Las historias tras algunos de los 63 colegios públicos que cierran sus puertas este año
Sondeo de La Tercera en 260 municipios del país detectó el cierre de más de 60 escuelas.
En la ribera del río Maipo viven 70 familias que trabajan sacando arena, un poco más allá, se ubica el campamento que instalaron hace 25 años. Sus hijos, junto con cerca de 200 niños de otros sectores, estudiaban en la escuela básica Los Pimientos de Puente Alto, que tenía capacidad para 500 alumnos. Hoy juegan por entre los escombros que está dejando la remodelación del recinto.
Porque este año este colegio público y otros 62 a lo largo de Chile cierran sus puertas. En la mayoría de los casos, la razones son la caída en la matrícula (ya sea por falta de niños o por la competencia de establecimientos subvencionados). Pero en éste, se suma otro motivo: paradójicamente, se convertirá en un Liceo de Excelencia.
Sus padres observan preocupados lo que para ellos es un desastre: tener que llevarse a sus hijos pequeños lejos, porque ese nuevo colegio no es para ellos. "El Liceo de Excelencia tiene requisitos que nuestros hijos nunca van a poder cumplir. Para eso necesitan primero una buena educación y este no era el caso", comenta Pedro Navarro, presidente de la asociación de vecinos de la población San Pedro. En efecto, Los Pimientos promediaba en Simce 211 puntos; era un colegio de mal rendimiento, pero para muchas de estas familias, era eso o nada.
No es fácil llegar al campamento. Está en el límite con Pirque y se accede por una cuesta que desemboca en calles de tierra. Los niños corren descalzos y embarrados, jugando a tirarse tierra en la cabeza. De una mediagua sale Daniela Orellana, de 18 años. Tiene dos hijos y espera el tercero. La mayor, Martina (4), estaba inscrita en Los Pimientos para ir por primera vez al colegio este año. Como el panorama cambió, ahora no está claro si podrá enviar a su hija a una escuela. "Tener el colegio cerca, estando embarazada además, era mi única alternativa". Daniela vive sola con sus hijos, por lo que no puede ir a dejarlos a una escuela distante.
Estas son las familias que mayoritariamente atendía la escuela Los Pimientos, en sus cursos de prekinder a octavo básico. El impacto del cierre de un colegio no es menor, sobre todo cuando atiende a los sectores más vulnerables: no sólo los alumnos se ven afectados. También sus familias y el barrio, que pierde un lugar de encuentro.
En este caso, la escuela era el único sitio donde los habitantes del campamento se juntaban con quienes viven en la Población San Pedro, que queda al lado, pero que tiene mejores condiciones económicas y que no se asoman por las calles de tierra de los areneros.
Las consecuencias del cierre son complejas, pero la explicación para poner el Liceo de Excelencia allí es sencilla: "Era el único sin uso que se podía aprovechar y que tenía las características necesarias", dice el alcalde Manuel Ossandón.
Los Pimientos venía decayendo en su matrícula desde hace varios años. La crisis se agudizó en 2008, cuando la mitad de las familias del campamento se cambiaron a viviendas definitivas ubicadas en el sector La Copa, más cercano al centro de la comuna. Desde entonces, incluso, los que se quedaron en el campamento se denominan a sí mismos "los olvidados de Puente Alto", sensación que se agudiza con este cierre.
El traslado
Para paliar los efectos del cierre, el municipio ofreció locomoción gratis, uniformes y útiles escolares, en dos colegios: el Maipo e Independencia, ambos ubicados a 20 cuadras. Sin embargo, hay vecinos que no recibieron el beneficio, por no inscribirse dentro del plazo.
A Sandra Silva, que vive hace cuatro años en el sector junto a sus hijos y sus nietos esto no la convence. Como llegó tarde a la inscripción, David, su hijo de 13 años, no tiene beneficios. Le abrieron un cupo en la escuela Consolidada, pero la rechazó. Según ella, sólo el furgón escolar le costaría unos $ 70 mil al mes y no quiere enviarlo caminando o en micro, porque el sector es peligroso. "Aunque ya esté matriculado en una escuela, en marzo no lo voy a llevar", dice tajante. Es que las cuentas no le cuadran: gana $ 160 mil al mes. Con todo, esta no es la única oportunidad que ha perdido su familia. Esta semana su hijo mayor, Jesús, no pudo ir a su primer día de trabajo, porque no tuvo dinero para la micro.
La desaparición de la escuela plantea un nuevo escenario para las familias que aun quedan en el campamento. Si antes había un deseo firme de quedarse aun sin tener alcantarillado y viviendo en mediaguas, hoy muchos comenzaron a considerar la opción de irse, aun cuando ahí está su fuente laboral. "Antes estaba el colegio al lado y podía esperar un poco más por mi vivienda definitiva, pero ahora que se cerró, no tiene sentido quedarme aquí", dice Sandra, mientras intenta sacar el barro y cambiar de ropa a algunos de sus nietos.
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