los mineros, la comida le
escasea.
Las explosiones que remecen el pit de la Calenturitas
no sólo averían sus viviendas: también provoca que las venenosas
serpientes bocadorada y cascabel que están en la maleza, huyan a
esconderse en las casas. “Hay que estar mirando a los niños”, dice un
lugareño.
La carbonilla flota siempre en el aire caliente de Plan Bonito.
Cuentan allí que el bebé de Nelsy apenas nació se afectó de los pulmones
y que Dionisia Ochoa de 66 años, Augusto Jiménez de 57 e Isidro Sosa de
40, andaban asfixiados cuando murieron. El agua de pozo profundo antes
limpia y clara ahora se tornó oscura. Nunca llegó el alcantarillado. La
Fundación Calenturitas de Prodeco hizo una escuelita pero la entrada es
un charco, pues no quedó adoquinada. En su interior se ven unos viejos
pupitres, que según contaron los vecinos, se los donaron los profesores
del vecino pueblo de El Hatillo, otra aldea que quedó cercada por las minas.
Varios hombres en Plan Bonito se han beneficiado como contratistas
enganchados por las bolsas de empleo, o directamente como empleados de
las minas: pueden ganar más de seis veces los salarios que conseguían
como jornaleros agrícolas. En total, son 25 mil los empleos directos o
indirectos que ofrecen las minas. Y los efectos se ven: ahora los
“drummeros”, como les dicen a los mineros por esas tierras pues es la
norteamericana Drummond la más grande carbonera de la zona y emplea a
unas 10 mil personas, gastan más, beben, estrenan mujeres, y el billar
del pueblo vive lleno.
La Glencore empezó una negociación con los
habitantes de Plan Bonito para comprarles sus casas y darles
indemnizaciones por los daños causados. Algo parecido estaba haciendo la
Vale con los de El Hatillo, pero en medio de las negociaciones, la
gente, desesperada, bloqueó las vías y esto llevó al Ministerio de Medio
Ambiente a dictar varias resoluciones para obligar a las empresas a
mejorar la calidad del aire y a algunas de ellas, a hacer bolsa común y
asumir el reasentamiento de Plan Bonito y El Hatillo, además de Boquerón, otro poblado que el ministerio consideró muy contaminado.
MALOS VECINOS
Para entrar a El Hatillo, el otro pueblo de 150
casas que también tiene que ser reasentado, hay que pasar por un lodazal
colmado de basura: allí bota el boyante pueblón de La Loma sus
desperdicios. Después se ven sus casas sencillas de paredes de bahareque
y techos de palma. El paisaje de fondo es una árida colina que sirve de
botadero de la mina del mismo nombre, El Hatillo. La mina es explotada
por la Vale Coal, una filial de la multinacional brasilera Vale, la principal productora de hierro del mundo. En 2010, Vale exportó US$148 millones desde El Hatillo.
A unos 800 metros de El Hatillo está la mina La Francia, de propiedad de la Colombian Natural Resources. Esta mina era de Coal Corp., una empresa de ex directivos de la petrolera estatal venezolana PVDSA, hoy socios mayoritarios de Pacific Rubiales, registrada en la bolsa de Toronto(3).
Con La Francia les fue mal: es una mina difícil de explotar por la
forma de sus depósitos y acumuló agua. Al parecer, según dijeron a
CIPER, para proteger un contrato de venta a una caldera en Estados
Unidos, un directivo, asociado a Goldman Sachs, consiguió que esta firma se quedara con la mina(4). Y hoy este poderoso banco de Wall Street es dueño de La Francia y, junto con Drummond, Glencore, Carbones del Cesar y Vale, es socio de Fenoco,
la empresa que tiene la concesión para operar los trenes que sacan el
carbón desde el centro del Cesar hasta los puertos en la costa Caribe,
desde donde sale al exterior(5). (Ver tabla Las mineras de carbón del Cesar).
