Miércoles 16 de Marzo 2011 15:36 hr
RFI
Aumentan los temores de que Japón pueda afrontar en las próximas 48 horas la peor catástrofe nuclear de la historia. Los japoneses se preparan para afrontar una larga penuria y en Tokio la actividad económica se reduce ostensiblemente.
El emperador japonés Akihito aportó una prueba más de que Japón se halla al borde de una catástrofe nuclear de consecuencias incalculables en la central de Fukushima 1, a 250 km al noroete de Tokio.
En una intervención histórica por televisión, el emperador expresó su preocupación por el carácter “imprevisible” de la crisis nuclear tras el sismo y el tsunami. “Espero sinceramente que vamos a poder evitar que la situación empeore”, manifestó.
Los japoneses, sin embargo, dudan de que las autoridades puedan controlar la situación. Muchos de los 35 millones de habitantes de Tokio, centro económico de Japón, evitaban acudir al trabajo y desplazarse ante la inquietud por la situación en la central de Fukushima.
A pesar de que la Cruz Roja japonesa afirmó este miércoles que no había actualmente ningún riesgo radiactivo en la capital, los restaurantes de Tokio, atestados de gente un mediodía cualquiera, estaban prácticamente vacíos y, con la excepción de los supermercados, muchos pequeños comercios cerraron.
Colegios y empresas también cerraron. De los 6000 empleados de Sony, solo 120 se presentaron hoy. Algunas multinacionales han comenzado a repatriar a sus empleados.
En Sendai, numerosos ciudadanos hacen fila para comprar capsulas de yodo, las cuales ayudan a saturar la tiroides y evitan así que esa glándula absorba yodo contaminado de radiactividad.
En Japón, como medida preventiva se han repartido 200.000 dosis de yodo en los centros que acogen a los evacuados por el accidente nuclear en Fukushima.
La actividad económica seguía a ritmo lento no sólo en el noreste, devastado por la catástrofe, sino también en la región de Tokio.
Los habitantes de la ciudad de Akita (norte), a varios cientos de kilómetros de la accidentada central de Fukushima, vacían los estantes de los supermercados y hacen cola en las estaciones de servicio.
“Creo que habrá penuria. Creo que no habrá más carne ni pescado, por eso compro”, explicó Takana Takegawa, cargando varias bolsas llenas de alimentos.
Esta mujer de 24 años sigue de cerca la evolución de la situación en la central de Fukushima, cuyo personal fue evacuado brevemente el miércoles como consecuencia de un nivel de radioactividad demasiado elevado.
La crisis que afecta a todo el archipiélago es muy visible en esta localidad de 325.000 habitantes. En pocas horas, las estanterías del supermercado Itoku quedaron prácticamente vacías.
Madres acompañadas por sus hijos, pero también un número inhabitual de hombres, tratan desesperadamente de hacerse con los últimos trozos de filetes de shabu shabu (para hacer una especie de “fondue” japonesa), tofu (pasta de soja) o bolas de arroz onigiri.
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