Patricia Muñoz Garcìa

Patricia Muñoz Garcìa
Departamento Nacional Profesores Jubilados DEPROJ

lunes, 10 de enero de 2011

REPORTAJE COMPLETO-AL FINAL OPINA LA DIRECTORA(S) DEL SAN FRANCISCO DE QUITO.


Los 239 colegios donde el 50% de alumnos no llegó a los 450 puntos

[olvidados de la psU] Se trata de establecimientos municipales y subvencionados, de distinta condición social, pero con algo en común: la mayoría de sus alumnos no pudo responder la décima parte de la PSU.

Algunos atienden a los alumnos más vulnerables del sistema. A aquellos que ni siquiera saben qué es la PSU. Otros, a familias de clase media que hacen un esfuerzo por pagar una mensualidad. Según datos de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso (PUCV), en 239 colegios científico-humanistas (el 15% de 1.526) la mitad o más de sus alumnos no alcanzó el puntaje mínimo en la PSU para postular a una carrera del Consejo de Rectores. Es decir, respondieron correctamente menos de seis preguntas en matemáticas -de un total de 70- o de 19 en lenguaje, de 80. De ellos, la mitad es municipal y la otra particular subvencionada. Sin embargo, la mayoría de los que abrieron sus puertas a La Tercera son colegios públicos. En el sector subvencionado, la mayoría se excusó de dar entrevistas. En uno de estos colegios, de Maipú, la respuesta fue: "Si los padres se enteran de estos resultados, se arruina el negocio".
De los 7.900 alumnos que asisten a estos establecimientos, sólo 2.800, el 35%, obtuvo más de 450 puntos y apenas el 1,4% (112), más de 600 puntos. El promedio de estos colegios llega a 418 puntos.
Sin embargo, la mayoría de los alumnos entrevistados aspira a la educación superior. Por eso se matricularon en liceos científico-humanistas y no en liceos técnicos, que ofrecen una salida rápida al mundo laboral. Para ellos, se supone, está reservada la opción de proseguir estudios. Pero la mínima parte lo hace, en institutos, centros de formación técnica o universidades privadas de baja selectividad.
Algunos no supieron de las fechas para postular a becas y se quedaron sin beneficios, y otros postularon, pero no alcanzaron los 475 puntos para optar al crédito estatal. Todos, sin excepción, sienten que pudieron haber dado más, pero les faltó empuje.
Entre los directores y profesores, los diagnósticos son comunes: para ellos, existe una falta de expectativas en sus estudiantes. Tanto, que en algunos establecimientos debieron invertir muchas horas en convencer a sus alumnos de que se inscribieran para rendir la prueba. Pero también hay espacio para la autocrítica. Algunos tuvieron profesores con licencia durante meses, docentes que renunciaron y nunca se reemplazaron; otros no supieron enfrentar las reiteradas inasistencias de sus alumnos. El rector de la PUCV, Claudio Elórtegui, señala que las universidades tienen algo que decir. "La vulnerabilidad se aborda con profesores bien preparados y experticia técnica para trabajar en dichos contextos", dice.

"Les tuvimos que enseñar qué era la PSU y la diferencia entre instituto y universidad"

Reconocen que les fue mal, pero aseguran que partieron de cero. Tanto así que en tercero medio, la entonces profesora jefa del Colegio Héroes de Maipú, Katherine Vera, les tuvo que explicar a sus alumnos qué era la PSU y la diferencia entre un instituto profesional y una universidad. De 22 alumnos inscritos en la PSU, 18 rindieron el test. Sólo cinco tienen el puntaje mínimo para postular.
"En los números parece mal, pero en la realidad, muchos alumnos ni siquiera querían seguir estudiando y hoy se matricularon en institutos. Eso, al menos, es un logro", dice Vera.
Fue tanto el remezón de los resultados que se veían venir, que el sostenedor del establecimiento, Atilio Araya, junto a su equipo, decidió que a partir del próximo año comenzarán a funcionar como colegio técnico.
"Cuesta que los alumnos entiendan para qué estudian, al ser técnicos al menos lo tienen más claro y permanecen hasta cuarto medio", dice Paula Suárez, miembro del equipo de apoyo del establecimiento.
Es que los alumnos del Héroes provienen de familias con muchos conflictos: el 62% vive en una situación vulnerable. Y aunque cobran $ 10 mil mensuales, de los 22 egresados este año, 10 no pagaron.
Víctor Salas, el primero de su promoción, obtuvo 550 puntos en la PSU y va a estudiar Pedagogía en Inglés en el Instituto Valle Central, donde lo becaron en un 50%. El resto lo cubrirá trabajando. Quiso postular a becas para ir a la universidad, pero se le pasó la fecha. Aun así, su familia está contenta, pues será el primero en dar el salto. "No tuve tiempo ni dinero para postular, por eso yo y mi familia estamos orgullosos", dice.

