Gadafi: "Estoy en Trípoli, no en Venezuela"
El general comparece unos segundos en televisión para negar los rumores sobre su exilio. - El Ejército emplea artillería pesada contra los manifestantes horas después de que el ministro de Justicia anuncie su dimisión por el "uso excesivo de la fuerza". - El régimen pierde el control del este del país. -Deserciones de políticos y jefes del Ejército
EL PAÍS / IGNACIO CEMBRERO - Madrid / Rabat - 22/02/201
"Estoy en Trípoli, no en Venezuela como afirman esas emisoras televisivas de perros". Muamar el Gadafi es, entre otras cosas, famoso por su afición a los discursos, pero parece que en esta ocasión no le ha apetecido mucho explayarse. Ataviado con un paraguas y desde el interior de un coche, el general libio hizo anoche su primera aparición pública desde que estallaron las revueltas, que la televisión Al Yazira calcula que han dejado unas 250 víctimas en el país. No ha huído del país, intentaba dejar claro. "Quería decirle algo a los jóvenes que están en la plaza Verde [en Trípoli] y quedarme con ellos hasta tarde", continuó, "pero empezó a llover. Eso es algo bueno, gracias a Dios". Y con esas pocas palabras cerró el discurso. Menos de medio minuto retransmitido por la televisión pública que, en opinión de Gadafi, ha debido de servir para responder a todas las peticiones internacionales de que detenga la ola de violencia lanzado contra los manifestantes. Con una de las intervenciones públicas más lisérgicas que se recuerdan, el general abofeteó todas las expectativas que había generado en los libios la publicitada aparición.
Mapa con las protestas en Libia
GRAFICO - El Pais - 21-02-2011
Mapa con las protestas en Libia - MARIANO ZAFRALa información relativa a los bombardeos aéreos fue desmentida por Saif el Islam, hijo del coronel Gadafi, en declaraciones a la agencia oficial Jana transmitidas luego por la televisión nacional en un mensaje sobreimpreso en pantalla. "Las Fuerzas Armadas han bombardeado depósitos de armas situados en zonas alejadas de concentraciones urbanas", afirmó Saif el Islam, quien desmintió "informaciones según las cuales las Fuerzas Armadas han bombardeado las ciudades de Trípoli y Bengasi".
La comunidad internacional, con Naciones Unidas al frente, ha pedido el cese de la violencia y varias empresas y países (EE UU, entre otros) han anunciado la evacuación del personal no esencial. La ONU ha anunciado que el Consejo de Seguridad se reunirá a puesrta cerrada hoy para debatir el asunto. El Ministerio de Exteriores español urge a abandonar el país y desaconseja todo viaje a la república árabe.
Disidencias en el régimen
Mientras, un grupo de oficiales del Ejército libio han urgido en un comunicado a los soldados que "se sumen al pueblo" y contribuyan a la marcha de Gadafi, informó anoche Al Yazira. La televisión señaló además que los militares han pedido a las tropas que marchen hacia Trípoli para incrementar la presión sobre el dictador, informa Reuters.
Los datos fragmentarios sobre lo que es probablemente una gran matanza de civiles llegan a través de los testimonios que recogen las televisiones árabes, sobre todo Al Yazira; de las ONG de derechos humanos y también, sin pulir, a través de Internet, que, curiosamente, volvió a funcionar en parte del país, así como los teléfonos móviles. Sea cual sea la cifra final, parece ya evidente que será en el país menos poblado del norte de África (6,3 millones de habitantes) donde más habrá corrido la sangre.
"Lo que estamos presenciando hoy es inimaginable. Aviones y helicópteros militares están bombardeando un barrio tras otro", aseguraba por teléfono a Reuters Adel Mohamed Saleh, un hombre que se declara activista anti-Gadafi. Según Saleh, los bombardeos se han estado sucediendo "cada 20 minutos" produciendo "muchísimos muertos". Según testigos del grupo Feb17voices, un colectivo que está haciendo llamadas a ciudadanos libios y colgando los audios en la Red para dar testimonio de lo que está pasando, el caos se extiende por la capital.
Trípoli, donde la Fuerza Aérea intentaba aplastar la rebelión civil, ha sido prácticamente la última aglomeración urbana alcanzada por la oleada de protestas, que arrancó el martes pasado en Bengasi, la segunda ciudad del país (un millón de habitantes), y se propagó de este a oeste. La Federación Internacional de Derechos Humanos proporcionó incluso una lista de las ciudades liberadas por los manifestantes, que encabeza Bengasi seguida por Musratha, Tobruk y Sirte.
En paradero desconocido
Cuando Saif el Islam, el hijo designado por Gadafi para sucederle, pronunciaba, el domingo por la noche, un discurso por televisión, se produjeron en Trípoli los primeros enfrentamientos serios. La intervención de Saif el Islam, en la que advirtió del peligro de una guerra civil, tuvo un efecto contraproducente. No amedrentó a los manifestantes, sino todo lo contrario. Los choques se generalizaron ayer en la capital, en la que fueron quemados al menos dos edificios públicos, entre ellos la sede de la televisión y varias comisarias y locales oficiales y de los comités revolucionarios del régimen.
Gadafi estuvo todo el día en paradero desconocido hasta que llegó el momento del discurso televisivo. Su hijo Saif, que no desempeña ningún cargo, parece haber cogido las riendas. Ayer volvió a hablar en televisión y se mostró algo más flexible. Prometió abrir "una investigación" sobre el uso de la violencia, que será presidida por un juez libio.
Si Gadafi sigue aún en el país, como pretendió transmitir con su mensaje, otros se van o renuncian a servirle. Es el caso de dos pilotos de la Fuerza Aérea que llegaron a la vecina isla de Malta y pidieron asilo. Es también el caso del ministro de Justicia, Mustafá Abdelijali, que dimitió para protestar por el "uso desproporcionado de la violencia" contra los manifestantes. Y de una retahíla de diplomáticos que dimiten en cascada, como el embajador adjunto de Libia ante la ONU y su equipo, lo que demuestra la descomposición del régimen.
El Ejército egipcio anunció que abría la frontera común sin restricciones, así como la instalación de dos hospitales de campaña para acoger a los heridos. Los hospitales tunecinos más cercanos a la frontera recibieron refuerzos para atender a las posibles víctimas que les lleguen.
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