Los reclamos se repiten. Y se entiende. Un estudio reciente de la
Secretaría de Salud Departamental, solicitado con urgencia por la
Defensoría del Pueblo, constató lo que la gente ya sabía: que el agua no
es apta para consumo humano y que el 51% de sus habitantes sufre de “enfermedades
relacionadas con la contaminación ambiental tales como las del sistema
respiratorio, y enfermedades de la piel y de los ojos”.
El tercer pueblo que debe ser reasentado, el Boquerón,
está en mejores condiciones. El gobierno municipal construyó un
acueducto y una escuela, y las empresas tienen dudas sobre si realmente
debe ser reasentado pues la contaminación allí es menor. Después de
decisiones contradictorias, el gobierno determinó que previamente debía
hacerse una consulta con las comunidades negras asentadas allí.
Los daños de la minería no sólo han afectado a los pueblos que se van
a reasentar. En los caminos que cruzan las siete minas que hoy están en
producción en la región, se encuentra la huella de las quejas. Así, por
ejemplo, en la vereda Hato Guajira, del municipio de Becerril, otro de
los grandes productores de carbón, la quebrada donde botan el estéril,
la tierra sobrante después de sacar el carbón de la mina, se volvió un
barrizal. Las vacas de Lilo Martínez, un campesino de 60 años, son las
que han sufrido las consecuencias. “Vacas gordas, bonitas, les entra la
bobera y se mueren”, dice. Martínez ya perdió 10 el año pasado, una
cuarta parte de las que tenía.
MEJORES AIRES
Desde que el gobierno intervino con regulaciones en 2009 y 2010, y
las empresas pudieron transportar su carbón en tren, salieron más de
1.100 tractomulas de las vías. Además, Prodeco cumplió su compromiso de pavimentar la vía del carbón. La Drummond,
en cambio, sólo ha pavimentado 11 de los 17,9 kilómetros acordados.
Augusto Jiménez, presidente de Drummond, explicó a esta periodista que
le están exigiendo que asfalte una vía que estará cubierta por un
botadero de escombros de Prodeco, y por eso no tiene sentido hacerlo. A
cambio, dijo, ha propuesto al Ministerio de Ambiente pavimentar el
equivalente en vías en La Loma, la población que queda más cerca a su
mina.
Lo cierto es que la gente de los pueblos más afectados sigue en las
mismas. El plazo para reasentar Plan Bonito venció hace seis meses (en
septiembre 2011). Se hizo un censo para determinar el valor del
patrimonio de sus humildes habitantes, pero según una fuente, aún no se
ha podido tabular. José del Carmen Peña, líder del poblado, explica que
ellos han pedido negociación directa, que a cada cual le paguen sus
propiedades y una indemnización por los perjuicios que les causaron.
Para negociar mejor, esperan la publicación de un estudio de la
Universidad Nacional que determine qué tanto ha afectado la salud de los
niños de los cinco municipios mineros la contaminación. El estudio
costó unos US$120 mil y aún no se conoce. Varios boniteños ya tienen sus
casas en un barrio de La Loma donde se quiere ir la mayoría. Intentarán
rehacer allí los lazos tejidos en 170 años de historia, rotos por la
aplanadora minera.
-Nos confiábamos tanto de las empresas, pero todavía no conseguimos que nos cumplan –dice desconsolado José.
En El Hatillo, la comunidad no se ha puesto de acuerdo para decidir
sobre el formato del censo. Por rápido que lo ajusten, no empezará sino
hasta febrero próximo. Como dijo a esta reportera el líder comunitario
Alberto Rodríguez, aún no tienen claridad de cómo seguiría el proceso.
“Pedimos que nos consulten –dice su hijo Alberto, el único bachiller de
El Hatillo –y que a dónde nos vayan a reasentar no haya riesgo. ¿Y quién
nos responde por la indemnización?”.
