Blog de Jaime Silva Iriarte: El municipio que viene: La necesidad de una transformación
El municipio es el núcleo central de la comunidad. En su época, el régimen militar instaló un dispositivo geo-político de dominación sobre los territorios, que separó brutalmente a la ciudadanía con la administración local. Sin embargo, sus huellas asistenciales y de servicio penetraron profundamente en la matriz comunitaria. Los ciudadanos requerían de esta institucionalidad cercana, y acudían cotidianamente a pesar de sus guardias azules y sus dispositivos represivos.
Concluida la transición política, la Concertación se instaló cupularmente en la administración local con grupos y redes políticas de precario y modesto nivel técnico, dejando en su interior enclaves vitales de gestión financiera y administrativa. En suma, si bien desarrolló reformas democratizadoras en la generación de autoridades políticas, dejó un vacío social que aún perdura. Una de sus evidencias es su desconexión con la matriz comunitaria local. Pasaron 20 años en que la comunidad quedó en tierra de nadie.
Los territorios fueron sobre intervenidos con programas sociales para contener las demandas ciudadanas, programas que carecían del mismo trauma político del pasado, carecían de validación comunitaria. Así fue como ante problemas que detonaban inquietud pública se implementaban programas desde el gobierno central (delincuencia, seguridad pública, drogadicción, trabajo infantil, violencia intrafamiliar, etc.). A pesar de su intrínseca necesidad, el mundo social fue objeto de un tratamiento clientelista y no alteró la matriz asistencial, que su discurso oficial proclamaba con vehemencia: construir capital social, es decir, construir las redes que posibilitaran la movilidad y el auto emprendimiento.
Por el contrario, se ha generado hasta hoy una percepción de fragilidad y de ausencia de identidad colectiva, de sentirse un beneficiario o usuario y no un ciudadano. Este “chorreo” de inversión social comunal se dio en un contexto urbano de proliferación anárquica en el espacio urbano, inducida sin normativas ni regulaciones por la inversión inmobiliaria privada que con entusiasmo las autoridades comunales dieron visto bueno con el objeto de incrementar los escasos recursos presupuestarios. Por esta vía se saturaron comunas como Ñuñoa, La Florida , Recoleta , Independencia , Maipú , San Bernando , Puente Alto, entre otras, creando desequilibrios urbanos y gettos poblacionales que ahogan la ciudad y sus espacios recreacionales. De paso, han aniquilado el patrimonio cultural y las zonas típicas que han generado a contra pelo el surgimiento de notables movimientos ciudadanos que han movilizado organizaciones, y que se han opuesto a la tendencia inmediatista, y a la ferocidad de un sector del empresariado.
El Municipio requiere urgentes y prontas transformaciones en su estructura y funcionamiento, no es posible concebir a nivel local la réplica de un presidencialismo que impone sin control su autoridad omnipresente, sin el contrapeso de un concejo comunal que no tiene la fuerza, ni la energía, ni las ganas de abrir y democratizar la gestión alcaldicia.
Postulamos por tanto a transformar las estructuras orgánicas con planes de desarrollo comunal de vocación participativa, con presupuestos participativos reales de alto impacto, una política ambiental amplia que recupere el espacio público y detenga la privatización del suelo comunitario, y que no transforme las poblaciones y condominios, en espacios cerrados donde se disputen los márgenes territoriales con la autopercepción del temor y la inseguridad.
Aspiramos a recuperar la democracia local con nuevos liderazgos, que sean capaces de renovar con fuerza y energía el tejido social fragmentado, en un país que la participación es vista hoy como una amenaza a la comodidad, a la mediocridad, y al burocratismo desmesurado, de parte del anquilosado cuerpo municipal.
Los municipios han desaprovechado la rica proliferación de iniciativas comunitarias exitosas que definen sus barrios y sus poblaciones (radios comunitarias, redes sociales, micro-medios, comunidades juveniles y culturales). El Municipio debe como núcleo central de la comunidad validarse y reformularse. Esta hermosa tarea solo puede ser posible cuando los liderazgos locales recojan los nuevos aires de los territorios que reclaman participación y democracia.
Los cambios sociales, políticos, culturales y económicos, han sido de tal magnitud en el campo social, que no han tenido eco en las antiguas instituciones municipales, sin desconocer los esfuerzos de las asociaciones de funcionarios, y de algunos concejales y de contados alcaldes por implementar un mejoramiento de la calidad de la gestión. Sobre ello hay notables experiencias de innovación e imaginación en municipios de escasos recursos, pero en general no han asumido los lenguajes de la modernidad.
El nuevo municipio que queremos es el principal motor de la vida comunitaria, sus desafíos son enormes y el Partido Progresista debe presentar una propuesta realista y audaz, que mejore y revitalice esta institución que vive en los territorios, que tiene un actor social cada vez más deliberante y activo. Reconocer las nuevas prácticas, la creación de redes y programas innovadores que han crecido en el desarrollo económico local, en las mujeres jefes de hogar, en lo adultos mayores, en los migrantes, en las minorías sexuales es abrirse a los nuevos tiempos, la administración local debe abrirse a los temas emergentes y seducir a la juventud que no acude a los actos oficiales por carecer de intereses y compromisos que los convoquen. Estas dinámicas dan cuenta de un territorio que se mueve vertiginosamente, que no va a esperar la reingeniería municipal ni el acomodo político. Dar cuenta de estas realidades es construir una nueva política pública que le dé sentido y misión a cada comuna. Sumarse a estas tareas es el esfuerzo de los progresistas para el 2012.
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