"Nuestro mayor logro es que hayan egresado de la enseñanza media"

El puntaje más alto del Liceo Luis Galecio de San Miguel es José Escudero. Tuvo un ponderado de 560 y quería estudiar Lingüística aplicada a la traducción. Sin embargo, esa carrera pide 650 puntos mínimo. "Esperaba harto más, porque me preparé", dice, aludiendo al preuniversitario de la empresa Sácate un 7 que llegó a ofrecer sus servicios al colegio. "En la prueba me puse muy nerviso. Pensaba en lo que me había preparado, en la gente que me ayudó y me sentí muy responsable". Por eso, aunque sacaba sobre 640 puntos en los ensayos, la prueba no fue lo que esperaba. Si no queda en su primera opción, estudiará Pedagogía en Inglés o Traducción, aunque depende de si le salen las becas estatales. Su tema son los idiomas: le interesa aprender japonés y ya piensa en postular a una beca para ir un año a ese país a aprenderlo y estudiar una carrera allá.
El Liceo Luis Galecio tiene un 82% de sus alumnos en situación de riesgo social y la mitad de los que rindieron la PSU participa del programa Chile Solidario. Se trata de familias con un ingreso máximo de $ 230 mil pesos. Del único cuarto medio de este año, 14 rindieron la prueba, y de ellos seis tuvieron más de 450 puntos. Algo que no sorprende a la directora, Alba Méndez, ya que por promedio de notas su puntaje era de 432 puntos. "Nuestro mayor logro es que hayan egresado, que no hayan desertado. Tratamos de retenerlos lo más que podemos", señala.
A pesar de las bajas expectativas que había en el colegio, lo contrario pasaba en la casa de José. "Mi familia también pensaba que me iba a ir mejor, igual que yo. Siempre tuve la mentalidad de salir de cuarto y entrar a la universidad".

"Una mínima parte de los alumnos ve el estudio como una forma de salir adelante"

De la generación de 22 alumnos del Liceo Elena Caffarena de El Bosque, 10 rindieron la PSU. Dos obtuvieron más de 450 puntos. Uno de ellos es Miguel Martínez (481 promedio PSU), que combinó sus estudios con trabajo en la feria libre. Su sueño era ser enfermero de la U. de Chile, pero no lo consiguió. Recibió ayuda de muchas personas para prepararse y siente que pudo haber dado más, pero el día anterior casi no durmió, porque se le perdió la tarjeta de identificación y llegó con sueño a dar la prueba. Hoy, revisa sus opciones para ir a una universidad privada.
El director del colegio, Leandro Llanza, explica que los problemas son compartidos. "Los alumnos vienen un día, desaparecen un mes y luego vuelven", dice. También señala que los padres no participan del proceso. Otro tema es "el conseguir profesores motivados, que sepan enganchar con los alumnos más que pasar la materia". Este colegio está inserto en un barrio donde las balaceras son el comentario obligado de los vecinos. Incluso, en noviembre de 2010 hubo una al interior del liceo.
Para preparar la PSU, algunos estudiantes participaron de un preuniversitario en el colegio Fray Luis Beltrán, de adultos. Sin embargo, a partir de 2011 van a dar un giro más vocacional: habrá talleres de carpintería, instalaciones eléctricas, computación, diseño y dibujo técnico. Esto, porque "algunos ven en el estudio la forma de trabajar a corto plazo, pero en trabajos mal remunerados. Sólo una mínima parte lo ve como una forma de salir adelante", asegura Llanza.
Al ser consultados varios alumnos sobre sus bajos puntajes, la mayoría culpa al colegio, en primer lugar. De a poco, van aflorando una característica común: la falta de motivación. "Había compañeros que no dejaban hacer clases", dice Fabián Pereyra, que promedió 367 puntos. Pedro Palomera, quien sólo rindió el test de Lenguaje y obtuvo 356 puntos, señala que "no fue una buena preparación, además, sólo unos pocos pensábamos que la PSU era algo importante".