“El gobierno se ha equivocado en el manejo de los reasentamientos y
no ha hecho lo que ha debido hacer: prohibir la actividad minera hasta
que no cumplan con el reasentamiento”, dijo a CIPER Alberto Gutiérrez,
experto en minería y ex consejero ambiental del Cesar. El ministro de
Medio Ambiente, Frank Pearl, reconoció en entrevista con CIPER que no
tienen un plan de emergencia en salud o ambiental para proteger a las
comunidades de estos pueblos, abandonados y enfermos, mientras se da el
reasentamiento.
FALLOS Y FALLAS MEDIOAMBIENTALES
Los reasentamientos no son los únicos compromisos ambientales no
cumplidos por las mineras. El Ministerio del Medio Ambiente ha multado a
empresas de Glencore por el equivalente a US$208 mil por haber
intervenido en una reserva forestal sin permiso, por haber intervenido
el curso del río Tucuy y haber tomado agua de un manantial en 2009. La
empresa ha pagado las multas y está tramitando los permisos respectivos.
Ese mismo año el MinAmbiente impuso tres multas a la Vale
por US$270 mil por haber realizado obras sin licencia, haber vertido
aguas residuales a un caño y haber capturado agua del río Calenturitas y
el arroyo Paraluz sin contar con los permisos. Vale ha pagado dos
multas y la tercera está en fase de apelación. Este año impuso otra
multa a Norcarbón por US$135 mil por haber hecho vías en zonas de reserva, que aún está sin pagar.
Los transportes son otra fuente de problemas, un área donde la
contaminación había hecho estragos y el Estado debió intervenir. Las
empresas Drummond, Vale y Prodeco tenían sus puertos de
cargue por barcazas, lo que estaba contaminando las playas, amén del
ruido y el peligro que presentaba el paso constate de los trenes cerca
de las playas. El gobierno ordenó que para enero de 2013 todas deben
tener puertos de cargue directo, mucho menos contaminantes. La curiosa
excepción es Carbosan, un puerto de socios locales en pleno Santa Marta por donde se exporta parte del carbón nacional.
Glencore, cuyo puerto queda en Santa Marta, se
adelantó a construir Puerto Nuevo en Ciénaga, con capacidad para 27
millones de toneladas métricas al año. Drummond demoró
en acatar la medida, pero finalmente obtuvo permiso para modificar su
licencia de puerto a cargue directo al final de 2011, a la espera de
completar las modificaciones para cargue directo con capacidad de 50
toneladas métricas en 2014. La Vale, al parecer molesta por los cambios impuestos a los términos de su puerto, ha anunciado que venderá sus activos en el país.
Otros efectos negativos tienen que ver con la alteración de los
cursos de las aguas que fluyen naturalmente desde la Serranía del
Perijá hacia la Ciénaga de la Zapatosa. Para el experto local, Alberto
Gutiérrez, el problema está en que las cuencas que debe vigilar la
entidad ambiental local, Corpocesar, son más grandes que la zona donde
tiene el impacto directo la actividad minera, de vigilancia exclusiva de
mineras y el Ministerio. Eso provoca, dice, que no hay quién vea cómo
la actividad minera puede desequilibrar la cuenca en su conjunto.
NEXOS CON PARAMILITARES
El récord de incumplimiento ambiental de las carboneras en el centro
del Cesar amerita detenerse en los expedientes: incumplimientos
constantes a medidas de la autoridad y resistencia de algunas a pagar
multas aún cuando sus montos son irrisorios, se repiten. Y lo que
resalta es la indolencia que exhiben sus representantes ante los
reclamos de las comunidades pobres que están sufriendo el impacto
ambiental de sus millonarios y sofisticados emprendimientos.
No sólo en materia ambiental las multinacionales que extraen el
carbón en Colombia están en deuda. El otro estándar mínimo que se viola
es el laboral. Las huelgas y otros conflictos laborales que han afectado
a ese sector han sido mínimos considerando el tamaño de sus
operaciones. Detrás de esa aparente calma, surgen graves acusaciones en
contra de la Drummond por persecución a su sindicato.
