Por: Publicado: 23.09.2011
En 1998 un estudio de Sernageomin hecho con fondos alemanes alertó de los riesgos de los depósitos mineros abandonados que rodean Copiapó. Sugirió hacer análisis más profundos y que la planificación urbana evitara la cercanía de los relaves. Nada se hizo: las casas se construyeron a los pies de los desechos mineros. Hasta hoy nadie sabe con exactitud qué impacto tienen sobre la salud de las personas. Y en el medio de Copiapó, Ojancos, de propiedad de Sali Hochschild, calificada como una de las 14 faenas mineras abandonadas más riesgosas del país, cuyo esqueleto se levanta como un lunar maligno.
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