Martes 15 de Febrero 2011
Una historia del Bío Bío
Por Hugo Mery
Es decir, “el fin de justifica los medios”. La cacique de Concepción “inventa una historia” para lograr que sus “regalones” de la población Aurora de Chile accedan a los beneficios de la reconstrucción, aunque sus viviendas no sufrieran daños por el terremoto. Se empuja así un antiguo proyecto con un ardid que las autoridades de Santiago ni notarán, porque no conocen la realidad local, ironizó Van Rysselberghe.
Detrás de este cuadro hay una serie de elementos que ponderar.
La jefa regional del Bío Bío tiene tras un sí una larga carrera política que la llevó tres veces a la alcaldía penquista, la última vez con el 63 % de los votos. Le arrebató un bastión a la centroizquierda en una región donde ésta obtiene su único doblaje senatorial en el país, y lo logró –en gran arte- gracias a la misma estrategia clientelista que desnudó en su ahora famosa reunión con la pobladores de la Aurora.
Pero su pecado –compartido, por lo demás, con los caudillos locales de cualquier signo- fue tratar de meter un gol al gobierno que representa, a Piñera –del que dijo en 2005 que no votaría “nica” por él en la segunda vuelta presidencial- y a la ministra de Vivienda de su propio partido. Ya que el proyecto no avanzó en su fase de estudio, defraudó también a sus propios “regalones”, sin hablar de los excluidos de otras localidades. Acaso para justificarse ante aquellos, la intendenta involucró el domingo –desde sus vacaciones en Brasil- al subsecretario de esa cartera, quien le habría dado el vamos a la historia que ella inventó.
Con estas últimas declaraciones, “Ja Coca”, como se la llama coloquialmente, terminó por horadar el apoyo de su partido, pues su correligionaria la ministra Rebeca Matte no pudo menos que declararse “absolutamente indignada” por el nuevo intento de aquella de involucrar a su cartera.
Hasta ahora la escalada de críticas al interior de la Alianza gobernante parecía detenerse en las declaraciones de personeros de RN. Los reclamos de Matte y de su colega Evelyn Matthei por la falta de apoyo de la UDI a la titular de Vivienda parecían rozar sólo lo partidario. Pero el Presidente ya no puede guiarse sólo por el temor de comprarse un conflicto con este último partido, quien tiene –tenía- como segura carta senatorial en el Bío Bío a Van Rysselberghe, hábil pero conflictiva tejedora de una red electoral basada en una obra asistencialista y afianzada con un padre que fue alcalde de Pinochet y un hermano que es diputado.
Si la intendenta causa desunión dentro de su partido, Piñera puede empezar a descartar el factor UDI como determinante al decidir si despide o no a su representante regional. Los mismos dirigentes partidarios tendrán que sopesar si vale la pena arriesgarla a una acusación constitucional que, de ser aprobada, puede impedirle postular a cualquier cargo público durante cinco años. Claro que si se va, igual puede proseguirse la acusación, aunque es dudoso que algunos diputados decisivos quieran llegar tan lejos.
En este juego de conveniencias –el gobierno será neto perdedor, salga ella o no del puesto-, parece olvidarse lo principal: hubo un intento de defraudar la fe pública y eventualmente de malversar fondos de todos los chilenos. Eso es lo grave en lo inmediato; proyectivamente, el perjuicio es para todos los partidos y para la política en general. Y la molestia ciudadana acumulada puede llevar a intrincados caminos.
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