En segunda instancia, la justicia estadounidense dictaminó que no
había pruebas que avalaran que los directivos de la Drummond en Colombia
o en Estados Unidos hubieran sido cómplices de los crímenes. No fue el
final del juicio. Los huérfanos de los sindicalistas asesinados
interpusieron otra demanda contra la empresa y sus ejecutivos. En marzo
de 2011, la Corte de Apelaciones del Circuito 11 de Estados Unidos
dictaminó que no era un caso juzgado y se podía procesar. (Vea el fallo de la Corte).
No es el único nexo con paramilitares de los que se acusa a la Drummond. Hay también una tercera demanda por su presunta responsabilidad en la creación y financiación de un bloque paramilitar –“Juan Álvarez”-
para proteger sus operaciones mineras del acoso guerrillero. Este
frente fue autor de la muerte de varios colombianos. La demanda pide que
la empresa minera pague también por su presunta complicidad en el
desplazamiento forzado y asesinato de campesinos del predio Mechoacán,
donde la empresa compró terrenos. Estas últimas dos demandas están en
proceso.
Drummond ha insistido en su inocencia. Ante la pregunta de cómo
pudieron operar cuando los paramilitares tenían casi el dominio total de
la región a fines de los ‘90, sus voceros han dicho que ahora, como
entonces, ha mantenido su convicción de no pagarles a terroristas por
protección, y que por ello tuvieron que aguantar muchas bombas y
sabotajes. Ante las afirmaciones de nuevos testigos a favor de los
demandantes, que asocian a los directivos de la carbonera con estos
crímenes, la empresa ha reiterado que son “tretas propagandísticas”.
Voceros de Sintramienergética han dicho que tienen suficientes
testigos que demostrarán en el juicio que el pago a paramilitares fue
parte de la protección de la carbonera estadounidense contra la
extorsión guerrillera. La justicia estadounidense tiene la última
palabra.
DECLARACIONES EN DUDA
Las autoridades colombianas investigan si la gran minería de carbón
en el Cesar puede estar fallando con otras obligaciones. Así, por
ejemplo, la Superintendencia de Sociedades investiga a Glencore (con las minas Calenturitas y La Jagua y varias filiales) y a Pacific Rubiales
(dueña de una mina en Cerrolargo con decenas de filiales), porque no
habían declarado su condición de grupo empresarial, como lo obligaba la
ley. Una fuente de Prodeco explicó que, luego de la notificación de la
Super, estaban trabajando para cumplir las normas.
CIPER miró en detalle las exportaciones a Chile, y descubrió que en 2011, según los manifiestos de aduana registrados por Legiscomex en Colombia, las carboneras colombianas, varias del Cesar, exportaron a Chile US$387,8 millones (Ver tabla Exportaciones de carbón colombiano a Chile).
Y en cambio, según los datos de ProChile, en 2011, sumando todos los
tipos de carbón que entraron de Colombia a Chile, oficialmente los
chilenos importaron carbón colombiano por US$454,9 millones FOB. ¿Por
qué entró a Chile US$ 67 millones más en carbón del que exportó Colombia
a este país? Según un experto, esto se puede deber a maniobras de las
empresas para evadir impuestos, pero sería tema de investigación de las
autoridades.
Otras entidades del Estado están además revisando que los costos y
montos de producción declarados por las mineras sean los reales, y por
consiguiente, que estén pagando las regalías y compensaciones debidas.
Pero la tarea no es fácil. Cada empresa que extrae carbón en Cesar
tiene uno o varios contratos que se rigen por arreglos diferentes de
pagos según las cambiantes normas legales bajo las cuales los firmaron. (Ver explicaciones de Ingeominas sobre los Contratos con cada uno en detalle).
SON LOS CONTRATOS. Además, los precios de referencia del carbón
varían. Así, un contrato toma el precio FOB en puerto de destino
descontando los costos de transporte nacionales y fletes
internacionales, otro toma el precio ICR que lo calcula una revista
especializada y otro un precio que fija la Unidad Minero Energética,
según diversas variables. (Ver Indices de precios del carbón).
