Un amplio grupo de investigadores y académicos, de diversas
Universidades, firmaron un documento en el que se hace un diagnóstico
sobre el Sistema de Medición de la Calidad de la Educación (SIMCE),
prueba que periódicamente mide el nivel de las escuelas. Acusando tres
principales problemas en la medición, la campaña que se inicia asegura
que la prueba “se ha convertido en uno de los pilares fundamentales de
la educación de mercado”.
El documento parte por reconocer que la ya tradicional prueba
ha sido un útil generador de información, para generar diagnósticos y
relevar inequidades; pero que al pasar a ser el centro del sistema
educativo, se convirtió en un elemento dañino.
Uno de los primeros problemas es la reducción de contenidos, “una
visión estrecha de la calidad de enseñanza”, según detalló la última
premio nacional de Educación, Beatrice Ávalos.
En este sentido, la académica de la Universidad de Chile explicó que
“los profesores se sienten forzados casi a orientar su enseñanza en
torno a lo que demanda el SIMCE y desde una perspectiva la Prueba SIMCE
reduce el currículum de enseñanza a cuatro áreas principales que es
Ciencias Sociales, Ciencias Naturales, Matemáticas y Lenguaje. Nos
discutimos que esas sean áreas fundamentales para la formación de un
buen ciudadano, pero la educación es un poco más que eso y por tanto una
visión estrecha de la calidad de la enseñanza”.
Junto a esto, la alta cantidad de mediciones que se hacen (segundo,
cuarto, octavo, segundo medio año y las pruebas internacionales),
afectan negativamente la vida de la comunidad, tanto para profesores
como alumnos.
Beatrice Ávalos, destacó finalmente, lo especialmente nocivo que
resulta la clasificación, el aumento de la desigualdad y segregación.
Por esto, la investigadora especializada en temas de educación
detalló que “cuando se clasifican las escuelas encontramos los que están
arriba, los que están en la parte media y los que están abajo. Así, los
que están abajo van siendo casi siempre las escuelas donde asisten los
niños más pobres, los niños más vulnerables y ellos ven que su vida está
marcada por una educación que aparece no ser buena, porque así lo han
clasificado y que además los padres van a tratar de sacarlos en la
medida que puedan y pagar un particular subvencionado a esos niños que
aparecen no teniendo buenos resultados”.
Es por esto, que para la académica se debe convertir el SIMCE en una
prueba muestral, realizada sólo cuando sea crucial. Paulina Contreras,
psicóloga del colectivo Una Nueva Educación y coordinadora de la campaña
ALTO Al Simce (http://www.alto-al-simce.org/), es necesario relevar el
debate.
En esa línea, la psicóloga indicó que “nos parece que no se ha
hablado lo suficiente del SIMCE es algo que está naturalizado que está
ahí y año tras año vemos que aparecen en la escuela ranking de escuelas
en función del SIMCE, pero no hay una discusión profunda a nivel de
opinión pública de para qué sirve y qué daños produce el SIMCE. Nuestro
primer objetivo es poder tener esta discusión sobre la mesa. A varios de
nosotros nos parece que el SIMCE no es una buena herramienta para
mejorar la educación en Chile”.
A juicio de la psicóloga de nuestra casa de estudio, esto debería
derivar en una revisión profunda del sistema de evaluación: “Hay quienes
dicen que se debería reformar la Prueba y otros creemos que en verdad
lo que se debe hacer es reformular la concepción de la evaluación de la
educación, que es algo mucho más complejo que simplemente mejorar una
prueba o cambiar algún mecanismo de aplicación de la Prueba. Nosotros
llamamos a revisar el sistema de evaluación más que reformulara el SIMCE
propiamente tal”.
En resumen, la campaña busca que estudiantes, apoderados, profesores,
académicos y políticos “saquen la voz para frenar la implementación y
uso actual del SIMCE”, convencidos de que el sistema “se ha convertido
en uno de los pilares fundamentales de la educación de mercado y tiene
consecuencias nefastas para los actores educativos y las escuelas”.