El diagnóstico se repite: después del quiebre de la mesa de diálogo con el gobierno la lucha se convirtió en un chicle difícil de masticar. Los estudiantes viven un período de espera: la discusión está en el Congreso y, además, hay una serie de puntos que los dejan casi en un período de tregua: hay elecciones en distintas casas de estudio, las vacaciones son una amenaza para continuar con la simpatía popular y el verano se convierte en un ambiente propicio para que el gobierno envíe proyectos sin tanta cámara atenta a la letra chica.
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