En algunos casos, las carboneras pagan otras compensaciones que
aseguran al Estado ingresos adiciones en épocas de precios altos.
Estas normas diversas hacen más complejo el control. Se dan casos tan absurdos como que Glencore,
después de haber adquirido la totalidad de los títulos mineros de la
mina La Jagua y haber unificado su operación, pidió al gobierno que le
permitiera unificar también los términos de la explotación en un solo
contrato, y éste se rehusó, aun cuando la empresa hubiera terminado
pagando un porcentaje mayor de regalías, pues este aumenta cuando los
montos exportados sobrepasan los tres millones de toneladas.
Como las operaciones de Glencore crecieron tanto, negoció con Ingeominas en 2010 tres cambios a su contrato en Calenturitas.
Uno de ellos, al reconocerle un monto ajustable de los costos de la
producción de carbón, implica que la minera pagara una compensación
menor a si estos costos se hubieran dejado fijos. No obstante, con razón
la empresa ha explicado que en términos reales los costos han
aumentado, y así lo reconoció en su momento el gobierno. De todos modos
la Contraloría abrió una investigación para determinar si hubo un
detrimento al Estado que calcula puede ser hasta de US$35 millones.
El gobierno también está considerando revisar cómo se calculan las
multas por temas contractuales y ambientales, para que las empresas
mineras realmente compensen el daño.
MALABARES OFICIALES
Otra situación extraña fue la que vivió Prodeco, filial de Glencore,
cuando el propio presidente Álvaro Uribe en un consejo comunitario le
ordenó comprar unos terrenos en los predios de El Prado, donde no tenía
planeado desarrollar sus minas. Lo extraño es que testaferros de
paramilitares había usurpado predios allí a sangre y fuego, y Prodeco
terminó pagándoles mejoras(6).
Más tarde, aparecieron los verdaderos dueños de esas tierras,
desplazados por los ‘paras’ exigiendo que les compensaran por esas
tierras. Por esta razón Prodeco demandó al Incoder.
Algo parecido le sucedió a Drummond. Estaba en su
interés comprar varias parcelas de Mechoacán, una tierra donde hubo
desplazamiento forzado y asesinatos, pero el gobierno le dijo que tenía
que comprar más parcelas de las que necesitaba para su desarrollo
minero.
Y ni qué decir de las irregularidades en la inversión de las regalías
que giraron estas empresas para el desarrollo económico y social de los
municipios productores: en total sumaron $424 mil millones de pesos
(unos US$230 millones) desde 2008 hasta el final de 2010. (Ver tabla con total de producción y regalías giradas por proyectos de interés nacional).
El Departamento Nacional de Planeación, que le hace una vigilancia
preventiva al gasto de estas sumas millonarias, tiene suspendidos los
giros de regalías a Becerril, Chiriguaná, El Paso y La Jagua, los cuatro
municipios mayores productores de carbón en el Cesar, por
incumplimientos por inminente peligro de desvío de recursos. En sus
reportes desde 2007, el DNP ha encontrado 206 irregularidades asociadas a
la contratación.
Como la plata se desperdicia o se la roban, los municipios siguen con
índices de pobreza extrema: en La Jagua todavía se mueren 38 niños de
cada mil que nacen antes de cumplir el primer año, una tasa de
mortalidad infantil cinco veces mayor que la chilena, el doble que la
tasa promedio de Colombia que es de 19,9. En Chiriguaná la tasa es de
36,7. Sus desempeños en servicio públicos son igualmente patéticos: El
Paso tiene una cobertura de 30% en alcantarillado.
Los alcaldes corruptos ya les perdieron el miedo a los organismos de
control: aunque los expulsen del cargo, saben que se van a sus casas
multimillonarios y con el poder suficiente para que sus compadres
salgan elegidos.