"Es primera vez que un estudiante de este colegio tiene un promedio tan alto"

Félix Daie tiene el orgullo de ser el único de su generación en el colegio Saint Joseph Thomas de La Florida en obtener un puntaje tan elevado: promedió 630 puntos. "Es primera vez que un alumno de este colegio tiene un promedio tan alto", dice su directora, Ernelia Honores.
Sin embargo, Félix dice que este logro se lo debe al preuniversitario de la Universidad Católica. De todas maneras, no le sirve para ser médico de un plantel tradicional, tal como era su sueño. Al menos, lo llamaron de la U. Autónoma y le ofrecieron un 30% de descuento en el arancel. "No se hizo nada para la PSU. En el ramo de matemáticas, el profesor nos dio cuatro clases de preparación durante todo el año", afirma Daie. Si no queda en ninguna universidad, trabajará durante un año y volverá a rendir la prueba.
Este colegio atiende a familias de clase media, con ingresos mensuales de entre $ 230 mil y $ 400 mil , que pagan una colegiatura de $ 36 mil . Además, es un establecimiento con altos requisitos de ingerso: exige nota mínima de 5,5 para ser aceptado.
Pero de los 20 alumnos de cuarto medio sólo 16 se inscribieron para rendir la PSU, y de ellos, sólo siete (44%) lograron más de 450 puntos. Estos no son los únicos indicadores preocupantes: en el Simce de segundo medio de matemáticas, si se hiciera un ranking de colegios de similares características socioeconómicas, estaría en el lugar 94.
La directora señala que el problema "son los factores culturales y la educación que dan los padres a sus hijos. Es cierto que ellos pagan, pero muchas veces no vienen a las reuniones de apoderados". El colegio es propiedad de Erica Aguilera y es el único con el que cuenta esta sostenedora.

"Nuestro mayor problema son las prolongadas licencias de los profesores"

Hace un año se remodeló por completo y cuenta con una buena infraestructura: salas de computación, laboratorios, pizarras digitales. Sin embargo, el mayor problema del Liceo San Francisco de Quito de Independencia son las prolongadas ausencias de sus profesores. Según su directora, Susana Pavez, la profesora de matemáticas y física de los dos cuartos medios faltó cinco meses. Mientras que la profesora de lenguaje del cuarto B renunció en septiembre. Ambas tuvieron reemplazos tarde, y así los alumnos pasaron meses haciendo casi nada, cuidados por el inspector.
"A mediados de año terminamos contratando ingenieros que saben de la materia pero no de pedagogía", señala Pavez.
De ahí que no extrañe que en este establecimiento de clase media baja (con familias con ingresos de entre $ 230 mil y $ 400 mil) sólo 15 de los 35 alumnos haya obtenido más de 450 puntos promedio y que ninguno lograra un puntaje mayor a 600.
"Aquí el problema no son los alumnos, sino los profesores. He escuchado muchas veces conversaciones en las que se les pregunta: '¿A qué te dedicas?', y contestan, como pidiendo disculpas: "Soy profesor, no más".
Uno de los egresados fue Isaías Neira. Su promedio fue de 463 puntos. Estudiará Ingeniería Comercial en la U. Iberoamericana, aunque no le alcance el puntaje para el crédito. Otro de sus compañeros, Isaías Araya, obtuvo 515 puntos y quiere estudiar Sicología en la U. Diego Portales. Fue de los mejores de su curso y no está contento con sus resultados. "Si hubiese tenido la posibilidad de ir a otro colegio, lo habría hecho, pero no la tuve".

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