“Hasta que el Estado no encuentre cómo dejarlos presos y en la ruina,
no parará el robo”, dijo un líder empresarial del Cesar que conoce los
carros de lujo y las mansiones de los funcionarios expulsados por
corrupción. Pero también, como dijo un empresario que conoce el sector,
hay mafias heredadas del paramilitarismo y la guerrilla, que obligan a
los alcaldes a darles una tajada de los dineros públicos. Quienes se han
atrevido a denunciar han sido amenazados de muerte.
El gobierno del Presidente Juan Manuel Santos aprobó en diciembre una
reforma a la ley de regalías que redistribuye mejor a todo el país
estos recursos e impone nuevos filtros para impedir que las dilapiden.
Sin embargo, los territorios productores seguirán recibiendo millones en
regalías, y si las élites locales no aterrizan que ésta es una cosecha
irrepetible, no es de esperar que corran mejor suerte. Pero para ello
necesitan que el Estado sea más eficaz en desbaratar las bandas armadas
que extorsionan y amenazan.
RESPONSABILIDAD SOCIAL
Las carboneras del Cesar han ido realizando inversiones en sus comunidades, desarrollando sus áreas de responsabilidad social. Glencore,
por ejemplo, promovió un programa de prevención del embarazo
adolescente con Profamilia, y construyó un hospital en La Jagua que
atiende a sus empleados y a los afiliados a Coomeva. Drummond
impulsó el uso de materiales de reciclaje, como la madera, para una
asociación de madres en La Loma y ofrece becas a los jóvenes promisorios
del Cesar.
No obstante, sus conceptos de sostenibilidad empresarial son aún muy
limitados. Como dijo La Declaración de Berna, una ONG suiza que promueve
un desarrollo más equitativo Norte-Sur, sobre el primer reporte de
responsabilidad social que publicó Glencore este año, “confunden un
compromiso caritativo con un concepto moderno de responsabilidad social
empresarial”.
Las más grandes multinacionales que se instalaron en el Cesar no son modelo en materia de responsabilidad social. Drummond,
una empresa privada de un solo dueño que además de desarrollos
carboneros hace campos de golf, ha optado por contar con personajes
cercanos al gobierno de turno, y como dijo uno de sus competidores, para
salirse con la suya. Es revelador que aunque empezó su explotación en
los ‘90, sólo en 2009 anunciara en un reporte público que “ha
establecido un nuevo programa de gestión social que brindará soporte a
los municipios para mejorar las condiciones de vida de sus habitantes”.
Su presidente, Augusto Jiménez, asegura que ha sido un proceso, y que en
el entorno de tranquilidad actual es más viable desarrollar proyectos
más ambiciosos de responsabilidad social.
Glencore ni siquiera figuraba como la dueña de sus
filiales muy públicamente. La cultura de secreto con la que suelen
caracterizar a la empresa matriz situada en el paraíso fiscal de Zug en
Suiza, también la perciben en el Cesar. No hay que olvidar que esta
empresa fundada por Marc Rich, quien fue fugitivo del FBI por años, y
aunque fue perdonado por Clinton y ya no es su dueño, los ejecutivos
brillantes que le compraron se las ingeniaron para comerciar petróleo
sudanés en plena guerra y terminaron enredados en el escándalo del
programa de ayuda de la ONU a Irak de ‘Petróleo por alimentos’. Un
estudio reciente que hizo una organización noruega encontró que Glencore
era la más opaca de las multinacionales, con un 46% de sus subsidiarias
registradas en paraísos fiscales (Ver estudio).
“En Colombia, aunque tienen mucho más personal colombiano que
extranjero, le tienen miedo a la exposición directa”, dijo una fuente
que los conoce bien. Pero como la empresa matriz Glencore salió a vender
acciones por US$10 mil millones en la bolsa de Londres en mayo pasado,
ha comenzado a hacer reportes públicos, a abrir sus libros, y es
probable que esto la lleve a una cultura de mayor transparencia al
escrutinio público. En Colombia publicó su primer informe de
responsabilidad social empresarial en 2011.
EL FUTURO
El negocio carbonero en Colombia pinta extraordinariamente bien.
Sólo el César, si arrancan los proyectos en ciernes, exportará unos
US$6.500 millones anuales y dejará unos 300 millones más en regalías (Ver lista de Nuevos proyectos).
Además, están en construcción otra línea férrea y dos puertos de cargue
directo, suficiente para desarrollar todo un complejo
minero-industrial.
No obstante, el impacto ambiental de las gigantes minas a cielo
abierto que ocuparán un territorio tres veces que el que ocupa hoy
Bogotá, según cálculos del experto Alberto Gutiérrez será mucho mayor.
Varios funcionarios del gobierno de Santos dijeron que buscan asegurarse
que estas empresas “demuestren un genuino interés en el desarrollo de
las comunidades y sus actividades tengan un impacto positivo o neutro
sobre el medio ambiente”. Según diversas fuentes los ministros ya han
convocado a las empresas a ponerse a la altura del desafío social y
ambiental.
Es más fácil vigilar ahora la minería en el Cesar pues son menos
actores, más grandes y más visibles. Pero también se necesita que el
gobierno mejore la calidad de su información ambiental y económica; se
trace una política coherente y de largo plazo que no esté dando bandazos
como hasta ahora; se coordine mejor con las autoridades locales; y
realmente esté dispuesto a sacar del juego a quien no cumpla.
Notas
1.-Según los datos de ProChile las importaciones de Chile desde
Colombia de todo tipo de carbones (hullas para uso térmico, hullas
pulverizadas, coques y semi-coques) sumaron US$454 millones
en 2011. Sin embargo, según los manifiestos de exportación ante la
aduana colombiana entregados por las empresas, a Chile se exportaron US$143 millones de carbón (FOB) desde el Cesar en el mismo año.
2.-Glencore también domina el 30% por ciento del mercado de
concentrados de cobre. Así lo reveló la propia empresa en abril pasado
en su Prospecto para la Oferta Pública de Acciones que realizó en mayo de 211 en la Bolsa de Londres.
3.-La Superintendencia de Sociedades Anónimas de Colombia investigó a Pacific Rubiales
pues tenía decenas de filiales en el país y no había declarado su
condición de grupo económico, incumpliendo así la ley colombiana. Aunque
los dueños de Pacific ya no tienen la mina La Francia, su filial
Norcarbón, cuya dueña es Chianto S.A. de Panamá, que a su vez es de Pacific Coal, también panameña, tiene otra mina en el Cesar en Cerrolargo.
4.-Goldman Sachs fue una de las responsables de la
crisis de Wall Street de 2008 y estuvo al borde de la quiebra. Fue
rescatada por el gobierno estadounidense, y en 2009 presentó utilidades
por US$13 mil millones. Un programa de la televisión pública
estadounidense de PBS de febrero de 2010 relacionó sus utilidades
extraordinarias con los US$10 mil millones de ayuda que recibió del
gobierno.
5.-Fenoco, que tenía la concesión para operar el
ferrocarril desde el centro del Cesar hasta los puertos carboneros,
estaba en manos españolas. Hasta 2006 esta sólo llevaba el carbón de
Drummond, pero luego las otras firmas, a las que le salía ocho veces más
costoso transportar su carbón por vía terrestre, presionaran para que
les dieran acceso a ese servicio. Según varios directivos de estas
empresas, el gobierno de Álvaro Uribe prácticamente los obligó a
comprarle a los españoles la concesión para poder tener acceso a la red
ferroviaria pública. Hoy todas las empresas que están explotando carbón
en el Cesar –excepto Norcarbón de Pacific Rubiales- llevan su carbón a
la costa por tren.
6.-Ver historia de VerdadAbierta.com: “Carbón y Sangres en la tierras de Jorge ‘40’”